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Exploramos el Museo de Arte Yemisi Shyllon de Nigeria

Categorías: África Subsahariana, Nigeria, Arte y cultura, Medios ciudadanos, Mujer y género, The Bridge

Madres Fundadoras del arte contemporáneo nigeriano. De izquierda a derecha, arriba: Susanne Wenger, Princesa Elizabeth Olowu, Eunice Okeji, Asabi Bakare; abajo: Clara Etso Ugbodaga-Ngu, Chief Constance Afiong ‘Afi’ Ekong, Ladi Kwali. Imagen de YSMA, usada con autorización.

En una mañana esperanzadora, algunos estudiantes de Comunicación de Masas visitaron el Museo de Arte Yemisi Shyllon [1] (YSMA), en la Universidad Panatlántica de Lagos [2], Nigeria, para descubrir los secretos del arte que exhibe y las reacciones de la gente que está delante. Nuestra visita al YSMA –primer museo universitario de Nigeria– tenía como objetivo principal observar su impresionante colección de arte africano, como parte de nuestro curso de redacción de artículos. Sin embargo, acabamos cautivados por una asombrosa colección de arte contemporáneo creada por mujeres artistas nigerianas.

¿Qué te viene a la mente cuando escuchas la palabra «museo»? En 2014, HuffPost publicó un artículo [3] en el que se describía detalladamente cómo se supone que se debe actuar y sentir en un recorrido típico por un museo. En resumen, el artículo afirmaba que los visitantes son: heroicamente inteligentes, llenos de conocimientos innatos, extrañamente pacíficos e intrigados por alguna obra de arte que los transporta a algún siglo lejano, mientras que los encargados están alerta pero relajados, sabiendo exactamente qué decir para absorber a los visitantes.

En el YSMA conocimos un amplio espectro de personas que incluía a amantes del arte, a otros que, como nosotros, estaban allí en un ejercicio académico, a los estudiantes de algunos institutos de Lagos en una visita educativa, y a otros que solo venían a hacer turismo.

Museo de Arte Yemisi Shyllon, Universidad Panatlántica, Lagos, Nigeria. Imagen de YSMA, utilizada con permiso

El Museo de Arte Yemisi Shyllon se fundó en 2019 y lleva el nombre del príncipe Yemisi Shyllon [4], coleccionista de arte nigeriano. Shyllon financió la construcción del edificio y donó más de mil obras de arte de su vasta colección. El YSMA ofrece [5] una «experiencia de aprendizaje transformadora» a los estudiantes y al público en general, afirma el director del museo, Jess Castellote, en el sitio web del YSMA. Esto se consigue atrayendo [6] a «diversos públicos» para que aprecien mejor la riqueza de «conocimientos sobre el arte nigeriano» a través de exposiciones de arte, programas educativos y visitas al museo. El YSMA ganó [7] el premio a la inauguración de museos del año 2020, otorgado por la revista Apollo.

El galardonado con el Premio Apolo a la Inauguración de Museos de 2020 es el Museo de Arte Yemisi Shyllon. Mira un video del príncipe Shyllon y el director del museo, Jess Castellote, aceptando el premio.

Exhibición Manos invencibles

«Consuelo’ de Olawunmi Banjo. Captura de pantalla del catálogo de Manos invencibles [12].

Las piezas de la exposición «Manos invencibles» pretenden destacar la contribución de las mujeres al arte en Nigeria. Esta colección es rica desde el punto de vista cultural y estilístico, y refuerza la belleza y la importancia del arte en Nigeria.

La eliminación de las mujeres artistas nigerianas es un «hecho histórico», afirman [12] Ebubechi Nwokoma y Chinyere Nzenwata, críticas de arte nigerianas y colaboradoras de YSMA, al escribir en el catálogo de Manos invencibles. El resultado es que «las mujeres han recibido poco o ningún reconocimiento», ni se les ha concedido «el lugar que les corresponde ante el público». En consecuencia, esta exposición «pretende hacer resonar la presencia y el punto de vista femeninos en el sistema del arte desde su origen y destacar su importante crecimiento a través de las contribuciones de las artistas de hoy», escriben [12] Nwokoma y Nzenwata.

Hay silencio cuando nos acercamos a la primera obra de la colección.

«Enciende la lámpara» de Ngozi-Omeje Ezema. Captura de pantalla del catálogo de Manos invencibles [12].

