El problema de Trinidad y Tobago con la violencia de género

Andrea Bharatt, de 23 años, desapareció el 29 de enero, se la vio con vida por última vez subiendo a un taxi con una amiga después del trabajo. La amiga llegó a casa; Bharatt no, su padre la llamó al móvil. Finalmente, respondió un hombre que exigía dinero, aunque nunca se especificó la cantidad del rescate. El 4 de febrero, pese al esfuerzo común de las fuerzas de seguridad y los ciudadanos, el cuerpo de Bharatt fue hallado al pie de un precipicio en el noreste de Trinidad.

Su asesinato ha provocado una protesta nacional, sobre todo por haberse producido solo dos meses después del secuestro de la adolescente Ashanti Riley, que también tomó el transporte “público” y acabó muerta (el auto en el que Bharatt fue secuestrada llevaba una matrícula de coche de alquiler falsa).

Sin embargo, el caso de Bharatt está rodeado de polémicas. Dos de los sospechosos han muerto tras ser detenidos por la Policía. Según un comunicado de prensa del Comisionado de Policía, el primer detenido, Andrew Morris, murió a causa de complicaciones tras caerse de una silla. Una autopsia privada reveló posteriormente que había sido apaleado hasta morir. Además, se ha puesto en duda su participación en el crimen, ya que dijo a la Policía que solo se dedicaba al alquiler de autos.

El segundo, Joel Balcon (alias Devon Charles), que tenía 70 cargos en su contra, incluidos violación y agresión sexual “grave”, murió en la unidad de cuidados intensivos de un hospital público. Al momento de su detención, 45 casos en su contra estaban pendientes en la Policía.

Estos flagrantes descuidos han puesto de manifiesto la ineptitud del sistema judicial del país, así como su cultura de misoginia y violencia de género. Para algunos, también evidencia cómo la ciudadanía lucha por conseguir un cambio real y cómo se retrasan los procesos gubernamentales, a pesar de las protestas y peticiones.

Protesta nacional en Trinidad y Tobago para poner fin a la violencia contra las mujeres tras la muerte de Andrea Bharatt y Hanti Riley. Hay poder en los números.

Una trayectoria de violencia contra las mujeres

Un informe de 2002 de la Organización de Naciones Unidas, elaborado por el Comité de Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, constató que, ya en la década de 1990, la violencia de género, incluidas las agresiones sexuales a mujeres y niñas, era “omnipresente” y “constituía desde hacía mucho un motivo de preocupación para el Gobierno”.

En ese entonces, el Gobierno puso en marcha un programa amplio y exhaustivo para abordar específicamente la violencia doméstica, pero dos décadas después, los índices de violencia de género siguen siendo predominantes en el país.

Solo en 2020, 45 mujeres y dos niñas fueron asesinadas.

Día tras día, año tras año, las mujeres se encuentran en constante peligro. En 2014, la consejera Dana Seetahal fue asesinada a tiros en su auto, víctima de una ejecución. En 2015, la presentadora de televisión Marcia Henville fue asesinada en su casa, presuntamente víctima de violencia doméstica.

En 2o16, el entonces alcalde de Puerto España, Raymond Tim Kee, agregó sal a la herida al decir que las “mujeres tienen la responsabilidad de asegurarse de no ser víctimas de abuso en temporada de Carnaval”, después de que el cuerpo de Asami Nagakiya, intérprete japonesa de tambores metálicos que estaba visitando Trinidad y Tobago en Carnaval, fuera hallado bajo un árbol en el Queen's Park Savannah en la mañana del Miércoles de Ceniza. Se produjeron protestas en contra de la responsabilización de las víctimas y el alcalde finalmente dimitió.

Las mujeres son acosadas en las calles y en sus lugares de trabajo. A finales de 2016, cuando la trabajadora bancaria Shannon Banfield, de 20 años, desapareció y fue encontrada luego en el almacén de un bazar, el pueblo dijo: “Ya es suficiente”.

Sin embargo, 2017 acababa de empezar cuando se produjo el primer feminicidio del año. La víctima fue una escolar. Entonces, tras el asesinato de Jamilia Derevenax, degollada por un agresor que conocía, en el aparcamiento de un conocido cine, el primer ministro Keith Rowley sugirió que las mujeres deberían elegir bien a sus parejas para evitar la violencia, lo que demuestra lo arraigada que está la responsabilización a las víctimas, incluso cuando seguían asesinando a las mujeres.

Abuso emocional, físico y sexual

Una Encuesta Nacional de Salud de la Mujer de 2017 del Banco Interamericano de Desarrollo para Trinidad y Tobago mostró estadísticas relativamente altas de abuso emocional, físico y sexual contra mujeres, ya sea que estuvieran en pareja o no, a partir de una encuesta de campo de 1079 entrevistados.

Por ejemplo, más del 30 % de las mujeres declararon haber sufrido violencia física o sexual en la pareja, o ambas, al menos una vez. Cerca de una de cada tres mujeres fue víctima de violencia sexual, que incluía violación, intento de violación, tocamientos indeseados y denuncias de violencia sexual. Para muchas, esto ocurrió antes de cumplir 18 años. El informe reveló que, en un 21,3 %, los casos de violencia sexual fuera de la pareja eran casi cuatro veces mayor que los perpetrados dentro de la pareja (5 %).

