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Porto Alegre, Brasil – por Giovana Fleck
«Es peor que la pandemia», me dijo un amigo por teléfono. Me llamó en un momento que se tomó entre sus tareas de voluntariado en un refugio y sus intentos por salvar su casa. Nuestra ciudad natal, Porto Alegre, en Brasil, fue golpeada por lluvias catastróficas entre abril y mayo de 2024. Esto provocó inundaciones masivas, afectó a más de dos millones de personas, desplazó a cientos de miles y causó más de 160 muertes. Aunque la pandemia provocó un número mucho mayor de muertes, la destrucción de las inundaciones era tangible: se podía ver cómo subía el nivel del agua día tras día.
El impacto de las inundaciones en la región de Rio Grande do Sul, cuya capital es Porto Alegre, se vio exacerbado por décadas de negligencia de la administración pública, así como por la falta de acción frente a diversas alertas sobre los impactos de la crisis climática. Cuando finalmente paró la lluvia y pudimos evaluar los daños, recordé una conversación que había tenido con un colega pakistaní unos años antes: «He estado sufriendo de trastorno de estrés postraumático cada vez que llueve en Karachi», dijo. También estaba lidiando con las secuelas de inundaciones que se han convertido en un problema anual para muchos pakistaníes.

El centro de la ciudad de Porto Alegre, el 9 de mayo de 2024. Foto: Gustavo Garbino/PMPA. Libre uso
Estamos más interconectados con el mundo de lo que creemos y muchas influencias globales moldean nuestras experiencias. A veces, eso ocurre a través de la cultura, ya sea culinaria, musical o artística. Pero con frecuencia se relaciona con catástrofes. En 2024, hubo un aumento de inundaciones devastadoras en todo el mundo. Europa se vio particularmente golpeada, ya que fuertes lluvias inundaron varios países, desde España hasta Rumania, que causaron muertes y daños generalizados. Asia también tuvo momentos difíciles, con inundaciones mortales en Afganistán e Indonesia, por ejemplo, mientras que en Chad, en África, hubo las peores inundaciones en décadas. Además de Brasil, en América Latina, Uruguay y Argentina también lidiaron con severas inundaciones, y culminaron un año marcado por el poder destructivo de los fenómenos meteorológicos extremos en todo el mundo.
Tratando de conectar algunas de nuestras experiencias, pedí a miembros de la comunidad de Global Voices de todos los rincones del mundo que me contaran sus vivencias relacionadas con desastres naturales. Las historias a continuación son un tapiz de acontecimientos ocurridos entre 2022 y 2024, con notas de miedo y esperanza para el futuro. Se recogieron sus relatos para dar una idea de cómo nuestras vidas se ven afectadas por las inundaciones y cómo las diferencias entre nuestras experiencias podrían ser principalmente la latitud y longitud.
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Karachi, Pakistán – por Ali Osman
Las lluvias del monzón de 2022 paralizaron Karachi, ciudad de más de 20 millones de habitantes, y la metrópoli enfrentó algunas de las peores inundaciones urbanas de su historia. Las lluvias comenzaron a finales de la mañana y continuaron durante gran parte del día, hasta la noche. La tasa de lluvia en Karachi generalmente varía entre muy fuerte y extremadamente fuerte; en ocasiones, incluso dos horas de lluvia pueden causar grandes inconvenientes a la población por la deficiente infraestructura de drenaje.
En 2022, la ciudad se vio golpeada por una fuerte tormenta, alrededor de 200 mm (8 pulgadas) de lluvia cayeron en pocas horas. Vivo en una de las zonas más privilegiadas de la ciudad, tuve cuatro días sin electricidad y todo mi vecindario quedó inundado. La ciudad pasó por severas inundaciones urbanas y el suministro eléctrico quedó interrumpido, me quedé sin comida al final del segundo día y el agua potable comenzó a escasear al tercer día. La única forma de conseguir comida o agua era caminar por calles y caminos inundados, y esperar que la tienda más cercana contara con mercadería. Desafortunadamente, la mayoría de las tiendas no tenían insumos esenciales por las interrupciones en la cadena de suministro. Un recorrido que normalmente me toma diez minutos me llevó casi una hora y media, y solo entonces pude conseguir una botella de agua potable y algunos de paquetes de fideos instantáneos.
Las noches fueron lo peor, sin electricidad, con una humedad sofocante, y los mosquitos se alimentaban constantemente de cualquier piel expuesta. El trauma inducido por el clima permanece y cada año, durante los meses del monzón, rezo para no tener que pasar nuevamente por lo que sufrí en 2022.
