Decisión de verter agua radiactiva del desastre nuclear de Fukushima al océano enciende alarmas

fukushima radioactive water tanks

“Trabajadores de la central nuclear de TEPCO en Fukushima Daiichi entre depósitos subterráneos de agua, 17 de abril de 2013. Al fondo pueden verse dos tanques de almacenamiento en superficie”. Foto de la cuenta oficial de la International Atomic Energy Agency (IAEA) en Flickr, edición de la original. Autor: Greg Webb / IAEA (CC BY 2.0).

A mediados de octubre, el Gobierno japonés anunció sus planes para eliminar agua contaminada con isótopos radiactivos del desastre nuclear de Fukushima, lo que provocó alarma mundial.

El 16 de octubre, el servicio japonés de noticias Kyodo informó que el Gobierno japonés había anunciado que autorizaría el vertido en el océano de alrededor de un millón de toneladas de agua radiactiva de la instalación nuclear de Daiichi en la prefectura de Fukushima.

Tras el anuncio, Greenpeace publicó un informe en el que afirma que el agua contaminada contiene niveles “peligrosos” de carbono 14, isótopo radiactivo que puede dañar el ADN humano. No obstante, a pesar de la preocupación por el impacto del agua contaminada en el ambiente y en la salud humana, algunos expertos señalaron que era difícil —si no imposible— evaluar el verdadero riesgo sin conocer mejor los planes del Gobierno.

El sector pesquero de Fukushima, económicamente devastado, se opone a cualquier plan que incluya vertidos en el océano que puedan contaminar sus capturas. El vecino marítimo de Japón, Corea del Sur, expresó también su “gran preocupación“. En el otro lado del océano Pacífico, la noticia alarmó a los habitantes de la isla de Vancouver, en la costa pacífica canadiense, a unos 7300 km de Fukushima:

El Gobierno de Japón planea presuntamente arrojar más de un millón de toneladas de agua radiactiva de la central nuclear accidentada de Fukushima al mar.

Después de un fuerte y destructivo terremoto seguido de un tsunami el 11 de marzo de 2011, el complejo energético de Daiichi, en la costa pacífica de Japón, a unos 250 km al norte de Tokio, protagonizó el peor accidente nuclear del mundo desde Chernóbil, en 1986. El accidente nuclear destruyó tres de los cuatro reactores de la central, y provocó el vertido de materiales radiactivos que contaminaron las comunidades circundantes y forzó evacuaciones masivas.

Actualmente, en la desmantelada central nuclear de Daiichi Fukushima hay almacenados alrededor de 1,25 millones de toneladas de agua contaminadas, y el volumen aumenta en unas 170 toneladas diariamente, lo que acumula distintos elementos radiactivos potencialmente peligrosos para la salud humana. El líquido es una mezcla de agua de refresco inyectada deliberadamente y agua de superficie que fluye por los edificios del reactor y la turbina destruidos el 11 de marzo de 2011 durante el terremoto de Tohoku y el tsunami posterior.

Aunque parte de la corriente que fluye desde la planta se bombea directamente al océano, el agua contaminada se desvía hacia grandes tanques de almacenamiento que ahora dominan el complejo nuclear de Fukushima. Hasta ahora, uno de los principales problemas a que ha enfrentado el Gobierno japonés y la empresa propietaria de las instalaciones de Fukushima ha sido evitar que el agua llegue al mar.

Un informe de febrero de 2020 elaborado por un comité gubernamental comparó y evaluó varias soluciones potenciales para eliminar el agua contaminada en Fukushima. Entre estas soluciones, se consideró inyectar el agua contaminada en formaciones geológicas (地層注入) directamente detrás del complejo de Fukushima, evaporar el agua almacenada, lo que deja un precipitado contaminante (水蒸気放出), y enterrar el agua en tanques y otros contenedores.

En el informe, el comité concluyó que la solución más barata y técnicamente más factible era arrojar el agua al mar (海洋放出). Basándose en esta recomendación, a lo largo de 2020, el Gobierno japonés ha debatido la posibilidad de verter al menos un millón de toneladas de agua en el océano. No obstante, todavía no se han hecho públicos los detalles sobre cómo o dónde se hará el vertido.

fukushima radioactive water storage tanks

Tanques de agua contaminada frente a los edificios de los reactores de Fukushima Daiichi. Foto de Susanna Loof / IAEA (CC BY 2.0).

“Al final, no ha habido una descripción del método o de cómo se depositarán o arrojarán esos isótopos al océano”, dijo Jay Cullen en una entrevista con Global Voices. “¿Arrojarán el agua desde la costa? ¿La bombearán hacia el fondo? ¿La echarán en tanques al océano? No está claro ni siquiera que bajo el Protocolo de Londres sea legal echar el agua contaminada al mar”. Cullen es químico marítimo, oceanógrafo y profesor de la escuela de Ciencias Oceánicas y Terrestres de la Universidad de Victoria en la isla de Vancouver.

El agua contiene contaminantes radiactivos, que incluyen isótopos de cesio, cobalto, carbono 14 y tritio, extremadamente difíciles de eliminar del agua, según Cullen. Todos son potencialmente nocivos para la salud humana, pero el riesgo depende de múltiples factores que o bien no se conocen, o el Gobierno japonés y la empresa encargada de la limpieza no han revelado, y por tanto son difíciles de evaluar.

“Es el equivalente a decir que el plomo es malo para ti, pero eso, por supuesto, depende a de a cuánto plomo estés expuesto”, dice Cullen. Con el fin de valorar los riesgos, dijo Cullen, es necesario preguntar “qué cantidad de un isótopo va al ambiente, cuál es su actividad en el entorno y cuánto afecta la exposición a los seres humanos”.

En Twitter, Cullen también señaló que algunas actividades humanas históricas, como las pruebas de armamento nuclear, ya han introducido en el ambiente cantidades significativamente mayores de algunos contaminantes radiactivos que todavía persisten:

3/ La cantidad de tritio (1 PBq) almacenado en los tanques de agua contaminada de Daiichi Fukushima es muy pequeño comparado con la cantidad que sigue habiendo en el océano procedente de las pruebas de armamento nuclear realizadas durante el siglo pasado (8000 PBq)

Hay que encontrar el equilibro entre el almacenamiento en el lugar con la posibilidad de un vertido incontrolado y el vertido controlado, según Cullen.

“El tritio tiene una vida media de 12 años”, dice Cullen. El riesgo disminuye con el tiempo y “tiene que equilibrarse con la posibilidad y probabilidad de que los tanques de almacenamiento fallen accidentalmente, o que se produzca otro gran sismo que provoque un vertido incontrolado.

Según Cullen, otro de los principales problemas que supone evaluar el riesgo de un vertido al océano, es que hasta ahora se sabe muy poco sobre qué tipos de isótopos radiactivos se almacenan en los tanques, y por lo tanto, del riesgo que suponen para el ambiente y la salud humana.

6/ Nuestra preocupación colectiva y un cálculo adecuado del riesgo relacionado con el vertido de esta agua contaminada al océano debe considerar los demás isótopos presentes, como por ejemplo, estroncio 90 y cesio 137, que persisten más tiempo en el entorno y pueden concentrarse en los organismos vivos.

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