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¿Cómo votaron los armenios con COVID-19 el día de las elecciones?

Categorías: Asia Central y Cáucaso, Armenia, Elecciones, Gobernabilidad, Medios ciudadanos, Política, Salud, COVID-19, The Bridge

Bandera de Armenia, Foto [1] de Leviknikolayan, vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0 [2]).

Este artículo se publicó originalmente [3] en EVNReport. Se reproduce aquí una versión editada en virtud de un acuerdo para compartir contenidos. Desde su publicación original en EVNReport, el texto se ha actualizado para reflejar los datos más actuales de COVID-19.

El 18 de marzo, el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan, anunció que había llegado a un acuerdo con los partidos de oposición del Parlamento para celebrar elecciones anticipadas el 20 de junio. El 10 de mayo [4] se disolvió el Parlamento, lo que allanó el terreno para las elecciones.

Al igual que en otros países, COVID-19 es un problema para el desarrollo seguro de las elecciones. Hasta el 19 de abril, 189 017 armenios había contraído COVID-19 y se habían recuperado, según las cifras del Gobierno. Las cifras reales, que incluyen a las personas que nunca se hicieron una prueba, son mayores (desde el pico de abril, el número de casos activos ha bajado a menos de 4000, nivel que no se veía desde septiembre de 2020, antes del pico de la guerra [5]).

Desde la pandemia, al menos 41 países [6] pospusieron elecciones nacionales o referéndums. Ahora que ha pasado un año, algunas se han realizado, y los organismos de gestión electoral (OGE) están estudiando medidas de mitigación de riesgos para permitir que los votantes participen sin poner en peligro su salud.

En Armenia, a diferencia de Estados Unidos y Países Bajos, que celebraron elecciones el 3 de noviembre de 2020 y el 17 de marzo de este año respectivamente, el Código Electoral no permite ni el voto por correo ni el voto anticipado en persona. Y aunque la legislación se está modificando, abrir estos medios simplemente no es viable, sobre todo por el actual clima político [7]. Los informes de los observadores electorales en pasadas elecciones armenias han revelado intentos coordinados de fraude electoral, incluido relleno de urnas. El voto anticipado en persona no puede implementarse porque nadie va a confiar en la urna medio llena que se encuentra en una habitación durante la noche, ni en un armario cerrado. Y el voto por correo, al no estar supervisado, hace posible que quienes reparten sobornos electorales, o intimidan a aquellos sobre quienes tienen poder, como sus empleados, observen cómo se rellena la papeleta (o simplemente la tomen y la completen ellos mismos). El Movimiento de Salvación de la Patria sostiene que las elecciones estarán amañadas, por lo que no es el momento de empezar a aflojar los controles de integridad electoral.

El proceso de voto: encubriendo el problema

Lo mínimo indispensable que se puede hacer es pedir a los votantes que lleven mascarillas cuando se presenten a votar en persona. Como no se quiere rechazar a las personas en el colegio electoral, el Estado tendrá que financiar la compra de 2.6 millones de mascarillas, para poner a disposición de quienes no tengan mascarilla. Los trabajadores electorales tendrán que asegurarse de que los votantes reticentes tomen una y se la pongan de forma que cubra algo más que la barbilla. Luego, una vez que el votante escanee su pasaporte en el Dispositivo de Autenticación de Votante (VAD en inglés), el operador tendrá que pedirle que baje momentáneamente la mascarilla para poder comprobar su identidad con la foto archivada de ese documento de identidad. Después de que les han gritado para obligarlos a llevar una mascarilla sobre nariz y boca, ahora se les pide que se descubran y que deberán escanear su huella dactilar en el VAD. Por supuesto, sería prudente que se limpiaran las manos antes de hacerlo. Por lo tanto, también habrá que adquirir gran cantidad de desinfectante de manos y distribuirlo en los 2008 colegios electorales. El lector de huellas dactilares se va a mojar mucho y probablemente no funcione correctamente.

Del VAD, pasan a la lista de votantes, donde firman junto a su nombre. Esas listas de votantes se escanean tras la votación y se publican en internet, pues así cualquier ciudadano que no haya votado puede comprobar que nadie haya votado en su nombre. Con la pandemia, es de esperar que tengan su propio bolígrafo. Como alternativa, el Estado podría comprar 2,6 millones de bolígrafos y dejar que los votantes se queden con el suyo para que no lo manipulen otros.

