En Carandiru, la mayor masacre carcelaria de Brasil, hubo 111 muertos y está marcada por la impunidad

Massacre no Centro de Detenção de São Paulo, na época o maior da América Latina, completa 30 anos Imagem: Tuane Fernandes/Uso autorizado sob licença CC BY 2.0

Reunión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en 2018, con familiares de víctimas de la masacre de Carandiru | Imagen: Tuane Fernandes (CC BY 2.0).

El 2 de octubre de 1992, una pelea entre presos durante un partido de futbol cerca del noveno pabellón del Complejo Penitenciario de Carandiru, en São Paulo capital, se convirtió en una rebelión.

Horas después, la Policía Militar se puso en marcha para intentar controlar la situación y entró en el local con perros, armas pesadas y munición letal. El resultado fueron 111 muertos, y la mayor carnicería registrada en una prisión brasileña.

Carandiru era entonces el mayor presidio de América Latina con capacidad oficial para cerca de 3250 detenidos, pero cerca de 7000 vivían en sus pabellones. Entre las víctimas fatales, 89 eran presos provisionales (estaban a la espera de juicio).

Cuatro anos después, la Constitución Federal de 1988, redactada tras veinte años de dictadura militar, el caso Carandiru se convirtió en un límite. Treinta años después, los familiares aún buscan justicia y no hay ningún responsable preso.

Un informe de la Fundación Getúlio Vargas (FGV), publicado en el sitio web Ponte Jornalismo, señala que las familias de las víctimas esperan en promedio 22 años  por una indemnización.

La masacre de Carandiru cumple 30 anos.

El 2 de octubre de 1992, a través de las rejas de una celda de Carandiru, una persona privada de libertad tiene la Declaración Universal de Derechos Humanos, y pide que la fuerza policial no invada el presidio.
Esfuerzo en vano.
111 muertos.

La matanza

Pocas horas después de iniciado el motín entre presos aquel 2 de octubre de 1992, 341 policías entraron el el complejo penitenciario y sonaron los primeros disparos. Según reportajes, la acción duró cerca de veinte minutos.

En el podcast «Modus Operandi«, el médico Drauzio Varella, que trabajó diez años en Carandiru, contó:

Você manda invadir um pavilhão às escuras, com colchão pegando fogo no meio da fumaça, por policiais que não conhecem a cadeia por dentro (eram policiais militares, estavam trabalhando na rua, pelotão de choque, outros), dá um cachorro na mão de cada um e dá uma metralhadora na outra mão: você acha que vai acontecer o quê?

Mandas invadir un pabellón a oscuras, con un colchón encendido en medio de la humareda, mandas a policías que no conocen la cárcel por dentro (eran policías militares, estaban trabajando en la calle, pelotón de choque, otros), con un perro en una mano y una ametralladora en la otra mano: ¿qué crees que va a suceder?

Sobrevivientes de la masacre relataron haber sufrido torturas, como mordidas de los perros de la tropa, agresiones por porras y culatas y que, desnudos, fueron obligados a cargar y amontonar los cuerpos de los ejecutados.

El exdetenido Sidney Sales, reo primario y sobreviviente, contó al diario El País:

Da forma como fomos surpreendidos pela tropa, qualquer um entrava em pânico […] Foi uma carnificina aquele dia, eu comparo o que aconteceu com Auschwitz, Camboja e outras tragédias que eu via só em filme ou livro […] Carreguei uns 25 corpos. Descíamos eles dos andares e amontoávamos no pátio.

Por la forma en que fuimos sorprendidos por la tropa, cualquiera entraba en pánico. […] Fue una carnicería ese día, yo comparo lo que pasó con Auschwitz, Camboya y otras tragedias que solo vi en películas o libros. […] Cargué unos 25 cuerpos. Los bajábamos de los pisos y los amontonábamos en el patio.

Sidney Sales, ex-detento e sobrevivente do massacre, segura imagem dos corpos da reunião da CIDH | Imagem: Tuane Fernandes/Uso autorizado sob licença CC BY 2.0

Sidney Sales, exdetenido y sobreviviente de la masacre, muestra una fotografía sensible de cadáveres en reunió de la CIDH | Imagen: Imagen: Tuane Fernandes (CC BY 2.0).