Lahore, Pakistán – por Umaima Ahmed
A lo largo de los años, las inundaciones han causado graves daños a la subsistencia y la economía de Pakistán.
Antes, solo las zonas rurales se llevaban la peor parte, pero ahora vemos que los centros urbanos también se ven gravemente afectados. En 2024, cuando hubo en Lahore intensas lluvias, me desperté y encontré mi cocina inundada; estuve sin electricidad durante horas y tuve que quedarme en casa ya que las carreteras estaban cubiertas de agua. Las escuelas cerraron y la gente estaba angustiada.
Esta experiencia me hizo recordar las historias que escuché en 2024 de Faizan, médico en Dera Ghazi Khan, en el sur de Punyab, ubicado en una franja entre el río Indo y la cordillera de Koh-e-Suleman, que la separa de la provincia de Beluchistán. Formaba parte de un grupo de voluntarios que se ofrecieron a ayudar a quienes migraban por las inundaciones en Dera Ghazi Khan. En conversación telefónica con Global Voices dijo:
Floods are not a new phenomenon in Pakistan but the intensity is increasing over the years and so is the damage. The people living in this area are usually peasants working on agricultural land on minimum wage or earning through their domestic animals but due to floods they lost their animals and had to move out. For months they survived in camps where we, the volunteers, provided them with basic health facilities and midwives were available in case of childbirth cases.
Las inundaciones no son nuevas en Pakistán, pero la intensidad ha ido aumentando con los años, y también ha aumentado el daño que causan. Las personas que viven en esta zona suelen ser campesinos que trabajan en tierras agrícolas con salarios mínimos o que se ganan la vida con sus animales domésticos, pero por las inundaciones, perdieron a sus animales y tuvieron que desplazarse. Durante meses, sobrevivieron en campamentos donde nosotros, los voluntarios, les dábamos servicios de salud básicos, incluso parteras disponibles para posibles partos.
Concluyó la conversación con una pregunta muy seria: «Con el cambio climático, estas inundaciones aumentarán; ¿hasta cuándo pagarán los pobres por la falta de visión de nuestros líderes?».
Tesalónica, Grecia – por Asteris Masouras
En septiembre de 2023, la tormenta Daniel se convirtió en el medicán (huracán mediterráneo) más mortífero registrado en la historia. Antes de devastar Libia, inundó la llanura de Tesalia en Grecia, que destruyó gran parte de la capacidad agrícola del país, entre otros graves impactos. Todo ocurrió mientras algunos de los peores incendios forestales de las últimas décadas seguían arrasando.
La creciente magnitud, frecuencia e impacto de estos fenómenos extremos inducidos por el cambio climático provocan una sensación de impotencia, trauma y resignación en cadena, pero las personas nunca dejan de ayudarse entre sí. Al menos, ese es un signo de esperanza, aunque la humanidad aún puede hacer más para reducir las emisiones y aumentar las iniciativas para atenuar las consecuencias.
Emilia Romaña, Italia – por Marisa Petricca
La región de Emilia Romaña en Italia pasó por inundaciones nunca antes vistas entre el 2-3 y 16-17 de mayo de 2023, después de meses de severa sequía. La misma cantidad de lluvia que normalmente caía en siete meses, cayó en solo dos semanas; en algunos lugares, casi la mitad del promedio anual de lluvia cayó en tan solo 36 horas.
Las inundaciones causaron 17 muertes y 400 deslizamientos de tierra, que afectaron a 43 ciudades italianas (Boloña, Cesena, Forlì, Faenza, Rávena y Rímini, entre otras); 21 ríos se desbordaron, lo que causó enormes daños en la infraestructura. Los expertos estiman que los daños alcanzan un total de 10 000 millones de euros.
Según numerosas instituciones, como la Fundación Vida Silvestre Italia y el Orden Nacional de Geólogos, el hecho se vio agravado por las malas políticas regionales de gestión del territorio, especialmente por la falta de acción frente a los problemas de inestabilidad hidrogeológica y legislación relacionada con el uso del suelo.
«Tin bota», expresión en el dialecto regional que significa «mantente fuerte», fue el lema popular que utilizaron miles de ciudadanos que se apresuraron a ayudar a los afectados, y que el 25 de mayo de 2023 mencionó la presidenta de la Unión Europea Úrsula Von der Leyen, durante su visita oficial a Italia tras las inundaciones.
El 24 de mayo fue declarado Día Nacional de Duelo para recordar a las víctimas de las inundaciones; las banderas italiana y europea ondearon a media asta fuera de la Cámara de Diputados en Roma.
