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Turquía enfrenta de nuevo una devastadora ola de incendios forestales, que ha desatado una preocupación generalizada y reavivado el debate sobre las medidas preventivas y el mantenimiento de las infraestructuras. Según el ministro de Agricultura y Silvicultura, Ibrahim Yumaklı, solo en junio se registraron 569 incendios forestales en todo el país. El 3 de julio, el numero se había elevado a 624. La magnitud de la destrucción es inmensa, según algunas estimaciones, sólo en la provincia de Esmirna las llamas han consumido una zona equivalente a 14 400 campos de fútbol.
Los incendios han devastado provincias desde Hatay, que aún se está recuperando del devastador terremoto de 2023, hasta las provincias de Izmir y Muğla. En Hatay, un incendio que comenzó el 30 de junio tardó dos días en extinguirse por completo y dejó tras un rastro de devastación. En Esmirna, los incendios arrasaron varios pueblos en Seferihisar y Çeşme, lo que provocó la evacuación de unos 50 000 personas y causó inmensas pérdidas materiales. Los fuertes vientos en Çeşme, popular destino para practicar windsurf, agravaron las dificultades de los bomberos y causaron graves daños a los negocios costeros.
Mientras tanto, en el distrito de Akhisar, en Manisa, se libró una batalla de tres días contra las llamas que, según los informes, comenzaron porque un apicultor quiso ahumar a las abejas, pero que se convirtieron en un incendio de proporciones por los fuertes vientos. A comienzos de julio, según la información facilitada por el ministro Yumaklı, la mayoría de los incendios se habían extinguido o estaban bajo control. Sin embargo, junio es solo el comienzo de la temporada de incendios forestales en Turquía que, según las estimaciones de Global Forest Watch puede durar hasta 17 semanas.
Una historia de destrucción y preguntas pendientes
Las regiones mediterráneas y egeas de Turquía son especialmente propensas a los incendios forestales durante los meses calurosos y secos del verano. El año 2021 se destaca como el más devastador de la historia, con aproximadamente 170 000 hectáreas (1700 kilómetros cuadrados) de bosque quemados, lo que ha impactado los medios de vida y causado desplazamientos a gran escala. Aunque ha habido iniciativas para mejorar la capacidad de extinción de incendios, la naturaleza recurrente y la magnitud de estos desastres generan dudas fundamentales sobre la preparación.
En un tuit del Ministerio de Comunicación, Turquía ha aumentado significativamente su capacidad de extinción de incendios desde el aire, pasaron de 73 toneladas en 2002 a 438 toneladas en 2025, con una flota que ahora incluye 27 aviones y 105 helicópteros.
Según se informa, el tiempo promedio de detección de incendios se ha reducido a solo dos minutos, gracias a una combinación de sistemas respaldados por inteligencia artificial y 776 torres de vigilancia contra incendios; el país es líder en la vigilancia forestal basada en vehículos aéreos no tripulados (UAV). La fuerza terrestre también ha tenido un aumento, con 8500 nuevas contrataciones, lo que eleva el total de la fuerza profesional de extinción de incendios a 25 000 personas, con el apoyo de 131 000 voluntarios registrados. La flota terrestre se ha más que duplicado y se han construido 4796 estanques contra incendios.
A pesar de estos avances, el impacto inmediato sobre el terreno durante incendios simultáneos a gran escala a menudo destaca las limitaciones de recursos, con imágenes de lugareños que transportan agua en pequeñas botellas que circulan ampliamente en las redes sociales.
Líneas eléctricas defectuosas
Un punto importante gira en torno al papel de las líneas eléctricas en los incendios forestales. El gobernador de Esmirna, Süleyman Elban, afirmó que estas líneas fueron la causa de los recientes incendios forestales en varias localidades. Sin embargo, GDZ Electricity, empresa distribuidora responsable de la infraestructura eléctrica de la región, refutó públicamente esta afirmación, dijo que «no hay pruebas concretas que indiquen que los incendios forestales en nuestra región se originaran en las líneas eléctricas». En cambio, atribuyó los incendios a «las altas temperaturas, la baja humedad, los fuertes vientos y el cambio climático».
Dado el contexto histórico de los incendios por electricidad, la postura de la empresa ha sido recibida con considerable escepticismo e indignación. Como destacó el periodista Murat Agirel, el incendio de Marmaris de 2021 «se confirmó oficialmente que fue causado por una línea eléctrica». Señaló un patrón preocupante, y añadió: «En 2022 se produjo incendio de Datça. En 2023, el gran incendio de Çanakkale. Y en 2024, el incendio de Diyarbakır-Mardin en el que murieron 15 personas. La empresa distribuidora negó su responsabilidad, pero las pruebas en vídeo demostraron que fue por las líneas eléctricas».
