Presidente Jovenel Moïse parece siempre aterrizar de pie, pero ¿qué pasa con Haiti?

Jovenel Moïse habla en su ceremonia de toma de mando como presidente de Haití, después de haber pronunciado juramento. United Nations Photo en Flickr, 7 de febrero de 2017 (CC BY-NC-ND 2.0).

Aunque la presidencia de Jovenel Moïse se ha visto envuelta en escándalos y protestas recurrentes, el político ha aprendido a sobrellevar cada tormenta. Sin embargo, Haití ha tenido que pagar un alto precio bajo su liderazgo, incluidos inseguridad desenfrenada, secuestros, actividad pandillera, escasez recurrente de combustible, altas tasas de inflación y crecimiento económico mínimo.

El país se ve una vez más sumergido en violentas protestas que piden la destitución del presidente, acusado de haber sobrepasado su mandato constitucional de cinco años, que según la oposición debió haber finalizado el 7 de febrero.

Un enredo constante

Moïse ha demostrado ser un ave fénix político, ha logrado resurgir de las cenizas después de todos los escándalos. Primero, logró evadir el aumento del descontento social que estalló en julio de 2018 tras el escándalo de PetroCaribe y a la decisión de su gobierno de aumentar el precio de los combustibles. Sin embargo, las primeras demandas de renuncia a Moïse llegarían luego, en febrero de 2019. Durante dos semanas, las principales ciudades del país estuvieron paralizadas por manifestantes que exigían un cambio sistemático o “tábula rasa” (inicio desde cero)

El 31 de mayo de 2019, el Tribunal Superior de Cuentas de Haití publicó un informe de más de 600 páginas que investiga corrupción de alto nivel que rodea a PetroCaribe, y al presidente Moïse a través de su empresa Agritans, y otra de nombre Betexs.

Esas protestas se centraron en denunciar el aumento de la actividad pandillera y las masacres planificadas por funcionarios que formaban parte del circulo íntimo del presidente.

A finales de 2019, el país se encontraba nuevamente en crisis. Junto con la oposición política, casi todos sectores de la sociedad haitiana se unificaron para pedir la destitución de Moïse. Durante este largo período of “peyi lok” (bloqueo del país) escuelas, hospitales, bancos y mercados estuvieron cerrados. Llegó un momento en que los manifestantes se cansaron y Moïse recuperó el control.

¿Fallo constitucional o cultura de bloqueo político?

La permanencia de Moïse en el poder después de la fecha límite del 7 de febrero, pregonada por los grupos de la oposición, ha llevado la crisis política de Haití a un nuevo nivel. El 13 de enero de 2020, el presidente tomó la decisión de disolver el Parlamento, pero nunca convocó a elecciones necesarias para renovar las sesiones parlamentarias. Los adversarios políticos de Moïse estaban esperanzados en que el 7 de febrero el presidente obtendría su merecido.

El 7 de febrero de 2021 fue una fecha significativa, se cumplieron 35 años del fin de dos décadas de dictadura, y así comenzó una nueva era de democracia, cuyo camino no ha sido fácil.

Según Moïse y su gabinete, prestó juramento como presidente, y según los artículos 134.1 y 134.2 de la Constitución, su mandato de cinco años terminará en 2022. Pero la oposición, junto con muchos actores e instituciones de la sociedad civil, interpretó la misma legislación de manera diferente y cree que su mandato acabó el 7 de febrero de 2021.

¿Un presidente interino?

Nunca se produjo el gran caos político que se esperaba para el 7 de febrero. Antes de dirigirse a la nación ese mismo día, Moïse voló discretamente a Jacmel, en el sureste de Haití, para disfrutar del tradicional Carnaval de la ciudad, que siempre se lleva a cabo un fin de semana antes del Carnaval nacional.

Con la frente en alto hacia sus oponentes, lucía jubiloso y relajado mientras hablaba de cómo los servicios de inteligencia pudieron frustrar un plan para asesinarlo ese día, acusación que tuvo como resultado que 23 personas fueron detenidas, incluidos un inspector de Policía y un juez del Tribunal Supremo que fue liberado el 11 de febrero.

Mientras tanto, la oposición designó a Joseph Mecene Jean Louis, el juez del tribunal supremo más antiguo del país, como presidente interino para dirigir un gobierno de transición encargado de organizar las elecciones y traer de vuelta la normalidad democrática a la nación.

De su parte, Moïse tildó a sus oponentes políticos de promotores del caos y obsesionados por el poder, que se rehúsan ir a elecciones.

El proceso democrático llegará hasta el final y no será modificado por un régimen de transición, fuera de cualquier norma democrática. La democracia no funciona así.

Tras el nombramiento de un presidente interino, Moïse destituyó a tres jueces del tribunal supremo (incluyendo a Mecene) y los reemplazó con nuevos designados, medida que reavivó las protestas públicas contra lo que muchos comparan con una “dictadura”.

El 14 de febrero, durante una visita del presidente Moïse a Port-de-Paix, al noreste de Haití, para inaugurar el Carnaval nacional, los habitantes de la ciudad salieron a las calles para reclamar su renuncia.

Según los manifestantes, Moïse actúa ahora como un presidente ilegal e inconstitucional, pues su mandato teminó el 7 de febrero:

Apoyo extranjero

Aunque su presidencia se haya tornado complicada, Moïse siempre contó con el apoyo de muchos aliados extranjeros, sobre todo del Departamento de Estado de Estados Unidos, el Grupo Central de Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos (OEA)

Y ahora la situación no será diferente, ya que el Congreso estadounidense aboga por un gobierno de transición, Moïse tiene todo el amparo para terminar su mandato en 2022, sobre todo de sus partidarios de Estados Unidos, cuyas denuncias a los abusos democráticos en el país se quedan solo en palabras.

Existía la esperanza de que el gobierno de Biden cambiara el manejo de la política exterior diferente a la de su predecesor con respecto a Haití, pero ese no ha sido el caso:

Incluso con el pedido de la oposición de un presidente interino,  Jovenel Moïse sigue en el cargo mientras los manifestantes exigen que deje el poder. Por el momento, no hay evidencia de las medidas que se están tomando para controlar la crisis.

La comunidad internacional y varios actores políticos están convencidos de tener la solución para lograr una estabilidad democrática o un cambio real en la nación, por ahora la larga crisis política de Haití ha entrado en un punto muerto.

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