Ha muerto Ziad Rahbani, compositor, dramaturgo y satirista político libanés: Se apaga la voz de una generación

Ziad Rahbani (centro), en el escenario junto a su amigo y colaborador de toda la vida, Joseph Sakr (izquierda), fallecido en 1997. Captura de pantalla de un video de YouTube de Al Jadeed News. Uso legítimo.

El sábado 26 de junio en Beirut, murió Ziad Rahbani, emblemático compositor, dramaturgo y satirista político libanés, lo que deja una región en ruinas y a una generación de luto. Más que una figura cultural, Ziad fue símbolo de rebeldía, ingenio y crítica. Un artista cuya música, teatro y personalidad inspiraron a millones más allá de las fronteras.

Ziad nació en 1956, era hijo de la legendaria cantante Fairuz y del compositor Assi Rahbani, y forjó un camino propio en la música y en la política. Desde joven desafió lo convencional, y se convirtió en una voz representativa de la izquierda árabe y de quienes cuestionaban la autoridad, la religión, el sectarismo y las ridiculeces del poder.

Sus obras teatrales, canciones y programas de radio entretenían, y también enseñaban, provocaban y desafiaban. Para muchos, fue el primer contacto con la política en un país y una región marcados por guerras, ocupaciones y violencia sectaria. A través del sarcasmo y la sinceridad, entre acordes de piano y juegos de palabras, Rahbani introdujo a generaciones los ideales de rebeldía, crítica e imaginación colectiva desde una perspectiva izquierdista.

Millones en los países de habla árabe aún recitan diálogos enteros de sus obras, letras de sus canciones o citas de sus programas de radio, que muchas veces se difunden como grabaciones caseras, aún vigentes como comentarios sociales.

Su archivo artístico, musical y teatral, es vasto, poderoso y adelantado a su época, que combina una fusión de jazz, bossa nova y funk con estilos tradicionales árabes y letras punzantes que dieron lugar a un estilo único, conocido como “jazz oriental”, que influyó a muchos artistas.

El legado de Rahbani es un testimonio vivo de los vaivenes políticos, sociales y emocionales de las últimas cinco décadas, con todas sus contradicciones.

Se despide en un momento en que la región está más colonizada, reprimida y fragmentada que nunca, y más alejada de sus sueños de joven comunista en la década de 1970 dedicado a la liberación palestina y las revoluciones proletarias.

Su partida deja una profunda herida en una generación que ha atravesado transformaciones políticas, derrotas, violencia y alienación, muchas veces con la música y el teatro de Rahbani como fondo de sus esperanzas y desilusiones.

El 28 de julio, dolientes acompañaron su ataúd y marcharon en su honor por el barrio de Hamra en Beirut, donde vivió, trabajó y pasó sus últimos días; una zona que en su tiempo encarnó el espíritu de la resistencia y la izquierda.

Este homenaje es para un hombre sencillo que cargó, con ingenio, cinismo e innovación, el peso de los sueños, las derrotas y las contradicciones de toda una generación.

Mientras su figura es recordada en todo el mundo como un pilar de la música, el teatro y la política, los pensamientos se vuelcan de manera inevitable hacia su madre, la incomparable Fairuz. Su voz, una de las más reconocidas en toda la región árabe, en las canciones compuestas por su hijo, seguirá siendo una de las más hermosas que ha dado esta tradición musical.

Adiós, Ziad. Gracias por la música, las palabras, las risas y por darle voz a nuestra juventud.

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