Trinidad y Tobago: Proceso de exención de viaje por COVID-19 está desmoralizando a sus ciudadanos en el extranjero

Pasaporte inválido de Trinidad y Tobago. Foto de Janine Mendes-Franco, utilizada con autorización.

Esta es la primera entrega de un artículo en dos partes.

En un esfuerzo por hacer frente a la pandemia de COVID-19, Trinidad y Tobago cerró sus fronteras a todo el mundo, a excepción de sus connacionales, la medianoche del 17 de marzo de 2020. Desde el 23 de marzo, también se prohibió a los ciudadanos en el extranjero regresar al país. Luego, se puso en marcha un sistema de solicitud de exención, que ahora se aplica para salidas y llegadas, pero muchos connacionales varados en el extranjeros consideraron que el proceso fue un fracaso. Muchos han solicitado sin éxito volver a casa, especialmente porque a quienes solicitaron el proceso inicial se les pide ahora que vuelvan a solicitarlo con un sistema actualizado.

Mientras siguen esperando, muchos se han visto obligados a mendigar o pedir dinero prestado, confiar en la amabilidad de los amigos o crear páginas de financiación colectiva para sobrevivir. Entrevisté a varios trinitenses que se han encontrado a merced del proceso de exención, para entender mejor sus experiencias y evaluar los retos del sistema.

Una estudiante matriculada en una universidad del Reino Unido, que prefiere permanecer en el anonimato, describió su aprieto como estar “varada más de 300 días”. Había solicitado una exención de viaje para volver a casa en mayo de 2020 y finalmente entró en el país en enero de 2021. “No se trata de que sea una ‘capciosa’ (en inglés hay juego de palabras entre las palabras que significan trinitense y truco) o de que declare algo falso”, dice, “fue traumático ser la única persona que quedaba en los dormitorios, ya que todos mis compañeros habían regresado a sus países durante el confinamiento nacional”.

Afortunadamente, pudo acceder a herramientas de salud mental y bienestar a través de su universidad, pero sostiene que la experiencia de ser ignorada por el proceso de exención de viaje la hizo sentir insignificante.

Antes de la pandemia, sus padres le pagaban la matrícula mientras ella trabajaba para llegar a fin de mes. Sin embargo, el primer encierro de Trinidad y Tobago trajo dificultades económicas para su familia, y ella misma tuvo que afrontar la perdida de su trabajo en el Reino Unido. Se vio obligada a quedarse en casa de un amigo, y se puso en contacto con varias oficinas de la Alta Comisión de Trinidad y Tobago hasta que finalmente recibió ayuda humanitaria por parte del Gobierno, que le permitió pagar el saldo pendiente de su alquiler.

Pese a la afirmación del ministro de Seguridad Nacional, Stuart Young, de que la mayoría de los connacionales han sido repatriados, sigue habiendo ciudadanos, muchos estudiantes, a la espera de que se apruebe su exención de viaje.

Apoyo a través de grupos de WhatsApp

“Escribí al ministro de Seguridad Nacional y a los jefes de misión en Londres y Nueva York en repetidas ocasiones, rogando y suplicando volver a Trinidad y Tobago, antes de recibir finalmente una respuesta del Ministerio de Seguridad Nacional que parecía ser genérica”. Así son los testimonios que se publican en los grupos de WhatsApp que los ciudadanos de Trinidad y Tobago varados han establecido para comunicarse entre sí.

Si bien hay mucha frustración, también hay mucha gratitud pues los miembros se ofrecen mutuamente consuelo, apoyo práctico y un sentido de comunidad. Además, el grupo sirve de canal para el intercambio de información pertinente.

Los ciudadanos de Trinidad y Tobago tienen un derecho consagrado por la Constitución a la libertad de movimiento y residencia. Muchos de quienes no han podido regresar a casa desde el comienzo de la pandemia dicen sentirse marginados y deshumanizados por el proceso, algunos lo consideran el equivalente de un acoso, y se preguntan si el sistema favorece a quienes tienen medios, y deja a quienes tienen menos recursos con una deuda cada vez mayor.

