Elecciones en Tanzania darían inicio a nueva era de autoritarismo. Descubre por qué.

Ceremonia de juramentación del presidente de Tanzania John Magufuli, Dar es Salaam, Tanzania, 5 de noviembre, 2015. Foto de Paul Kagame en Flickr (CC BY-NC-ND 2.0).

Los tanzanos participaron en elecciones generales del 28 de octubre de un votación que enfrentó al popular líder opositor popular Tundu Lissu y el presidente actual, John Magufuli. Mientras se cuentan los votos, Dan Paget explica por qué el actual presidente John Magufuli podría resultar ganador y qué significará un segundo término para la democracia en el país de África Oriental.

¿Cómo calificarías la independencia o imparcialidad de la comisión electoral de Tanzania ahora y antes?

Debemos esperar a conocer los resultados antes de juzgar. Sin embargo, en estos momentos ya no confío en la Comisión Electoral Nacional de Tanzania ni en la validez de los resultados de las elecciones. Su validez debería determinarse a través de organismos independientes y procedimientos rigurosos. Sin embargo, me temo que las conjeturas y opiniones son los únicos medios que tenemos para evaluarlo porque las otras vías para verificarlo han sido bloqueadas con antelación.

Nunca es fácil saber cuándo dar crédito a las denuncias por manipulación de las elecciones. Tales acusaciones siempre pueden hacerse de mala fe. Si la comisión electoral fuera independiente y estuviera gobernada por un consejo de varios partidos, se podría confiar en que se mediarán esas denuncias. En cambio, la Constitución le da al presidente autoridad para designar a los presidentes de la comisión. La oposición lleva años exigiendo una reforma de la comisión.

Ante la ausencia de una comisión electoral independiente y de tribunales libres, normalmente se apelaría a las misiones de observadores independientes. Con frecuencia despliegan numerosos equipos que vigilan el desarrollo de las elecciones y evalúan irregularidades, pero han apartado a estas misiones. Lo mismo ocurrió con la mayoría de los observadores electorales más respetados del país, como el Centro Legal y de Derechos Humanos. Las conclusiones de las pocas misiones de observación presentes serán muy importantes. De igual importancia serán los dictámenes de Tanzania Election Watch, que está probando llevar a cabo las elecciones de forma remota. Recomiendo leer su informe preliminar.

En general, prácticamente se bloquearon todos los medios más fiables para evaluar las denuncias de jugadas sucias. Teniendo eso en cuenta, es difícil saber qué hacer excepto dar crédito inicialmente a las denuncias generalizadas de fraude electoral por parte de la oposición y muchos analistas.

Sus demandas ganan peso con la serie de videos y fotografías que se difundieron en redes sociales. La mayoría de estos informes sin verificar mostrarían la manipulación de registros electorales, centros de votación inexistentes, papeletas completadas con anticipación, papeletas preimpresas, múltiples papeletas, agentes electorales descalificados o con acceso denegado a los centros de votación, entre varias otras irregularidades.

Lo que le da más fuerza a las demandas es la proporción y el carácter de la victoria del partido gobernante (Chama cha Mapinduzi) que se han denunciado. Los resultados siguen saliendo y debemos evitar cualquier sentencia definitiva hasta conocer el panorama completo. Sin embargo, el partido gobernante obtuvo victorias en lugares donde menos se hubiera esperado que gane, y en una proporción que es difícil de creer.

La popularidad de la oposición y del partido gobernante también es difícil de juzgar, especialmente por la ausencia de encuestas de opinión. Esto hace que el tamaño de las manifestaciones sea uno de los pocos indicadores restantes sobre la popularidad de cada partido. Sin embargo, las manifestaciones son indicadores traicioneros de la popularidad de los partidos. A pesar de todo, como ya sostuve con anterioridad, podemos extraer una conclusión preliminar negativa: el apoyo a la oposición no se desintegró. No es insignificante. Si lo fuera, no habríamos visto importantes manifestaciones por parte de la oposición con tanta frecuencia. Esta inferencia se corresponde con la amplia base organizativa de la oposición.

A pesar de todo, hasta ahora las autoridades han anunciado la derrota de los líderes de la oposición más admirados en los bastiones claves de la oposición. Nombres conocidos como Zitto Kabwe, Freeman Mbowe, Joseph Mbilinyi, Halima Mdee, John Heche y Esther Bulaya han perdido sus escaños. Además, estas derrotas se dieron con márgenes desconcertantes. En general, es difícil de ver por qué deberíamos darle el beneficio de la duda a la Comisión Electoral Nacional y a la estructura completa que supervisa las elecciones en Tanzania.

La Policía arrestó a varios candidatos opositores y disolvió las manifestaciones. ¿Hasta qué punto la Policía, y por extensión el Gobierno, fue un factor en el desenlace final?

La Policía fue una presencia importante en esta campaña. En redes sociales podemos encontrar videos que prueban que la Policía arrojó gases lacrimógenos, disolvió reuniones, arrestó a candidatos opositores y cometió actos de violencia.

Bajo las órdenes de funcionarios estatales, se prohibió temporalmente hacer campaña al principal candidato opositor para la presidencia de Tanzania, Tundu Lissu, y al principal candidato opositor para la presidencia de Zanzíbar, Seif Hamad.

Todo esto seguro afectó el resultado de las elecciones.

Junto a la Policía también estuvo el Ejército, que se desplegó para supervisar las elecciones en algunas zonas del país y hay numerosas denuncias, aunque sin verificar, de actos de violencia y muerte por su parte.

Pero sus acciones tienen que interpretarse en un contexto autoritario mayor. Tanzania siempre fue un país autoritario. La antigua infraestructura autoritaria nunca se eliminó con la restauración de las elecciones multipartidistas en 1992. Pero hubo un cambio abismal cuando Magufuli llegó al poder en 2015. Cosas que podían hacerse en 2014 hoy están prohibidas. Los medios están censurados. Los partidos políticos están reprimidos. Se persigue a los políticos y activistas civiles, judicial y extrajudicialmente. Se prohibieron las manifestaciones durante cuatro años. Ha habido una ola de violencia de la mano de personas anónimas, que el contexto sugería que podían estar relacionados con el gobierno, aunque no se confirma. Ese contexto es clave. La trayectoria de la política partidista de Tanzania está determinada por el Gobierno. Es crucial en todo sentido.

A partir de lo que sabe hasta ahora, ¿las elecciones del 2020 fueron un avance o un revés en el camino de Tanzania para lograr elecciones libres y justas?

Hasta ahora, parece que las elecciones darán inicio a una nueva era de autoritarismo. Cualquier sensación de que Tanzania estaba dando lugar a una democracia liberal parece desvanecerse. No solo es inaudito el supuesto grado de manipulación de las elecciones, sino que el régimen presentará al autoritarismo aplastante que parece estar en aumento como una reivindicación de su programa de autoritarismo extremo de los últimos cinco años.

Mi opinión es que el presidente Magufuli y su partido gobernante Chama cha Mapinduzi aprovecharán esa gran mayoría que estarían a punto de concederse para decretar su visión autoritaria de desarrollo. Impondrán una agenda autoritaria mucho más seria y ambiciosa, que podría incluir la anulación de límites del mandato presidencial, pero que también podría involucrar la implementación de más medidas para consolidar la transformación autoritaria de Tanzania por parte del partido.

Nota del editor: este artículo fue escrito por Dan Paget, profesor de política en la Universidad de Aberdeen. Este artículo se reprodujo del sitio web The Conversation bajo licencia de Creative Commons. Leer el artículo original aquí

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