Un futuro sin mujeres: Consecuencias del apartheid de género en Afganistán

Mujeres afganas y una niña caminando fuera.

Mujeres y una niña afganas caminan por la calle. Captura de pantalla del vídeo ‘Las reglas de los talibanes para las mujeres | Empieza aquí’ del canal de Al Jazeera en inglés de YouTube. Uso legítimo.

En Afganistán, las mujeres se han convertido en víctimas de un apartheid de género institucionalizado. Desde la vuelta del Talibán al poder en agosto de 2021, las mujeres afganas han sido confinadas a sus hogares y borradas de la esfera pública, los empleos y la educación.

Este es el resultado de las políticas deliberadas y la estructura autoritaria de los talibanes, que fue exacerbada por las instituciones regionales e internacionales. La falta de solidaridad masculina y los errores de las organizaciones internacionales, que han sido mayormente ineficaces, solo acrecentaron la crisis.

El silenciamiento de las mujeres es una de las principales herramientas de control. Si el actual apartheid de género continúa, transformará a la sociedad afgana a largo plazo y tendrá consecuencias sistémicas a nivel social, político y económico.

Consecuencias socioculturales y psicológicas

La vida social será fracturada si las mujeres son forzadas a vivir en silencio. Al final, las niñas quedarán privadas de modelos a seguir, las familias que dependían del liderazgo o ingresos de las mujeres los perderán, y se perpetuará un patriarcado duro. Las comunidades perderán resiliencia, diversidad y creatividad si una mitad queda excluida. El desarrollo moral y cultural se derrumbarán junto con la pérdida de población.

Bajo el gobierno talibán, a las niñas se les enseña a subordinarse a los hombres, por lo que son más propensas a tener matrimonios tempranos o verse forzadas a casarse, en muchos casos, con miembros del Talibán. Los líderes talibanes han exhibido un comportamiento adquisitivo hacia las mujeres, buscan casarse de manera proactiva con segundas o terceras esposas.

Un importante número de mujeres afganas tiene limitadas opciones sobre su elección de maridos, mientras que una tercera parte es víctima de matrimonios forzados. Por lo tanto, las mujeres afganas en su mayoría están sufriendo depresión, violencia doméstica e incluso están suicidándose porque muchas no pueden decir «no» o pasan desapercibidas y  van desapareciendo poco a poco. Además, a los hombres ahora se les anima a casarse con varias mujeres, lo que altera la estructura social y normaliza la aceptación de la poligamia. Bajo estas circunstancias, muchos niños varones desarrollarán un sentido de derecho de dominación sobre las mujeres, y esa dominación de los hombres probablemente persista, aunque los talibanes dejen el poder.

Consecuencias políticas y económicas

Los costos económicos de este desbalance de género son catastróficos. En 2022, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estimó que negar el acceso a las mujeres a la fuerza de trabajo podría costarle a Afganistán aproximadamente mil millones de dólares por año, o alrededor del 5% de su PBI. Alrededor de ocho de cada diez mujeres afganas tienen prohibido recibir educación y buscar empleo.

La pérdida de productividad económica tiene ramificaciones a corto y largo plazo para un país que ya tiene dificultades con diversos problemas humanitarios. Las mujeres instruidas que trabajan no solo ganan un salario, sino que contribuyen al desarrollo del país. Contribuyen en los sectores de servicios, agricultura, educación y salud pública. Afganistán no puede reconstruirse, recuperarse ni competir en la economía mundial si continúa prohibiéndole a las mujeres su contribución socioeconómica.

Más allá de una condena extensa, que incluye la resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas y sanciones de la Unión Europea, la respuesta global al apartheid de género ha sido simbólica en su mayoría. Las sanciones tienen como objetivo a líderes talibanes individuales, pero no se implementaron mecanismos legales sustanciales para que el régimen rinda cuentas. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se mantiene dividido.

Además, las mujeres afganas fueron excluidas de las discusiones diplomáticas y los foros internacionales, incluida la reciente reunión patrocinada por Naciones Unidas en Doha, en la que ninguna mujer afgana participó de manera oficial.