Acción de la Policía Militar

Ningún policía murió en la acción. En 2013, más de 20 años después, en el juicio inicial de 79 agentes denunciados por la masacre, los testigos dijeron que la Policía «puso armas en las celdas» para justificar las muertes.

Según un informe de la Comisión Organizadora de Acompañamiento para los Juicios del Caso de Carandiru, la tropa entró armada con fusiles, ametralladoras y pistolas automáticas, con ayuda de perros entrenados para proteger el ataque.

El perito criminal Osvaldo Negrini Neto, que firmó el peritaje del Instituto de Criminalística (IC), describió la escena al jurado como «infinidad de celdas con balas«, y dijo:

A Polícia Militar disse ao delegado que não havia campo para perícia e que a perícia não devia ser acionada […] Não ter encontrado nenhuma cápsula impossibilitou individualizar as condutas (dos réus) […] A história estava escrita nas paredes.

La Policía Militar dijo al delegado que no había campo para la experiencia y que la experiencia no se debía accionar. […] No haber encontrado ninguna cápsula imposibilitó individualizar las conductas (de los reos). […] La historia estaba escrita en las paredes.

Según Drauzio Varella, no hubo reacción de los detenidos, pues los policías «entraron arremetiendo con todo lo que se movía y no se movía»:

Imagina: você está lá preso, você tem uma faca na mão — faca eles tinham, muitas — e daí aparece na ponta da galeria um pelotão de policiais militares com metralhadora na mão e um cachorro. Você faz o que nessa hora? Você vai pra sua cela, esconde a faca e se esconde dentro da cela. Não tem nenhuma possibilidade de você enfrentar.

Imagínate: estás ahí preso, tienes un cuchillo en una mano —tenían cuchillos, muchos— y aparece en la punta da galería un pelotón de policías militares con ametralladoras en la mano y un perro. ¿Qué haces en ese momento? Vas a tu celda, escondes el cuchillo y te escondes dentro de la celda. No tienes ninguna posibilidad de enfrentarlos.

Los prisioneros habían lanzado por la ventana «tubos, cuchillos y cualquier objeto usado como arma que pudiese comprometerlos», según el sitio web Aventuras na Historia.

Impunidad

En los juicios de policías, las penas variaron entre 48 a más de 630 años. Entre 2013 y 2014, hubo cinco jurados populares, que condenaron a 74 por los homicidios de 77 detenidos.

Em 2001, el coronel Ubiratan Guimarães, identificado como comandante de acción, fue condenado a 632 años de prisión y puede apelar en libertad.

Al año siguiente, famoso por el episodio, el coronel fue elegido diputado estatal en São Paulo con más de 50 000 votos. Fue asesinado en su casa en 2006, en un caso que sigue sin solución.

Em 2012, su abogado, Vicente Cascione, declaró al sitio web G1 que no hubo masacre en el presidio:

Os presos que se renderam e não foram para cima [dos policiais] foram salvos e socorridos. Todo mundo fala no número de mortos. Ninguém fala do número de poupados, quase 2 mil (…) Morrem 100 por opção. É um confronto, meu Deus do céu.

Los prisioneros que se rindieron y no subieron [de los policía] fueron salvados y rescatados. Todo el mundo habla del número de muertos. Nadie habla del número de los que se salvan, casi 2000 (…) cien mueren por elección. Es un enfrentamiento, mi Dios en el cielo.

Con apelaciones de los acusados, el Tribunal de Justicia de São Paulo anuló los cinco juicios de policías militares, pero la decisión fue revertida por el Superior Tribunal de Justicia (STJ). En 2022, el Superior Tribunal Federal (STF) ratificó la decisión del STJ.

El promotor del caso, Márcio Friggi, dijo a G1 en la víspera de los 30 años de la masacre:

Não se discute mais culpa. Eles são culpados, foram condenados. Essa decisão não muda mais. Agora, só se discute no Tribunal de Justiça de São Paulo questões relacionadas à pena […] Fica nítido nos autos, depoimentos de presos e esclarecimentos do perito que fez a cena do crime, indicando que o propósito foi abater.

