
Escultura hecha en prisión con una maza de Hetman sobre una bota de fútbol. Fotografía de Ihor Kruchyk, utilizada con autorización.
Por Ihor Kruchyk
Este artículo forma parte de una serie de ensayos escritos por artistas ucranianos titulada «Cultura recuperada: Voces ucranianas conservan la cultura ucraniana». Esta serie se produce en colaboración con la Asociación Folkowisko/Rozstaje.art, gracias a la cofinanciación de los Gobiernos de República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia a través de una donación del Fondo Nacional de Visegrado. La misión del Fondo es promover ideas para una cooperación regional sostenible en Europa Central. Lo han traducido del ucraniano Iryna Tiper y Filip Noubel.
Para quienes acaban entre las rejas, la percepción del mundo cambia. El tiempo se hace más lento. El espacio está limitado por un perímetro de alambres de púas. Pero nadie quiere llevar su vida como ganado en una granja. Y así se despierta la creatividad en muchos.
Pavlo Selezen, nativo de Chernígov al norte de Ucrania, cumplió su condena en la colonia penitenciaria n° 116 en la ciudad de Sumy. «Sashko Gres cumplió su condena conmigo. Sabía hacer cuchillos», dijo Selezen.

Cuchillo fabricado en prisión. Fotografía de Ihor Kruchyk, utilizada con autorización.
Los cuchillos se fabricaban en la zona de trabajo bajo la supervisión de los guardias. No se podía llevar nada de ese espacio a las zonas comunes de la prisión. Los presos fabricaban muchas cosas en la colonia: juegos de backagammon y ajedrez, cajas, íconos, rosarios, boquillas de cigarrillo y pipas para fumar tabaco y cáñamo. Los presos canalizaban su creatividad en el trabajo y todo resultaba estéticamente agradable.
A veces, el personal penitenciario encargaban artículos. Una vez, un alto funcionario le trajo a Gres un sable cosaco y le preguntó: «¿Puedes hacer uno así?», recuerda Selezen. «Estaban preparando el regalo para un general». A Gres le dieron comida, té y cigarrillos. En una semana hizo una copia exacta del sable con un muelle de auto.
¿Y cómo se hacen las cuentas de oración? «Los chicos fundían bolas de colores de botellas de plástico normales en una lámpara. Luego les hacían un agujero con una aguja y alineaban las bolas en un cordel, así se hace un rosario». Los rosarios más caros son de marfil. ¿De dónde lo sacaban? Cortaban bolas de billar por la mitad. Pero normalmente, el material utilizado era más económico. «Cuando aún estaba en el centro de detención preventiva de Chernígov, hacíamos rosarios e incluso backagammon con migas de pan», añade Selezen.

