Caótico reparto de vacunas en Kenia revela brecha entre ricos y pobres

"Information and awareness is important to prevent the spread of COVID-19. Here in Kenya, Clinical Health care workers are sensitising the community on COVID-19. Photo : Victoria Nthenge" by Trocaire is licensed under CC BY 2.0

“Información y conocimiento son importantes para prevenir la expansión del COVID-19. En Kenia, trabajadores sanitarios sensibilizan a la población sobre el COVID-19″. Foto: “Victoria Nthenge” deTrocaire (CC BY 2.0).

El reparto de vacunas en Kenia se ha visto ensombrecido por acusaciones de sobornos, salto de turnos y corrupción que han dejado a ciudadanos pobres y ancianos haciendo largas filas frente a los hospitales públicos, incluso cuando el país enfrenta una tercera ola de infecciones y muertes.

Mientras tanto, cientos de kenianos bien relacionados pagan hasta cien dólares para recibir inoculaciones en secreto, según afirman varios testigos oculares en medios kenianos e internacionales.

A principios de marzo, Kenia consiguió más de un millón de dosis de la vacuna de Oxford-AstraZeneca a través del Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19, la iniciativa de la Organización Mundial de la Salud para distribución de vacunas. El envío marcó el inicio de una campaña para ofrecer vacunas gratuitas a un público selecto en hospitales públicos y privados.

El reparto se ha realizado en tres fases: personal sanitario y funcionarios de seguridad e inmigración, ciudadanos mayores de 58 años y adultos con algunas afecciones médicas y otros ciudadanos en condiciones vulnerables, como quienes viven en asentamientos informales. Está previsto que el país reciba 24 millones de dosis a través de COVAX. Se prevé vacunar al 50 % de la población para junio de 2022 mediante una combinación de vacunas de COVAX y donaciones de otros países, según informa The Washington Post.

En un comunicado de prensa, la representante de UNICEF en Kenia, Maniza Zaman, celebró la llegada de las primeras vacunas a Kenia. “Con la llegada de estas vacunas, UNICEF y sus socios están cumpliendo la promesa de COVAX de garantizar que las personas de países menos privilegiados no se queden atrás en el reparto mundial de las vacunas que salva vidas”, declaró.

Sin embargo, este elaborado plan de reparto en tres fases se vino abajo desde un principio debido a la decisión a última hora del Gobierno de acelerar la segunda fase en respuesta a la tercera ola, a los conflictos de intereses políticos y a la falta de consulta e información a la ciudadanía por parte del Estado.

En un artículo en que cuestiona lo que está ocurriendo con la campaña de vacunación de COVID-19 en Kenia, Patrick Gathara, escritor y galardonado caricaturista político que vive en Nairobi, declaró:

Politicians loudly and self-servingly argued that they should be given priority to inspire confidence among the population, even though the Ministry of Health was reporting encountering little resistance. Because the state had ignored the need to explain its plan to the population, there was widespread confusion about where and when people were expected to be in line.

Los políticos argumentaron en voz alta y de forma autocomplaciente que debían tener prioridad para inspirar confianza en la población, a pesar de que el Ministerio de Salud informaba que había hallado escasa resistencia. Como el Estado había ignorado la necesidad de explicar su plan a la población, había una confusión generalizada sobre dónde y cuándo se esperaba que la gente hiciera fila.

A pesar de que las directivas del Gobierno daban prioridad a los mayores de 58 años, los medios de Kenia informaron que empresarios y políticos que no pertenecían a este grupo de edad habían encontrado la manera de recibir la vacuna antes de tiempo, lo que pone de manifiesto la brecha entre ricos y pobres existente en el país.

Al mismo tiempo, kenianos mayores y pobres con derecho a la vacuna pero sin conexiones ni dinero para pagar un soborno, a menudo hacen fila desde las 5 de la mañana y durante todo el día, solo para que se les pida que vuelvan al día siguiente porque no quedan dosis, según informa The Washington Post.

“They have another door for their friends,” Mary Njoroge, 58, one of the teachers, told The Washington Post. “Without a godfather to help you through this process, what are you supposed to do?”

“Tienen otra puerta para sus amigos”, afirmó la profesora Mary Njoroge, de 58 años, a The Washington Post. “Sin un padrino que te ayude en el proceso, ¿qué debes hacer?”.

Un incidente similar ocurrido en otro hospital público fue denunciado por @_Sativa, tuitero keniano de Nairobi. En un hilo de Twitter, relató la experiencia de su tía, profesora jubilada de 60 años. Mientras las personas mayores hacían fila, una enfermera decía nombres y gente joven pasaba al frente para que la vacunaran. Cuando su tía preguntó qué pasaba, la enfermera le dio un número al que podía enviar dinero, según se relata en el hilo.

Tras hacerse públicos los informes que señalaban un aumento del entusiasmo del público por la campaña de vacunación, el Secretario del Gabinete de Salud de Kenia, Mutahi Kagwe, declaró a los medios:

I think somewhere along the line we seem to have developed some confusion that anybody can walk into a vaccination centre and get vaccines. I want to make it very clear, those carrying out vaccination will have to account for every dose that they have used and that dose that they have used must be matched against an eligible person.

Creo que en algún momento se ha difundido la información de que cualquiera puede entrar en un centro de vacunación y ser vacunado. Quiero dejar muy claro que quienes llevan a cabo la vacunación deben rendir cuentas de cada dosis que hayan utilizado, y la dosis que hayan utilizado deberá corresponder a una persona que reúna los requisitos necesarios.

El presidente de la Asociación Nacional de Enfermería de Kenia, Alfred Obengo, pidió a los kenianos que no figuren en la lista prioritaria que eviten ponerse en la fila para recibir la vacuna.

Para arrojar luz sobre cómo el Gobierno keniano podría haber evitado esta confusión en su plan de distribución, Gathara concluye su artículo:

Much of this could have been avoided if the Kenyan government and its global partners, including the World Health Organization and Western governments, treated Kenyans as partners in the rollout rather than colonial subjects to be brutalised and exploited. Sadly for Kenyans, their colonial state does not know how to act any differently.

Buena parte de lo ocurrido podría haberse evitado si el Gobierno keniano y sus socios internacionales, incluida la Organización Mundial de la Salud y los Gobiernos occidentales, hubieran tratado a los kenianos como socios al repartir y no como súbditos coloniales a los que se puede maltratar y explotar. Por desgracia para los kenianos, su Estado colonial no sabe actuar de otro modo.

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