En esta fase, reciben sus boletas electoral, que consisten en un sobre con una esquina cortada y un papel distinto por cada partido político en contienda. En la cabina electoral, eligen el partido por el que desean votar e introducen la papeleta correspondiente en el sobre, y tiran las de los demás partido en la papelera (este procedimiento se usó en 2017 para evitar el «carrusel de votos»). Al menos con la eliminación [8] del componente de la lista abierta, apodado ratingayin, no tendrán que hacer marcas con el bolígrafo en la propia papeleta. Finalmente, llevan el sobre a la urna, otro funcionario electoral estampa un sello holográfico en la papeleta que asoma por la esquina recortada del sobre, y este se deja caer en la urna.

El proceso tiene margen de mejora. Por un lado, el Código Electoral especifica que el colegio electoral debe tener al menos una cabina electoral por cada 750 votantes. Hasta 2000 votantes pueden ser asignados a un colegio electoral. Aunque es el mínimo, la Comisión Central Electoral (CCE) afirma que no tiene fondos para comprar más cabinas que el mínimo exigido por ley. Por lo tanto, en los colegios electorales de menos de 750 votantes, todos los votantes estarán de pie en la misma cabina, manejando sus papeles en la misma mesa. En los colegios electorales más concurridos puede haber, como mucho, tres cabinas para los votantes.

Durante las sesiones del Grupo de Trabajo Parlamentario sobre la Reforma Electoral, planteé personalmente la cuestión de que la escasez de cabinas de votación es un cuello de botella en el proceso general y la causa de las colas innecesariamente largas. En Canadá (donde yo voto), por ejemplo, puede haber una docena de cabinas en cada colegio para que nadie esté esperando a que se libere una. Sin embargo, el aumento de este requisito mínimo no se incluyó en el paquete de enmiendas [9] por temor a que los locales de votación no tengan el espacio físico para albergar más cabinas electorales.

Ahí radica otro problema. Los locales de votación en Armenia no tienen requisitos de superficie mínima. Lo ideal sería que todos fueran gimnasios escolares, donde hubiera espacio para marcar cintas en el suelo a 1,5 m de distancia para una alineación socialmente distanciada. Sin embargo, ni siquiera los elige la comisión electoral: el Código Electoral asigna esta responsabilidad a las autoridades municipales y la comisión electoral tiene que trabajar con lo que se le asigne. Puede ser simplemente una entrada estrecha a un edificio de oficinas administrativas. Es habitual que muchos de estos lugares tengan problemas de accesibilidad, que este año sentirán los jóvenes veteranos que están limitados a una silla de rueda desde la guerra del Alto Karabaj de 2020 [10]. Como parte del proceso de reforma electoral, se propuso que las Comisiones Electorales Territoriales (CET), el órgano intermediario entre la CEC y las Comisiones Electorales de Recinto (CEP), estuvieran facultadas para elegir los lugares de votación. Sin embargo, la CEC no quiso esta responsabilidad adicional.

Urna móvil: Una válvula de alivio… algo así

Hasta el 19 de abril, Armenia tenía unos 15 000 casos activos de COVID-19. Aunque se podía esperar que la cifra disminuyera antes del 20 de junio, miles de ciudadanos con derecho a voto el día de las elecciones podrían recibir multa si salen de sus casas. Sin el voto por correo o anticipado en persona, los administradores electorales enfrentan un dilema constitucional.

El decreto n°17 del Ministerio de Salud [11] es la normativa que impone a los diagnosticados con COVID-19 (y teóricamente también a quienes tuvieron contacto con ellos, aunque ya no se les señala) una multa por romper su cuarentena. Sin embargo, el artículo 48 de la Constitución de Armenia otorga a los ciudadanos mayores de 18 años el derecho a votar. Por lo tanto, si un paciente con COVID-19 rompiera su cuarentena para ir a votar, no deberían multarlo: sería inconstitucional. Sin embargo, desde el punto de vista de salud pública, tener a miles de pacientes contagiosos tosiendo en la cara semicubierta de sus vecinos no es la mejor solución.

