“Roosyan Klassiks”: Entrevista con escritor eslovaco Daniel Majling sobre autores de culto rusos y la actual cultura de la cancelación

Portada de la colección de cuentos de Daniel Majling titulada «Ruzká klazika». Foto de Filip Noubel, usada con autorización.

Desde el comienzo de la segunda invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, se han hecho llamados para prohibir la cultura rusa en varios países europeos. La cuestión es especialmente delicada en Europa Central y Oriental, dada la proximidad de Ucrania y de Rusia, y la prolongada presencia de la cultura rusa desde que Moscú impuso su control sobre la región hasta finales de la década de 1980.

Global Voices entrevistó al escritor, dramaturgo y autor de historietas eslovaco Daniel Majling para pedirle su opinión sobre el asunto, ya que su país ha acogido a grandes grupos de ucranianos, y también es un lugar donde viven desde hace tiempo rusos adinerados. Majling también es conocido en Eslovaquia y en la República Checa por su inusual libro de 2017 titulado «Ruzká klazika», que puede traducirse como «Roosyan Klassiks», colección de relatos cortos, disfrazados como una traducción, en los que inventa episodios ficticios humorísticos y a veces grotescos basados en la vida de algunos de los clásicos rusos más famosos. Lo hace cambiando ligeramente sus nombres, y asó por ejemplo convierte a Turguénev en Toorgenef, o a Tolstoi en Tolsztoi, con gran humor e ironía. El libro fue elegido Libro del Año y preseleccionado para el premio literario más prestigioso de Eslovaquia, el Anasoft Litera. La primera parte del libro está disponible en inglés gracias a una traducción de Julia y Peter Sherwood.

La entrevista se realizó en checo y eslovaco por correo electrónico y se editó para mejorar el estilo y la brevedad.

Cuando se le pregunta por los llamados a cancelar la cultura rusa, Majling da una respuesta matizada:

Pýtali sa ma na to v posledných týždňoch viacerí – čo s ruskou kultúrou teraz? Nemôžeme sa tváriť, že sa nič nestalo. Pravdu povediac, ani ja nemám ktovieakú chuť čítať Čechova a viem si predstaviť, že to, čo je u mňa len nechuť, môže byť u človeka z rozbombardovanej dediny doslova fyzický odpor. Nestalo sa to prvýkrát v histórii. Časť otázky bojkotu ruskej kultúry je jasná – je tu „kultúra“, či skôr propaganda, ktorú bolo treba bojkotovať už dávno. Ani nejaká spolupráca so štátnymi kultúrnymi inštitúciami teraz asi nemá zmysel. Na druhej strane je jasné, že bojkotovaním Sorokinových knižiek alebo Zvjagincevových filmov to Putinovi práve „nenandáme“.

Potom sú tu už menej jednoznačné veci, ktoré by bolo treba prediskutovať knižku po knižke. Napríklad Solženicyn – ten bol po návrate do Ruska všetko možné, len nie človek, s ktorým by som sa vedel hodnotovo stotožniť, a predsa si myslím, že Súostrovie Gulag by sme vo vlastnom záujme bojkotovať nemali.

En las últimas semanas me han hecho esta pregunta con frecuencia: ¿Qué hacer ahora con la cultura rusa? No podemos fingir que no ha pasado nada. Para ser sincero, no tengo ningún deseo de leer a Chéjov y puedo imaginar que mi falta de deseo puede ser, para alguien de un pueblo bombardeado, literalmente la sensación de repulsión física. No es la primera vez que esto ocurre en la historia. Una parte de esta cuestión del boicot a la cultura rusa está clara: se trata de una «cultura», o más bien de un tipo de propaganda, que debió boicotearse hace mucho tiempo. Ahora no tiene ningún sentido colaborar con las instituciones culturales estatales. Por otra parte, está claro que boicotear los libros de [Vladimir] Sorokin o las películas de ]Andréi] Zvyagintsev no es la forma de «vencer» a Putin.

También hay situaciones menos blancas y negras que requieren una discusión caso por caso. Por ejemplo, [Aleksandr] Solzhenitsyn: tras su regreso a Rusia, era una persona con la que no me podía identificar en términos de valores y, sin embargo, no creo que boicotear su «Archipiélago Gulag» nos favorezca.

A continuación, Majling ofrece un análisis comparativo del discurso en torno a la cultura rusa y desentraña el concepto de supuesta toxicidad de las naciones:

Tá otázka bojkotu má ešte ďalšiu rovinu. Mám kamarátov, ktorí sa o Dostojevskom alebo Tolstom vyjadrujú ako o principiálne toxických autoroch, v ktorých je hlboko zakorenený „ruský“ postoj k životu – neúcta k slobode jednotlivca, nekritická podriadenosť voči autoritám, podozrievavosť voči racionalite, fatalizmus, fascinácia iracionálnom atď.

