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Contra los estereotipos: Reconocer a las víctimas masculinas de violencia sexual durante la guerra de Bosnia

Categorías: Europa Central y del Este, Bosnia y Herzegovina, Croacia, Serbia, Derecho, Derechos humanos, Guerra y conflicto, Historia, Medios ciudadanos, Mujer y género, The Bridge
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Captura de pantalla del documental Uspomene 677 [2]. Foto: Mirko Pincelli/PCRC, utilizada con autorización.

Este artículo de Alec Anderson y Chiara Zardoni se publicó originalmente en Balkan Diskurs [3], proyecto del Post-Conflict Research Center [4] (PCRC). Global Voices reproduce una versión editada dentro de su acuerdo de contenido compartido.

It is a difficult moment when you have to say the truth of what you have been carrying inside of you for 18 years. It is hard because we are re-traumatizing ourselves. It is hard to revisit the moments of torture, rape, and sexual violence that you have experienced. It is difficult to continually carry these things inside of you, but you have to keep going. Maybe I am a brave man, or maybe I am a cowardly one. Your opinion is up to you.
Presentation of the International PSVI Protocol in Bosnia and Herzegovina, Post-Conflict Research Center [5]

Es un momento difícil cuando tienes que contar la verdad que llevas 18 años cargando en tu interior. Es duro porque nosotros mismos nos volvemos a traumatizar. Es duro rememorar los momentos de tortura, violación y violencia sexual que has experimentado. Es difícil cargar continuamente con estas cosas en tu interior, pero tienes que seguir adelante. Quizás soy un valiente, o quizás soy un cobarde. Tu opinión es cosa tuya.
Pesentation del Protocolo International PSVI en Bosnia-Herzegovina, Post-Conflict Research Center [5]

Cuando los académicos y el público rememoran la terrible violencia sexual cometida durante la guerra de Bosnia [6], lo normal es que piensen en los tremendos crímenes perpetrados contra las mujeres. No obstante, no solo las mujeres son sobrevivientes de violencia sexual en Bosnia Herzegovina. A pesar de las pruebas irrefutables de la desenfrenada violencia sexual perpetrada contra hombres entre 1992 y 1995, muchos factores siguen impidiendo a los hombres sobrevivientes recibir ayuda efectiva, justicia y reconocimiento de la sociedad.

La violencia sexual contra los hombres en la guerra de Bosnia ha sido bien documentada por Thomas Osorio, que trabajó durante 20 años en la región de la antigua Yugoslavia para Naciones Unidas y como investigador asociado en la universidad de Lovaina, donde dirigió investigación de campo y entrevistó a hombres sobrevivientes de violencia sexual de guerra. Osorio llega a varias conclusiones críticas en su investigación: que no hay duda de que la violencia sexual fue una herramienta de guerra durante los conflictos de la antigua Yugoslavia, que la violencia fue sistemática y generalizada, y que la violencia sexual de guerra se perpetró contra mujeres y hombres, como señalaban ya en 1993 los informes del relator especial de Naciones Unidas, Tadeusz Mazowiecki [7], y más tarde una investigación dirigida por una comisión de expertos de Naciones Unidas [8]. Aparte de Naciones Unidas, numerosas organizaciones internacionales, como la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE [9]) y el Humanitarian Law Center [10], han aportado pruebas de que la violencia sexual se perpetró contra hombres como acto de humillación, y también dentro de la política de «limpieza étnica».

Como explican Osorio y el Informe Final [8] de la Comisión de Expertos establecida según la resolución 780 del Consejo de Seguridad el 27 de mayo de 1994, los hombres prisioneros de guerra sufrieron a menudo violencia sexual durante su encarcelamiento en campos. Esta violencia podía tomar varias formas: los prisioneros eran forzados a violar mujeres, sufrían mutilaciones sexuales y castración, o se les obligaba a cometer incesto. Como dice Osorio, es importante señalar que los lugares de detención en los conflictos de los Balcanes estaban vigilados en su mayoría por expolicías o por guardias de prisiones profesionales reclutados o voluntarios. Muchos en su nuevo papel de  guardias militares o policía militar no diferenciaban a prisioneros de guerra de delincuentes comunes. Esto no justifica en absoluto sus acciones, ni implica que estos comportamientos serían aceptables en prisiones civiles, pero ilustra la desafortunada realidad que llevó a estos severos crímenes de guerra. Según los testimonios, el alcance y la naturaleza sistemática de la violencia sexual de guerra ejercida contra hombres demuestra que esta violencia fue un instrumento de limpieza étnica que pretendía la destrucción de familias y comunidades.