Katmandú, Nepal – por Sanjib Chaudhary
La última semana de septiembre de 2024, el valle de Katmandú sufrió inundaciones equivalentes a las que ocurren una vez cada 70 años. Los ríos Bagmati, Manohara, Bishnumati y Nakkhu se desbordaron, e inundaron el valle. Muchas casas quedaron sumergidas y al menos 56 personas murieron a causa de las inundaciones en todo el valle de Katmandú.
INUNDACIONES EN KATMANDÚ
Un nepalí camina por una calle inundada mientras un río se desborda tras las fuertes lluvias en la zona de Teku, en Katmandú, Nepal, el sábado 6 de julio de 2024. Después de las intensas lluvias que cayeron en todo el país, varias zonas afectadas por desastres han quedado aisladas, ya que las inundaciones y deslizamientos de tierra han arrasado puentes y tramos de carreteras en algunas autopistas.
He vivido en el valle de Katmandú los últimos 45 años y nunca había visto inundaciones como estas. En mi opinión, la invasión de los cauces de los ríos y la conversión de campos que actuaban como esponjas para reducir los efectos de las inundaciones en junglas de concreto, además de las lluvias incesantes e intermitentes provocadas por el cambio climático, podrían ser las principales razones detrás de las inundaciones en Katmandú.
Valencia, España – por Lourdes Sada y Violeta Camarasa
El 29 de octubre, España sufrió las peores inundaciones de su historia reciente. Valencia y, en menor medida, las provincias de Málaga, Cuenca y Albacete, fueron sorprendidas por enormes inundaciones que dejaron 231 muertos y cuatro desaparecidos (hasta el 14 de diciembre). El desastre natural más letal registrado en el país hasta la fecha también causó muchos daños materiales, y miles de familias quedaron sin hogar. A pesar de la alerta roja declarada por la Agencia Estatal de Meteorología a las 07:36 horas, las autoridades no activaron el Sistema de Alerta Pública Europeo (ES-Alert) hasta las 20:11 horas, 12 horas después. Sin instrucciones oficiales, la mayoría de los ciudadanos continuaron con sus vidas como si nada. Muchas de las víctimas fueron arrastradas dentro de sus autos mientras regresaban a casa del trabajo. Sin embargo, la mayoría era personas mayores que vivían en plantas bajas y que se ahogaron dentro de sus hogares.
Aunque las inundaciones en Valencia son un fenómeno recurrente, los expertos responsabilizan al cambio climático de la virulencia sufrida en los últimos años. Además, la dependencia económica de Valencia en el turismo ha producido una sobreexplotación del suelo para la construcción. Esto, sumado a la falta de regulación urbana, ha provocado que el 5% de las viviendas en la provincia de Valencia se construyan sobre llanuras aluviales y cursos de agua. Hasta ahora, la tragedia ha resultado en dos manifestaciones contra la inacción de las autoridades y en llamados para mejorar los protocolos de emergencia, la educación pública, las infraestructuras y la protección de los grupos vulnerables.
Colombia – por Kelly Chaib De Mares
Colombia ha experimentado durante mucho tiempo desastres relacionados con la temporada de lluvias, especialmente durante los eventos de La Niña, que aumentan significativamente las precipitaciones y han sido un fenómeno recurrente durante décadas. Sin embargo, la primera mitad de noviembre de 2024 trajo un patrón inusual: lluvias torrenciales causadas por la variabilidad climática, una confluencia de varios fenómenos meteorológicos favorables para la lluvia, como los ciclones tropicales o la Oscilación Madden-Julian (OMJ). El 11 de noviembre de 2024, el Gobierno declaró una emergencia nacional debido al mal tiempo que afectaba a 27 de los departamentos del país y advirtió que la atención prioritaria se centraría en las zonas más afectadas, como la capital, Bogotá, la región desértica de La Guajira y la región selvática del Chocó.
El 6 de noviembre de 2024, en Bogotá cayó un aguacero sin precedentes, la lluvia más intensa en 27 años, que causó graves trastornos, incluido el bloqueo de la principal vía de acceso norte. En La Guajira, la región más al norte de Colombia, más de 15 días de lluvia incesante provocaron la muerte de dos personas e impactaron a 42 219 familias. Mientras tanto, en Chocó, el departamento más pobre de Colombia, ya afectado por los conflictos con grupos armados ilegales, las lluvias torrenciales dejaron a 30 000 familias en situación desesperante , con más de 4000 personas desplazadas, 18 escuelas dañadas y casi 1500 hectáreas de cultivos destruidas; las autoridades están pidiendo una tregua entre los grupos armados para facilitar la entrega de ayuda humanitaria.







