Sin subsidio de emergencia en pandemia, habitantes de periferias de São Paulo temen pasar hambre

Larissa Ferreira con su hermana y un vecino, en la zona este de São Paulo. Ella perdió el trabajo en un tienda de ropa y ahora entrega currículos | Foto: Matheus Oliveira/ Agência Mural

Este texto es de Lucas Veloso y Matheus Oliveira. Se publica aquí en virtud de una asociación para compartir contenido entre Global Voices y Agência Mural.

Jenifer Carvalho dos Santos, 27 años, vive con su esposo y su hijo de un año y siete meses en Paraisópolis, la segunda mayor favela de São Paulo, una de las mayores metrópolis de América Latina. Está desempleada hace casi un año y ya entregó decenas de currículos en las últimas semanas.

Jenifer es una de los 68 millones de personas que recibió ayuda de emergencia en 2020, recurso del Gobierno federal brasileño concedido para disminuir el impacto en los ingresos de los más pobres durante la pandemia de COVID-19.

Después de pagar cinco cuotas mensuales de 600 reales (aproximadamente 110 dólares), la gestión federal redujo el valor a 300 reales (55 dólares). A inicios de 2021, la renovación de la subsidio era probable, aunque incierta.

Recién el 15 de marzo, el Congreso Nacional promulgó una enmienda que garantizó el recurso.

Las nuevas cuotas del subsidio, cuatro en total, comenzaron a pagarse el 6 de abril, con un valor promedio de 250 reales (43,80 dólares). Según el Gobierno federal, las mujeres jefes de familia deben recibir 375 reales (66.20 dólares), y quienes vivan solos recibirán 150 (26.50 dólares).

El objetivo del Gobierno es llegar a un total de 45,6 millones de beneficiados con las nuevas cutas; en 2020 fueron 67,9 millones. Brasil tiene una población estimada de 211,8 millones de habitantes, según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

Jenifer recibió nueve cuotas en 2020, que sirvieron para comprar alimentos y pagar el alquiler de la casa, pero el fin del beneficio dificultó las cosas.

“No recibo lo que recibía antes, y la Bolsa Familia tiene solo para comprar lo básico, pero tengo un hijo que depende de mí”, dijo sobre otro programa de transferencia de ingresos existente desde antes de la pandemia y que paga 267 reales (46 dólares) para la familia.

Jenifer dice que la situación en casa se repite con otras personas que conoce de su barrio. Actualmente, la familia vive del trabajo del esposo, que es independiente y gana en promedio un salario mínimo por mes, de Bolsa Familia y del subsidio de alimentación que paga la prefectura de la capital.

“Vamos viviendo como se puede”, dice.

Desde que se pagaron las últimas cuotas de subsidio de emergencia, los relatos de falta de comida y deterioro de la calidad de vida de los habitantes de la periferia de São Paulo se volvieron comunes.

En las redes sociales, Agência Mural encontró en grupos de barrio docenas de pedidos de ayuda. “Ayúdenme, estoy desesperada, sin leche ni alimento para mis hijos, sin gas. Que alguen me ayude, por favor”, decía una publicación en Facebook en un grupo de Guaianases, barrio en la zona este de São Paulo.

Son comunes los pedidos de donación de productos básicos como arroz, frejol, adúcar, y pedidos de búsqueda de empleo.

Datos oficiales señalan que el final del subsidio puede dejar al menos a 63 millones de personas bajo la línea de pobreza y a otros 20 millones bajo la línea de pobreza extrema, donde el hambre es habitual.

En las favelas, el valor que paga el Gobierno federal lo usó el 96 % de los beneficiarios para comprar alimentos, según hallazgos del Instituto Data Favela, socio del Instituto Locomotiva con CUFA (Central Única de Favelas), en 72 ciudades.

La investigación, realizada en junio de 2020, indicó que el 56 % de habitantes de favelas brasileñas que recibieron el beneficio, usaron el dinero para ayudar financieramente a amigos y familiares para comprar alimentos y pagar deudas.

Una investigación del instituto Datafolha de agosto de 2020, mostró que entre quienes se autodeclaran negros, 49 % tenían el subsidió de emergencia como única fuente de ingresos, mientras en los blancos el número era de 38 %.