Caja de cerillas con símbolo esculpido. Fotografía de Ihor Kruchyk, utilizada con autorización.
Los presos consiguen ocultar objetos rituales incluso en las cárceles, a pesar de los múltiples registros diarios. Por ejemplo, un símbolo puede convertirse en caja de cerillas. El disidente Vasyl Ovsienko, que cumplió tres condenas en campos soviéticos como miembro del Grupo Helsinki de Ucrania, recuerda: «No es fácil elegir un momento en una celda estrecha para ir al baño porque alguien está comiendo o está rezando».
Tras su servicio militar en Kazajistán en la década de 1990, mi primo Yurko Havryk regresó a Ucrania y se encontró sin dinero y sin trabajo. Se unió a una pandilla y acabó tras las rejas. Los juego de azar eran populares entre los presos, sobre todo los dados y las cartas. Todos estaban hechos a mano: el dado se moldeaba con pan y se pintaba con cera de zapato. Los agujeros se hacían con una cerilla y se rellenaban con pasta de dientes blanca. Las cartas se hacían con papel postal común y corriente, que se pegaba en varias capas y hacerlo más resistente.
Yurko también me habló de otros recuerdos: candelabros, tazas de madera, pomos de caña, cosacos. En mi colección tengo un objeto de madera: representa la empuñadura de un Hetman sobre una bota de fútbol. Quizá se fabricó con motivo de la Eurocopa 2012, que se celebró en Polonia y Ucrania.
El famoso director de cine ucraniano Serguéi Paradzhánov fue condenado a cinco años de cárcel en 1974 durante el periodo soviético. En cautiverio, se interesó por los montajes y los hacía con cualquier cosa: retazos de tela, papel de aluminio, pedazos de alambre de púas, fragmentos de platos rotos, reproducciones de revistas. En una ocasión, le obligaron a remendar bolsas, pero en lugar de eso, hizo con arpillera un muñeco que representaba al faraón Tutankamón. Paradzhánov estuvo encarcelado en la región de Luhansk, al este de Ucrania, donde los vertederos de Dombás (provocados por la minería), le recordaban a las pirámides egipcias y la situación de los prisioneros, a la esclavitud bíblica. Además, el término «faraón» significa policía en el lenguaje tradicional utilizado por los ladrones. «Muchos de los montajes de Paradzhánov los hizo en la cárcel», según su esposa ucraniana Svitlana Shchervatyuk. Hizo unos 800 montajes durante su cautiverio. También le escribió cartas a su esposa en las que contaba sobre otros artistas del campo que crearon «exposiciones de tatuajes en las espaldas de amigos».
Arte del tatuaje como identidad social
Pavlo Selezen tiene tatuado a Jesús en el hombro izquierdo y un escorpión en el cuello. Dice: «Teníamos un prisionero alemán en nuestro barracón que hacía tatuajes. Copió a Jesús de alguna revista». En el mundo de los campos y las prisiones, los tatuajes son una forma de afirmar la propia identidad. Por ejemplo, se puede distinguir entre ladrones, asesinos y atracadores por el número de estrellas azules tatuadas en el cuerpo, que representan lo que se llama el «traje de los ladrones». Las imágenes religiosas también son populares: siluetas de iglesias, la madre de Dios, Jesús y la cruz. También son comunes los tatuajes patrióticos: un tridente, un retrato de Stepan Bandera o de cosacos.
Algunos tatuajes pueden ser extremadamente cínicos. A menudo se grababan la trama de Hell's Stoker… en las nalgas. Dibujaban un diablo con una pala en las pezuñas superiores. Cuando una persona caminaba, el diablo de sus nalgas se movía, como si le echaran carbón en el ano. El diablo es un personaje presente en muchos tatuajes carcelarios. Los presos de más edad pueden llevar un tatuaje de un diablo con la cara de Lenin.
Este tipo de dureza atrae a los delincuentes aventureros. Los críticos de arte explican que la transgresión es un mecanismo psicológico de la creatividad. Representa el deseo de ir más allá de los límites normalizados, de romper tabúes. Para los sociópatas, que son gran parte de la población criminal, el comportamiento delictivo es característico cuando están en el mundo libre y también les atrae en sus manifestaciones artísticas.
Los historiadores del arte tienen un término francés para referirse a los objetos creados por artistas no profesionales: art brut, creatividad en estado puro. O «arte del foráneo», que significa que se sitúa fuera de las instituciones artísticas tradicionales. El «arte carcelario» se crea espontáneamente, por sí mismo, en momentos de aguda agitación emocional: ataques de pánico, insomnio, ataques de paranoia, esquizofrenia o manía persecutoria. Representa un estado anormal de la psique del artista, cuando el subconsciente se libera y permite el efecto de lo extraño.
Las personas encarceladas leen más de lo habitual. También escriben mucho: cartas, peticiones, poemas. El director de cine Oleh Sentsov, originario de Crimea, fue encarcelado en una prisión de ocupación rusa en 2014 y cumplió cinco años de condena. Durante ese tiempo, escribió una serie de relatos. El religioso Ihor Kozlovskyi y el periodista Stanislav Aseyev fueron encarcelados en la autoproclamada «RPD», o República Popular de Donetsk, creada por Moscú en el este de Ucrania tras ocupar la mayor parte de su territorio. Ambos recuerdan que unas cuantas notas en trozos de papel les ayudaron a mantener el espíritu y la mente.
Los presos tienen mucho tiempo para crear, contar chistes o componer poemas. Conocer la jerga de los ladrones, llamada «proverbios de los presos feni, canciones» es algo que valora mucho los reclusos. El poeta Taras Lipolts, autor del libro «Cuentos criminales» (Kiev, «Economía y derecho», 1998), recopiló el folclore carcelario, que incluye proverbios, poemas, chistes vergonzosos y anécdotas. Estas miniaturas siempre contienen un tema relevante para los presos. En primer lugar, la abstinencia sexual forzada.
Oh, está nevando, está nevando,
una ventisca blanca.
Y mi miembro se levanta,
como las orejas de una liebre.
Los que cumplen condena también se interesan por el vínculo entre delito y castigo:
Te golpearon cerca de la escuela,
porque bebí vodka allí.
Me maltrataron cerca de la iglesia,
donde me tiré a una chica.
Otro género favorito entre los presos son los proverbios. «El que entiende la vida no tiene prisa», porque permanecerá mucho tiempo en prisión. O, por ejemplo, un proverbio que resume la peculiar filosofía de los delincuentes y su pasión por la vida: «La vida es un juego de cartas, y la voluntad es un as».
Arte femenino
En las cárceles de mujeres, los objetos de fabricación propia más importantes son los llamados «marochki»: pañuelos de regalo con imágenes e inscripciones de colores. Flores, duendes, gatitos, veleros o cupidos son bordados o dibujados con rotuladores y bolígrafos multicolores. Una de las aves favoritas de los presos es el cisne, símbolo de virginidad, inocencia y fidelidad. Además, la virgen María y el Hijo de Dios aparecen a menudo como recordatorio del pecado criminal y el arrepentimiento penitencial en tales objetos.

Un «marochki» o pañuelo bordado en prisión. Foto de Ihor Kruchyk, utilizada con autorización
Los «marochki» suelen llevar monogramas de seres queridos, hijos y amigos, aquellos a quienes se regalan. Finalmente, el pañuelo se rocía con colonia y se mete en un sobre junto con una carta. Durante la Unión Soviética, cuando la mayoría de las familias vieron cómo al menos una persona era encarcelada o internada en campos de trabajo, el arte criminal aficionado se hizo muy respetado. Hoy en día, el arte de estos prisioneros se expone en Ucrania, por ejemplo en el museo Sholem Aleichem de Kiev y en el monasterio de las cuevas de Kiev.
Los presos pueden estar privados de derechos pero muchos se dan cuenta de que hay algunos valores que nadie puede arrebatarles. El artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos establece: «Toda persona tiene derecho a gozar libremente de las artes». Esta es una de las razones por las que presos moralmente degradados se convierten en artistas, tallistas y componen canciones tradicionales como Kolomyika. Las obras maestras son raras, por supuesto. Sin embargo, es probable que los esfuerzos artísticos de los delincuentes contribuyan a su rehabilitación social.
Ucrania es actualmente es el país del Consejo de Europa con mayor número de personas encarceladas. Así pues, es probable que el extraño arte de los presos se haga más visible en sus múltiples formas.







