
Miles de manifestantes se unieron a un grupo de estudiantes activistas que irrumpieron en el patio de la sede legislativa de Hong Kong, 27 de septiembre de 2014. Imagen de inmediahk via Flickr (CC: BY-NC 2.0).
Diez años después parece casi inimaginable que una autopista urbana de cinco carriles de Hong Kong, repleta de tráfico día y noche, pueda haber estado ocupada por manifestantes durante 79 días.
Mayo de 2014 fue un momento único para pasear por la principal arteria de Hong Kong. El movimiento «Occupy Central», también conocido como el «Movimiento de los Paraguas», comenzó como un llamado a la reforma electoral para el sufragio universal del Consejo Legislativo de la ciudad (2016) y del jefe ejecutivo (2017), una promesa escrita en la Ley Básica de la ciudad que Pekín no cumplió.
Desde entonces, el movimiento ha dejado una huella indeleble en la ciudad y ha transformado la vida de todos sus habitantes.
¿Cómo cambió el movimiento a los hongkoneses? ¿Y cómo ven los cambios que ha tenido su ciudad?
Algunos antiguos activistas y dos profesores que ahora han aceptado el modificado panorama político de Hong Kong hablaron con Global Voices sobre este asunto. Las entrevistas fueron por teléfono en inglés y los nos solicitaron el anonimato por motivos de seguridad.
Un antiguo activista explica cómo le cambió el movimiento en defensa de la democracia de 2014:
On a personal level, the Umbrella Movement (…) affected the course of my life and career in ways I still feel today.
Even though I was born in Hong Kong, it was the first time I felt like a Hongkonger. These were the days when the tired old stereotype of Hong Kong people as apolitical, materialistic, and self-interested still had credence. Yet everyone I met at the occupation sites was deeply engaged, creative, passionate, and committed to making the city they loved a freer, fairer, more open place. It was a side of Hong Kong I saw little of before but was always there, just below the surface.
A nivel personal, el Movimiento de los Paraguas afectó el curso de mi vida y mi carrera en formas que aún siento.
Aunque nací en Hong Kong, fue la primera vez que me sentí hongkonés. Eran los días en que el viejo estereotipo de los hongkoneses como apolíticos, materialistas y egoístas aún tenía credibilidad. Sin embargo, todas las personas que conocí en los lugares de la ocupación estaban profundamente comprometidas, eran creativas, apasionadas y estaban empeñadas en hacer de la ciudad que amaban un lugar más libre, justo y abierto. Era una faceta de Hong Kong que apenas había visto, pero que siempre estaba ahí, justo debajo de la superficie.
Aunque el Movimiento de los Paraguas no logró cambiar el sistema político de Hong Kong, la determinación y el deseo de cambio estallaron cinco años después, en 2019, cuando la asombrosa cantidad de dos millones de manifestantes, casi un tercio de la población, salieron a la calle para protestar contra una enmienda al proyecto de ley de extradición de la ciudad que amplía el mecanismo para trasladar fugitivos a regiones como Taiwán, China continental y Corea del Norte. En medio de la represión policial, las protestas contra la extradición a China evolucionaron después hacia un movimiento a favor de la democracia que exigía el sufragio universal, el programa incumplido del Movimiento de los Paraguas.
Las protestas fueron más descentralizadas que los movimientos anteriores, lo que condujo a una dura represión y a la introducción de la ley de seguridad nacional en 2020. Esta ley, que penaliza los actos de secesión, subversión, terrorismo y conspiración con fuerzas extranjeras y establece un comité de seguridad nacional supervisado por el Gobierno central chino, al que debe rendir cuentas, ha logrado suprimir todas las voces que critican a los Gobiernos de Hong Kong y Pekín y ha socavado la autonomía de la ciudad.
Estos cambios en el panorama político han afectado profundamente a los sectores públicos de la ciudad, en particular al sector educativo. En la actualidad, un importante medio de control social es la educación. Un profesor de secundaria y antiguo activista declaró en entrevista con Global Voices:
The curriculum changes all the time now; it’s hard to keep up.
Los planes de estudios cambian constantemente; es difícil mantenerse al día.
La mayoría de las revisiones del plan de estudios pretenden inculcar valores más «patrióticos» a las próximas generaciones de hongkoneses.
