«No me siento seguro»: Alemania suprime solidaridad hacia Palestina

“La solidaridad no debe ser selectiva». Manifestación en Berlín el 4 de noviembre de 2023, organizada por grupos palestinos y judíos. Foto de Streets of Berlin en Flickr.com (CC BY-SA 2.0).

En Berlín, los ciudadanos árabes se están ayudando entre ellos se ofrecen santuarios privados para hacer duelo por las muertes en Gaza. Aunque la hostilidad hacia el sentir a favor de Palestina no sea novedad, las ofensivas recientes en Alemania han tocado un punto sensible. En la última guerra de Israel en Gaza habían muerto al menos 28 663 palestinos y hay heridos 67 984 hasta mediados de febrero.

Desde el 7 de octubre, Alemania ha intensificado los avances contra la identidad y solidaridad palestina, y ha reprimido la expresión pacífica. Se prohibieron o cancelaron protestas, y ahora las autoridades apuntan contra personas que exhiban símbolos palestinos, como la bandera y la kufiya. Además, se han criminalizado frases legítimas de resistencia, como “Liberen a Palestina” y “Del río al mar”.

Global Voices entrevistó en Berlín a seis árabes, que mostraron su preocupación ante las embestidas por disconformidad y la supresión de la identidad palestina en Alemania. Por razones de seguridad, no se divulgarán sus identidades y se usarán seudónimos.

Una sensación abrumadora de fragilidad

Fouad, refugiado iraquí y diseñador gráfico de 30 años que vive en Alemania hace diez años, expresó su decepción con Berlín ante la falta de compromiso con la paz y la libertad, y comentó:

“Si bien estos ataques no son nuevos, por primera vez me siento como un refugiado en Berlín, que antes veía como un santuario. Una vez más, Alemania ha fracasado al respaldar a quienes piden paz y libertad. Me apena que mis impuestos contribuyan a la opresión. Hay una energía negativa por todas partes. Presiento que me están observando, así que estoy en alerta máxima; no me siento seguro”.

Fouad no está solo. Hanan, egipcia de 25 años que se mudó a Alemania cuando era adolescente, se mostró consternada al ver que sus ocho años en el país estuvieron marcados por la insinceridad: “Antes me sentía más segura. No me da miedo enfrentar cometarios racistas o miradas fijas. Sin embargo, me sentía más segura en la compañía de personas genuinas que compartían los mismos valores y principios en la vida. Ahora, todos se siente falso”.

Omniya, egipcio-polaca de 39 años que nació y creció en Alemania, coincide con esas opiniones y presiente un riesgo constante de desplazamiento. También comparte un anhelo de seguridad: “Cuando era niña, deportaron a uno de mis padres. Ahora, los políticos están debatiendo si hay deportaciones masivas. El partido de derecha Alternativa para Alemania está ganando poder en el Parlamento y juntando apoyo, con el fin de transformar el país en un etnoestado blanco. Si logra implementar su orden del día, junto con otros partidos que tienen las mismas inclinaciones, podría haber consecuencias severas. No digo que antes me sentía ‘segura’, pero me sentía ‘más segura’ que ahora. Me siento muy vulnerable”.

Souad, educadora palestina de 36 años que nació en Estados Unidos y vive en Alemania hace diez años, comparte el mismo sentir de confusión en medio de las regulaciones impredecibles que se están tomando en el país.

“Alemania cambia las reglas todos los días, pero no hay una documentación oficial en ninguna parte. Es realmente confuso. Un día, es aceptable decir ‘Liberen a Palestina'; después, está verboten (prohibido). Otro día, está bien discutir el ‘genocidio'; luego, de repente, está verboten. Encontraremos una manera para expresarnos, pero necesitamos claridad para saber los planes que tienen en la lista. ¿Por qué se divierten con juegos mentales cuando están masacrando a nuestra gente?”, señaló.

Rania, trabajadora humanitaria palestino-alemana de 40 años, que nació y creció en Alemania, cuestiona el estado del panorama político en el país:

“No es el miedo lo que me abruma cuando leo titulares irracionales que nos etiquetan como islamistas y abogan por nuestra deportación, sino la furia absoluta. La misma furia que siento cuando el Gobierno por el que voté se abstiene del referéndum de Naciones Unidas que reclama un cese al fuego. Mi verdadera preocupación es saber si todavía existe un partido político en el que puedan confiar los individuos que se identifican como negros, indígenas o personas de color (BIPOC, por su nombre en inglés)”.

Marwa, ingeniera jordana de 35 años, que llegó a Berlín con una beca de investigación de tres meses, se sintió incómoda durante toda la estadía.

Cartel de manifestación pacífica a favor de Palestina en Berlín el 20 de octubre de 2023. Foto de la autora. Usada con autorización.

I felt unsafe in Berlin since I arrived at the airport. I was the only passenger stopped by the police for inspection because of my hijab and Arab Muslim looks.

