Actualizar el uigur: El poder de los debates en línea para la preservación de la lengua

Captura de pantalla de un video de YouTube de Eliyar Tursun que explica cómo se escribe el uigur cuando se utiliza el alfabeto árabe.

Las lenguas deben adaptarse a los tiempos modernos para ponerse al día con las tecnologías y conceptos si quieren seguir siendo competitivas, sobre todo para los hablantes más jóvenes. Esto es especialmente cierto en el caso del uigur, lengua túrquica que se habla en el oeste de China y se encuentra amenazada por la discriminación selectiva de las autoridades chinas con la esperanza de que el chino resulte más atractivo y actual para los jóvenes uigures.

Los lingüistas uigures son conscientes desde hace tiempo de que el uigur, lengua túrquica con aproximadamente diez millones de hablantes, escrita en alfabeto árabe en China y que cuenta con una rica tradición de intricada poesía, filosofía y canciones escritas en esa lengua, necesita incluir elementos de la vida moderna para atender las necesidades de la nueva generación y de las redes sociales, donde cada vez tienen lugar más conversaciones.

Captura de pantalla del chat grupal de WebChat Tilchilar en el que se debatían los nuevos términos y su equivalente en uigur, imagen cedida por Elisa Anderson, utilizada con autorización.

Con el fin de tener una visión más extensa de estos esfuerzos, Global Voices habló con Elise Anderson, experta en lenguaje y música uigur que vivió durante años en Sinkiang, y que ahora trabaja como encargada del programa del Proyecto de Derechos Humanos Uigures. En enero de 2014, un amigo lingüista uigur invitó a Anderson, que vivió en Sinkiang entre 2012 y 2016, a unirse a su grupo de WeChat llamado “Tilchilar” (lingüistas). Ella estaba estudiando el idioma en profundidad como parte de su investigación doctoral sobre música y canciones uigures. Así describe al grupo, alojado en la aplicación de mensajería más popular de China, WeChat:

The group had around 100 members at any given moment, most of whom were highly educated native speakers, including academics, translators, bureaucrats, and even a few officials from regional-level institutions. We discussed persistent “problems” in the language, including spelling, grammar, translation. Most often, our conversations centered on terminology and whether we could replace Chinese loanwords to preserve the “purity” (sapliq) of Uyghur. A group member might say, “I noticed teenagers are using [Mandarin word]. What could we say instead?” We would then cycle through possibilities: Was there a word to “resurrect” from pre-modern Uyghur? No? What about “borrowing” from other Turkic languages? No? What about “importing” from a more distant language? And so on. In a few cases, we settled on terms, which more influential group members then attempted to lexicalize. But discussions of single words could last days and often went unresolved.

El grupo tenía siempre alrededor de cien miembros, la mayoría de los cuales eran hablantes nativos de alto nivel educativo, como académicos, traductores, burócratas e incluso algunos funcionarios de instituciones regionales. Debatíamos los problemas “persistentes” del idioma, como la ortografía, la gramática o la traducción. A menudo, nuestras conversaciones giraban alrededor de la terminología y en si podíamos sustituir los préstamos chinos para preservar la “pureza” (sapliq) del uigur. Un miembro del grupo podía decir: “Me he dado cuenta de que los adolescentes utilizan (palabra en mandarín). ¿Qué se podría decir en su lugar?”. Entonces se evaluarían las posibilidades: ¿Existe alguna palabra que se pueda “resucitar” del uigur premoderno? ¿No? ¿Y si la “tomamos prestada” de otras lenguas túrquicas? ¿No? ¿Y si la “importamos” de una lengua más distante? Y así sucesivamente. En algunos casos, llegábamos a acuerdos sobre los términos, que trataron de lexicalizar los miembros más influyentes. Pero las discusiones sobre palabras sueltas podían durar días y muchas veces no nos poníamos de acuerdo.

Como explica Anderson, el grupo intercambiaba ejemplos de malas traducciones, algunas de lo más cómicas. También se planteaban preguntas desagradables, como por ejemplo, por qué existirían traducciones inéditas al uigur en un territorio habitado por millones de hablantes nativos de la lengua.

Desproporcionada importancia de las redes sociales

En el caso de las lenguas que no ocupan una posición de importancia en el país o tienen un número reducido de hablantes, su huella digital suele ser un indicador de sus probabilidades de supervivencia a largo plazo. En el caso del uigur, WeChat supuso una oportunidad única con su función de mensajería por voz. Como señala Anderson, la plataforma se volvió tan popular que hasta se le designó un nombre uigur, “Ündidar”, palabra compuesta por la palabra túrquica “ün”, que significa voz, y el término persa “didar”, que se refiere al contacto. El término poético fue acuñado por el poeta e intelectual Abduqadir Jalaliddin, que desapareció de su domicilio en Ürümqi en 2018 y actualmente se encuentra encarcelado.

