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En Belarús, nace nueva cultura cívica de símbolos históricos reciclados en patios urbanos

Categorías: Europa Central y del Este, Belarús, Activismo digital, Arte y cultura, Derechos humanos, Medios ciudadanos, Política, Protesta, The Bridge, Belarus In Turmoil

Los suburbios industriales de Minsk se unieron, con sus propias banderas blancas-rojas-blancas: Altayskaya, Anharskaya, Sokal, distrito Partyzanski y Shabany. Este último es el distrito más estigmatizado de la capital bielorrusa, se le suele comparar con Harlem en Nueva York. Foto de Kanstancin Kasiak, utilizada con autorización.

En Belarús, la gente sigue resistiendo y protestando, en su mayoría se niega a reconocer los resultados de las elecciones presidenciales del 9 de agosto, cuando Aleksandr Lukashenko logró un sexto mandato consecutivo. Todos los domingos, continúan las marchas masivas en la capital, Minsk. Algunas son las mayores manifestaciones [1] del país la independencia en 1991. Pero en días laborales, se desarrolla una nueva forma de protesta: los habitantes de algunas zonas periféricas de la ciudad se reúnen en espacios entre sus edificios, y marchan mostrando su identidad local visual en antiguos símbolos de historia nacional.

Los símbolos nacionales contraatacan y ganan: Historia de la nueva bandera vieja

Durante meses, la violencia policial se ha concentrado sobre todo en en centro de la ciudad, donde el movimiento empezó en agosto, y donde se dan la mayoría de las marchas dominicales. Fuentes de medios como Nasha Niva estiman que más de 30 000 personas [2] han sido detenidas desde que empezaron las protestas. La iniciativa independiente de seguimiento Project 23.34 ha examinado más de 3200 casos de detención [3]; la tercera parte de los encuestados, la mayoría menores de 30 años, han o sometidos a violencia física. Además, 144 prisioneros políticos [4] siguen en prisión. Para superar ese trauma y seguir resistiendo la violencia estatal es que parte de la protesta se ha movido a algunos vecindarios.

Lo que no ha cambiado es la referencia a un símbolo antiguo pero poderoso: la histórica bandera blanca-roja-blanca bielorrusa [5]. Como las autoridades oficiales usan una bandera verde-roja, los intelectuales nunca esperaron esos mares de banderas rojiblancas en las calles de Minsk y otras grandes ciudades del país. Precisamente porque las autoridades la satanizaron, la gente decidió usarla como símbolo de su oposición a Lukashenko, a la dictadura y en solidaridad con su protesta, y le dieron un nuevo significado.

Bandera del distrito Selmash en Homiel con la imagen de un típico gopnik [6]. Foto de Dzmitry Novikau, usada con autorización.

Cuando empezaron a reaparecer en las calles, la gente empezó a crear variantes muy locales de la bandera bicolor [7] para sus distritos y barrios. En pocas semanas, ciudades y pueblos, distritos y a veces hasta calles de Minsk, tenían su propia bandera. La identidad local es muy fuerte en Belarús, sociedad que por mucho tiempo estuvo impregnada de cultura campesina orgullosa de su característica local. Ahora hay cientos de banderas así [8], impresas en diferente formatos y tamaños que adornan ventanas, paredes y también autos, carteles de protesta y ropa.

Lo que es particular son los procesos de “desacralización [9]” de símbolos históricos: bandera y escudo de armas nuevos también se relacionan con  cultura popular moderna. Por ejemplo, el distrito industrial de Semash en Homiel, la tercera ciudad de Belarús, adoptó la figura de un gopnik [6], miembro de la subcultura urbana asociada en las ciudades exsoviéticas con poca educación y antecedentes, música y modo de vestir específicos.

¿Conoces la ‘Revolución del Patio'?

El 24 de noviembre, Raman Bandarenko, de 30 años, enfrentó a un grupo de desconocidos que trataron de retirar las cintas rojas y blancas en su patio de Minsk. Lo golpearon y luego murió en el hospital [10].

Las cintas rojas y blancas en el patio de Bandarenko eran solamente una expresión de su activismo hiperlocal. Inicialmente, este tipo de patios se usaron como refugios durante los primeros días de la protesta: sus habitantes escondieron a quemes huían de la Policía. Ahora, los manifestantes están reclamando los espacios urbanos con la organización de actos esporádicos y descentralizados de resistencia cívica. Algunos se coordinan en la plataforma Dze.chat [11], mapa interactiva que muestra canales locales de Telegram, servicio de mensajería encriptado favorito en  Belarús. El proyecto fue inspirado por el bloguero urbano Anton Matolka, y rápidamente se convirtió en herramienta indispensable para la autoorganización de las comunidades. Fue una continuación lógica de las marchas de protesta en los suburbios, lo que no había ocurrido antes en la nueva historia bielorrusa.

Los patios empezaron a organizar sus vidas. Las banderas recién creadas han generado mayor interés en conocer qué representan esas imágenes, y la gente ha invitado a poetas, músicos y creativos culturales a dar conciertos, conferencias, talleres y exhibir películas, algo sin precedentes en Belarús. Como en el caso de Bandarenko, algunas de estas actividades no salieron bien: el 21 de septiembre 21, arrestaron [13] a los rockeros Aliaksandr Pamidorau y Lesley Knife, que pasaron varios días en prisión.

Pero algunas acciones lograron popularidad nacional y tuvieron segunda vida en línea: integrantes del teatro estatal Yanka Kupala, importante institución cultural del país, renunciaron en agosto después del despido [14] de su director, Paviel Latushka, por apoyar la protesta contra Lukashenko. Los actores, ahora clandestinos, se han convertido en los héroes de los patios. Su canal de YouTube [15], con casi 150 000 espectadores, crece en popularidad. La banda de rock J:Mors también tuvo un concierto improvisado en un balcón el 12 de septiembre, y apenas lograron evadir el arresto [16]. Se puede ver la actuación en este video de YouTube:

El balcón del concierto da a lo que ahora se llama Plaza de Cambios, o Ploshcha Pieramien [17] en Minsk. Antes era un patio anodino sin nombre formal, pero ahora es muy conocido en Belarús. Tiene un mural que ilustra a dos DJ detenidos por la Policía cuando tocaban la famosa canción “Peremen” (“Cambio” en ruso) de Viktor Tsoi [18] en un acto oficial, en referencia a la cultura de protesta al final del Estado soviético. El mural ha estado vigilado por la Policía, lo han destrozado y pintado varias veces.

Además, en la Plaza de los Cambios es donde se vio con vida por última vez a Raman Bandarenko.

Esta nueva identidad de patios es una fuente poderosa de resistencia y de autogobierno: esos lugares están ganando poco a poco uso público por el dicho popular, imágenes en línea y hasta se ha usado en titulares de periódicos [19].

Todas estas medidas de actividades de bases reales y naturales, junto con la comunidad bielorrusa cuya posición y apoyo consolidados se han convertido en un factor influyente de la interminable resistencia de este año, forman una nueva sociedad bielorrusa. El proceso va muy lejos: de muy bajo a local a alto y nacional, y hasta global.

Este artículo es posible a través de una asociación con Transitions [20], organización editorial y de medios con sede en Praga.