La exclusión política de las mujeres de la sociedad civil y el Gobierno provoca una toma de decisiones nacionales desbalanceada y no representativa. Además de estar excluidas de los procesos políticos, a las mujeres se les quitó el derecho a decidir el destino del país. Esto aísla a Afganistán, conduce a mayor dependencia de ayuda extranjera y a una fuga de cerebros en la economía nacional.

Desafíos y caminos a seguir

La supresión institucional y la marginalización de las mujeres destruye las oportunidades existentes, genera mayor pobreza, trauma e inestabilidad. Por lo tanto, este caos debe combatirse con participación internacional y una reforma interna.

A nivel interno, Afganistán necesita unidades funcionales especializadas y organizaciones independientes dentro de la estructura estatal que le permitan a las mujeres desarrollar su potencial personal y profesional. Estas estructuras deberían incluir departamentos de salud, educación, concientización legal y política y apoyo económico.

Sobre todo, deben poder resistir las limitaciones, la inestabilidad y la resistencia cultural para asegurar, apoyar y defender la igualdad de género en Afganistán.

Mientras tanto, la comunidad internacional debe ofrecer una asistencia realista que permita a las mujeres afganas participar activamente en la vida económica y política del país. En este contexto, el programa de microcréditos de Bangladesh para el empoderamiento de la mujer podría servir como un modelo posible de implementación en Afganistán.

En medio de las restricciones para las mujeres, aún existen pequeños y diversos espacios de resistencia. Existen cursos en línea gratuitos, programas de mentorías, distribución de material educativo, industrias domésticas pequeñas, organizaciones locales de mujeres y escuelas encubiertas. Los ejemplos incluyen a la Universidad de la Gente, FutureLearn, y las iniciativas lideradas por la Asociación Afgana de Leyes y Ciencia Política y la Escuela en Línea Herat, que ofrece educación de nivel universitario.

A pesar de funcionar en secreto, todavía ofrecen esperanza y resiliencia. Las adquisición de habilidades virtuales, banca móvil y enseñanza en línea pueden ofrecerles a las mujeres educación y empoderamiento económico. Sin embargo, las oportunidades fraccionadas son muy limitadas por la vigilancia del Talibán, la exclusión digital y el analfabetismo.

A nivel internacionales, junto a la presión diplomática y las sanciones acumuladas contra el régimen talibán, Afganistán amenaza con aislarse. Sin embargo, el objetivo es que los líderes asuman su responsabilidad, que no exacerben la crisis humanitaria ni detengan la ayuda internacional. Algunos donantes internacionales ponen como condición para la ayuda los derechos de las mujeres. Teniendo en cuenta la pobreza devastadora en Afganistán, esta no sería una alternativa justa, ya que la gran mayoría de las mujeres dependen de la ayuda extranjera.

Para evitar el cierre de escuelas, una solución posible podrían ser los programas de aprendizaje híbridos, que combinan grupos de estudio comunitarios con aprendizaje en línea. Estos programas serían muy útiles para las niñas en zonas remotas y asegurarían el fácil acceso a internet y a dispositivos que están optimizados para la educación y la conectividad. Una solución para esto podría ser la iniciativa de internet gratis de Starlink.

Deberían existir plataformas innovadoras para mujeres con el objetivo de utilizar y enseñar habilidades, vender manualidades y recibir pagos. Si tienen éxito, estos programas mostrarían que la creatividad y la determinación local pueden provocar cambios.

Las mujeres en zonas urbanas y rurales de Afganistán son extremadamente diversas, y las soluciones deben ser adaptadas considerando estas diferencias. Por lo tanto, la experiencia y el conocimiento de las mujeres afganas de distintas etnias y trasfondos sociales y regionales deberían ser reconocidas y estudiadas para que se conviertan en el punto de partida de un futuro prometedor.

Las organizaciones de mujeres afganas y las voces locales deben escucharse en los procesos para un progreso genuino y sostenible. Este proceso necesita una coordinación sólida, pasos culturalmente delicados y un esfuerzo persistente. No ocurrirá de la noche a la mañana, pero si se implementa de manera correcta, fomentará la construcción de un progreso sólido. Afganistán comenzará a terminar con el apartheid de género y construirá un futuro en el que las mujeres estén completamente integradas en la sociedad.

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