El Código Electoral armenio cuenta con una normativa especial para los electores inmóviles, destinada principalmente a los residentes de los centros de asistencia de larga duración: la urna móvil. Esos centros pueden inscribir a sus pacientes internos en un sistema especial de votación en el que la urna se desplaza hasta ellos. Los administradores del centro deben dar los nombres de quienes desean inscribir, al menos siete días antes de la votación. Si en un recinto hay votantes de este tipo, los miembros de la CEP se acercarán a ellos el día de las elecciones, recogerán sus votos, los llevarán al colegio electoral y mezclarán las papeletas en la urna principal del recinto.

Los escépticos no estaban muy entusiasmados con ese método. La mayoría de los miembros de las PEC son nombrados por un partido político, y no pueden considerarse neutrales. Incluso los dos miembros de la PEC, nombrado por la CET, que es independiente, suelen ser sospechosos de parcialidad. Por lo tanto, dado el bajo nivel general de confianza, la urna móvil se considera corrompida ya que el secretismo del voto puede ser violado (o las papeletas sustituidas) durante el viaje. Aunque no sea así, la sola sospecha de que podrían haber sido corrompida es una carga para el proceso.

Para que se utilice eficazmente en el caso de pacientes con COVID-19, hay cambios que son necesarios. Por un lado, no todos los pacientes con COVID terminan ingresados en un centro sanitario. Para que puedan utilizar la urna móvil, es necesario modificar la ley para que las personas con un resultado positivo puedan inscribirse en la urna móvil (probablemente, a través del Ministerio de Sanidad). En segundo lugar, es necesario eximir a los pacientes del COVID-19 del plazo de siete días antes del día de las elecciones. Es posible que cientos (esperemos que no miles) de votantes reciban un resultado positivo el día antes de las elecciones. En tercer lugar, si bien es razonable que un miembro de la PEC visite uno o dos hospitales durante el día, visitar los hogares de cientos de pacientes no es un proyecto secundario. Para que este servicio se utilice de forma eficaz, la dirección de la urna móvil debe ser responsabilidad del CET, que puede asignar varios equipos para garantizar que todos los votantes reciban una visita durante las 12 horas que dura la votación. Estos votos no deben mezclarse en las urnas de los distritos electorales, deben mantenerse separados, con su propio recuento (según los 38 CET) comunicado públicamente. De este modo, si el 95 % de esos votos van a parar al mismo partido, los observadores pueden empezar a plantear preguntas.

No todo requiere una ley

Se necesitan cambios en el Código Electoral para proteger a los armenios del COVID-19 durante las elecciones. Como mínimo, es necesario imponer mascarillas durante una pandemia y reformar el sistema de urnas móviles. El presidente tiene el poder de interferir en estas enmiendas. Como los cambios tienen que ver con el derecho al voto, podría optar por enviar el proyecto al Tribunal Constitucional. Aunque no llegue tan lejos, podría retrasar el proceso 21 días por no hacer nada. Cualquiera de estas medidas obligaría a Pashinyan a retrasar la fecha anunciada para las elecciones del 20 de junio. El primer ministro debería tener que elegir (1) seguir activando el proceso electoral sin ningún cambio en las normas, lo que podría inflar el número de muertos de la pandemia, o (2) retrasar la fecha anunciada de las elecciones para que las disposiciones puedan aplicarse en su totalidad, pero incumpliendo públicamente su promesa y recibiendo otro tipo de golpe en su reputación.

No todo requiere una ley. Las normas y las tradiciones son la piedra angular de una democracia. Incluso sin restricciones legales, los votantes pueden operar con directrices voluntarias que ayuden a reducir los riesgos. Por ejemplo, se podría llegar a un acuerdo para que, durante las horas de votación más tempranas, de 8 a 10 de la mañana, los votantes de edad avanzada tengan la oportunidad de votar, antes de que muchos otros hayan contaminado el lugar. Si alguien tiene COVID-19 el día de las elecciones y no ha llegado ninguna urna móvil a su puerta, puede optar por votar lo más tarde posible (las urnas cierran a las 8:oo p.m.) para que menos vecinos respiren los gérmenes que se desprendan. O incluso, por esta vez, no ejercer su derecho al voto.

Los armenios han tenido un año difícil. Estas elecciones podrían empeorar las cosas… a menos que todos trabajen juntos con compasión por los demás.