Ayuda humanitaria en Siria: Es tiempo de cambiar de asistencia a programas sostenibles a largo plazo

Entrega de ayudas de Socorro Islámico a refugiados sirios, utilizada con autorización.

El autor de este artículo es el fundador de Socorro Islámico (Islamic Relief) y del Foro Humanitario y Foro de la Caridad Musulmana, además de ser un miembro del consejo del Centro para la Acción Interreligiosa sobre la Pobreza Global.

El 15 de marzo 2021 marcará un hito funesto: el décimo aniversario del comienzo del levantamiento popular que dio lugar a la guerra civil que aún arrasa Siria. Mientras todos enfrentamos la crisis mortal de la pandemia del COVID-19, que ha acaparado la atención del mundo durante el último año, no debemos olvidar la muerte y la destrucción que han desgarrado Siria y que siguen acechando a ese país.

A toda la agitación que persiste en Siria desde hace una década, se suma la pandemia, que también ha tenido gran impacto en la nación y exacerbado una situación ya grave, y dificulta aún más los esfuerzos por aliviar el desorden masivo de la vivienda, la educación y la salud en el país.

Las estadísticas pueden ser agobiantes a veces, pero hay que destacar algunos crudos números para finales de 2020 en Siria: más de 11 millones de personas, incluidos 4.8 millones de niños, seguían necesitando ayuda humanitaria y 6.1 millones de personas seguían internamente desplazadas.

A esas cifras hay que añadir los más de 2.4 millones de niños no escolarizados, cerca del 40 % son niñas, estadísticas que tal vez no tengan en cuenta las nuevas interrupciones de la educación causadas por el COVID-19. Además, una de cada tres escuelas en Siria ya no puede utilizarse porque está destruida, dañada o ha sido ocupada por militares. Incluso en las escuelas que aún funcionan, las aulas están saturadas y se encuentran en edificios con instalaciones insuficientes de agua y saneamiento, electricidad, calefacción o ventilación, problemas que también enfrenta a diario la población general del país. El año 2020 fue especialmente terrible para los niños sirios, como lo demuestra el alto número de muertos y heridos.

En lo que respeta a la vivienda en Siria, demasiadas personas desplazadas internas siguen en campos de refugiados, como Al-Hol, en el noreste controlado por los kurdos, donde viven más de 70 000 sirios y extranjeros, 90 % son mujeres y niños. Muchos sirios han intentado regresar a sus hogares, pero solo para vivir en condiciones pésimas.

Aunque se ha recaudado gran cantidad de ayuda humanitaria mundial para Siria y se ha enviado durante la guerra civil, nunca ha sido suficiente, ni siempre ha servido a quienes más lo necesitan.

Ha surgido un consenso cada vez mayor para replantear la programación y la financiación de la ayuda en los próximos cinco años, no solo en Siria sino en todos los lugares donde las poblaciones enfrentan crisis humanitarias crónicas. Recientemente, se ha propuesto un Nexo entre la Acción Humanitaria, los Programas de Desarrollo y la Consolidación de la Paz de cara al futuro en Siria y en las otras naciones en crisis. Tal como señala un documento de debate de Oxfam publicado en junio de 2019, dicho nexo “se centra en el trabajo necesario para abordar de manera coherente la vulnerabilidad a la que se enfrentan las personas antes, durante y después de una crisis. Este concepto desafía la situación del sector de la ayuda, que está desbordado y opera con una coordinación mínima entre las intervenciones humanitarias y los proyectos de desarrollo, lo que impide responder de manera eficaz a las necesidades de las personas en mayor situación de vulnerabilidad”.

Para Siria, hay cinco puntos claves en esta nueva forma de pensar: un enfoque revigorizado en los programas sostenibles a largo plazo que empoderen a los beneficiarios para que pasen a ser autosuficientes y así logren un mejor impacto, y también como un mejor valor por el dinero recaudado; un incremento de la financiación para la educación formal e informal; nuevas formas de abordar la grave escasez de vivienda con el fin de reducir, y eventualmente eliminar, la dependencia excesiva de los campamentos de desplazados internos y la necesidad de estrategias de vivienda arbitrarias a corto plazo; un fortalecimiento de la respuesta local por medio de financiación a actores locales e inversión en programas de desarrollo y construcción significativos y, finalmente, mayor acceso a los esfuerzos humanitarios en todas las partes del país a través de las líneas de conflicto y fronterizas.

Ha habido algunos intentos de organizaciones no gubernamentales (ONG) de crear soluciones a largo plazo como nuevas urbanizaciones en Siria. Un ejemplo es Turquía, cuyas ONG lo están haciendo, sobre todo porque el país, que ya acoge a más de 3.6 millones de refugiados sirios, se niega a permitir que más crucen sus fronteras. Se necesita mucho más de esta ayuda, que vincule más integralmente con las mismas personas que la requieren.

Sin embargo, un obstáculo importante es la negativa de Estados Unidos y sus aliados de comprometerse en la reconstrucción, ya que podría acabar en manos del Gobierno sirio de Bashar al-Ásad. Esa inacción se extiende a Naciones Unidas, que no tuvo ningún problema en reconstruir más de 25 000 viviendas en Iraq destruidas en la guerra contra el ISIS, o al Banco Mundial, que está financiando importantes proyectos de infraestructuras en Irak. Al igual que Estados Unidos, ninguna de esas organizaciones ha hecho nada comparable a lo ocurrido en Siria. El presidente Biden debe cambiar la política del país para garantizar que se preste apoyo humanitario a todos los sirios que lo necesiten, independientemente de donde estén o vivan.

Las previsiones para 2021 en Siria, según un Informe sobre la Situación Humanitaria Mundial de Naciones Unidas, indican que el número de las personas que aún necesitan ayuda sería de 13 millones de una población mundial de 17 millones. Al mismo tiempo, el llamado a la financiación aumentará de 3300 millones de dólares en 2020 a 4200 millones en 2021. La única manera de que la financiación internacional, que se redujo drásticamente en 2020 en gran medida por las implicaciones económicas de la COVID-19, pueda satisfacer el aumento de las necesidades en Siria es si empezamos a considerar el nexo humanitario-desarrollo-paz, con negociaciones con todos los implicados para lograr soluciones a largo plazo para Siria.

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