Rara vez los hombres denuncian para exigir justicia o ayuda, y algunos ocultan sus experiencias incluso a sus propias familias. Desde esta base, el contexto posterior a la guerra es totalmente distinto para los hombres y para las mujeres sobrevivientes. Es más, a pesar de la aplicación de medidas de protección en el sistema legal, las comunidades de las poblaciones pequeñas conocen a menudo la identidad de las mujeres sobrevivientes, mientras que la mayoría de los hombres sobrevivientes son desconocidos. Este es solo un aspecto de la división de género que caracteriza la forma en que se trata la violencia sexual de guerra en Bosnia Herzegovina. No obstante, hay progresos, como la ley croata de compensación a las víctimas de violación [11], la primera legislación de la región que eliminó la distinción por género de los sobrevivientes y concedió una compensación monetaria digna.

Los marcos legales en muchos países afectados por conflictos no reconocen a los hombres como posibles víctimas de violencia sexual de guerra. Algunos datos del informe de Chris Dolan [12] sobre violencia contra hombres y niños ofrecen un panorama más claro del problema. El informe muestra que, según las leyes de muchos países, el 90 % de los hombres de países afectados por conflictos no pueden identificarse como víctimas de violencia sexual. Además, 62 de los países solo reconocen víctimas femeninas de violación, 67 criminalizan a los hombres que denuncian abusos y en 28 solo los hombres están reconocidos como perpetradores de violencia sexual. De esta forma, los marcos legales constituyen a menudo obstáculos insalvables a la hora de administrar justicia a los hombres sobrevivientes.

Por supuesto, los precedentes legales no son en absoluto la única razón de que se reconozca menos a los hombres sobrevivientes que a las mujeres. El mayor obstáculo es la prevalencia en la sociedad de actitudes profundamente discriminatorias y homofóbicas hacia los hombres víctimas de violencia sexual de guerra, además de percepciones de la masculinidad que no son exclusivas de Bosnia Herzegovina. Como explica Osorio, los hombres sobrevivientes no se sienten cómodos de denunciar por esta razón: el tribunal de Bosnia Herzegovina solo ha tratado tres casos de violencia sexual de guerra contra hombres desde que acabó la guerra. No se puede hacer justicia si los hombres sobrevivientes no se sienten cómodos de denunciar los hechos. Y como señala Lamija Grebo, supervisora de tribunales y periodista de Balkan Investigative Reporting Network, los hombres bosnios han visto el intenso sufrimiento que han soportado las mujeres que denunciaron. Grebo comenta: «Solo puedo imaginar lo que piensan los hombres que será su proceso si denuncian, contarlo a sus vecinos y familias, o incluso admitirlo ante ellos mismos».

El miedo a sufrir reacciones homofóbicas intimida a los sobrevivientes, y con razón: las evidencias estadísticas [13] muestran que los homofóbicos están diametralmente en contra de apoyar a los hombres sobrevivientes en forma alguna. Además, la creación de organizaciones dedicadas exclusivamente a asistir a mujeres sobrevivientes, con todo el increíble trabajo que hacen, ha conducido a los hombres sobrevivientes a sentir que no tienen a nadie a quien contarle sus historias. La culminación de esas presiones sociales ha creado un enorme estigma que los hombres deben superar. Grebo añade: «La sociedad no considera [a las mujeres violadas] aceptables, pero sí más habituales (…) [para los hombres] hay una ‘doble vergüenza'».

