Georgianos en Abjasia y Osetia del Sur no pueden votar

Clausurado puente sobre el río Enguri, que marca la frontera entre Abjasia y el territorio controlado por el Gobierno georgiano. Foto (c): Lana Kokaia / On.ge. Usada con autorización.

Este artículo apareció originalmente en inglés en OC Media, traducción del texto original en georgiano del sitio web de noticias On.ge. Se reproduce con autorización, editado según el estilo editorial de Global Voices.

Rezo (no es su nombre real) vive en el distrito Gali, al este de Abjasia. Quería votar en las elecciones georgianas, pero el cruce está cerrado por la pandemia de COVID-19 por lo que no puede cruzar la frontera. Tenía planes de cruzar la frontera, aunque eso podía ponerlo en peligro.

On.ge no puede revelar el nombre ni la edad del encuestado, ni la aldea en la que vive por razones de seguridad.

Rezo dice que ha participado en las elecciones georgianas de la Independencia del país y que le molestaría mucho no poder hacerlo esta vez. Sin embargo, el cruce en el puente Enguri —único cruce entre Abjasia y el territorio controlado por el Gobierno georgiano— está cerrado desde marzo.

“Me sentiré muy decepcionado si no puedo votar. Planeo votar de todas maneras. Antes votábamos con toda la familia. Creo que votar es mi deber como ciudadano”, dice.

Los habitantes del distrito Gali tampoco podrán votar en las elecciones abjasias. El Gobierno abjasio considera que la participación de ciudadanos georgianos en sus elecciones es una amenaza y les ha impedido votar.

Nona y Guram (no son sus nombres reales), viven en la aldea Saberio del distrito Gali y votaron por última vez en las elecciones presidenciales georgianas de 2018. Dejaron sus actividades diarias y viajaron de Saberio a Tsalenjikha, al otro lado del río Enguri, para votar. En 2020, sabían que no podrían hacer uso de su derecho al voto porque el puente Enguri está cerrado.

“La mayoría de los habitantes del distrito Gali participaron en las elecciones [de 2018]. Al menos, el 70 y 80 %. Íbamos allá, con tanta frecuencia como podíamos, pero ahora no podemos ni comprar comida o ropa porque el camino está cerrado”, dice Nona.

Prolongado confinamiento

Habitantes de etnia georgiana del pueblo de Akhalgori en Osetia del Sur no han podido entrar al territorio controlada por Georgia desde hace más de un año.

Akaki (no es su nombre real), de 71 años, de Akhalgori, recuerda que la gente votaba activamente en elecciones previas, pero este año perdieron toda esperanza y solamente esperan que el camino se reabra algún día.

“Tomábamos un minibús y regresábamos el mismo día. Era bueno. Ahora. estamos encerrados como prisioneros. No podemos ir a ninguna parte, ¿qué podemos hacer? No podemos hacer nada, solamente estamos sobreviviendo”, dice Akaki, que vive en Akhalgori con su esposa.

Manana (no es su nombre real), de 65 años, de Akhalgori, dice que ahora su mayor sueño es tener la posibilidad de moverse libremente. Tiene un trastorno en la tiroides y una enfermedad cardiovascular, y por eso iba mucho a las clínicas georgianas, pero ahora tiene más de un año sin recibir servicio médico de calidad.

“Probablemente, he ido a Tskhinvali [capital de Osetia del Sur] algunas veces. Las personas de acá íbamos al este de Georgia. Mi nieto está en Tiflis. Nuestra vida empeora y empeora, y no sé cuánto más sobreviviremos así. Extrañamos a nuestros parientes y amigos”, dice.

“Los jóvenes cruzaban ilegalmente en día de las elecciones si no tenían un permiso o si la frontera estaba cerrada. Ahora no sé cómo será”, agregó.

Tamara Mearakishvili, periodista y activista de Akhalgori, dijo que hubiera ido a votar de haber tenido la oportunidad. Dijo a On.ge que los habitantes de Akhalgori votaban activamente cuando había libertad de movimiento.

“Durante las elecciones parlamentarias de 2016, muchos minibuses fueron para allá. Siempre iban. Como no tenía mis documentos [para cruzar la frontera, por un caso en curso], no pude votar. La gente de acá dice: “los osetianos pueden cerrar las vías para el día de las elecciones, vayamos el día anterior. Y así irían el día anterior para votar”, dice Tamara.

