Undertones: «Farsa» de elecciones en Nicaragua tiene efecto de ducha fría en los medios

En esta edición

Daniel Ortega, presidente, y Rosario Murillo, su esposa y vicepresidenta de Nicaragua. Foto de Ricardo Patiño/Wikimedia commons.

Hay dos narrativas que compiten y que subyacen a las historias sobre las elecciones de Nicaragua.

Para el Gobierno de Nicaragua y sus aliados, la reciente victoria electoral de Daniel Ortega ha consolidado la narrativa del antiimperialismo. Para los Gobiernos de Estados Unidos y europeos, y los observadores democrático, las elecciones han sido una farsa.

Sin embargo, el hecho de que la propia prensa nicaragüense sea un desastre complica estos relatos. Además hay animadores extranjeros a favor de Ortega que promueven su narrativa para sus propios fines.

POR QUÉ PREOCUPARSE

Las autoridades estatales han cortado el acceso a los periodistas extranjeros, han allanado las oficinas de los medios nacionales y detenido a opositores. Medios y periodistas temen hablar e informar. Los periodistas, en Nicaragua o en exilio, practican la autocensura, con canales de propaganda que dominan la atención y poca supervisión independiente sobre los asuntos público.

El domingo 7 de noviembre, Daniel Ortega ganó un cuarto mandato consecutivo como presidente de Nicaragua con el 75 % de los votos, pero con una promedio de 81 % de abstencionismo, según datos independientes. Desde que Ortega volvió al poder en 2007, casi 30 años después de la Revolución Sandinista, su control del poder se ha intensificado. Los periodistas, cuya mayoría se encuentra en el exilio, enfrentan cada vez más obstáculos para informar, y muchos ya no firman sus artículos por miedo a las repercusiones. El acceso de los medios a las fuentes de información en Nicaragua es esencialmente clandestino.


Narrativas contrapuestas

«No hay libertad de prensa»

Para los periodistas, la narrativa general es que «No hay libertad de prensa en Nicaragua». A los periodistas les preocupa que la libertad de prensa esté limitada o no exista en el país debido a la represión estatal. En agosto de 2021, se registraron 80 agresiones contra trabajadores de medios. En agosto, la Policía allanó las oficinas del diario nicaragüense La prensa y se detuvo su edición impresa. Su director general, Juan Lorenzo Holmann, está encarcelado.

Para los medios esta amenaza es indiscutible. «Hay un estado de terror en Nicaragua, dice el destacado periodista Carlos F. Chamorro en una entrevista con Christiane Amanpour, que publicó en su página de Facebook. Chamorro explica cómo las fuentes no están dispuestas a dejar constancia de su nombre, mientras los líderes políticos y sociales están encarcelados o en exilio. Lee la historia aquí.

«People are talking without giving names. Almost all journalists are quoting anonymous sources and the media is publishing without the name of the journalist. There is no signature, no name at the end. It's been bad for a while, but it may become worse because now [the government] can claim that they are legitimate,» our researcher on Nicaragua explains.*

«Las personas hablan sin dar nombres. Casi todos los periodistas mencionan fuentes anónimas y los medios publican sin el nombre del periodista. No hay firmas, ni nombre al final. Ha estado mal durante un tiempo, pero puede empeorar porque ahora [el Gobierno] puede afirmar que es legítimo», explica nuestro investigador* sobre Nicaragua.

Los periodistas de medios independientes como Confidencial, Nicaragua Investiga, Divergentes y La Prensa han dejado de firmar sus artículos.

En el otro lado del espectro, el discurso es muy diferente.


«Cualquier crítica es una campaña difamatoria»

Cualquier noticia negativa sobre el Gobierno de Nicaragua es parte de una campaña desleal para desacreditar a sus representantes y sus logros, según los embajadores nicaragüenses ante la OEA, el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, y la Comunidad de Países Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Esta narrativa, que hemos resumido como «Cualquier crítica a la administración Ortega es parte de una campaña difamatoria contra el Gobierno», sirve como un intento gubernamental de rechazar el debate o la oposición.

Esta narrativa se filtra en los medios de forma a menudo difícil de leer, y, a veces, dolorosamente contundente.

En lo que respecta a la contundencia, el recientemente victorioso Daniel Ortega insultó a sus contrincantes políticos, muchos detenidos a principios de 2021. Esto sigue la narrativa de que «miembros de la oposición son traidores a la patria». Más análisis aquí.

Sin embargo, hay historias menos evidentes. En un video del medio socialista boliviano Kawsachun, publicado en su cuenta de Twitter y dirigido a un público de habla inglesa, jóvenes becarios de Estados Unidos hablan de una visita a Nicaragua para ser testigos de primera directos de la «revolución socialista». A estos becarios se les permite visitar Nicaragua y presenciar el proceso electoral, mientras que se prohíbe la entrada al país a periodistas internacionales de Estados Unidos, España y otros.

DE VISITA EN NICARAGUA DURANTE LAS ELECCIONES.
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Jóvenes de todo Estados Unidos estarán en Nicaragua cuando se celebren las elecciones el domingo. He aquí por qué han decidido venir.
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Al permitir que entren en el país testigos elegidos a dedo, el Gobierno pretende controlar la narrativa y presentar las elecciones como un éxito, especialmente después de las protestas antigubernamentales de 2018 en Nicaragua y la posterior masacre estatal de estudiantes. Más análisis aquí.

*Los investigadores permanecen anónimos para proteger su seguridad.

Mira nuestro conjunto de datos de Nicaragua

Undertones es el boletín de noticias del Observatorio de Medios Cívicos, creado en colaboración por los investigadores del Observatorio, los editores coordinadores y el redactor del proyecto. Conozca más sobre nuestra misión, metodología y datos disponibles públicamente.

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