
Autor frente al cartel de Chernóbil. Foto usada con autorización.
Por Ihor Krychuk
Esta historia forma parte de una serie de ensayos escritos por artistas ucranianos titulada “Cultura recuperada: Voces ucranianas dan forma a la cultura ucraniana”. Esta serie se hace en colaboración con la Asociación Folkowisko/Rozstaje.art, gracias a la cofinanciación de los Gobiernos de República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia mediante una subvención del Fondo Internacional de Visegrado. La misión del fondo es promover ideas para una cooperación regional sostenible en Europa Central. La tradujeron del ucraniano Iryna Tiper y Filip Noubel.
El 26 de abril de 1986 ocurrió el desastre de la planta de energía nuclear de Chernóbil, que las autoridades soviéticas trataron de silenciar. Pero el folclore explotó ese vacío de información con poemas, anécdotas y fábulas. Los conozco, viví en Kíev todo 1986. Mi madre, Oleksandra Yaroshchuk, trabajaba en Chernóbil, y sus amigos visitaban nuestra casa. Después, conocí a Maria Dotsenko, arquitecta jefa de Prípiat, donde vivía el personal de la planta de energía nuclear. También conocí a Viktor Bryukhanov, exdirector de la planta de energía nuclear de Chernóbil, que estuvo en prisión por “negligencia criminal”.
Ahora, con la guerra ruso-ucraniana, los folletos para paramédicos contienen esta recomendación: “Más bromas para aliviar la tensión”. Después del accidente de Chernóbil, la gente también entendió que la risa puede curar el trauma y circuló poemas y anécdotas:
I know the Ukrainian nation:
We don't give a damn about radiation.
There's vodka, beer and crayfish:
Radiation is a pain in the ass!
Conozco a la nación ucraniana:
Nos importa un cuerno la radiación.
Hay vodka, cerveza y cangrejo de río.
¡La radiación es un dolor de cabeza!
Los ingeniosos jugaron con los efectos dañinos de la radiación en la potencia masculina: “Si algo está mal con tu pene, ¡contacta a la IAEA! (Agencia Internacional de Energía Atómica)”.
El desastre de Chernóbil aceleró el colapso de la URSS. Hay una broma famosa que hacen los disidentes sobre la concurrida celebración del Dia del Trabajo, el 1 de mayo de 1986, organizado por los comunistas en Kiev:
‘Do Kyivans participate in the May Day celebrations?’
‘Yes! Very actively. In the stands and in the columns — radioactive Kyivans! The streets energetically radiate love for the Communist Party of the Soviet Union.’
‘¿Los ciudadanos de Kíev participan en las celebraciones del 1 de mayo?’
¡Sí! Muy activamente. En los atriles y en las columnas, ¡kievitas radioactivos! Las calles irradian amor energéticamente por el Partido Comunista de la Unión Soviética.
El extraño pino con forma de tridente (uno de los símbolos nacionales de Ucrania), que los liquidadores vieron en el Bosque Rojo cerca de Chernóbil, está inserto en el alma de la nación. Es también el lugar donde, 36 años después, los ocupantes rusos cavaron trincheras. En ese momento, el árbol con su inusual forma era percibido como una promesa de la independencia de Ucrania.
La gente vio el alcance de la catástrofe: los liquidadores —personal civil y militar a cargo de limpiar el desastre— quedaron tan afectados por la radiación que murieron, y los evacuaron. Esto se volvió algo común. El accidente inspiró un brote de conocimiento apocalíptico: empezó a circular una nueva interpretación de la profecía sobre la letal “estrella del ajeno” del libro del Apocalipsis, como una advertencia sobre el accidente Chernóbil, porque “chernóbil” es la palabra ucraniana para la hierba del ajenjo.
Los ucranianos recordaron “El ángel enrolla el cielo en un pergamino”, el fresco del siglo XII que señala el fin del mundo, de la iglesia de San Cirilo en Kíev. El concepto de “dolor negro” (“cherno” significa “negro”) se menciona en sus plegarias. Apareció un nuevo tipo de ícono religioso: el “Salvador Chernóbil”, que presenta al lado de Cristo a un pino tridente, el ajenjo estrella, y a los liquidadores como mártires.

Pintura de Vasyl Skopych. Foto de Ihor Krychuk. Usada con autorización.
En uno de esos íconos, el pintor Vasyl Skopych retrató a Leonid Telyatnikov, comandante del departamento de bomberos que fue el primero en llegar a extinguir el reactor. A Telyatnikov se le retrata como un gigante disfrazado de san Jorge que elimina al dragón. Se trepa de una muralla rota de la planta de energía nuclear, pero en vez de una lanza, el encantador de serpientes tiene una manguera contra incendios.
Otro tributo a la mitología moderna es la iglesia Memoria la víctimas de Chernóbil” en Kiev, en la calle Street, construcción del siglo XXI (entre 1991 y 2011) del arquitecto Mykola Zharikov. Su estructura es una caja enorme de concreto que se asemeja a los contornos del sarcófago sobre la Unidad 4 de la estación de energía nuclear de Chernóbil.