Un profesor de primaria dijo:
I have to give grades for ‘patriotism’ now; I have to assess students’ love of country. I don’t agree with these new policies, and I don’t think it is beneficial for students to think in these ways. I would like to talk to them about how different cultures are enriching and what we can learn from other worldviews. But I don’t have a choice if I want to keep my job.
Ahora tengo que poner notas por «patriotismo»; tengo que evaluar el amor a la patria de los alumnos. No estoy de acuerdo con estas nuevas políticas y no creo que beneficie a los alumnos pensar de esta manera. Me gustaría hablarles de lo enriquecedor de las diferentes culturas y de lo que podemos aprender de otras visiones del mundo. Pero no tengo elección si quiero conservar mi trabajo.
El profesor estaba preocupado por los efectos adversos de la educación patriótica en los alumnos de preescolar y primaria, ya que son demasiado jóvenes para comprender las complejidades de la identidad nacional y tienden a quedarse solo con la versión más simplificada de «nosotros somos geniales, los demás son terribles».
La controvertida situación política también se deja sentir con fuerza en las universidades. Investigar temas delicados, como las tendencias sociopolíticas en China, es ahora tan arriesgado que académicos y estudiantes optan por autocensurarse para evitar repercusiones. En las ocho universidades de Hong Kong se han desmantelado los sindicatos de estudiantes, antes poderosos y que desempeñaban un papel fundamental en la movilización de los manifestantes. Los lugares de libre expresión en la universidad, como los «muros de la democracia», pizarras para que los estudiantes publicaran opiniones y carteles, han sido limpiados a fondo.
A medida que el «régimen de seguridad» penetraba en el sistema social, muchos hongkoneses decidieron abandonar la ciudad por completo, a pesar de su amor por la ciudad.
Dado que en enero de 2021, el Gobierno británico introdujo un plan de visados para ciudadanos británicos (que viven en el extranjero) con el fin de ayudar a los hongkoneses nacidos antes de la entrega de la antigua ciudad colonial británica a China en 1997 a reinstalarse en el Reino Unido, más de 209 000 hongkoneses han solicitado el visado, y 150 400 personas se habían reinstalado en el Reino Unido hasta agosto de 2024.
El motivo del éxodo es sobre todo político. Un activista que llevaba varios años viviendo en el extranjero explicó por qué sus compañeros acabaron abandonando la ciudad:
It is sad but we can’t change the reality. The space for making change has vanished and many have given up. They have lost their hope.
Es triste, pero no podemos cambiar la realidad. El espacio para hacer cambios se ha desvanecido y muchos se han dado por vencidos. Han perdido la esperanza.
Sin embargo, muchos no pueden marcharse definitivamente, ya sea por dinero, oportunidades laborales u obligaciones familiares. Un antiguo activista dijo:
I feel like I can’t breathe in the city anymore. I fought as hard as I could for our political freedoms. I don’t feel like the city is my home anymore, and don’t want to stay. But so far, I couldn’t convince my father and sister to move, and I don’t want to leave them.
Siento que ya no puedo respirar en la ciudad. He luchado todo lo que he podido por nuestras libertades políticas. Ya no siento la ciudad como mi hogar y no quiero quedarme. Pero hasta ahora no he podido convencer a mi padre y a mi hermana de que se muden, y no quiero dejarlos.
Se ha calculado que el número total de emigrantes de clase media de Hong Kong alcanzó el medio millón en 2023, hasta el punto de que el Gobierno de la ciudad tiene que importar talentos de China continental para compensar la emigración. Sin embargo, la población no china, que es la mitad que en 2019, ha tardado en reponerse. La ciudad se está volviendo cada vez más homogénea a medida que las empresas internacionales y las ONG buscan terrenos menos conflictivos. Las calles de Central, antes repletas de extranjeros de todo el mundo, ahora resuenan con conversaciones predominantemente en mandarín.
Antes de 2020, Hong Kong era una ciudad con una larga historia de desobediencia civil. Los 79 días de protestas pacíficas en el centro de la ciudad en 2014 no afectaron la situación de Hong Kong como Centro Financiero Asiático, ya que la gente esperaba cambios positivos. Ahora, no hay protestas, la oposición abierta es escasa, y la ciudad ha perdido su carácter de sociedad abierta.






