
Enfermera se prepara para aplicar una dosis de vacuna en Ghana, 2021. Imagen de la Organización Mundial de la Salud, CC BY-SA 3.0 IGO, vía Wikimedia Commons.
África utiliza casi el 25% de todas las vacunas producidas a nivel mundial. Cada año se registran más de cien brotes importantes de enfermedades en el continente, en gran parte debido a la baja cobertura de vacunación y a la debilidad de los sistemas de salud y supervisión.
A pesar de que ahí viven más de 1400 millones de personas —alrededor del 18,8 % de la población mundial—, África importa el 99% de sus vacunas y el 90% de sus suministros médicos. Esta dependencia resultó catastrófica durante la pandemia de COVID-19: los países acapararon dosis y endurecieron los controles de exportación. África fue relegada al final de la fila, aunque sus comunidades más vulnerables sufrían el mayor impacto del virus y sus secuelas socioeconómicas.
Producción de vacunas en África
Décadas atrás, la fabricación de vacunas no era una idea ajena al continente africano. Nigeria, por ejemplo, llegó a tener uno de los centros de producción más activos de la región. Su laboratorio fue clave en la erradicación de la viruela en África occidental, la única enfermedad infecciosa humana eliminada a nivel mundial hasta la fecha. Sin embargo, en 1991 el Gobierno nigeriano cerró esa planta, que aún no ha reanudado la producción 30 años después.
En otros países africanos, como Senegal, la producción de la vacuna contra la fiebre amarilla comenzó en 1937 en el Instituto Pasteur de Dakar (IPD), que hoy es uno de los únicos cuatro fabricantes precalificados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en todo el mundo. En Sudáfrica, la fabricación de vacunas se remonta a principios del siglo XX, a través del Instituto Sudafricano de Investigación Médica.
Estos antecedentes demuestran que África alguna vez tuvo un rol activo en la cadena global de suministro de vacunas. Sin embargo, la dependencia de la ayuda exterior, la escasa inversión en investigación y desarrollo, la limitada transferencia de conocimientos y la emigración de profesionales altamente capacitados deterioraron esa capacidad. Se estima que la emigración de profesionales del sector de salud africano le cuesta al sector de la salud africano unos 2000 millones de dólares al año.
Hoy el desequilibrio es evidente. En 2022, Asia produjo el 43% de las vacunas del mundo —incluidas las de COVID-19—, mientras que América del Norte y Europa representaron el 35% y el 20%, respectivamente. África, en cambio, apenas cubre el 0,2% de sus necesidades con producción local.
Ante esta brecha urgente, en 2021 los jefes de Estado africanos acordaron lanzar la iniciativa Salvar vidas y medios de subsistencia (Saving Lives and Livelihoods, SLL), ambiciosa estrategia de 1500 millones de dólares destinada a vacunar al menos al 70% de la población y poner en marcha una transformación del sistema de salud en el continente.
La primera fase de SLL estuvo liderada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África y financiada por la Fundación Mastercard, y ayudó a entregar unos 35 millones de dosis contra el COVID-19, distribuir seis millones de unidades de equipos de protección personal en 12 países y expandir la red de laboratorios de secuenciación genómica de solo dos antes de la pandemia a 40 en toda África.
Más allá de la respuesta sanitaria, SLL busca sentar las bases de un ecosistema sostenible de fabricación de vacunas a través de la Alianza para la Producción de Vacunas en África (Partnership for African Vaccine Manufacturing, PAVM). Como parte de esa visión, los líderes africanos se comprometieron a alcanzar la soberanía en la producción de vacunas: fabricar en el continente el 60% de las dosis necesarias para 2040.
Ensayos clínicos en África
Aunque África concentra el 25% de las enfermedades del mundo, como la malaria, la fiebre amarilla o el cólera, su participación en la ciencia de las vacunas sigue siendo mínima. Menos del 3% de los ensayos clínicos del mundo se hacen en el continente; esto significa que la mayoría de los medicamentos se producen sin tener en cuenta su aplicación en pacientes africanos ni en sistemas de salud locales.