Esta extendida cultura discriminatoria influencia a toda la sociedad: instituciones, ciudadanos, trabajadores sociales y sanitarios. Es más, muchos profesionales médicos, sociales y legales, que suelen proporcionar asistencia a mujeres sobrevivientes, no pudieron ayudar a los hombres sobrevivientes durante la guerra, y aún hoy en día siguen poder hacerlo. Un importante ejemplo es el que menciona Alma Taso-Deljkovic, jefa de la Oficina del Apoyo a los Testigos del tribunal de Bosnia Herzegovina [14]. En una entrevista del 6 de junio, Taso-Deljkovic admitió que su oficina, que ofrece considerable ayuda a las mujeres sobrevivientes, está mal equipada para tratar con las necesidades específicas de los hombres. Ciertamente, como los hombres raramente denuncian, la oficina de Oficina del Apoyo a los Testigos tiene poca experiencia con hombres sobrevivientes, y la mayoría de sus servicios están pensados para ayudar a mujeres. No obstante, como señalan Taso-Deljkovic y Osorio, se van haciendo progresos gracias al Departamento de Protección de Víctimas de la Agencia Estatal de Protección e Investigación (SIPA [15]) y a la formación que proporciona a oficiales de policía y tribunales el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas en Bosnia Herzegovina [16].

La dificultad que tiene la sociedad para reconocer la violación de hombres puede vincularse con el planteamiento específico tanto del Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (ICTY) como de los tribunales estatales al procesar a los perpetradores de acuerdo a la legislación adecuada. A pesar de que la violación está definida como crimen contra la humanidad en el estatuto del ICTY [17], y su definición judicial no hace referencia al género de la víctima [18], estos crímenes se persiguen mayoritariamente como violación cuando la sobreviviente es mujer. Casos en los que los guardias violaron directamente a hombres (tal y como define el estatuto del ICTY) se procesan habitualmente como tortura o trato inhumano en lugar de agresión sexual, según Osorio, que afirma: «La violencia sexual no se suele considerar un solo delito, siempre se vincula a otros crímenes». Como resultado, los hombres víctimas de esta violencia raramente testifican ni proporcionan descripciones detalladas de los hechos relativos a la violencia sexual de guerra ante el tribunal.

Un caso en particular muestra el planteamiento sexista que el ICTY adoptó involuntariamente al perseguir la violación. En el caso contra Brđanin [19] se describe una situación en la que un guardia intenta forzar a un prisionero a practicar sexo con una prisionera a punta de pistola. El hombre se negó y lo mataron. Aún así, el tribunal concluyó que «la amenaza de violación constituye una agresión sexual a la mujer detenida». Andrew Pitt [20] resume la preocupante forma en que el tribunal ignoró la violencia sexual infligida al hombre: «Al hombre víctima, sencillamente, se le ha hecho desaparecer».

Lamentablemente, esta práctica también fue adoptada por los tribunales estatales de Bosnia. Casos como los de Macić Ibro [21]Akeljić Minet [22]Begović Gligor [23] y otros muchos no incluyen acusación de violación, a pesar de las evidentes perpetraciones de agresiones sexuales descritas en los juicios. Evidentemente, una justicia parcial es siempre mejor que ninguna, pero cuando un tribunal no puede reconocer la violación de hombres tal y como es, crea otra barrera para impedir que la sociedad reconozca lo que esos hombres han sufrido.

No obstante, pese a las inmensas dificultades, puede haber una luz al final del túnel. Gracias a los incansables esfuerzos de organizaciones locales y de periodistas dedicados, algunos hombres sobrevivientes están comenzando a contar sus historias [24]. Como ejemplo, los documentales Silent Scream [25]The Unforgiven [26]. Organizaciones como Medica Zenica [27] ayudan a hombres a obtener la condición de víctima civil de guerra. Es esencial que se reconozca que también los hombres pueden ser violados, y que como resultado, también han sufrido física y psicológicamente. Este proceso comienza con el desmantelamiento de las normas masculinas de género que estigmatizan y silencian a los hombres. Este es un proceso que debe ocurrir no solo en Bosnia Herzegovina, sino en todo el mundo.

Este artículo forma parte de la serie “Progreso y dificultades a la hora de tratar la violencia sexual de guerra», que incide en las experiencias de sobrevivientes de este tipo de agresiones en Bosnia Herzegovina y en todo el mundo. La serie comprende los siguientes artículos:
Cómo enfrentar el legado de la violencia sexual de guerra en Bosnia Herzegovina [28]
– Apoyo a testigos: Primer paso para poner fin a la impunidad de crímenes de guerra en Bosnia Herzegovina [29]
Inversión en el futuro de Bosnia Herzegovina: Indemnización a sobrevivientes de violencia sexual de guerra [30]
– Combatir estereotipos: Reconocer a las víctimas masculinas de violencia sexual durante la guerra de Bosnia [31]