My insecurity heightened since October 7, coinciding with the increased hate speech against Arabs and Muslims. Now, I feel compelled to justify why I am Muslim, why I am Arab, why I support Palestine.

Desde que llegué al aeropuerto de Berlín, me sentí muy insegura. Yo fui la única pasajera a quien detuvo la Policía para una inspección por mi hiyab y a mis facciones musulmanas.

Mi inseguridad se acentuó el 7 de octubre, al coincidir con el incremento del discurso de odio contra árabes y musulmanes. Ahora, me siento obligada a justificar por qué soy musulmana, por qué soy árabe y por qué apoyo a Palestina.

En Alemania, ecos de islamofobia y racismo antiárabe post 11 de septiembre

A raíz de la respuesta de Alemania al 7 de octubre, los entrevistados establecieron paralelismos con sus experiencias negativas luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre. Sus reflexiones destacan los efectos perdurables de la discriminación, en distintos países y contextos. Observaron un resurgimiento del miedo, el dolor y la islamofobia en sus vidas.

“A los 13 años, vivía en Estados Unidos y soporté uno de los momentos más difíciles luego de los atentados cuando deshumanizaron a mi gente. Escuchar a los blancos celebrar las muertes de civiles árabes y musulmanes dejó cicatrices duraderas. Me llevó años superar ese dolor, pero estos últimos meses en Alemania han reabierto esas heridas”, señaló Souad.

Omniya expresó una incredulidad y angustia similares.

“Mi experiencia actual con la represión me hace revivir los viejos traumas, yo llegué a la mayoría de edad después del 11 de septiembre. En ese entonces, no podía creer cómo George Bush hablaba sobre árabes y musulmanes, ni cómo todo eso llevó a atacar Irak. Ahora, como testigo del genocidio en Gaza, reconozco un paralelismo con el clima posterior a los ataques terroristas y me evoca las mismas sensaciones”.

En contraste, Fouad expresó sus presentimientos respecto al futuro: ”En el momento en que vi las noticias [el 7 de octubre], pensé inmediatamente en las consecuencias y sentí pena por lo que se viene. Contemplé cómo Occidente interpretaría este acontecimiento. Me trajo recuerdos del 11 de septiembre y de la oleada de islamofobia que hubo a continuación”.

Daño profundo por las reacciones de amigos

Los entrevistados transmitieron un aislamiento profundo que viene de la falta de empatía de la sociedad alemana, por un lado, y de  un sentir de traición en las relaciones personales y dinámica social, por el otro.

Hanan se sintió lastimada luego de que una examiga menospreció el dolor que sentía por Gaza, que había expresado en las redes sociales: “Es la ofensa más dura hasta ahora. Pienso en todos los buenos momentos que compartimos como amigas, pero ahora me siento muy distanciada de todos. El sentimiento de traición impacta mi sensación de seguridad más que los comentarios racistas a los que me había acostumbrado antes del 7 de octubre”.

El aislamiento también afectó a Omniya.

“Me siento extremadamente sola todo el tiempo. La sociedad alemana no solo falla en comprender la situación, sino que no desea hacerlo. Ni siquiera mis amigos cercanos tienen idea del tamaño de mi tristeza. No te llaman, y si llaman, es por otras razones. No tienen idea del impacto que ha causado en los árabes. Esta condición no se limita solo a los amigos, la veo en todas partes. Como árabes, compartimos un sentir colectivo, pero los blancos parecen inconscientes al respecto. En la actualidad, creo que no puedo confiar en nadie”, aclaró.

Rania explica la cuidadosa atención que le da a los detalles cuando discute el conflicto con Palestina.

“Publiqué las estadísticas que muestran las víctimas civiles en Palestina desde las últimas dos décadas. Cuando pulsé ‘compartir’, mi corazón palpitó y cerré los ojos. Entiendo que la mayoría de mis seguidores no desean leer contenido así. Sin embargo, yo sé lo que estoy diciendo. Cuando menciono que los medios no informan sobre ‘nuestra gente’, me refiero a un asunto específico”.

Comentó que los palestinos simbolizan mucho más que la pelea por el país. “Representan la indiferencia hacia vidas árabes y vidas de BIPOC que no importan, y son las víctimas del colonialismo”.

Cuatro meses han pasado desde el 7 de octubre y la situación para los palestinos en Gaza y en Cisjordania se sigue deteriorando. A pesar de la orden que la Corte Internacional de Justicia emitió a Israel para evitar actos de genocidio, todavía persisten los ataques a palestinos desplazados, la mayoría de los cuales son niños. La confederación Oxfam ha declarado “una crisis humanitaria a una escala sin precedentes” en Gaza y resaltó la severidad del panorama.

Alemania ha exportado armas valuadas en millones de euros a Israel, lo que contradice su compromiso con los derechos humanos, y la reciente muestra de apoyo al Estado judío del Gobierno federal alemán ignora la situación lamentable de los árabes y musulmanes que viven en el país. Esta inconsistencia no puede continuar sin que nadie diga nada mientras continúan desestimando vidas en Gaza.

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