Solo se les dice que espere

Las incongruencias en la comunicación no ayudan: al principio se dijo a los ciudadanos que las solicitudes de exención se tramitaban según el orden de presentación. Luego se cambió a un criterio de caso por caso, lo que se consideró sumamente injusto para quienes llevan más de diez meses intentando volver a casa.

Mientras que políticos, familiaresextranjeros recibían exenciones para salir y entrar en el país, miles de ciudadanos permanecieron a la espera sin siquiera un reconocimiento oficial de sus peticiones. Sin embargo, el propietario de una empresa a la que se le permitió traer trabajadores extranjeros sugirió que señalar estas aprobaciones de exención como prueba de inequidad equivalía a una “travesura política” de la oposición del país.

Brandon Serrao, trinitense que está intentando volver a casa tras haber completado sus estudios, piensa que todos los ciudadanos deberían ser tratados con respeto y dignidad. Aunque no se encuentra en una situación financiera difícil, el nuevo proceso de solicitud de exención le produce ansiedad. Recordando algunas historias contadas por sus connacionales, algunos de los cuales han perdido casas y trabajos, Serrao dice que es casi como si el pasaporte no valiera nada: “Es una vergüenza y un bochorno que se trate así los nacionales. Hay una sensación de ser apátrida”.

En un intento de mostrar una imagen clara de la realidad que enfrentan los connacionales en el extranjero, desarrolló recientemente TT Lockout Map (Mapa de los varados de Trinidad y Tobago), plataforma interactiva en línea que muestra las historias de los connacionales varados en el extranjero. Los usuarios pueden seleccionar los distintos puntos de localización para identificar las distintas partes del mundo donde se encuentran estos nacionales, si han recibido exenciones y la naturaleza de su experiencia. En nuestra entrevista, realizada por WhatsApp, Serrao señaló que los ciudadanos han confiado que tienen miedo de hablar sobre sus experiencias por temor a que tenga un efecto adverso en la aprobación de sus solicitudes.

Las exenciones no siempre equivalen a la entrada

En varios casos, a los ciudadanos que se les ha concedido la exención aún no han podido entrar en el país, ya que el proceso puede ser costoso: algunos no pueden pagar los vuelos, las pruebas de PCR (sigla en inglés de reacción en cadena de polimerasa) requeridas y las exorbitantes tarifas de los hoteles que suelen ir unidas a la cuarentena o a la espera de los vuelos. Por ejemplo, Caribbean Airlines (CAL), compañía aérea regional, no siempre programa sus vuelos el mismo día que las llegadas del Reino Unido.

Una pareja mayor, parte del grupo de WhatsApp al que tuve acceso, explicó que no volverá a solicitar de nuevo la exención de viaje por los elevados costos del proceso.

Halagos al nuevo sistema

El ministro Young, al elogiar el avance de su ministerio hacia un sistema actualizado y enfatizar que la gestión estricta del proceso “está pensada para proteger a la población de Trinidad y Tobago”, informó que el número de solicitudes era bastante bajo. A principios de febrero, el propio ministro dijo a los periodistas que, hasta el 21 de enero, había 19 941 solicitudes de exención. De todas, 11 682 fueron concedidas. Añadió que con el nuevo sistema, el número ascendió a 12 338, aunque no pudo ofrecer estadísticas que compararan el número de las solicitudes aprobadas con el número de ciudadanos efectivamente repatriados.

Mientras tanto, los ciudadanos en el extranjero han seguido recurriendo a préstamos o a la recaudación de fondos en línea para sobrevivir, algunos cayeron enfermos y hasta murieron por falta de acceso a los servicios médicos en los países donde han permanecido temporalmente.

El 31 de enero de 2021, tras pagar cerca de 500 dólares estadounidenses para viajar desde Barbados a Trinidad y Tobago, los ciudadanos fueron repatriados voluntariamente con un avión de la Caribbean Airlines. Quienes viajaron desde el Reino Unido, según las nuevas directrices vigentes desde que la variante B117 de COVID-19 se convirtió en una preocupación, tuvieron que pasar 14 días en cuarentena.

Rachel-Ann Charles es profesora de la Facultad de Medios de Comunicación de la Universidad de Birmingham en el Reino Unido.

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