El trabajador independiente Jonattan Dantas Souza, de 22 años, que vvie en Vera Cruz, en São Mateus, dice que sin el dinero pagado por el Gobierno, las cosas se pusieron difíciles. “Cada día tengo que matar un león para no pasar hambre o no morir”, cuenta.

Las cinco cuotas recibidas servirán para pagar el alquiler y comprar algunos alimentos en casa. Para enfrentar las dificultades, Jonattan hace reciclaje en las calles del barrio, como botellas de mascotas, latas, y vende caramelos en los semáforos.

Dice que el Gobierno federal también debería ampliar los empleos con políticas públicas. “Deberían dar alguna ayuda a los empresarios para que no cierren. Voy buscando empleo y lo que veo son personas que quieren contratar, pero sin recursos para eso”, observa.

Para Margarete Cordeiro, el subsidio debe prolongarse hasta el final de la pandemia | Foto: Matheus Oliveira/ Agência Mural

Margarete Maria Cordeiro, de 47 años, recurrió a internet para vender productos como fundas para celulares, cargadores y baterías cuando comenzó la pandemia. Con ingresos insuficiente para los gastos, pidió subsidio y ahora dice pasar dificultades sin el ingreso mensual.

“El dinero ayudaba. Compraba los esencial, pero en compensación las cosas en el mercado estaban más caras. Ahora que acabó, se hizo más difícil porque las ventas han bajado y mi esposo y yo estamos desempleados”, cuenta.

En las últimas semanas, recorrió las calles del barrio con su esposo para vender los productos. “Es necesario [que el pago continúe] porque la enfermedad sigue muy fuerte. Muchos lo necesitan, están desempleados y sin poder salir de casa. Y no hay tiempo para esperar que las cosas mejoren. Las cuentas llegan y el hambre abate”.

Para complementar la ayuda de emergencia, Jânio Oliveira trabajó como montador de muebles (Matheus Oliveira/ Agência Mural)

La situación no es diferente para Jânio Carlos Oliveira, de 59 años, desempleado hace cinco anos. “Es lento, es muy difícil encontrar algo. Muchos lugares no tienen vacantes y hay muchos desempleados. La competencia está muy alta porque hoy tenemos más de 14 millones de personas sin trabajo”, comenta.

Para llevar dinero a casa, vende caramelos y chicles en la calle, además de realizar trabajos esporádicos como montador de muebles. El año pasado, sus hijos lo inscribieron para el subsidió.

Grupos pedirán que no acabe el subsidio

Una movilización de más de 270 entidades de la sociedad civil, como Oxfam, la Coalición Negra por Derechos y UNEafro, pidió en campana que el beneficio público continúe hasta el final de la crisis sanitaria.

La campaña Subsidio hasta el fin de la pandemia, que tenía como objetivo llegar a 500 000 firmas en un documento para entregar al presidente de la Cámara de Diputados, Arthur Lira (PP-AL). Reunieron más de 18 000 firmas al 4 de abril, y la campaña sigue en curso.

El documento dice que, en 2020, el subsidio consiguió garantizar la comida para millones de brasileños, y también millones de vidas, pues permitió que la gente se mantuviera segura en su casa.

“Ahora, con el fin del beneficio, casi 27 millones de brasileños siguen viviendo en la extrema pobreza en el país, sin poder asegurar el sustento de sus familias”, señala un fragmento.

Las organizaciones recuerdan que, aunque la vacunación ya ha comenzado en Brasil, el progreso de la inmunización sigue siendo un punto muerto en el país.

Hasta el 4 de abril, el país había superado los 19 millones de personas vacunadas con al menos la primera dosis, lo que equivale a cerca del 9 % de la población. Las perspectivas más optimistas indican que recién a finales de año la inmunización habrá llegado a la mayoría de la población.

“Nuestra presión logró el subsidio en 2020 y ahora es el momento de unirse de nuevo para garantizar las condiciones de las familias brasileñas más vulnerables frente al coronavirus en 2021″, dice otro fragmento del texto de la campaña.

Buscamos a los ministerios de Economía y Ciudadanía para el informe, con cuestionamientos sobre el fin de la prestación y las previsiones para los próximos meses, pero no hubo respuesta hasta el cierre del texto.

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