¿Qué quieren los cubanos? No sólo el levantamiento del bloqueo estadounidense

Foto de La Habana, de Pedro Szekely/Flickr (CC BY-SA 2.0)

Este artículo fue escrito anónimamente por un@ autor@ en Cuba, usando el nombre ficticio de “Luis Rodriguez”.

Cuando muchos descansaban en sus hogares el domingo 11 de julio, en horas de la mañana se produjo una protesta masiva en el poblado de San Antonio de los Baños para reclamar acceso a las vacunas, alimentos, medicinas y libertad, principales preocupaciones que padece el cubano de a pie en estos momentos.

Hasta el propio presidente Miguel Díaz Canel acudió a ese pequeño poblado para intentar pacificar la situación, al extenderse las protestas a otros sitios de capital y del resto del país, hechos que desencadenaron un verdadero estallido social que no sólo sorprendió al régimen, sino a la comunidad internacional.

Fue un hecho sin precedentes en la historia de Cuba tras 62 años de Revolución, pues muchos analistas y la prensa internacional sostienen que éstas han superado significativamente los hechos del Maleconazo del 1994. El gobierno cubano persiste en legitimar la narrativa de que las protestas han sido inducidas desde EE.UU para minimizar el descontento popular y su espontaneidad.

Aunque es cierto que las sanciones de EE.UU agudizan nuestra crisis humanitaria, el pueblo cubano se cansó de la retórica de que todos los problemas están asociados al bloqueo de EE.UU hacia la isla. Aún así, el pueblo pide que se retire el bloqueo para aliviar nuestras condiciones de vida. Resulta evidente que no sólo la ineficiencia del gobierno para solucionar infinidad de problemas acumulados catalizaron las protestas del 11 de julio en Cuba, minimizar el impacto del bloqueo y las medidas adoptadas por la administración de Donald Trump sería un lamentable error. Siempre me he opuesto al bloqueo de EE.UU a la isla, que ha provocado demasiado sufrimiento al pueblo cubano, además del gobierno históricamente ha culpabilizado a éste de todos los males de Cuba.

Las cosas han cambiado mucho desde los inicios del 2000, cuando Cuba comenzó a manifestar una mayor estabilidad política y económica debido a una cuestión geopolítica estratégica: la llegada al poder del desaparecido mandatario Hugo Chávez en Venezuela, aliado político estratégico de Fidel Castro. Desde esa fecha a la llegada al poder de Nicolás Maduro, Venezuela ha abastecido de petróleo a Cuba.

El 17 de diciembre del 2014 se produjo otro hecho inédito en la historia: cuando los gobiernos de Cuba y de EEUU anunciaron ante la comunidad internacional la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas interrumpidas desde 1961. Aunque las sanciones siguieron, partir de ese momento Cuba experimentó un auge inédito del turismo estadounidense que benefició extraordinariamente su economía, no sólo la estatal sino también al emergente sector privado, sobre todo pequeños restaurantes que en Cuba son conocidos como paladares y casas de alquiler. En ese periodo se evidenció un inusitado incremento del nivel de vida del pueblo cubano. En sentido general el ciudadano cubano hoy en día recuerda aquella etapa con nostalgia, como signo de esperanza en un futuro mejor.

La gran mayoría de los cubanos en la isla y en la diáspora en EE. UU no sospechaban que lo peor estaba por venir, me refiero a la llegada a la Casa Blanca del ex presidente Donald Trump en el 2017, quien se encargó de revertir prácticamente en su totalidad la política de su antecesor en relación con la isla. La administración de Trump adoptó medidas inéditas en relación con Cuba que llegaron a niveles alarmantes, entre las que se encontraban la suspensión del envío de remesas a través de Western Unión, la cancelación del programa de reunificación familiar, el cierre de los servicios consulares de la Embajada de EE.UU en La Habana tras serias acusaciones de supuestos ataques sónicos a su personal diplomático, entre otras y por supuesto el incremento de las sanciones de EE.UU.

Según la académica cubanoamericana María Isabel Alfonso, estudiosa del impacto de las sanciones de EE. UU sobre la familia cubana y en especial las mujeres, las consecuencias también son emocionales y psicológicas, y según cifras oficiales del gobierno cubano publicadas en la prestigiosa publicación estadounidense con sede en Cuba Oncubanews, “El embargo financiero y comercial que Estados Unidos impone a Cuba desde hace casi seis décadas causó pérdidas a la Isla de 9.157 millones dólares entre abril de 2019 y diciembre de 2020.”

Cuando aterrizamos esos datos en la vida cotidiana de la isla resulta perceptible el daño y el impacto que han tenido en los últimos años la política de sanciones de EE. UU de Cuba. Pero es incuestionable que la principal culpa de los males que atraviesa el pueblo cubano no radica en el embargo, aunque las sanciones la hayan agudizado, sino en la incapacidad del modelo político cubano que impide el desarrollo de las fuerzas productivas, requisito imprescindible para que los cubanos puedan alcanzar una vida más digna en democracia.

Con la aparición de la pandemia de la COVID-19 en la isla a inicios de marzo del 2020 se deterioró aún más la vida cotidiana. En este momento Cuba atraviesa la crisis sanitaria más aguda desde que apareció la pandemia con más de 5,000 casos promedio cuando en junio eran 1000. En ciudades como Matanzas han tenido que reforzar con personal médico de otras provincias porque ha colapsado la capacidad de los hospitales por el incremento de contagiados con la COVID-19 en ese territorio.

Hoy en día me atrevo a afirmar que Cuba enfrenta la peor crisis de su historia tornándose una crisis humanitaria similar a la que ha atravesado Venezuela en los últimos años, con interminables colas para comprar los productos más básicos, desde el pan, productos de aseo y la leche en polvo es inexistente, ni se encuentra en las tiendas estatales que venden comida y productos básicos en divisas. Lo que es peor y más desbastador es el déficit alarmante de medicinas, lo que sitúa a la población cubana en una situación de vulnerabilidad en medio de la pandemia.

Por tanto, si el actual presidente Joe Biden no revierte cuanto antes las políticas de su antecesor en relación a Cuba las consecuencias pueden ser trágicas e insospechables. También le exijo al gobierno cubano que sea transparente en el tratamiento mediático de las protestas y que elimine la retórica confrontracionista que provoca más violencia entre cubanos. La mayoría de los cubanos de la isla, desesperados ante la pobreza y las penurias de la vida cotidiana, albergamos la esperanza de ver la luz al final de este interminable túnel.

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