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Crece el poder blando de China en Kirguistán a través de la cultura y la lengua

Categorías: Asia Central y Cáucaso, Kirguistán, Arte y cultura, Educación, Lenguaje, Medios ciudadanos, Relaciones internacionales, Civic Media Observatory

Entrada del Instituto Confucio en la Universidad Nacional de Kirguistán Balasagun, en Biskek, Kirguistán. Futo de Aizat Shailoobek kyzy, usada con su autorización.

Tras mucho tiempo aislados cultural y lingüísticamente entre sí, Kirguistán y China impulsan ahora su integración económica dentro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por su nombre en inglés). La presencia económica de inversionistas chinos ha fomentado actitudes sinofóbicas [1] entre la población kirguisa, pero en los últimos años la enseñanza del mandarín y el aumento de las oportunidades académicas en China han suavizado esta visión negativa en sus vecinos del este.

Un aspecto crucial de esta estrategia de poder es la creciente presencia de Institutos Confucio [2] en Kirguistán. Con más de 500 oficinas en todo el mundo, estos institutos son plataformas [3] de promoción de la cultura y la lengua chinas. El trabajo de sus sedes kirguisas contribuye a crear una imagen positiva de China entre los jóvenes del país.

El Gobierno chino ha concedido a los estudiantes becas para estudiar en China y los ha apoyado en el aprendizaje del mandarín, lo que ha permitido una mayor familiarización de los estudiantes con la lengua y la cultura chinas, motivados por la posibilidad de encontrar trabajos mejor remunerados.

Los primeros Institutos Confucio se establecieron por el mundo en 2004. En 2007, un hito significativo tuvo lugar en Kirguistán con la visita del expresidente chino Hu Jintao a la capital, Biskek, y la firma de una declaración de cooperación [4] que incluía un refuerzo de los intercambios estudiantiles entre ambos países. A raíz de esto, se abrieron varios Institutos Confucio, incluido uno en la Universidad Estatal de Biskek y otro en la Universidad Nacional de Kirguistán.

Miles de estudiantes han acudido a las aulas de los Institutos Confucio en los 14 años siguientes a su apertura. Uno de los centros educativos más destacado es la secundaria n.º 95 de Biskek, construido con apoyo de Pekín [5], donde se proporcionan clases intensivas de mandarín para niños. La escuela abrió sus puertas en septiembre de 2017 y acoge a más de mil estudiantes cada año.

El chino es también un idioma cada vez más popular en Kirguistán. En 2017, la Universidad Estatal de Biskek y la Universidad Nacional de Kirguistán contaban con cerca de 2000 estudiantes universitarios inscritos [6] a clases de mandarín. Antes de la pandemia de COVID-19 ya había más de 7000 estudiantes [7] en los Institutos Confucio del país.

En 2019, antes de su visita a Kirguistán, el presidente chino Xi Jinping escribió un artículo en el que recalcaba la importancia de las relaciones entre ambos países en el marco de la BRI y aportaba cifras relativas a los programas educativos conjuntos: en 2018, más de 70 000 personas viajaron entre Kirguistán y China, y más de 4600 kirguisos cursaron estudios en el gigante asiático. En 2020, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Kirguistán reportó más de 4000 estudiantes kirguisos en el país vecino.

A modo de comparación, solo alrededor de mil estudiantes kirguisos están inscritos [8] en universidades turcas.

Estas cifras palidecen ante el número de kirguisos que estudian en Rusia [9], que en 2021 el exministro de educación kirguiso, Almazbek Beishenaliev, cifraba en aproximadamente 16 000.

Global Voices habló con varios ciudadanos kirguisos que estudian chino, tanto en Kirguistán como en el marco de intercambios de estudios en China.

Nurayim Kudayar kyzy, traductora de 26 años, afirma que hoy en día el conocimiento de mandarín se valora muy positivamente, ya que la BRI ofrece oportunidades laborales que requieren cierto nivel de chino. La compañía para la que trabaja, estrechamente ligada a los proyectos de la BRI, contrata principalmente trabajadores chinos, aunque también mano de obra local, como ingenieros, constructores de carreteras, contables, traductores y otros especialistas.

Cholpon Asylbek kyzy, extraductor en la refinería de petróleo Kara-Balta [10], señaló que saber chino le ayudó a negociar un salario más elevado. Añadió también que algunos de sus amigos y conocidos viajan con frecuencia a China como guías o traductores para turistas rusohablantes.

Antes de que la pandemia de COVID-19 golpeara el sector turístico en todo el mundo, Aisuluu Sirazhidinova trabajaba como guía y traductora en una empresa turística china.

Learning Chinese is a unique opportunity for Kyrgyzstani students, who gain language skills and life experience in China. Some students study and work at the same time to help their relatives. In this regard, China has created good conditions for young students from Kyrgyzstan.

Aprender chino es una oportunidad única para los estudiantes kirguisos, que adquieren habilidades lingüísticas y culturales en China. Algunos estudiantes  combinan estudios y trabajo para ayudar a sus familias. Visto desde esta perspectiva, China ha creado oportunidades beneficiosas para jóvenes estudiantes kirguisos.

Según los propios estudiantes, conseguir una beca para estudiar en China no siempre es fácil. La corrupción extendida entre estudiantes y profesores obstaculiza su acceso a quienes estudian en los Institutos Confucio locales y tienen buen manejo del idioma.

Pero no todo es bueno: una informante anónima contó su experiencia negativa con estudiantes del Instituto Confucio.

A few years ago, local and Chinese teachers at the Confucius Institute where I studied asked for bribes to select students to go to China. I was told that the fee to pay was between 1,000 and 5,000 USD depending on which city I wanted to go. Despite not paying the bribe, I managed to collect all necessary documents and enrol in a university in Beijing.

Hace algunos años, profesores locales y chinos del Instituto Confucio donde estudiaba pedían sobornos para seleccionar a los estudiantes que irían a China. Me dijeron que la cuota a pagar era de entre mil y 5000 dólares estadounidenses, dependiendo de la ciudad a la que quisiera ir. A pesar de no pagar el soborno, me las arreglé para conseguir todos los documentos necesarios e inscribirme en una universidad de Pekín.

A pesar del pujante sentimiento antichino [1] en Kirguistán, parece que el número de jóvenes kirguises sinófilos está en aumento.


Esta historia hace parte de una investigación de Civic Media Observatory [11] sobre narrativas antagónicas respecto de la Iniciativa de la Franja y la Ruta china y explora cómo las sociedades y comunidades poseen percepciones divergentes en cuanto a los beneficios y perjuicios potenciales del desarrollo promovido por China. Para saber más sobre este proyecto y sus métodos, haz clic aquí [12].