
Campo de refugiados en Chad. Imagen de Henry Wilkins/VOA, vía Wikimedia Commons (dominio público).
Desde 2023, Sudán ha estado enfrascado en un devastador conflicto entre las Fuerzas Armadas Sudanesas y las Fuerzas de Apoyo Rápido, dos facciones rivales cuya lucha por el poder ha sumido al país en una gran crisis humanitaria. Millones han sido desplazados, la infraestructura civil ha quedado destruida y el acceso humanitario está peligrosamente limitado.
El conflicto armado en Sudán parece ser una de las guerras civiles más olvidadas del mundo. El silencio que reina en torno a este conflicto tiene a la población sumergida en agitación diaria.
Mientras la Organización Internacional para la Migración (OIM) informa que más de diez millones de personas han sido desplazadas internamente, el Consejo Noruego para Refugiados estima que cerca de hay 15 millones de desplazados, y la mitad de la población de Sudán necesita urgentemente ayuda humanitaria. Muchos buscan refugio en asentamientos sobrepoblados, construcciones sin terminar y zonas abiertas o áreas abiertas con mínimas comida y agua.
La crisis de refugiados traspasa fronteras
El colapso de Sudán no es una catástrofe interna, en una crisis regional. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) informa que el conflicto ha causado que más de 11 millones de personas huyan a países como Chad, Sudán del Sur, Egipto y Etiopía. Los campos de refugiados en esas zonas enfrentan inmensa presión, con recursos limitados para atender la afluencia de desplazados.
El masivo movimiento de personas presiona a los ya frágiles Estados vecinos y crea riesgos a largo plazo para la salud, la educación y la seguridad en la región.
Las familias suelen llegar solo con la ropa que llevan puesta, buscan seguridad tras días o semanas de caminar por terrenos engañosos.
El devastador impacto de la guerra
En centros urbanos, como Jartum, las zonas residenciales han sido bombardeadas, los hospitales han sido atacados y la infraestructura ha quedado destruida. Según Médicos sin Fronteras, numerosos hospitales han cerrado por los daños o la falta de suministros, mientras otros están saturados por la cantidad de civiles heridos.
En la región de Darfur, cuyos recuerdos de las pasadas atrocidades siguen frescos, la lucha se ha intensificado dramáticamente. Human Rights Watch y la BBC han documentado muertes por motivos étnicos y saqueos generalizados en ciudades como El Geneina, ciudad en Darfur del Oeste, en la región Dar Masalit región de Sudán, donde ha habido miles de civiles muertos o desplazados.
El impacto en los niños ha sido particularmente severo. UNICEF informa que más de 14 millones de niños están en necesidad urgente de asistencia humanitaria. De esos, al menos cuatro millones están sufriendo de desnutrición aguda y enfrentan inseguridad alimentaria que amenaza su vida.
Los cierres de escuela han interrumpido la educación para millones de niños, y ahora muchas escuelas se usan como refugios. En algunas zonas, UNICEF informa que los niños están muriendo en cifras alarmantes por desnutrición y enfermedad.
Además, los incidentes de violencia de género, explotación y abuso han aumentado entre mujeres y niñas desplazadas.
Leer más: En Sudán, población civil está atrapada por las ambiciones políticas de dos líderes militares
Se complica entregar ayuda humanitaria
La Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) estima que más de 25 millones de personas en Sudán requieren ahora asistencia humanitaria. Sin embargo, la inseguridad y el conflicto actual han hecho que entregar ayuda sea extremadamente difícil. Los caminos suelen estar bloqueados, atacan a los convoyes de ayuda y los depósitos humanitarios han sido saqueados o destruidos.
Médicos sin Fronteras ha informado de robos armados contra su personal e instalaciones médicas, mientras el Programa Mundial de Alimentos y otras agencias asistenciales tienen problemas logísticos. El plan de respuesta de Naciones Unidas para Sudán 2o24 sigue con los recursos sumamente limitados, con menos de 20% de los fondos necesarios recibidos a mediados de 2025.
Aunque la crisis de Sudán sigue intensificándose, poco se ha informado en los medios recibido internacionales, y el colapso humanitario de Sudán plantea una pregunta difícil: ¿por qué el mundo ignorando a Sudán?
Parte de la respuesta está en la fatiga de atención global. El conflicto de Sudán se ha visto eclipsado por múltiples crisis simultáneas, desde la guerra en Ucrania, la intensificación de la guerra de Israel en Gaza, la tensión entre China y Taiwán, y otros incidentes en el mundo.
Deutsche Welle compara la situación de Sudán con otras crisis, destaca cómo los sesgos editoriales y la priorización de recursos afectan qué historias llegan a las audiencias internacionales.
Pero también hay algo más profundo, una verdad más incómoda: el sufrimiento humanitario en África, la falta de intereses geopolíticos y económicos de Occidente en Sudán, contribuyen a ese silencio.
Pese a numerosos esfuerzos diplomáticos, los ceses al fuego en Sudán han fracasado reiteradamente por la profunda desconfianza entre las facciones enfrentadas y la persistente interferencia externa. Recientemente, una conferencia británica en Londres ni siquiera logró establecer un grupo de contacto básico para conversaciones de paz, pues los principales mediadores árabes, como Egipto, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos no pudieron ponerse de acuerdo en un planteamiento unificado, lo que destaca la fracturada voluntad internacional que obstaculizan las negociaciones.
Por su parte, los intentos de un alto al fuego son rápidamente afectados por las Fuerzas Armadas Sudanesas y las Fuerzas de Apoyo Rápido. Ambos lados de la guerra en Sudán usan medios sociales para propaganda y reclutamiento, los periodistas enfrentan amenazas, censura y ataques que bloquean el acceso a noticias confiables.
En muchos casos, las luchas empiezan apenas horas después de que se llega a un acuerdo. No hay un grupo o país confiable al que ambos lados atenderán, y algunos Gobiernos extranjeros apoyan los diferentes lados de la guerra.
Sin presión internacional fuerte y unida, cada cese al fuego se convierte solo en otra promesa vacía. Es difícil alcanzar la paz cuando hay tanta desconfianza e influencia externa.