Ak by sme otvorili otázku bojkotu ruskej klasiky pre jej „principiálnu toxickosť“, jedným dychom by sme museli začať debatu o toxickosti a bojkote Célina, Danta, Hauptmanna, Shawa, Sartra, Marxa, Nietzscheho, Heideggera, Platóna – ten zoznam autorov je veľmi dlhý. Nemyslím si, že Dostojevskij je toxickejší ako Nietzsche.

Postoj, že v samotnej kultúrnej DNA Rusov je niečo toxické, má podľa mňa nebezpečne blízko k etnocentrizmu. Latentne to v sebe obsahuje predpoklad, že niektoré civilizácie v sebe majú predispozície pre demokraciu a iné nie. Aj ja som čítal Huntingtona, ale v čase, keď bol v Španielsku Franco, v Taliansku Mussolini, v Nemecku Hitler, na Slovensku Tiso, v Maďarsku Horthy, v Chorvátsku Pavelič atď., mohol niekto rovnako „legitímne“ písať o európskej neschopnosti žiť v demokracii a o toxickosti našej kultúry, ktorá bola dobrá len na to, aby zavliekla svet do dvoch svetových vojen a predtým ešte vykonala na iných kontinentoch niekoľko príšerných genocíd. A napriek tomu sme sa k nejakej vratkej a neustále ohrozovanej demokracii dopracovali. Treba si však uvedomiť, že dni tejto demokracie sú spočítané, ak ju dopredu takýmto mudrovaním obmedzíme len na pár krajín. Ak sa k nej nemajú šancu dopracovať Rusi, ktorí k nám majú spolu s Juhoameričanmi kultúrne, nábožensky aj historicky najbližšie, ak sa k nej nemajú šancu dopracovať Rusi, ktorých posledný cár bol bratrancom nemeckého cisára i anglického kráľa, čo potom Číňania s ich kolektivizmom? Čo Arabi a Peržania s ich sklonmi k teokracii? Čo africké národy? Ak nemá demokracia budúcnosť v Rusku, jej dni sú z demografických, ekonomických a ďalších príčin spočítané aj na Západe.

Esta cuestión del boicot tiene otro estrato. Tengo amigos que hablan de Dostoievski o Tolstoi como escritores tóxicos que tienen en su interior una actitud «rusa» hacia la vida definida como la falta de respeto por la libertad individual, el sometimiento a la autoridad sin cuestionarla nunca, la sospecha de todo lo racional, la fascinación por lo irracional, etc. Si abrimos el boicot a los clásicos rusos por su «toxicidad», entonces tenemos que iniciar también el debate sobre la toxicidad y el boicot a Céline, Dante, Hauptmann, [George Bernard] Shaw, [Jean Paul] Sartre, [Karl] Marx, [Friedrich] Nietzsche, [Martin] Heidegger, Platón… la lista de autores es larga. No creo que Dostoievski sea más tóxico que Nietzsche.

Para mí, la posición que sostiene que hay algo tóxico en el propio ADN cultural de los rusos se acerca peligrosamente al etnocentrismo. Esto implica de forma latente que ciertas civilizaciones llevan consigo predisposiciones para la democracia, mientras que otras no. Pero, cuando Franco dirigía España, y Mussolini, Italia; Hitler, Alemania; [Jozef] Tiso, Eslovaquia; [Miklós] Horthy, Hungría; y [Ante] Pavelić, Croacia, alguien podría haber escrito «legítimamente» sobre la incapacidad europea para vivir democráticamente, así como sobre la «toxicidad» de nuestra cultura que solo sirvió para arrastrar al mundo a dos guerras mundiales y, antes de eso, para cometer varios genocidios horribles en otros continentes. A pesar de todo, nos abrimos camino hacia una democracia tambaleante y constantemente amenazada. Sin embargo, debemos recordar que los días de la democracia están contados si la limitamos de antemano a unos pocos países con tanta pontificación. Si los rusos, que son cultural, religiosa e históricamente los más cercanos a nosotros, junto con los sudamericanos, no tienen la posibilidad de trabajar por la democracia, si los rusos, cuyo último zar era primo del emperador alemán y del rey de Inglaterra, no tienen la posibilidad de trabajar por ella, ¿qué pasa con los chinos con su colectivismo? ¿Y los árabes y los persas, con su tendencia a la teocracia? ¿Y los países africanos? Si la democracia no tiene futuro en Rusia, también tiene los días contados en Occidente por razones demográficas, económicas y de otro tipo.

En cuanto a su interés específico por la literatura rusa, Majling explica que viene en parte de un periodo entre 2009 y 2013 en el que se le encargó convertir algunos clásicos rusos en obras de teatro , incluyendo «Anna Karenina» de Tolstoi, «Crimen y castigo» y «Los hermanos Karamazov» de Dostoievski, así como «Almas muertas» de Gogol. Como él mismo recuerda:

Po štyroch rokoch intenzívnej práce s týmito textami som bol tým spôsobom písania a myslenia jednoducho nasiaknutý. V divadlách strednej a východnej Európy má určite bohatšiu inscenačnú tradíciu Čechov než Ibsen, Dostojevskij než Balzac, a teda tu existuje aj väčšie všeobecné povedomie o príbehoch, témach, či konfliktoch, ktoré táto literatúra prináša.

