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En Azerbaiyán, activistas contra violencia machista están convirtiéndose en objetivos

Categorías: Asia Central y Cáucaso, Azerbaiyán, Derecho, Derechos humanos, Educación, Gobernabilidad, Libertad de expresión, Medios ciudadanos, Mujer y género, Política, Protesta

Foto de M.T ElGassier en Unsplash [1].

«Mi vecino me llamó y me dijo que un hombre me buscaba en mi dirección oficial. Era el marido de una mujer a quien ayudé a escapar de años de abusos y violencia machista», explicó la psicóloga y activista por los derechos de la mujer Narmin Shahmarzade en una entrevista con Global Voices. Otras defensoras de los derechos de la mujer temen que estos incidentes, en los que una tercera persona revela información personal de quienes ayudan a víctimas de maltrato y violencia machista, puedan convertirse en una práctica común.

En 2021, Amnistía Internacional publicó [2] un informe sobre el acoso y las represalias que las activistas azerbaiyanas de los derechos de la mujer vienen sufriendo desde hace unos años. Campañas difamatorias, chantaje, ataques informáticos a sus cuentas en redes sociales y filtraciones de datos personales son algunos de los métodos utilizados para desacreditar a estas activistas, según [2] este informe. Natalia Nozadze, investigadora de Amnistía Internacional en el sur del Cáucaso dice que «El patrón y los métodos de estas represalias de género y el hecho de que su objetivo sean mujeres que exponen violaciones de los derechos humanos o han sido críticas con las autoridades, son un fuerte indicio de que las autoridades azerbaiyanas son directamente responsables o cómplices de estos delitos. Es el represivo  Gobierno de Azerbaiyán el que se beneficia de estos sucios métodos».

Shahmarzade es solo una de las mujeres que se mencionan en el informe.

En marzo de 2021, poco después de que Shahmarzade ayudara a organizar una manifestación por el Día Internacional de la Mujer, hackearon [3] su perfil de Facebook y cambiaron el nombre de su cuenta. Los hackers publicaron fotografías de Shahmarzade desnuda, incluso fotos y audios editados para simular que eran suyos.

Después de que su cuenta personal de Facebook fuera pirateada, apareció un canal de Telegram en el que se difundían fotos íntimas de Shahmarzade. En una entrevista de esa época con VOA Azerbaiyán, Shahmarzade dijo [4] que «cuando mi cuenta fue hackeada, borraron videos y otras entradas con críticas al gobierno actual. Después, piratearon mis mensajes personales en Messenger. Algunos se difundieron después de editarlos y sacarlos de contexto. Se reveló mi número de teléfono personal, y como resultado, recibí numerosas llamadas y mensajes de naturaleza amenazadora».

La divulgación de su dirección privada a un maltratador es el último golpe en los ataques en su contra.

Gulnara Mehdiyeva, otra destacada activista, afirma [5] que este incidente significa que la próxima vez que Shahmarzade ayude a una víctima de maltrato a escapar de su pareja violenta, ella misma puede convertirse en víctima. Mehdiyeva también ha sido señalada [6] en internet.

Shahmarzade sospecha que fue la Policía de Ganja, la tercera ciudad de Azerbaiyán, quien compartió la dirección de la activista con el esposo maltratador. La víctima de violencia machista vivía allí, y esa es la dirección oficial de Shahmarzade, que explica: «Después de saber que el perpetrador había ido a mi casa [en la que Shahmarzade no vive ahora], denunció a la Policía de Baku y Ganja».

Pero la Policía aseguró a la activista que ellos no habían sido quienes habían revelado su dirección. «Me dijeron que un conocido mío que estaba familiarizado con el caso y me ayudaba a buscar una ubicación segura para la víctima era quien había divulgado mi información personal, pero eso no puede ser cierto, porque esa persona ni siquiera conoce mi dirección», contó Shahmarzade.

La activista vive actualmente con un abogado hasta que encuentren al policía que reveló su dirección. Pero la situación es complicada y no hay un mecanismo ni institución fiables a quien recurrir.