A primera vista, «Enciende la lámpara», de Ngozi-Omeje Ezema [13], parece un grupo de conchas de arcilla con forma de hoja que cuelgan de finos hilos de pesca. Sin embargo, al retroceder un paso, el espectador descubre que todas las conchas perfilan una enorme lámpara de queroseno, de las que se usaban en todo el país antes de que se generalizara la electricidad. Ezema investiga y enseña cerámica en la Universidad de Nigeria, en Nsukka, al sureste de Nigeria. Sus obras de arcilla reflejan [12] una «paradoja de esperanza y desesperación», a la vez que representan «cómo se saca fuerza del dolor y la cita».

«Civlo de vida» de Nike Davis. Captura de pantalla del catálogo de Manos invencibles [12].

La obra de arte textil «Ciclo de la vida» es una obra de piso a techo de Nike Okundaye-Davies [14], conocida popularmente como «Mamá Nike». Es una pieza elaborada con el material adire [15] característico del pueblo yoruba. Hay varios motivos tejidos en un material azul claro sobre un fondo azul intenso. La obra también contiene motivos que simbolizan el oficio de la artista (como las tijeras), y su cultura. La diseñadora textil [16] nigeriana de batik y adire se formó con su abuela, que le enseñó a tejer telas tradicionales, a pintar, a bordar y a trabajar el cuero. Es la propietaria de la Nike Art Gallery de Lekki (Lagos), una de las mayores galerías privadas de África.

Mientras estoy valorando «Consuelo» de Olawumi Banjo [17], oigo el chasquido de unos tacones en el suelo del museo. Giro y veo a Madonna, trabajadora del museo. Sus trenzas verdes y azules brillan bajo la luz. Me explica que la obra es un cuadro hiperrealista. El término «hiperrealismo» se refiere a las obras de arte creadas para parecer fotografiadas, no pintadas. Esta obra es el cuadro de un niño que consuela a su madre, que está sentada y vestida con un traje tradicional de Ankara y gele (corbata). El artista usó un fondo negro en esta obra, atrayendo a los sujetos al primer plano. Banjo, exalumno de la Universidad Panatlántica, es artista visual hiperrealista especializado [18] en paisajes surrealistas. El arte de Banjo explora «las realidades ocultas a que enfrentamos individual y colectivamente en todo el mundo».

‘Novia de nueve años’ de Peju Alatise. Captura de pantalla del catálogo de Manos invencibles.

Al acercarme a «Novia de nueve años», de Peju Alatise [19], oigo voces de la entrada. Parece que el museo recibe más visitantes. La obra es una escultura que critica la práctica del matrimonio infantil en Nigeria. Consta de varias figuras vestidas con un material similar al de «Ankara», que incluye a una niña de frente y un par de hombres y mujeres (algunos sin cabeza) ligeramente alejados. Alatise es una artista multidisciplinaria y arquitecta de Lagos (Nigeria). Su arte es «implacablemente experimental y laborioso [12]» y abarca «una gran variedad de medios, técnicas y materiales, que incluyen, entre otros, pinturas, películas, instalaciones y esculturas».

Reflexiones silenciosas

Arte mostrado en el Museo Yemisi Shyllon. Imagen de YSMA, usada con auitorización.

Los que acudieron a la visita no hicieron más que imitar la respuesta del personal de recorrido del museo. Las duras críticas a las obras se redujeron a cumplidos infantiles que iban desde «esto es muy bonito» hasta «no entiendo nada de eso», acompañados de intensas sesiones de fotografía de los cuadros y de sus propias caras sonrientes. Las tranquilas reflexiones sobre el arte se convirtieron en acaloradas sesiones de debate sobre las opiniones subjetivas acerca de qué fue lo que hizo mejor cada artista. La obra «Eso es lo que dijeron» (2015) de Taoye Idahor [20] fue objeto de una de estas discusiones, en la que los estudiantes iban y venían sobre si había razón para dejar una gran cantidad de espacio en blanco en su obra.

Y todo cuando los alumnos estaban atentos. A los pocos minutos de la visita, muchos de los presentes, tras haber adquirido conocimientos, decidieron que lo mejor era no reflexionar sobre lo que habían presenciado, sino dejar de lado todo lo relacionado con el museo y echarse a reír sobre nada en particular.