Khaled Khella: Cineasta independiente egipcio da voz al dolor oculto de una generación.

Khaled Khella.

Khaled Khella, usada con autorización del autor.

En la vibrante escena del cine independiente de Egipto, Khaled Khella ha surgido como una voz atrevida que no teme exponer las luchas de las que no se hablan en su generación. Khella nació en 1992 en Helwan, distrito industrial de El Cairo, y su recorrido cinematográfico empezó con una misión simple: capturar las realidades no vistas de jóvenes que navegan una sociedad marcada por contradicciones, deseos contenidos y sueños frágiles.

La pasión de Khella por las películas empezó a edad temprana. “Empecé a grabar videos en medios sociales. Incluso en secundaria, mis amigos me conocían por este pasatiempo y contaban conmigo para darme sus ideas. Sentía la responsabilidad de desarrollarme y ser digno de esa confianza», dice. Este compromiso evolucionó después en un cuerpo que combina audacia con una honestidad casi brutal.

Khaled Khella.

Khaled Khella, usada con autorización del autor.

Debut de tres minutos que recorrió el mundo

El primer roce de Khella con el reconocimiento internacional  llegó con su cortometraje “Dunya wa Akhira” (Vida y el más allá), obra modesta de tres minutos que trata sobre la lucha eterna entre la conciencia moral y las tentaciones mundanas. El la película, un joven enfrenta una dura elección: perseguir a un ladrón que le robó el teléfono o responder a la llamada a las oraciones de la mezquita.

Pese a su brevedad, la película resonó mucho. Se exhibió en festivales en Australia, Brasil, Italia, Países Bajos y Grecia. “Fue la primera vez que salí de Egipto. Se volvió un punto de orgullo para mis amigos en casa. Son solo tres minutos, pero tiene gran significado», recuerda Khella.

Poder, temor y vida tras puertas cerradas

Después de su primer éxito, Khella volcó la mirada a terrenos más íntimos. En “El casero”, exploró el acoso de una persona en el poder dentro de los confines de un apartamento atestado, un drama psicológico que reflejó las historias no contadas en barrios urbanos de Egipto.

“Quería mostrar cómo el abuso de poder crea profundos conflictos psicológicos, pero no quise que el casero fuera un simple villano. Lo creé como un personaje con capas que lucha internamente”, explica Khella. Con la cautivadora actuación de la actriz Hagar El Sarrag, creó una atmósfera tensa que invitó a los espectadores a reflexionar sobre sus propios derechos a la seguridad y la dignidad en sus casas.

‘Miseria egipcia’: Grita lo que la sociedad prefiere susurrar

Egyptian Misery film poster.

Afiche de ‘Miseria egipcia’, usado con autorización del autor.

Sin embargo, fue “Miseria egipcia» lo que consolidó la reputación de Khella como cineasta que quiere cruzar límites. La película se hizo en 2017 con un presupuesto limitado de 3000 libras egipcias (cerca de 175 dólares en ese momento), y pintó duros retratos de ocho jóvenes egipcios que enfrentan heridas invisibles.

“La película es un grito de jóvenes que viven una realidad complicada. Como alguien de Helwan, veo muchas clases sociales de cerca. Quería retratar a los jóvenes de esos estratos, de un graduado universitarios obligado a trabajar como planificador de fiestas a alguien que se rompió la pierna solo para evitar el servicio militar”, dice Khella.

Las historias surgieron de confesiones reales que se enviaron anónimamente a una página de Facebook llamada “Miseria egipcia». Khella examinó cuidadosamente 30 narrativas antes de elegir cuatro que revelaron personas que la sociedad suele catalogar como agitadores, gente dejada de lado o ridiculizada sin entender el daño que les dio forma.

Había historias sorprendentes: un vendedor de pan que repite: “mientras seas inútil, nadie te explotará», un muchacho que tiene relaciones sexuales con un oso de peluche; alguien que descubre que la chica libanesa de la que se enamoró era en realidad su amigo que le hacía una cruel broma. “Estos personajes tratan de justificar que continúan con la vida. Si de verdad captaran lo rotos que estaba, no hubieran podido continuar”, reflexiona Khella.

Rechazó actuaciones refinadas, y deliberadamente eligió actores no profesionales por medio de una convocatoria abierta en su página de Facebook. “Quería personas que no hubieran actuado antes, para que las reacciones sean tímidas y honestas, igual que las historias”.

Las reacciones fueron diversas, predeciblemente. Algunos espectadores vieron reflejos propios o de personas que conocen. Otros se mostraron perturbados. “Algunos rechazaron la película de inmediato, pero nadie dudó de que las historias eran reales”, señala Khella. “Era importante para mí darle voz a quienes no pueden expresarse, independientemente de si cambiaría algo en la sociedad”.

Cuando se le preguntó si el sufrimiento que retrata puede no acabar nunca, Khella responde con apabullante realismo: “No acabará. Porque la mayoría de estas personas ni siquiera ven que tienen un problema. Están en paz con su situación”.

Las luchas de seguir siendo independiente

Film poster 130km to Heaven.

Afiche de la película: ‘130 km al Cielo’, usado con autorización del autor.

Como muchos directores independientes egipcios, Khella tiene batallas logísticas. Los permisos para filmar escenas en las calles suelen implicar enfrentar a las autoridades de seguridad. “Es difícil para cualquier cineasta independiente. Además, convencer a todo un equipo de trabajar gratis no es una hazaña pequeña”, dice. Y encontró una manera, impulsada por la creencia de que las historias crudas merecen estar en centro de la atención, sin importar los obstáculos.

Khella continuó su racha de narración dura. En 2015, dirigió “130 km al Cielo”, en la que examinó los sueños y desilusiones dos dos amigos que viajan de su pueblo a una gran ciudad turística, persiguen dinero y placeres breves. La película removió la callada desesperación de los jóvenes dispuestos a una mejor vida, que se exhibió en festivales como el festival de cine internacional de Beirut.

En 2023, con “Indecencia pública”, película sobre una pareja joven que recorre El Cairo en busca de un espacio privado para tener intimidad, solo para que los persigan unos extraños determinados a controlar su presencia. La película estuvo protagonizada por Tharaa Joubail y Ibrahim Al-Naggary, y ganó el segundo lugar en un taller que hubo durante el primer festival de cine de El Gouna, y después se transmitió por Viu.

Para Khella, el cine sigue siendo más un llamado moral que una carrera. “No busco ganancia, solo quiero mostrar estas películas e iniciar conversaciones. Todo lo que escribo es algo que he sentido profundamente o algo que le pasó a alguien cercano a mí», dice.

Sueña con un futuro en el que las películas independientes puedan llegar a mayores audiencia e iniciar diálogo real.

“Creo que el arte es una poderosa herramienta para el cambio. En mis próximos proyectos, quiero seguir planteando asuntos sociales urgentes. Espero que mis películas lleguen lejos y toquen a tantas personas como sea posible para iniciar conversaciones reales que hagan una diferencia en la vida de las personas y la sociedad”.

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