Votos perdidos

Según el Comité de Estadísticas Abjasias, en 2019 46 905 personas de etnia georgiana vivían en Abjasia, de las que 30 268 vivían en Gali.

Los georgianos son el segundo mayor grupo étnico que vive en Abajasia después de los abjasios, y conforman el 19 % de la población, seguido de armenios y rusos.

El sitio web del servicio de estadísticas de Osetia del Sur no tienen información de la demográfica. Nugzar Tinikashvili, alcalde de Akhalgori, dijo a On.ge que casi 1300 georgianos viven ahora en Akhalgori.

El Instituto de Investigación de Democracia, ONG de Georgia que estudia la situación de derechos humanos en los territorios disputados, ha informado que la cantidad de personas que salieron de Akhalgori ha estado aumentando. Según la ONG, la difícil situación en Akhalgori y Gali en términos de derechos humanos es difícil. Piden al Gobierno georgiano que proteja el derecho de sus ciudadanos a votar.

Ucha Nanuashvili, director de DRI dijo a On.ge que las restricciones de la cuarentena debían flexibilizarse temporalmente y que debían haber puesto un precinto electoral en el puente Enguri según las reglas de seguridad y sanitarias.

“No se pueden perder miles de votos. Por tanto, es importante que el Gobierno tome medidas oportunas para lograr un resultado concreto. Akhalgori está en una situación mucho más difícil. A diferencia de Gali, poca gente vive ahí. En cuanto a los abjasios, es posible analizar este asunto en un diálogo con [las autoridades en] Abjasia”, dice Nanuashvili.

Tiflis no tiene ningún plan para proteger el derecho al voto de los georgianos que viven en Akhalgori. On.ge contactó al Ministerio de Reconciliación e Igualdad Civil sobre este asunto. Respondieron que este asunto no era su competencia y nos redirigieron al Gobierno Autónomo en Tiflis. A su vez, nos redirigieron a la Comisión Central Electoral, que a su vez nos dijo que este asuntos estaba más allá de su autoridad.

Catástrofe de derechos humanos

Además de no poder votar en las elecciones, los georgianos de Akhalgori y Gali tienen muchos otros problemas: no tienen acceso a servicios médicos de calidad y deben pagar el doble por medicinas y artículos esenciales que quienes viven en los territorios bajo el control del Gobierno georgiano. No tienen la oportunidad de visitar a sus parientes en hospitales ni de ver a sus familias y parientes, desde hace casi un año.

El puente Enguri ha estado cerrado por la pandemia, aunque la razón detrás del cierre del punto de control de Osetia del Sur fue política. El presidente de Osetia del Sur, Anatoly Bibilov, dice que no se abrirá el punto de control a menos que Georgia retire un control policial cerca de la aldea de Chorchana, establecido durante el aumento de tensiones fronterizas en agosto de 2019.

Tamar Mearakishvili dijo a On.ge que Osetia del Sur otorgó pasaportes y pensiones de 300 lari (93 dólares) para personas que dependen de una pensión georgiana, pero no pueden trasladarse para cobrar. Dijo que esta decisión de Bibilov entró en vigencia en diciembre de 2019 y afectó a cerca de 200 pensionistas.

Abjasia abrió el puente Enguri para los pensionistas de Gali el 16 de octubre tres días a la semana para que puedan cobrar su pensión en una banco en un minibús ubicado al otro lado del puente. Se les permite usar el puente solamente para cobrar la pensión y no pueden comprar nada en las tiendas cercanas.

DRI ha calificado la situación en Gali y Akhalgori como catastrófica. Ucha Nanuashvili dice que el COVID-19 hizo que la situación de derechos humanos de las personas de ahí se tornara ‘extremadamente grave’.

Para facilitar la lectura, OC Media opta por no usar calificativos como ‘de facto’, ‘no reconocido’, o ‘parcialmente reconocido’ cuando se habla de instituciones o posiciones políticas dentro de Abkhazia, Nagorno-Karabaj y Osetia del Sur. Esto no implica una posición editorial de Global Voices sobre la situación.

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