La Fundación Humanitaria Juvenil quisiera agradecer a Feminitt, Catcallsofuwi, Igdsignite Oneguildsta por permitirnos ser parte de este crucial y dolorosamente necesario llamado a la acción/protesta. Pudimos escuchar el dolor en las voces de la gente cuando expresaban preocupación por su seguridad y futuro en Trinidad y Tobago.

Esta no puede ser la conversación de uno o dos días. Esto debe continuar. Est debe ser constante de la misma manera que la seguridad de las mujeres debe ser normal. No nos detendremos hasta que haya justicia. Hasta que el registro de delincuentes sexuales se haya hecho público, haya una reforma legal de la ley de fianza (NO 120 DÍAS), hay que hacer reforma al sistema educativo y cómo se socializa a los hombres desde chicos, y la regulación del sistema de transporte público en nuestro país.

Gracias de nuevo a todos los que vinieron, que mostraron su apoyo y su solidaridad por un futuro más brillante y seguro en Trinidad y Tobago .

El camino a seguir

La Encuesta Nacional sobre la Salud de la Mujer expuso diversas recomendaciones sobre las formas de combatir la violencia de género en Trinidad y Tobago, sugerencias que toman de muchas usuarias de redes sociales, como espacios y servicios más adecuados para las mujeres que huyen de las situaciones de violencia doméstica, revisión de los procedimientos de derechos humanos obligatorios, sensibilización de género y formación para policías (aunque existe una Unidad de Violencia de Género en el Servicio de Policía de Trinidad y Tobago), campañas educativas que “deconstruyan algunas percepciones de género que alimentan la violencia machista”, y servicios sanitarios de confianza.

Sin embargo, algunas se han dado cuenta de que la raíz del problema es mucho más profunda. Tras el secuestro de Bharatt, la activista “Tillah Willah” publicó un video de la canción de 1979 de Scrunter “Take the Number”, que aconsejaba a las mujeres que anotaran la matrícula de cualquier auto al que se subieran, y comentaba:

Scrunter sing this in 1979. 2021 come and allyuh still blaming women if they can't figure out what a predator looks like instead of changing the way we raise boys to think women's bodies are property.

Scrunter compuso esta canción en 1979. Estamos en 2021 y siguen culpando a las mujeres cuando no recuerdan el aspecto de un depredador en lugar de cambiar la forma en la que educamos a los niños para que no piensen que los cuerpos de las mujeres son de su propiedad.

La escritora Debbie Jacobs, que dirige un programa educativo para presos, considera que el cambio debe comenzar arriba:

Police and prisons are not functioning anywhere near the level they should be functioning. We choose to perpetuate irrelevant education and throw people — innocent and guilty — into prison, which is basically a school for crime. We don't have enough educational programmes, skill-based programmes and rehabilitation programmes are virutally nonexististent in prisons. We don't have any rehabilitation programmes for sexual offenders in our prisons. We are not holding anyone accountable in this country. We don't care about people being in prison to study the craft of crime for over a decade before the courts that can't hear cases fast enough throw the case out. And those of us who are trying to address the crime problem and offer solutions can't get traction or consistency to function. Dysfunction and apathy prevail in this country with periodic outbursts of anger and disgust when a crime occurs. Victims deserve better than this. Start asking questions at the top. What is being done?

La Policía y las prisiones no funcionan ni de lejos al nivel que deberían. Elegimos perpetuar la educación irrelevante y arrojar a la gente, inocente y culpable, a la cárcel, que es básicamente una escuela del delito. No contamos con suficientes programas educativos que se basen en habilidades, y los programas de rehabilitación prácticamente no existen en las prisiones. No tenemos ningún programa de rehabilitación para delincuentes sexuales en nuestras prisiones. En este país no se exigen responsabilidades a nadie. No nos importa que los presidiarios estudien el oficio de la delincuencia durante más de una década antes de que los tribunales los puedan juzgar con la suficiente rapidez y desestimen los casos. Y los que intentamos abordar el problema y ofrecer soluciones no podemos conseguir impulso ni consistencia para operar. La disfunción y la apatía prevalecen en este país, con estallidos periódicos de ira e indignación cuando se produce un delito. Las víctimas se merecen algo mejor que esto. Hay que empezar a cuestionarnos la raíz del problema. ¿Qué se está haciendo?

Desde el asesinato de Bharatt, el Parlamento ha aprobado la Ley de Pruebas, que presentará mecanismos más modernos para la obtención de pruebas en los juicios penales. De forma más polémica, se ha aprobado el uso del gas pimienta como herramienta de defensa personal, aunque quien quiera comprar el producto necesitará un permiso.

Los ciudadanos entienden la necesidad de un gran cambio, pero dado que las medidas anteriores no abordaron las causas reales del problema, la pregunta sigue siendo: ¿efectuarán quienes tienen poder las medidas necesarias para proteger a las mujeres?

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