Mehdiyeva advirtió [7] que si a Shahmarzade o a cualquier otra activista les ocurriera algo, el único responsable sería el gobierno actual. «Estoy muy preocupada porque no solo el hombre que torturó a su esposa y acuchilló a alguien sigue libre, sino que además ha conseguido la dirección de Narmin de la Policía y se ha presentado en su casa», escribió [7] Mehdiyeva en Facebook.

Víctimas de abusos superan los recursos

La mujer que Shahmarzade ayudó a escapar de un marido maltratador tiene 28 años y dos hijos de 5 y 11 años. Cuando Shahmarzade conoció su caso, buscó inmediatamente asesoramiento legal y contactó con los tres refugios que existen en el país. No había sitio disponible.

Estos refugios pueden atender un máximo de 60 víctimas de maltrato. Hay otro refugio para niños, explicó Shahmarzade a Global Voices. A menudo los activistas buscan casas seguras alternativas donde pueden ayudar a las víctimas a encontrar alojamiento mientras se realizan los exámenes médicos necesarios y el papeleo con la Policía, que es el procedimiento habitual.

Los activistas de derechos de la mujer señalan una ley de hace 12 años contra la violencia doméstica que raramente se aplica. Los activista del Comité para Asuntos de Familia, Mujeres y Niños dicen [8] que los funcionarios «no hacen su trabajo».

Los activistas de género afirman que a menudo, cuando las mujeres piden ayuda a las fuerzas del orden, la primera respuesta de la Policía suele ser aconsejar una reconciliación, lo que puede poner aún más en peligro a las sobrevivientes. «Cuando las víctimas de maltrato en Azerbaiyán recurren a la Policía, intentan reconciliarlas con el perpetrador o disuadirlas de que presenten una demanda. Como resultado, la mujer muere», dijo [9] a OC Media la activista Aytaj Aghazade.

En los últimos años, los activistas han pedido que Azerbaiyán firme la Convención de Estambul [10], acuerdo de países europeos que pretende prevenir la violencia contra la mujer y acabar con la impunidad de los perpetradores. Pero la Convención de Estambul es un tema de debate muy candente en Azerbaiyán, sobre todo porque se refiere a los derechos de las parejas del mismo sexo. Los conservadores del país sostienen [10] que un acuerdo de este tipo «destruirá» las tradiciones azerbaiyanas.

Según [11] Lala Mahmudova, experta en estudios sobre la mujer:

Domestic violence is the most widespread gender problem in Azerbaijan. In most households, domestic violence reveals itself in a certain forms: as physical and sexual violence, or psychological oppression and some form of coerced isolation.

El maltrato en la pareja es el problema de género más extendido en Azerbaiyán. En muchos hogares, el maltrato se revela en diferentes formas: como violencia física o sexual, opresión psicológica y alguna forma de aislamiento forzado.

Mahmudova razona que como el Estado trata el maltrato como un problema social, en lugar de un asunto de importancia estatal, perpetúa el problema. Pero para encontrar soluciones, la sociedad debe trabajar conjuntamente con el Estado. Y continúa:

If individuals who inform the police about physical violence in their neighbor’s house are condemned by society, or if the abuser is ignored on the grounds that “it is his private family business” instead of being told that he is guilty of committing violence, and if the state does not improve sensitivity and professional training or implement other social structure reforms in the police, then we, as a community and state, play a direct role in the increasing number of domestic violence cases.

Si las personas que denuncian a la Policía sobre violencia física en casa de sus vecinos se ven condenados por la sociedad, o si se ignora al maltratador porque «es un asunto privado de la familia», en lugar de decirle que es culpable de perpetrar violencia, y si el Estado no mejora la sensibilidad y la formación profesional, ni implementa otras reformas socioestructurales en la Policía, entonces, nosotros como comunidad y Estado, desempeñamos un papel directo en el número creciente de casos de maltrato.

Activistas de los derechos de la mujer como Shahmarzade, Mehdiyeva y muchos otros están en la vanguardia de un pequeño pero significativo movimiento en Azerbaiyán, luchando por cambiar la percepción de los derechos femeninos. Aunque su objetivo es conseguir que el Gobierno haga más por proteger a las mujeres, al final son ellas las que sufren violencia [12] a manos de la Policía.