¿Por qué fracasó la propuesta de una Superliga europea antes del saque inicial?

El 18 de abril, los aficionados al fútbol de Europa y de todo el mundo se despertaron con el anuncio de la creación de la Superliga europea, torneo que suponía la ruptura con la principal competición futbolística del continente, la Liga de Campeones de la UEFA.

La Superliga se presentaba como un campeonato anual que enfrentaría a los principales equipos europeos, con 15 “clubes fundadores” como participantes permanentes, y cinco que tendrían que ganarse la clasificación. La lista de clubes fundadores estaba encabezada por equipos ingleses (Arsenal, Chelsea, Tottenham, Manchester City, Manchester United y Liverpool). De España estaban el Atlético de Madrid, el Real Madrid y el Barcelona, y de Italia, el AC Milan, el Inter de Milán y la Juventus.

El torneo debía empezar en agosto de 2021, pero la propuesta fracasó mucho antes, ya que fue recibida con descontento y con una condena generalizada de aficionados y autoridades futbolísticas, incluida la FIFA. Los principales patrocinadores también manifestaron su irritación con los planes de la Superliga, que se les habían ocultado, afirmaron. Como un director de mercadeo que pidió mantener el anonimato declaró a Tim Crow de isportconnect.com, de la plataforma iSportLearn: “Acabamos de renegociar el contrato a causa del COVID-19, hemos sido más que justos y así es como nos lo pagan”.

Gary Neville de SkySport dijo que la participación de los clubes ingleses era una “vergüenza” y pidió que fueran sancionados por la Premier League inglesa. “No estoy en contra de la modernización de la competición futbolística, pero hacer propuestas justo después del COVID es un verdadero escándalo. El United y los otros seis grandes clubes que se han sumado deberían avergonzarse”, dijo.

La reacción de los aficionados también fue muy negativa: los del Chelsea organizaron una protesta en el estadio de Stamford Bridge el 20 de abril, antes de un partido de la Premier League contra el Brighton. El resultado fue el retiro de los clubes ingleses de la Superliga: el Manchester City y el Chelsea tomaron la iniciativa, y los otros cuatro siguieron su ejemplo. En Italia, el Inter de Milán también abandonó la nueva competición por las críticas recibidas.

Los políticos tampoco pudieron evitar entrar al trapo. El primer ministro británico, Boris Johnson, tuiteó:

Los planes para crear una Superliga europea le harían mucho daño al fútbol, y apoyamos la intervención de las autoridades futbolísticas.

Supondrían un golpe mortal para el fútbol nacional y afectarán a los aficionados de todo el país. (1/2).

En lo que respecta a otros clubes europeos, según informaron los medios, los alemanes Bayern de Múnich y Borussia de Dortmund recibieron una invitación para participar, pero la rechazaron. El rechazo del Paris Saint Germain (PSG), que también había estado entre los elegidos para completar el grupo inicial de 15 clubes fundadores, le valió el aplauso del presidente francés Emmanuel Macron.

Tanto la FIFA como la UEFA indicaron que expulsarían del Mundial y la Eurocopa a los jugadores que tomaran parte en la Superliga. La participación de los clubes también sería complicada, ya que necesitarían el permiso de las asociaciones que gestionan sus respectivas competiciones nacionales.

¿Por qué una Superliga?

Los planes para crear una Superliga europea están en marcha desde la década de 1980. En 2018, la revista alemana Der Spiegel informó sobre la propuesta de una Superliga europea de 16 equipos, como la Liga de Campeones, con un núcleo de 11 “equipos fundadores”, cuya participación estaría garantizada durante 20 años. Otros cinco equipos deberían ganarse la clasificación.

Estos planes están motivados por los potenciales ingresos que podría generar en forma de derechos de transmisión, grandes patrocinios e ingresos de día de partido, además del prestigio de codearse con los mejores de las ligas nacionales y continentales.

Los informes sobre la Superliga que se han publicado incluían un compromiso de 5000 millones de dólares del banco de inversión estadounidense JP Morgan para financiar la infraestructura de la competición y contrarrestar el impacto de la pandemia de COVID-19.

Según los planes previstos, los clubes fundadores se quedarían con el 32,5 % de los ingresos comerciales. Otro 32,5 % se repartiría entre los 20 clubes participantes, y el 20 % se asignaría en función del rendimiento deportivo en la competición. El restante 15 % de los ingresos se repartiría según el tamaño de la audiencia televisiva.

Un punto fundamental de desacuerdo es que solo cinco de los 20 clubes que integran la competición entrarían por sus “logros deportivos”. El presidente de la Juventus, Andrea Agnelli, bromeó: “Nuestros 12 clubes fundadores representan a miles de millones de aficionados en todo el mundo y tienen 99 trofeos europeos”. Lo que quizá pasó por alto es que esos 12 clubes no son los que actualmente tienen una trayectoria más exitosa, más ingresos o mejor rendimiento. Estos clubes fundadores tendrían menos motivación para esforzarse en sus ligas nacionales, dado que su permanencia en la Superliga estaría garantizada.

El intento de crear una liga paralela a la de Campeones generó un gran revuelo en el mundo del fútbol. Aunque por ahora han ganado los aficionados y las asociaciones futbolísticas, los propietarios y presidentes que tuvieron que disculparse públicamente seguirán intentando conseguir más poder e influencia sobre los ingresos. Han perdido esta batalla, pero se vislumbra un futuro interesante para el deporte más global del mundo.

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