Proteger a la población y preservar la democracia: el dilema alemán durante la pandemia

Alemanes ejercen su derecho a la libertad de expresión durante una protesta contra las medidas para luchar contra la COVID-19 (Fráncfort, 7 de junio de 2020). Foto de photoheuristic.info (Wikipedia CC BY 2.0).

A principios de 2020, los alemanes mostraban un importante apoyo por la respuesta de la canciller Angela Merkel a la pandemia de COVID-19. Inicialmente, hubo un consenso entre la mayoría de los partidos en que la gestión de una situación tan extraordinaria era la adecuada. La confianza en el Gobierno alcanzaba el 80 % en abril de 2020. Sin embargo, en diciembre de 2020 ese consenso se había debilitado. Muchos empezaban a sentirse “maskenmüde” (cansados de la mascarilla) y frustrados por una campaña de vacunación que había empezado con falta de suministros y largos trámites burocráticos.

A ese sentimiento se añadió en marzo la estupefacción por el “Maskenaffäre (escándalo de la mascarilla), al descubrirse que dos miembros del gobernante partido conservador —Nikolas Löbel (de la CDU) y Georg Nüßlein (de la CSU, rama bávara de la CDU)— se habían embolsado alrededor de 910 000 euros en comisiones por pedidos de equipos de protección individual (EPI).

En marzo de 2021, una parte significativa de la ciudadanía había empezado a cuestionar las restricciones impuestas por el Gobierno para controlar la propagación del virus. En varias protestas, incluida una que en marzo reunió a 20 000 personas en Cassel, los asistentes manifestaban que para luchar contra el virus se había sacrificado la libertad de expresión. Las encuestas muestran una polarización a este respecto: cerca de un cuarto de la población opina que las restricciones son excesivas, aunque entre enero y abril de 2021 también aumentaron quienes creían que no eran suficientes.

En relación al cierre de hoteles y restaurantes o la obligación de llevar mascarilla, quienes se lanzan a la calle sostienen que sus libertades constitucionales se están limitando de una forma desproporcionada y piden terminar con esas medidas. Mientras, algunos miembros del Bundestag (Parlamento alemán), en especial los liberales del Partido Democrático Libre (FDP), han pedido una mayor participación en el proceso político pues sostienen que una supuesta extralimitación de funciones amenaza los principios democráticos. En una carta a la oficina de la canciller, Marco Buschmann del FDP pidió más debates parlamentarios y advirtió que las restricciones de marzo de 2021 fracasarían si los políticos no se ganaban la confianza de la sociedad.

Definición de la libertad de expresión

El aumento de las protestas indica que hay tensiones entre las distintas interpretaciones de la libertad de expresión: una defiende la libertad individual de decir cualquier cosa, aunque pueda ofender a alguien; otra, la igualdad de oportunidades entre todas las personas para participar en el debate público.

Las recientes manifestaciones sugieren que una parte de la población alemana comparte la idea de una libertad individual total. Los asistentes consideran que las crecientes intervenciones del Gobierno contra el coronavirus violan su derecho individual a controlar su vida según sus propios juicios y valoraciones. No hay duda de que una democracia sana precisa de ciudadanos activos que tengan el derecho a reunirse en público y expresar sus opiniones. Por tanto, las restricciones de estas libertades fundamentales son intervenciones graves que deben ser temporales para no perjudicar la democracia.

Esa es la opinión que expresó una parte de quienes en enero respondieron una encuesta del berlinés Centro de Estudios de Europa del Este e Internacionales (ZOIS por su nombre en alemán), que incluía a más de 2000 entrevistados de entre 18 y 64 años de todo el país.

Opiniones sobre la lucha de Alemania contra la COVID-19

Cuando les preguntaron si durante la lucha contra la pandemia se había sacrificado la libertad de expresión, la respuesta del 11 % de los encuestados fue “totalmente de acuerdo”, mientras que otro 18 % contestó “bastante de acuerdo”. Quienes contestaban así eran las personas con menores niveles de educación y que, según los datos de la encuesta, tenían mayor probabilidad de quedar desempleados y expresaban menor confianza en las instituciones y los medios tradicionales.

Respuestas a la pregunta: “¿Crees que se ha renunciado a la libertad de expresión durante la lucha contra la pandemia de coronavirus?”. 11.2 %, totalmente de acuerdo; 18.2 %, bastante de acuerdo; 24.8 %, bastante en desacuerdo; 39.7 %, totalmente en desacuerdo, y 6.1 %, no sé. Datos de la encuesta del ZOIS realizada a 2023 alemanes de entre 18 y 65 años.

Esas personas, sin embargo, tienden a confiar en los medios digitales, y eso puede reforzar o radicalizar sus opiniones, como resultado del crecimiento de la información equivocada y de las “cámaras de eco” relacionadas con la digitalización de los medios. Las investigaciones demuestran que, aunque confiar en las fuentes de información digitales no implica automáticamente un consumo de noticias menos crítico, quienes se sienten desvinculados de la sociedad suele ser más susceptible a la desinformación.

Brecha generacional y este-oeste 

La opinión de los alemanes acerca de la libertad de expresión en el marco de la pandemia también refleja la brecha este-oeste aún vigente en el país. Según la encuesta, es mucho más probable que quienes viven en el este del país, en la antigua República Democrática Alemana que pertenecía al bloque del Este, crean que se ha sacrificado la libertad de expresión, mientras que es mucho menos probable en el caso de los habitantes de las regiones de la antigua Alemania Occidental. No hay diferencias estadísticamente significativas en la población de la ciudad de Berlín, que estaba dividida entre los dos bloques.

La edad también juega un papel interesante en la cuestión de la libertad de expresión durante la pandemia. En general, es más probable que los alemanes de entre 18 y 40 años crean que se les está silenciando. De otro lado, es menos probable que las personas de entre 40 y 65 años compartan esa opinión. Esta postura también es especialmente pronunciada entre los hombres entrevistados.

Cuando la salud pública se convierte en el blanco de la ideología

“Libertad sin mascarilla”. Pancarta en alemán en manifestación celebrada el 25 de octubre de 2020 en Biberach an der Riss. Foto de Wald-Burger8 (Wikipedia, CC BY-SA 4.0).

Poner las recientes protestas contra las restricciones por la COVID-19 en el contexto de la “libertad” demuestra el peligro potencial de invocar un concepto cargado de insinuaciones: en épocas de crisis como la actual, las líneas de falla ideológicas pueden empezar a resquebrajarse y ensancharse.

El politólogo francés Jean-Yves Camu aludió a esta tensión cuando advertía del atractivo que la extrema derecha tenía para los jóvenes de toda Europa: “La ultraderecha ha entendido bien que las generaciones más jóvenes […] están apegadas a una libertad de expresión y una libertad individual que van más allá del consenso que existía en las décadas de 1960 y 1970, y que se basaba en la idea de una sociedad muy jerarquizada”.

Es innegable que la población necesita que la protejan de la COVID-19, pero los Gobiernos deben ser conscientes de que las políticas restrictivas pueden exacerbar las divisiones sociales y políticas que ya existen, y requieren el apoyo y la confianza de los ciudadanos. Ignorar esto podría causar problemas a la salud de las personas y a la democracia.

DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: Félix Krawatzek y Taylor Whitsell son miembros del equipo que hizo la encuesta delCentro de Estudios de Europa del Este e Internacionales. Son datos nuevos y se dispondrá de más información a medida que el equipo siga analizando las respuestas durante los próximos meses.

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