Cómo la transición de 2024 en Senegal redujo a la mitad la representación femenina en el Gobierno

Manifestación contra la violencia de género en la plaza de la Nación en Dakar, Senegal, 3 de julio de 2021; Foto de Fatou Warkha Sambe, usada con autorización

Por Bowel Diop

En todo el mundo, los derechos de la mujer, conquistados tras arduas luchas, suelen ser las primeras víctimas de los cambios de régimen. Senegal, pese a su reputación de estabilidad democrática y sus avances en materia de paridad, no está libre de esta inquietante dinámica mundial.

«El tamaño de tus sueños siempre debe pasar tu capacidad actual de realizarlos«. Esta exhortación de Ellen Johnson Sirleaf, primera mujer elegida presidenta en África y ganadora del Premio Nobel de la Paz, resuena con ironía en Senegal, donde la reciente y muy esperada transición política revela ya señales inquietante de retroceso para los derechos de la mujer. Las mujeres senegalesas tienen competencias, pero se ven sistemáticamente descartadas de los puestos de decisión.

En marzo de 2024, Senegal tuvo un gran cambio en el poder con la elección de Bassirou Diomaye Faye, apoyado por Ousmane Sonko, que suscitó grandes esperanzas de ruptura democracia y de gobierno inclusivo. Pero esas esperanzas se desvanecieron pronto: la participación de las mujeres en el Gobierno se redujo a la mitad, al Ministerio de la Mujer le cambiaron el nombre sin consenso ni se anunció un plan de acción sobre la igualdad.

Alarmante retroceso en Senegal

El 6 de abril de 2024, me integraron en un grupo de WhatsApp llamado Concertation: Femmes – Genre – Nouveau régime (Concertación: Mujeres – Género – Nuevo régimen). Las cifras son elocuentes: en el nuevo gobierno, solo se designaron a cuatro mujeres de 30 ministros y secretarios de Estado, es decir el 13,3% de representación femenina.

En las redes sociales, la decepción es palpable. La activista Amsatou Sow Sidibé menciona en Facebook «la disminución de la presencia femenina» en ese gobierno. En X, le Red de Feministas de Senegal sostiene que la «la decisión de retirar la palabra ‘mujer’ del ministerio no llega a creer que se mantendrán las cosas como están». En su cuenta de X, publicó:

¡Escasa representación en el Gobierno
Traspaso de servicios en el gabinete del primer ministro y en Interior
Sonko quiere ministerios operativos,

Jean Baptiste Tine: «Preservemos a toda costa la estabilidad política y la solidez de las instituciones».

Cónclave de mujeres dirigentes: «Es la primera vez que la tasa de representación desciende a sólo el 13%». Fatou Sow Sarr y compañía proponen una dupla presidencial con una vicepresidenta Marie Angelique Savane lanza una petición: «El nuevo nombre reduce a las mujeres a meras reproductoras».
Los sastres se frotan las manos con los tejidos de moda, ¡y eso cuesta caro!
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Señor presidente Bassirou Diomaye Faye, ¿cómo pdemos esperar que cumpla sus promesas de campaña sobre los derechos de la mujer si suprime el Ministerio de la Mujer?
Esta nueva denominación es un verdadero retroceso para los derechos de mujeres y niñas.

En la lista del Gobierno publicada el 2 de abril de 2024, fueron cuatro las mujeres designadas a ministerios: Asuntos Exteriores (Yacine Fall), Pesca (Fatou Diouf), Familia (Maïmouna Dièye) y Juventud y Cultura (Khady Diène Gaye). Son figuras aisladas en un entorno gubernamental en gran parte dominado por hombres.

A modo de comparación, en el gobierno de Macky Sall, forma en octubre de 2023, había siete ministras, casi el doble del actual equipo gubernamental: un retroceso en materia de representación femenina en las altas esferas del Estado.

Este retroceso es más preocupante porque llega después de la transformación del Ministerio de la Mujer, Niños y Emprendedores en Ministerio de la Familia y la Solidaridad, decisión que suscitó airadas protestas de organizaciones feministas senegalesas.

Se ignora la excelencia femenina

No faltan mujeres competentes. Participan ya en procesos de transformación del país. En la enseñanza superior, estuvo la profesora Mame Penda BA, directora del Laboratorio de Análisis de Sociedades y Poderes/África-Extranjero (LASPAD). En salud, la profesora Fatimata LY, dermatóloga de formación y maestra de ceremonias en la Universidad Cheikh Anta DIOP. En Economía, Thiaba Camara SY, reconocida economista, solo por citar algunos.