Según Anderson, mucho después se pudo mandar mensajes de texto en uigur:

Uyghur was still not a fully phone-compatible language when I lived in the region. The incompatibility stemmed from the 1990s, when the resource-strapped regional government chose to fund cultural projects (music, dance) over computing initiatives. By the time smartphone use really took off, sometime around 2012, no phone had an OS in Uyghur, and Arabic-script keyboards for the language were only available through third-party apps many people were unaware of. What this meant was that many users, particularly those with low reading facilities in Mandarin, were using phones they barely knew how to operate with no way to type in the language and script they preferred. But the fact that an app like WeChat could make spoken discussion, often in large groups, possible was significant.

El uigur no era una lengua compatible con el teléfono en la región en la que vivía. La incompatibilidad se remonta a la década de 1990, cuando el Gobierno regional, que contaba con escasos recursos, optó por financiar proyectos culturales (música, danza) en lugar de iniciativas informáticas. Para cuando se disparó el uso de los teléfonos inteligentes, allá por 2012, ningún teléfono tenía el sistema operativo en uigur, y los teclados de escritura árabe solo estaban disponibles a través de aplicaciones de terceros que mucha gente desconocía. Esto dio lugar a que muchos usuarios, sobre todo los que tenían poca capacidad de lectura en mandarín, utilizaran teléfonos que apenas sabían manejar sin poder escribir en el idioma y alfabeto de su preferencia. Pero que una aplicación como WeChat pudiera hacer posible la conversación por voz constituía un gran cambio, sobre todo en los grupos grandes.

A día de hoy, los uigures que viven fuera de la censurada red de Pekín son probablemente ls usuarios más activos de uigur en redes sociales. Microsoft ofrece sistemas operativos completos en uigur desde 2016, y la mayoría de los teléfonos inteligentes admiten el uigur en sus teclados. En febrero de 2020, Google  añadió el uigur a su plataforma de traducción gratuita, lo que amplió el alcance del uigur en línea.

Según Anderson, en China se da el caso contrario:

The Uyghur web, most of which was hosted inside the borders of China, used to be a vibrant space, where popular message boards gave users space to discuss everything under the sun (or at least everything under the sun that made it through the censors) and even to publish new literary work. Since 2016, authorities in the Uyghur region have managed to scrub that web nearly completely, such that today there are very few Uyghur-language sites left. Henryk Szadziewski and Greg Fay refer to an earlier scrubbing of the Uyghur web, that which occurred in the aftermath of the Ürümqi Uprising in July 2009, as a “digital book burning,” which seems apt when you consider how much has been lost in the destruction.

La red uigur, alojada mayoritariamente dentro de las fronteras de China, era un espacio dinámico, en el que los tablones de anuncios daban la oportunidad a los usuarios de debatir todo lo que se decía (o por lo menos lo permitido por la censura) e incluso de publicar nuevas obras literarias. Desde 2016, las autoridades de la región uigur han borrado esa red casi por completo, de modo que hoy quedan muy pocos sitios en uigur. Henryk Szadziewski y Greg Fay han mencionado una limpieza anterior de la red uigur, que tuvo lugar tras los disturbios en Urumchi en julio de 2009, como una “quema de libros digital”, lo que parece adecuado sobre todo si se tiene en cuenta todo lo que se ha perdido con su destrucción.

La situación en China no permite ser optimistas en el contexto del internamiento y encarcelamiento en masa de al menos un millón de personas de etnia uigur. Es más, como parte de este genocidio étnico y cultural, decenas y hasta cientos, de niños uigures son apartados a la fuerza de sus familias y }trasladados a orfanatos e internados donde el único idioma hablado y permitido es el chino mandarín.

Como concluye Anderson:

The way to keep anything alive, including a language, is to create space for it to live and provide material support so it can thrive. The Uyghur language will survive if it is put it on equal footing with other languages, if it “counts” in professional and formal settings, if it has support as a language of literary and scientific production, and so on. Current Chinese government policies allow no such space for the language. Should these policies continue, younger generations of Uyghurs might never know how the world looks and sounds in their mother tongue.

Para mantener algo con vida, incluida una lengua, hay que facilitar un espacio para que viva y proporcionarle apoyo material para que pueda desarrollarse. La lengua uigur sobrevivirá cuando se encuentre en situación de igualdad con otras lenguas, si “se la tiene en cuenta” en ámbitos profesionales y formales, si tiene apoyo como lengua de producción literaria y científica, etc. Las políticas actuales del Gobierno chino no permiten ese tipo de espacio para la lengua. Si estas políticas persisten, las nuevas generaciones de uigures nunca sabrán cómo es y suena el mundo en su lengua materna.

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