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Carnaval en tiempos de luto: Cómo brilla el espíritu del Carnaval de Trinidad y Tobago

Categorías: Caribe, Trinidad y Tobago, Arte y cultura, Fotografía, Ideas, Medios ciudadanos, COVID-19
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Disfraz de la presentación de 2022 de la banda de Carnaval Vulgar Fraction [2], «Mas Mourning-Becoming Wreaths», del diseñador Robert Young [3]. Foto de Jason Audain [1], utilizada con autorización.

Con sus irresistibles ritmos de soca [4], el colorido de las mascaradas [5], las celebraciones [6] y los concursos de tambores metálicos [7] que preceden el festival callejero de dos días [8] antes del Miércoles de Ceniza, el carnaval de Trinidad y Tobago es una celebración típicamente alegre, que nació de un profundo dolor.

Los disturbios de Canboulay [9] de 1881, que se recrean [10] cada año, recuerdan que la libertad de expresión del carnaval, su refrescante y desenfadada bacanal, su imaginación y creatividad, se ganaron a pulso. El nombre se deriva del latín carne vale, traducido literalmente como «despedida de la carne», que significa una última fiesta salvaje antes de la abstinencia de la temporada de la Cuaresma cristiana. Así, el propio nombre del Carnaval señala que la vida y la muerte, la alegría y la tristeza están inextricablemente entrelazadas.

Para el Carnaval de 2022, que, debido a la pandemia de COVID-19 [11], se redujo [12] a un despliegue básico que el Gobierno ha bautizado como «Sabor de Carnaval» [13], el diseñador Robert Young [3] saca a relucir un grupo de carnaval llamado Vulgar Fraction [2], y ha optado por examinar la presencia de la muerte en la que, sin duda, es la fiesta más alegre del país.

«Mas Mourning — Becoming Wreaths» se presentó [14] el 17 de febrero en el estudio de Young, en el corazón de Belmont [15], barrio en la periferia de la Queen's Park Savannah [16], conocido por ser la cuna de excelentes diseñadores [17], músicos [18] y fotográfos [19] de carnaval.

A diferencia de la mayoría de los lanzamientos de grupos de carnaval, en los que la atención se centra en la presentación y venta de disfraces, un panel en el que participaron la académica de estudios culturales Marsha Pearce [20], el artista de rap Wendell Manwarren [21], el cantante y compositor Addelon Braveboy [22] y la arteterapeuta Celeste Walters, debatió sobre cómo «el carnaval explora el recuerdo, la conmemoración y la celebración», especialmente en esta época de pandemia, en la que tantos han perdido tanto.

El tema del carnaval es oportuno; da la sensación de que el mundo ha estado atrapado en un estado de luto colectivo durante los dos últimos años, ya sea por los seres queridos afectados por el coronavirus, por la conexión o, en el caso de los amantes del carnaval, por el propio festival, que se canceló en 2021 [23] a causa de la pandemia [24].

Pearce, cuya cohorte de estudiantes de la Universidad de las Indias Occidentales [25] (UWI en inglés) participará en la banda, se preocupó de explicar [14] que los juerguistas pueden «convertirse en coronas» tanto por instinto como por intención. Ambas cosas, dijo, son «actos orientados al futuro», pero una lleva a la clausura; la otra, a la conexión y la comunidad.

 

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«Mas Mourning-Becoming Wreaths»