En los últimos años de la URSS, a fines de la década de 1980, maduró la idea de la independencia de Ucrania, así que la gente empezó a bromear con el concepto de Estado. Una de esas bromas hablaba de un Estado cuya capital era Chernóbil, que tenía el nombre de “Pomyraniya” (de la palabra “morir”, que rima con “Pomerania”). Tiene todos los atributos de independencia, incluido un himno que se basa en la canción de protesta chilena “Venceremos”, que declara: “¡No nos vencerán»!”. La broma está en un juego de palabras entre “Venceremos” y el ucraniano “Не всеремось” (Ne vseremos), que se traduce como “¡no nos cagaremos!”, expresión cómica de resiliencia bajo presión, una burla a la solemnidad de himnos y lemas.
Nacen nuevas criaturas míticas
El accidente cerca de Kiev, en la antigua Polesia, pareció como un crimen deliberado contra el pueblo ucraniano, como el Holodomor de comienzos de la década de 1930. Así, Chernóbil se convirtió en un factor en la lucha de una identidad ucraniana. La tierra de Polesia, donde se construyó la estación de energía nuclear de Chernóbil, es una zona de asentamiento de ucranianos, donde se han preservador muchas creencias antiguas. Desde 1994, expediciones etnográficas han explorado la región, y han recolectado telas, íconos, equipo de pesca, cerámicas que muestran una conciencia arcaica y rituales que evocan el paganismo.
Uno de los lugares más famosos se llama “Puente de la Muerte”, que está a tres kilómetros de la estación de energía de Chernóbil. La noche del 26 de abril de 1986, la gente vio el fuego en la estación desde lejos, pero inhaló grandes dosis de radiación, que les provocó la muerte después.
También hay historias populares sobre “charcos radioactivos” que brillaban de noche, cuenta de “pies de elefante”, masas de solidificada del reactor que eran mortales para quien se les acercara, y leyendas de una laguna artificial de enfriamiento donde vive un siluro mutante gigante. Hay historias sobre hombres lobo en el Bosque Rojo y personas fantasmales con máscaras de gas que aparecen en la ciudad abandonada de Prípiat. En esos relatos de fenómenos anómalos, se puede reconocer espíritus y demonios protoeslávicos de los etnógrafos Oleksandr Geishtor o Volodymyr Hnatyuk.
Uno de los temas más comunes son historias sobre criaturas que supuestamente emergieron por la exposición a la radiación. La base de esos relatos es en parte de películas de Hollywood, y también de la obra de Maria Prymachenko (1909–1997), famosa representante de pintura naif. Vivía a 50 kilómetros de la estación de energía nuclear en la aldea de Bolotnya. Los dibujos de Maria son extraños: una cola de león con cara humana, pájaros antropomórficos y animales nunca antes vistos. La artista los pintó brillante e infantilmente, pero no le temía a evocar temas sociales difíciles. Hizo varias pinturas en memoria de Valery Khodemchuk, operador de la planta de Chernóbil, que además era su pariente, y uno de los primeros en morir por la llama radioactiva.
Esta serie de dos videos es una introducción al arte de Prymancheko:
En lugar de titular sus pinturas, Prymachenko escribió extensos y emotivos textos: “Esta ave está volando, busca a su esposo, pero no lo encuentra por ningún lado …”. Ya no hay museo de historia natural local en la ciudad de Ivankiv, donde había 14 pinturas de Primachenko; los rusos lo destruyeron con un cohete en febrero de 2002. Independientemente de eso, sus compatriotas sacaron su obra de las ruinas, y septiembre de 2022, una exhibición titulada “Rescatad0” se organizó en Kíev, y tuve la suerte de verla.
Hace poco, circuló un titular místico en los medios de Ucrania: “Maria Prymachenko donó 500 000 dólares a las Fuerzas Armadas de Ucrania desde el Otro Mundo”. El dinero se recaudó a través de la venta de su pintura “Las flores crecieron cerca de la Unidad Cuatro” (1990) y se transfirió al Ejército.
El arte ucraniano está reinterpretando el folclore de Chernóbil, antiguo y moderno. Se han escrito poemas, oratorios y canciones sobre diversos aspectos de la tragedia de Chernóbil. Los artesanos hacen cerámica y amuletos. El grupo musical Onuka tiene el tema “ARKA”, dedicado a la construcción de un sarcófago de confinamiento seguro. El solista del grupo, Nata Zhyzhchenko, ha viajado por la zona de exclusión más de una vez y ha cantado ahí.
“Chernóbil es mi reino”, dice Nata. “Hasta quisiera que hubiera una boda aquí”. La memoria histórica y cultural no quiere ninguna “zona de exclusión». Porque 10 000 años de radioactividad es mucho y sin tiempo.
Inmediatamente después del accidente, filósofos sensibles describieron Chernóbil como una “fin del mundo” mental: el colapso de ideas de progreso, medios, tiempo, espacio. Sin embargo, el surgimiento de arte, folklore, leyendas, cuentos, canciones y artefactos materiales que surgen en el contexto del desastre de Chernóbil muestran que la cultura puede surgir hasta de las ruinas.
En Chernóbil, la nación ha sido bautizados por las llamas radioactivas, y han surgido las profundas raíces de conciencia nacional. El folclore de la era atómica combina opuestos: el apocalíptico temor a Dios y la memoria pagana, horror y belleza, humor, sarcasmo y esperanza. Ayuda a curar el trauma del desastre, y los terrible se vuelve sublimado, se convierte en patos. El arte folclórico parece agregar otro aspecto a la percepción de uno de los hechos más memorables de la humanidad: el desastre de Chernóbil.







