En Kenia, generación Z paga protestas con sangre; violencia policial sigue sin control

Captura de pantalla de manifestantes, del video de YouTube «Dentro de la protesta silenciada de Kenia y la verdad que el gobierno de Ruto intentó borrar hoy» | LNN por Lynn Ngugi. Uso legítimo.

Por Johnmark Odoyo

En las congestionadas calles de Kangemi, en Nairobi, una andrajosa bandera keniana yace al lado del cuerpo sangrante de un adolescente muerto en las marchas de Saba Saba del 7 de julio, mientras los gases lacrimógenos recorren el aire polvoriento, y la Policía dispara cañones de agua por el estrecho callejón. Saba Saba, que en suajili significa «siete siete», se refiere a las manifestaciones del 7 de julio de 1990, manifestaciones que obligaron a Kenia a tomar el camino de la democracia multipartidaria. Desde entonces, todos los aniversarios se han vuelto una prueba de la tolerancia estatal a la disidencia.

La prueba de este año fue la más letal. Esa escena avanzó por al menos 17 condados en Kenia, y dejaron 31 muertos y más de cien heridos, según la Comisión Nacional de Kenia sobre Derechos Humanos (KNCHR). Ese fue el día más violento de las protestas desde que estalló el descontento en el país tras la aprobación de una controvertida ley financiera en junio de 2024. Cada vez que se agregaba una muerte, aumentaba la rabia que empujó a los jóvenes de Kenia a las calles.

La revuelta tributaria que encendió la mecha

La chispa fue la ley financiera de 2024, amplio paquete de nuevos tributos que muchos jóvenes kenianos calificaron de “tributación sin empleo”. Cuando los parlamentarios aprobaron la ley con su voto final el 25 de junio de 2024, los ciudadanos estallaron como la capital no había visto desde la década de 1990. Miles de manifestantes que se movilizaron por días, sobre todo en X, convergieron en el Parlamento de Nairobi, rompieron los cordones policiales y, en un estallido breve y caótico, ocuparon la cámara. Los militares abrieron al menos cinco rondas de fuego. Al caer la noche, al menos 19 personas habían muerto.

En vez de disminuir la rabia, la represión hizo que el movimiento aumentara en el país, y después se le llamó “protestas de la generación Z”. En las siguientes cinco semanas, hubo manifestaciones en más de 20 condados, y los grupos de derechos contaron al menos 60 muertos, cientos de heridos de bala y más de 600 arrestos vinculados a las marchas contra los impuestos.

Cifra que sigue aumentando

Desde junio de 2024, la cantidad de muertos durante las protestas aumentó en tres claras olas. La primera llegó semanas después de la aprobación de la ley de finanzas en junio de 2024, cuando la Policía usó municiones para despejar las calles. Amnistía Internacional confirmó que 60 personas murieron y cientos quedaron heridas en esa primera ola.

La segunda ola llegó el 25 de junio de 2025, exactamente un año después de que los manifestantes irrumpieron en el Parlamento. Miles de jóvenes kenianos llenaron las calles de Nairobi, KisumuMombasa, coreaban los nombres de los muertos del año anterior. De nuevo, la Policía respondió con gases lacrimógenos. De nuevo, la Policía respondió con gases lacrimógenos, cañones de agua y munición. Al caer la noche, se registraron 16 muertos y más de 400 heridos, la mayoría con heridas de bala.

Dos semanas después, durante las marchas Saba Saba, Kenia registró su momento más sangriento. En una declaración, el ente nacional de derechos humanos informó de 38 personas muertas, más de 130 heridos, y 532 arrestos en 17 condados. Entre los muertos había dos menores. una niña de 12 años por una bala perdida mientras veía televisión en su casa en Kiambu. Juntas, estas tres olas llevaron la cifra de muertos a más de cien, incluido el destacado bloguero Albert Ojwang, que murió en custodia policial en junio. Casi todas las víctimas eran menores de 30 años.