El estudioso del carnaval y hacedor de cosas Kevin Adonis Browne en Mas Mourning–Becoming Wreaths: Este concepto, que se convertirá en una banda, entra de lleno en la noción de carnaval como una oportunidad para la expresión pública. No solo el luto, obviamente, sino la expresión que abarca el espectro de los sentimientos públicos y (lo que es más importante) de los sentimientos intensamente privados que se pueden ventilar públicamente. Estas manifestaciones públicas suelen ser incómodas, a menudo desconcertantes, y casi siempre son exactamente lo que necesitamos. Su objetivo es hacer cosas con nosotros, para nosotros, pero sobre todo, a nosotros. Y si estamos atentos, lo sentimos. Llámalo espíritu si quieres, pero nos mueve, nos inspira a actuar. Así que vemos, en términos sencillos, cómo el espíritu del carnaval está contenido en un concepto de banda, y luego vemos (o esperamos ver) cómo ese concepto irrumpe en el público para que los demás lo sintamos. ¿Y por qué es importante en este momento? Porque últimamente la vida cotidiana ha eclipsado los rituales públicos de duelo, en el sentido de que la vida cotidiana, en este momento pandémico, es un ritual de duelo. Estamos inmersos en las noticias de la muerte a diario como una cuestión de política pública, obligados a recibir la muerte como una cuestión de protocolo. Las coronas de flores son algo más que un recordatorio superficial de esto: que vivimos y moriremos, que perdemos, pero aún podemos ganar, que luchamos, pero aún podemos salir adelante. Muestran, como un trasfondo de todas esas preocupaciones, que lo que nos une no es simplemente en lo que se convierte la corona, sino el deseo de convertirse en corona en primer lugar. Al dirigirnos hacia el «devenir», Young parece anhelar (y nosotros, con él) ese aspecto de nosotros mismos que precede incluso al lenguaje para describir lo que hemos sentido y hemos necesitado sentir. Al volver al «llegar a ser», Young nos hace avanzar, paso a paso. Y a medida que nuestro impulso crece y se convierte en un ritmo familiar, nos impulsa, conceptualmente al principio y luego en la práctica, hacia un futuro que nos acogerá y celebrará, como nosotros esperamos desesperadamente celebrarlo.

Es una idea que se ha hecho realidad gracias al objetivo del fotógrafo Jason Audain [1], apasionado por preservar el legado del carnaval tradicional de Trinidad y Tobago a través del retrato [27]. En una serie de fotografías publicadas en la página de Instagram [3] de Robert Young, los trajes, construidos principalmente con hojas de plátano secas y flores tropicales, en consonancia con el tema de la corona fúnebre, cobran una vida bellamente descarnada e incómodamente convincente.

Como señaló Pearce, la palabra inglesa «wreath» (corona) está relacionada con la palabra inglesa «writh» (retorcerse): retorcerse de angustia mental o dolor físico, cerrarse emocionalmente. «¿Qué pasaría si nos abriéramos?», se pregunta e imagina que se produciría un crecimiento, una curación. Nuevos comienzos. Movimiento, en contraposición a la «inmovilidad» que nos ha impuesto la pandemia. Una celebración de la vida. De eso trata el Carnaval, y parece que puede volver a serlo, incluso con protocolos sanitarios en vigor; incluso sin desfile callejero físico, una vez que pensemos en «el yo como comunidad a través del arte del carnaval».

 

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La transmisión en directo de la mesa redonda será proyectada por North Eleven en la pared exterior del Espacio Propaganda.
«Queremos que la gente pueda ver la proyección y participar en el debate desde la acera o en su auto. Los protocolos de COVID significan que no podemos tener nuestra reunión habitual, pero la gente puede participar de una manera diferente», dijo el diseñador de Vulgar Fraction, Robert Young.

El carnaval explora «el recuerdo, la conmemoración, la celebración […] de personas que son nuevos antepasados y antiguos antepasados». Señaló los numerosos iconos de la cultura nacional que han fallecido por COVID-19 y otras causas en el pasado reciente.
«A causa del COVID no hemos podido despedirnos de forma real. Conozco a una mujer cuya madre y hermana murieron. En la comunidad de Orisha han muerto varias personas. En mi pueblo ha muerto gente. No he podido ir a los velatorios».

Haciendo una distinción entre el duelo (un proceso interno sin plazos fijos) y el luto (la exteriorización de ese duelo), Walters cree que el carnaval siempre ha ofrecido a los participantes las herramientas [29] con las que procesar y transformar. Ha empezado a pensar en el arte, explica, como un comportamiento expresivo más que como una habilidad.