Los críticos sostienen que la privatización de los mecanismos de distribución eléctrica de Turquía a finales de la década de 2000 ha dado prioridad a los beneficios de las empresas por encima de la seguridad y el mantenimiento. Según un informe de Bianet, en 2013 el Estado se retiró por completo de la distribución eléctrica, pero tampoco estableció un mecanismo para que estas empresas del sector privado asuman su responsabilidades o hagan supervisiones.
«Las empresas privadas consideran el mantenimiento como un costo, no como una responsabilidad», Mahir Ulutaş, presidente de la Cámara de Ingenieros Eléctricos (EMO), dijo en una entrevista con el diario Evrensel. «No invierten en inspecciones ni en modernización. Por eso, cada verano, nuestros bosques arden». Las advertencias de la EMO sido constantes, y señaló que los incendios relacionados con las líneas eléctricas han aumentado significativamente desde la privatización.
Según datos de la Dirección General de Bosques, solo el 4% de los incendios forestales son causados por líneas de transmisión de energía eléctrica. Sin embargo, estos incendios representan el 20% del total de la superficie forestal quemada, lo que significa que son mucho más destructivos que otros tipos de incendios.
En un artículo reciente, el periodista Cihan Erdönmez señaló que, entre 2015 y 2024, los incendios forestales originados en instalaciones energéticas —como centrales eléctricas e infraestructuras de transmisión— causaron una pérdida promedio de 5534 hectáreas de bosque cada año en Turquía. Esto representa el 21,48% de la superficie total quemada anualmente, lo que lo convierte en la mayor fuente de daños entre los incendios provocados por el hombre. La quema de rastrojos agrícolas representa el 3,27%; los incendios relacionados con cigarrillos, el 0,98%; las causas relacionadas con el tráfico, el 0,84%; los incendios provocados por cazadores o pastores, aproximadamente el 0,58%; y los incendios en vertederos, aproximadamente el 0,46%.
La indignación pública en medios sociales, llena de imágenes de destrucción y llamados a que se asuman responsabilidades, destaca una frustración más profunda. Los ciclos repetidos de desastres naturales y provocados por el hombre, las medidas preventivas inadecuadas, las negativas oficiales han alimentado una sensación de impotencia y enfado.
«¿No deberían estas empresas ser responsables del mantenimiento de la infraestructura, los postes eléctricos, los aislantes y la limpieza de materiales combustibles alrededor de las líneas?», preguntó Agirel al publicar los datos sobre la causa principal de los incendios forestales. «Sí, deberían. Pero ¿alguna vez has oído hablar de algún ejecutivo de una compañía eléctrica que haya sido arrestado por causar un incendio forestal? Nunca se culpa a las compañías eléctricas». Al menos diez sospechosos fueron arrestados el 4 de julio, pero entre ellos no había ningún representante de una compañía eléctrica.
Cambio de enfoque
La atención, como sostienen muchos expertos, debería pasar de la respuesta de emergencia a estrategias preventivas sólidas, dado que, durante días, las redes sociales en Turquía se vieron inundadas de videos e imágenes que muestran animales rescatados y las graves consecuencias de los incendios:
El equipo de operaciones forestales de Ayvacik ayudó a una serpíente que se vio afectada por las llamas en el incendio de ayer en Ayvacik Çamköy. Se le dio agua a la serpiente y se la llevó a una zona segura. Que Dios los bendiga.
Otra cuenta publicó imágenes de bomberos agotados descansando cuando podían y de vecinos que usaban todo lo que tenían a su alcance para apagar los incendios que arrasaban las cercanías. El pie de foto decía: «Incluso la ira está cansada».
Esta publicación expresaba gratitud hacia los rescatadores de animales:
Estamos con quienes protegen la tierra, los árboles y los animales. El resto son cenizas. Con gratitud y amor hacia los oficiales y voluntarios que arriesgan sus vidas para salvaguardar los seres vivos de nuestra patria. Estamos muy agradecidos de que estén aquí.
En 2021, la etiqueta #HelpTurkey (ayudemos a Turquía) se difundió por Twitter, Facebook e Instagram. Se registraron más de 2,7 millones de publicaciones difundidas tras la visita del presidente Erdogan a una de las zonas afectadas, donde se le vio lanzando paquetes de té a los sobrevivientes del incendio. Poco después de que la etiqueta ganó impulso, la Fiscalía General de Ankara abrió una investigación sobre la campaña y sobre quienes difundieron el mensaje, los acusó de difundir «ansiedad y miedo».
Este año no hay etiquetas, y como escribió la escritora Ayse Ozyilmazel en una publicación de Instagram: «Estoy perdida. Ya no sé por qué debería estar triste, a quién defender, con quién enfadarme, a quién tranquilizar, qué escribir y qué puedo decir para no meterme en problemas, cómo seguir adelante, cómo no perder la cabeza, cómo mantener una actitud positiva y no sucumbir a la oscuridad».