Durante un taller para periodistas organizado por el Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África en junio de 2025, doctor Alemayehu Duga, especialista en farmacovigilancia, desmintió una idea frecuente:
Clinical trials are not about using Africa as a testing ground. They are about generating the evidence needed to protect African lives effectively. It helps us develop vaccines for African bodies.
Los ensayos clínicos no tienen como objetivo convertir a África en un campo de pruebas. Buscan generar evidencia para proteger la vida de las personas africanas con mayor eficacia. Nos permiten desarrollar vacunas adaptadas a los cuerpos africanos.
Como uno de los pilares de la iniciativa SLL, la farmacovigilancia permite fortalecer las redes de vigilancia de seguridad y mejorar la notificación de hechos adversos posteriores a la inmunización y hechos adversos de especial interés, con herramientas más eficaces y en tiempo real.
La primera fase de SLL se implementó en 29 países de África oriental, occidental y meridional, con acciones de capacitación al personal de salud, mejora de la cadena de frío y entrega de vacunas. Al finalizar esa etapa, el 53% de la población objetivo en esos países había completado su esquema de vacunación.

Sala de situación en la sede de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África en Adís Abeba. Foto de Adesewa Olofinko. Usada con autorización.
El precio de no invertir en salud
La Aspiración 1 de la Agenda 2063 de la Unión Africana proyecta una población saludable, bien nutrida y empoderada. Según esta meta, la Estrategia de Salud Africana (2016–2030) insta a los Estados miembros a priorizar la salud y mejorar la coordinación intersectorial. Sin embargo, a pesar de estas hojas de ruta, muchos Gobiernos africanos siguen destinando escasos fondos a la salud pública.
Según la Declaración de Abuya, aprobada en 2021, los países miembros de la Unión Africana se comprometieron a invertir al menos el 15% de sus presupuestos nacionales anuales en salud. Más de 20 años después, ese compromiso sigue lejos de cumplirse. Solo Ruanda, Botsuana y Cabo Verde han alcanzado o superado ese umbral de forma constante. Más de 30 países africanos aún se mantienen por debajo del 10%, y casos como Nigeria, Chad o República Centroafricana dedican apenas entre el 5 y el 7% de sus presupuestos a la salud.
A pesar de estas brechas persistentes, países como Ruanda y Marruecos lograron avances importantes en la preparación ante pandemias y producción farmacéutica local. Marruecos ya es el segundo mayor productor farmacéutico del continente, solo por detrás de Sudáfrica, cuyo mercado farmacéutico podría generar 13 630 millones de dólares en 2025.
Ruanda, en particular, se destaca como un caso ejemplar de éxito sanitario: más del 90% de los niños de 12 a 23 meses tiene el esquema de vacunación completo, según las recomendaciones de la OMS.
En toda África, al menos 25 proyectos de fabricación de vacunas están en distintas etapas de desarrollo, con iniciativas en Nigeria, Sudáfrica, Senegal, Egipto y Kenia. Para garantizar la regulación y el acceso, la Agencia Africana de Medicamentos trabaja en para unificar las regulaciones, mientras que el Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África respalda el proceso para que ocho vacunas producidas en el continente obtengan la precalificación de la OMS de aquí a 2030.
Si la pandemia de COVID-19 dejó alguna lección, es que, cuando llegue la próxima crisis de salud global, nadie vendrá a rescatar a África. A pesar de su vulnerabilidad, el continente representa solo el 2% de la producción científica mundial y el 1,3% del gasto global en investigación.
En junio de 2024, Alianza para la Vacunación – GAVI presentó el Acelerador Africano para la Producción de Vacunas (African Vaccine Manufacturing Accelerator, AVMA), con una inversión de hasta 1200 millones de dólares en diez años para impulsar el crecimiento sostenible del sector. Casi al mismo tiempo, Afreximbank anunció un compromiso de 2000 millones de dólares mediante el Plan de Inversión en Seguridad Sanitaria para ampliar la producción de insumos médicos en África.
Por su parte, la segunda fase de la iniciativa Salvar vidas y medios de subsistencia, financiada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África y la Fundación Mastercard con una inversión de 638 millones de dólares, está prevista entre agosto de 2024 y diciembre de 2025.