Manwarren, como prolífico artista de rapso y teatro, probablemente pueda dar fe de que es ambas cosas, pero en el espacio del carnaval, subraya, el arte es mucho más que una simple celebración; también ofrece la oportunidad de conmemorar la pérdida. Relató una conversación de WhatsApp del 4 de febrero de 2020 que mantuvo con el difunto creador Tony Hall [30], quien lo calificó como un momento de «energía sagrada» y «quietud», un tiempo de Strasser».

Al referirse a Wilfred Strasser [31], que a finales de la década de 1940 representaba mascaradas que eran casi como naturalezas muertas en su contención y arte, Hall señalaba que el carnaval «no siempre es un espectáculo». Junto con la opinión de Hall sobre la pandemia, que es que «existe la posibilidad de que haya un asentamiento en la esencia del universo», es un pensamiento radical.

 

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«El tiempo del carnaval», continuó Manwarren, «es el tiempo más antiguo que tenemos, una manifestación contemporánea de energía e imaginación que está influenciada por la tradición, al tempo que se reinventa constantemente». Incluso sugirió que la pandemia puede ser una oportunidad [33], quizá desaprovechada por las autoridades [34] encargadas de facilitarla, para examinar que es realmente el carnaval.

«Estamos a cargo de esto», dice. «La gente tiene que volver a conectarse con eso. El carnaval somos nosotros, es nuestro. El carnaval [no] tiene sentido, no se le puede aplicar la lógica, es una vibración, es una expresión. ¿Cómo puedes gestionar algo cuando ni siquiera entiendes lo que es?».

Un aspecto clave del proceso de convertirse en coronas en la representación del carnaval de Vulgar Fraction es que, una vez terminado, los disfrazados deben quitarse los trajes y dejarlos en algún lugar, como si se trata de depositar una corona en una tumba. Esto remite a la antigua tradición carnavalesca de abrir la mascarada, que se hace primero en la madrugada del viernes de carnaval con la representación del Canboulay, luego con el ritual elemental del J'Ouvert [35] del amanecer del lunes de carnaval, y se cierra la noche del martes de carnaval con la Última Vuelta [36], reconocimiento de que la sagrada costumbre anual ha llegado a su fin.

 

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Se lanza la banda de carnaval Vulger Fraction 2022, presentación Mas Mourning-Becoming Wreaths en 24 Erthig Road, Belmont, el jueves 17 de febrero, a las 6.30pm, con un panel de discusión.
Panelistas: doctora Marsha Pearce @drmarshapearce, Wendell Manwarren, Addelon Braveboy y Celeste Walters, moderados por Ardene Sirjoo.

La transmisión en directo de la mesa redonda será proyectada por North Eleven en la pared exterior del Espacio Propaganda.
«Queremos que la gente pueda ver la proyección y participar en el debate desde la acera o en su auto. Los protocolos de COVID significan que no podemos tener nuestra reunión habitual, pero la gente puede participar de una manera diferente», dijo el diseñador de Vulgar Fraction, Robert Young.

Explora «el recuerdo, la conmemoración, la celebración […] de personas que son nuevos antepasados y antiguos antepasados». Señaló los numerosos iconos culturales nacionales que han muerto por COVID-19 y otras causas en el pasado reciente. «A causa del COVID no hemos podido despedirnos de forma real. Conozco a una mujer cuya madre y hermana murieron. En la comunidad de Orisha han muerto varias personas. En mi pueblo ha muerto gente. No he podido ir a los velatorios».
Imagen de Jason C. Audai.

La musicóloga Patrice Cox-Neaves dijo a Global Voices en entrevista telefónica: «Son estos rituales, su inauguración y clausura, los que conectan la espiritualidad y el Carnaval», o como dijo el panelista Addelon Braveboy: «Todo tiene un espíritu, oculto en la mascarada de nuestro cuerpo».

Son estos conceptos de celebración y luto, vida y muerte, los que Young intenta hacer comprender a la gente que no son extremos opuestos de un espectro intangible, sino más bien hilos de un mismo tejido, que se entrelazan entre sí y aportan un significado más profundo y transformador a la experiencia del Carnaval cada vez que decidimos ponernos un disfraz y «jugar a Carnaval».