Tras cuatro años de trabajo intensivo con esos textos, me sumergí en este tipo de escritura y pensamiento. En los teatros de Europa Central y del Este, las obras de Chéjov o Dostoyevski son tradicionalmente preferidas a las de Ibsen o Balzac, y por eso hay una mayor conciencia de las historias, los temas o los conflictos que plantea esta literatura.

Ciertamente, los centroeuropeos tienen una visión específica sobre su relación con Rusia y con Europa Occidental. Al final de su libro, Majling escribe al comparar Francia y Eslovaquia que «v rodovej občine totiž nemôžu vznikať romány» – «En una comunidad basada en la familia [como Eslovaquia] no puede surgir la novela». Así es como explica esta cita:

Tá veta z konca knihy naráža na naozaj špecifickú situáciu malých národov. Na Slovensku každý náhodný spolucestujúci vo vlaku sa tu po krátkom rozhovore stáva bývalým milencom vašej terajšej spolužiačky alebo terajším zaťom vašej bývalej učiteľky. Tieto osobné vzťahy tu v dobrom aj v zlom skresľujú všetko – kultúru, politiku, ekonomiku. Nie sme súčasťou takého celku, od ktorého by sme aspoň sčasti mohli mať odstup.
Čo sa slovenskej literatúry týka, bolo a stále tu je pár originálnych samorastov, ale tí v podstate nikoho nezaujímajú ani na Slovensku. Je tu však aj dosť početná skupina tých, ktorí sa tvária, že ich nová kniha nemá nič spoločné s titulom, ktorý vyšiel pred 25 rokmi kdesi v zahraničí. Ale to je pochopiteľné. Po prvé, je tu pomerne malá možnosť odhalenia, a po druhé, je to súčasťou našej literárnej tradície. Naša národná veselohra Dobrodružstvo pri obžinkoch je v skutočnosti poľská hra Okrężne.

Esta frase al final de los libros se refiere a la situación muy específica de las naciones pequeñas. En Eslovaquia, cualquier viajero al azar en un tren se convertirá, tras breve conversación, en el examante de tu amigo del colegio o en el cuñado de tu exprofesor del colegio. Esos lazos personales lo condicionan todo, para bien y para mal: la cultura, la política, los negocios. No formamos parte de un mundo del que podemos alejarnos, al menos parcialmente. En cuanto a la literatura eslovaca, hubo y sigue habiendo unos cuantos inconformistas originales, pero básicamente nadie les presta atención, ni siquiera dentro de Eslovaquia. Sin embargo, hay un grupo bastante numeroso que pretende que su nuevo libro no tenga nada que ver con otro publicado hace 25 años en el extranjero. Pero eso es comprensible. En primer lugar, es bastante improbable que los descubran. En segundo lugar, esto forma parte de nuestra tradición literaria: Nuestra obra nacional «Dobrodružstvo pri obžinkoch» [Una comedia clásica llamada «Aventura en Acción de Gracias«] es en realidad la obra polaca «Okrężne«.

Según Majling, lo que más importa al final para la literatura es que provoque, como dice:

Veľa autorov sa snaží písať angažovane a použiť literatúru ako zbraň v boji za dobro, čo zväčša so sebou obnáša aj ideologické šablóny, ako písať, resp. nepísať o svete. Ibaže podľa mňa je primárnou úlohou literatúry byť „toxickou“, nehoráznou, pohoršujúcou a nezmyselnou. Literatúra je sviatkom bláznov, priestorom na to, aby sme všetko to, čomu úprimne veríme, obrátili na hlavu, spochybnili to, domysleli do tých najabsurdnejších extrémov. Počas sviatkov bláznov bolo umožnené parodovať a zosmiešňovať svetské aj duchovné piliere, na ktorých spoločnosť stála, súdobú morálku aj dobré mravy samotného autora. Ak je to v súčasnosti v literatúre problém, potom sme na tom so slobodou oveľa horšie ako v stredoveku.

Muchos autores tratan de ser escritores comprometidos y usan la literatura como un arma en la lucha por el bien, lo que conlleva modelos ideológicos prefabricados sobre cómo escribir, o cómo no escribir sobre el mundo. Excepto que para mí, la función principal de la literatura es ser «tóxica», escandalosa, ofensiva y sin sentido. La literatura es la fiesta de los tontos, el espacio donde debemos poner de cabeza todo lo que creemos, donde debemos cuestionar y llevar todo a su conclusión más absurda. La fiesta de los locos permite parodiar y burlarse de los pilares seculares y religiosos sobre los que se asienta la sociedad. Si esto se convierte en un problema en la literatura contemporánea, entonces estamos mucho peor con la libertad que en la Edad Media.


Image courtesy of Giovana Fleck.

Para más información sobre este tema, ver nuestra cobertura especial Rusia invade Ucrania.

 

 

 

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