La culpa ya no se discute. Son culpables, los condenaron. Esta decisión ya no cambia. Ahora, en el Tribunal de Justicia de São Paulo solo se están discutiendo cuestiones relacionadas con la sentencia […]. Está claro por los registros, los testimonios de los presos y las aclaraciones del experto que hizo la escena del crimen, que indican que el propósito era disparar.

En agosto de este 2022, el diputado federal Capitão Augusto, del partido del presidente Jair Bolsonaro (Partido Liberal, PL), presentó un proyecto que daba amnistía a los policías militares procesados o sancionados por la actuación en Carandiru. El proyecto fue aprobado en una comisión de la Cámara de Diputados y debe pasar por otras instancias y el pleno antes de su aprobación.

El diputado dice que las acciones de la Policía Militar sirvieron «para contener la violencia de los rebelados, y así cumplir su misión de mantener el orden público».

El padre Gianfranco Graziola, de la Pastoral Carcerária, grupo ligado a la Iglesia católica, criticó la propuesta en conversación con Global Voices vía WhatsApp:

O Estado é punitivista, não respeita o ser humano e, aprovando o projeto de lei que anistia os policiais, quer dizer que quer cancelar a memória, quer cancelar a história […] Isso é uma expressão da barbárie que nós vivemos e de uma ideologia em que o ser humano é violado em seus direitos fundamentais, na sua essência.

El Estado es punitivo, no respeta al ser humano y, al aprobar el proyecto de ley que amnistía a los policías, significa que quiere cancelar la memoria, cancelar la historia […]. Esto es una expresión de la barbarie en la que vivimos y de una ideología en la que el ser humano es violado en sus derechos fundamentales, en su esencia.

Para el padre, el sistema carcelario no mejoró desde la masacre: Brasil «tiene una situación peor, de mayor precariedad», con un sistema ligado al lucro:

Há uma mercantilização do sofrimento alheio, da dor alheia. E, nisso, aumenta a brutalidade, aumenta o descaso, aumenta também a possibilidade da sociedade fiscalizar/adentrar no sistema penitenciário.

Hay una mercantilización del sufrimiento ajeno, del dolor ajeno. Y, en esto, aumenta la brutalidad, aumenta la negligencia, y también aumenta la posibilidad de que la sociedad supervise/entre en el sistema penitenciario.

Un año después del caso, dentro de las prisiones de São Paulo se creó Primeiro Comando da Capital (PCC), que hoy es el mayor grupo criminal de Brasil y ha actuado en otros países.

Según el reportaje de Folha de São Paulo, en el inicio de Primeiro Comando, los creadores afirmaban que o objetivo de la facción era «combatir la opresión» en los penales y «vengar la muerte de los 111 presos» de Carandiru.

Memoria

Después de la masacre, el nombre Carandiru se volvió parte de la memoria colectiva brasileña, que se cita en música, libros y películas. «Diario de un detenido«, del grupo de rap Racionais MC's, retrata el episodio desde la visión de una víctima.

Drauzio Varella inició su actuación en prevención y conocimiento sobre HIV/AIDS a los reclusos, y relató sus experiencias en dos libros. Su libro «Estação Carandiru» fue adaptado para el cine en 2003, con grabaciones hechas en el propio penal.

El exrecluso Sidney Sales publicó sus memorias en «Paraíso Carandiru: La historia del hombre que, llevado al infierno, encontró la puerta del cielo».

Diez años después de la masacre, se demolieron dos pabellones. En 2018, la Municipalidad de São Paulo demolió otros tres y se dio inicio a la demolición de las estructuras restantes.

Con ocasión de los 30 años de Carandiru, el Frente Estatal por la Desencarcelación de São Paulo, reivindicó en fin de las prisiones en una carta y un manifiesto en video en el que afirma que Brasil vive una «democracia de masacres», y recuerdan otros episodios ocurridos desde entonces.

«Nuestra historia es de resistencia y estamos aquí en memoria de las 111 vidas perdidas en Carandiru», dice el documento.

En números totales, Brasil tiene una de las mayores populaciones carcelarias del mundo. Según datos del Consejo Nacional de Justicia (CNJ), el país pasó de 900 000 presos durante la pandemia de COVID-19.

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