Matemática argentina Dra. Dickenstein: “la matemática está presente en todo lo que nos rodea”

Dra. Alicia Dickenstein

Foto cortesía de la Dra. Alicia Dickenstein, usada con permiso

Las mujeres científicas y sus contribuciones han existido siempre, aun cuando la historia las haya mantenido escondidas. Físicas, químicas, biólogas, médicas, y matemáticas –entre otras disciplinas– como la Dra. Alicia Dickenstein, a quien entrevistamos por ser una de las cinco mujeres premiadas en 2021 por la Fundación L’Oréal y la UNESCO con el galardón “Por Las Mujeres en la Ciencia” gracias a su trabajo en la geometría algebraica en el ámbito de la biología molecular.

La Dra. Dickenstein, que también es profesora en la Universidad de Buenos Aires y cumuló posiciones importantes en ámbitos nacionales y internacionales de las matemáticas y la ciencia, se especializa en identificar modelos matemáticos computacionales. Por ejemplo, ha descubierto una estructura matemática recurrente en redes bioquímicas de señalización celular al que ha denominado “Sistema MESSI” (Modifications of type Enzyme-Substrate or Swap with Intermediates), con un guiño al famoso futbolista argentino. Este sistema ayuda a los biólogos hacer predicciones de las reacciones celulares gracias a modelos matemáticos. También es autora de Matemax, un libro de problemas matemáticos orientado a niños y adolescentes.

Pude entrevistar a la Dra. Dickenstein sobre su carrera; la entrevista fue editada para mayor claridad.

Lucía Leszinsky: En 1982, obtuvo el título de Doctora en Matemática por la Universidad de Buenos Aires. ¿Qué la impulsó a apostar por una carrera en el mundo de la matemática?

Dra. Alicia Dickenstein: Yo no tenía ni la menor idea de que existía una carrera de matemática. A mí me divertía la matemática, se la explicaba a mis compañeros y compañeras, pero yo quería estudiar educación, o mejor dicho, no sabía qué quería hacer. En el último año del colegio secundario accedí a realizarme un test vocacional de la mano de la Profesora de Filosofía y Pedagogía Élida Leibovich de Gueventter quien me dijo “acá la inteligencia abstracta es muy alta, ¿por qué no estudias matemática?”. Dudé, me pregunté con qué me iba a encontrar. Pero ella insistió y me hizo ver que si yo empezaba matemática y no me gustaba, siempre iba a tener tiempo de estudiar otra carrera. Si no probaba, nunca iba a saber.

Cuando entré a la carrera, no conocía a nadie, pero allí me encontré con otros y otras que eran como yo, y enseguida me sentí como sapo en mi propio pozo.

¿Había un número significativo de mujeres en la carrera cuando usted ingresó?

Universidad de Buenos Aires, Octubre 1940. Foto cortesía de Carlos Borches

Había bastantes mujeres, pero curiosamente, había más mujeres en la matemática años antes. Hay una foto de 1940 donde se ve a los matemáticos y las matemáticas de la época, y muchas son mujeres. Cuando comencé, había menos mujeres, profesoras prácticamente no había.

¿Cómo fue afrontar una carrera en matemática en una época tan crucial de la República Argentina como lo fue la dictadura cívico-militar, y experimentando la maternidad y un doctorado en simultáneo? 

Pasé muchos años buscando mi camino. Mientras hacía el doctorado con una beca del CONICET [Organismo dedicado a la promoción de la ciencia y la tecnología en la Argentina] cuando nació mi hija. Más tarde, cuando terminé la tesis, nació mi hijo. No existía el correo electrónico, mis hijos eran muy pequeños, los sueldos eran literalmente de hambre, no se compraban revistas ni viajaba nadie para traerlas del exterior, por lo que pasé casi ocho años viendo cómo salir de acá o descubriendo qué podía hacer. Fue una época muy difícil.

¿Qué otros obstáculos encontró a lo largo de su extensa carrera? ¿Piensa que algunos de estos obstáculos estuvieron relacionados con uno o más aspectos de su identidad, tales como el género o la nacionalidad?

El mayor obstáculo con el que me encontré, como descubrí años más tarde cuando logré viajar por primera vez a un centro de física teórica en Italia, fue el estar alejada de la información. Estando allí escuché muchas cosas acerca de la matemática que yo no sabía. Un día, sentada en uno de los imponentes auditorios que tiene el Centro Internazionale di Fisica Teórica de Triste, caí en la cuenta de que si yo hubiese tenido la información que estaba obteniendo allí, hubiese podido empezar a trabajar en algo específico antes. Por eso, el resto de mi vida me dediqué a pelear por la información. 

Luego hubieron otros obstáculos, pero yo no les di importancia. Jamás pensé, por ejemplo, que hubiera algo que los hombres pudieran hacer intelectualmente que las mujeres no. Recientemente recordé un episodio con un profesor y colega de la universidad en el que, al verme con mi hija de ocho o diez meses en la oficina, me dijo: “¿Usted tiene una hija? ¿Qué hace aquí trabajando? Usted tiene que ir a su casa y quedarse cuidando a su hija”. En ese momento, no le presté atención. Creo que si una piensa que hay algo que no puede hacer, entonces no va a poder hacerlo. 

¿Qué es la matemática para usted, y qué relación tiene con la vida cotidiana?

Hacer matemática es mucho más que contar o calcular, aunque ésto es importante. Es entender estructuras y entonces poder predecir. Es una disciplina en constante crecimiento y está presente en todo lo que nos rodea. Tal vez nos damos cuenta cuando estimamos o comparamos precios o cuando ampliamos o reducimos una receta de cocina, pero además nuestros teléfonos celulares, por ejemplo, están llenos de matemática para poder funcionar!

¿Qué significa para usted el premio que le ha otorgado la Fundación L’Oréal y la UNESCO con el galardón “Por las Mujeres en la Ciencia” por la región de Latinoamérica y el Caribe?

Yo sabía que me habían nominado, pero pensé que no tenía oportunidad de ganar porque la matemática no es algo muy popular. Cuando me llamaron quedé sorprendida, no era consciente de la trascendencia del premio. Para mí es una gran alegría personal y al mismo tiempo lo siento como un premio a la matemática porque ésta no suele ser una disciplina muy premiada. Pero, además, considero que es una excelente oportunidad para que con la publicidad que se genera con el premio, más chicas se enteren de que la matemática es para ellas, que está ligada a las emociones más de lo imaginan.

¿Algún logro pendiente? 

Tengo algunos problemas que me gustaría resolver. Afortunadamente la matemática es universal, más social de lo que comúnmente se cree, y eso me permite trabajar con mucha gente de Argentina y de otras partes del mundo. Interactuando con la gente es que surgen las ideas y el trabajo resulta más productivo. En definitiva, en la matemática, y en la vida en general, cuando se tiene un problema lo mejor es evitar darse la cabeza contra la pared una y otra vez, y en lugar de eso probar diferentes cosas para intentar resolverlo.

¿Algún consejo para otras investigadoras o para mujeres que deseen explorar el campo de las ciencias exactas? 

Mi consejo es que no se autocensuren, que si les gusta, que no lo duden y sigan su pasión.

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