Esas exclusiones ponen directamente en entredicho los derechos de la ley 2010-11 del 28 de mayo de 2010 relativa a la paridad absoluta hombre-mujer, que tenía por objetivo de consagrar y sustentar la presencia de mujeres en todos los puestos en lo que se decida el futuro del país.

Esos ejemplos encarnan la excelencia. Su ausencia en las esferas de toma de decisión parece indicar la resistencia de un sistema que se resiste a la transformación estructural que supone una verdadera igualdad de género.

Nuestro rol no se limita a la reproducción y al cuidado de la familia, somos más que úteros y gestoras de un hogar. Nuestras competencias y aspiraciones sobrepasan estos estereotipes.

Una dinámica mundial de regresión

La situación en Senegal se enmarca en una tendencia mundial preocupante. Los países desarrollados en naciones en desarrollo, un sistema similar se repite: las mujeres suelen ser las primeras víctimas de los cambios políticos conservadores, que toman la forma de regímenes autoritarios o simplemente de Gobiernos menos comprometidos con la igualdad de género.

Esos retrocesos nunca son accidentales. Se sostienen en mecanismos sistemáticos de marginalización política y económica de la mujer.

Las consecuencias se pueden medir: según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, las instituciones sociales discriminatorias cuestan a África cuestan el equivalente de 7,5% de su PIB en 2019. A nivel mundial, el Banco Mundial estima que la desigualdad salarial entre hombres y mujeres representa una pérdida de 160,2 billones de dólares en capital humano, aproximadamente el doble del valor del PIB mundial.

Investigaciones del Fondo Monetario Internacional sugieren que reducir la diferencia entre los sexos en los mercados laborales podría aumentar el PIB de las economías emergentes y en desarrollo de cerca del 8%.

Esos retrocesos tienen consecuencias profundas en los derechos de la mujer y repercuten en exacerbar las desigualdades sociales y económicas, y en una sociedad menos equitativa. Se sustentan en una retórica de identidad, conservadora, que reduce a la mujer a roles tradiciones: madres, esposas, silenciosas. Prosperan en el silencio o la pasividad.

Nuestra respuesta, una movilización en tres niveles

Ante esas dificultades crecientes, que va desde el cuestionamiento del derecho aborto en Estados Unidos, a la prohibición de cantar impuesta a las mujeres afganas o el retroceso del porcentaje de mujeres en los puestos de decisión en Senegal, la única solución es luchar. Nuestra respuesta debe ser triple.

Primero, una vigilancia organizada a través de crear observatorios ciudadanos para seguir las políticas públicas en materia de genero, para documentar y denunciar cada retroceso.

Después, una solidaridad reforzada para las candidaturas femeninas en puestos de decisión para constituir una red de mujeres líderes disponibles para los puestos de responsabilidad.

Por último, acciones políticas concretas que estimulen el uso de redes sociales para amplificar las voces de mujeres excluidas. También, ejercer una presión constante en los partidos políticos para que respeten la paridad.

Se ha vuelto crucial organizarse, de destacar nuestras voces para defender nuestros derechos y conquistas. Si bien es cierto que ningún país ha desarrollado ni mejorado las condiciones de vida de su población tras dejar de lado a la mitad de su gente, la lucha no es una opción sino una conclusión evidente.

Es únicamente por esta movilización constante que construiremos una Senegal en el que toda mujer podrá soñar con conducir la nación, sino en participar efectivamente en nuestro progreso inclusivo y duradero.

Un combate central, no accesorio

No puede haber transición exitosa sin mujeres. No puede haber mejoras económicas ni país durable si a la mitad de la sociedad se la mantiene a raya. El combate no es accesorio, es central.

No pedimos caridad política. Exigimos que se reconozca nuestra legitimidad, nuestras competencias y nuestro rol ineludible en la transformación de Senegal.

En cada retroceso, nuestro deber es enfrentarlo. En cada designación injusta, nuestra misión es denunciar. Y en cada mujer dejada de lado, nuestra responsabilidad es hacer que se escuche su voz.

Nuestro deber inmediato es triple: documentar cada retroceso, apoyar a cada mujer competente dejada de lado, y construir una alternativa política inclusiva. Como decía Mbali Ntuli, militante y política sudafricana: «No exigimos dirigir porque somos mujeres. Lo exigimos porque somos capaces».

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Este artículo se escribió en el marco del programa Impact West Africa Fellowship de Aspen Global Innovators

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