Qué busca la generación Z

“No podemos alimentar a nuestras familias, así que tuvimos que ir a las calles para detener el alza de precios, para parar los secuestros (policiales) y defender nuestro país”, dijo Festus Muiruri, manifestante de 22 años, a Reuters en Nairobi. Su frustración se repite en los canales de medios sociales que se usaron para movilizar a miles de kenianos de la generación Z a las marchas Saba Saba y una serie de protestas callejeras en el último año.

La rabia que impulsó estas manifestaciones va más allá de un día de derramamiento de sangre. El Banco Mundial proyectó que el desempleo general de Kenia aumentaría a cerca de 5.7% en 2024 pues se paralizaron las contrataciones. La situación es mucho peor para los adultos jóvenes. Según la Federación de Empleadores de Kenia, los jóvenes entre 15 y 34 años, que conforman el 35% de la población, enfrentan una tasa de desempleo de cerca del 67%, y más de un millón entra al mercado laboral cada año, muchos sin habilidades vocacionales.

Los manifestantes dicen que la rabia por las dificultades económicas ahora se mezclan con el temor por la violencia estatal.

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Narrativas estatales frente a vigilantes de derecho

El secretario del Interior, Kipchumba Murkomen, describió las protestas como un “intento de golpe”, e instó a los agentes a “disparar cuando vean” a alguien irrumpir en edificaciones públicas. El presidente Ruto usó el mismo lenguaje días después cuando dijo a la Policía que «disparara a la pierna”. El portavoz de la Policía insiste en que solo se usó “fuerza razonable” y dijo que han iniciado investigaciones internas, pero los informes de la morgue que han revisado los reporteros enumeran muertos por disparos de bala como accidentes de carretera o “justicia de turbas”, lo que plantea sospechas de encubrimientos sistemáticos.

El presidente del Comité de Seguridad del Parlamento, Nelson Koech, incluso dijo que la orden de Ruto de apuntar a la pierna fue demasiado leve e instó a un mandato de “disparar a matar”, calificó a los manifestantes como “delincuentes” que merecen la máxima fuerza. Para las familias que han perdido seres queridos, cuando los jóvenes kenianos plantean pedidos básicos sobre empleos e impuestos, el Estado responde con disparos más ruidosos.

Los grupos de derechos mencionan esa alarma. En una declaración conjunta después de Saba Saba, Amnistía Kenia, KNCHR y otros comités de vigilancia calificaron las nuevas muertes de Saba Saba como “muertes extrajudiciales”, y han exigido una investigación independiente. Han señalado que agentes sin membrete con su nombre dispararon junto a hombres no identificados vestidos de civil.

¿Qué sigue?

Para muchos jóvenes kenianos que aún organizan vigilias por los muertos, las luchas pasaron de enfrentamientos en la calle a las urnas y a la fábrica de memes de internet. A inicios de julio, la etiqueta #WanTam, juego de palabras con la frase “un mandato», de advertencia al presidente Ruto solo ejercerá un mandato presidencia, ha encabezado tendencias nacionales y hasta entrado a las listas globales, ha convertido el dolor de la protesta en humor codificado y reunido a nuevos seguidores en línea.

Ruto insiste en que las marchas esconden un complot de golpe, pero lo líderes opositores liderados por el exvicepresidente Rigathi Gachagua, que ahora es un crítico, desestimó las afirmaciones. “Por favor, relájense”, dijo Gachagua a los reporteros. “Termine su periodo. Nadie está tratando de derrocarlo inconstitucionalmente; ningún líder está planeando un golpe, y nadie tiene la capacidad”.

Mientras los grupos de derechos exigen una investigación independiente, las familias piden respuestas y los organizadores de la generación Z planean su próxima medida para mantener la presión, el Estado aún recibe sus pedidos con golpes, gases lacrimógenos, y cada vez más, balas. Ya sea que las siguientes medidas traigan reformas reales o simplemente aumentan la lista de muertos dependerá de cuánta seriedad los agentes hagan caso de las nuevas tumbas que se esparcen por el país y las etiquetas en sus pantallas.

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