
Foto de Novaya Vkladka, usada con autorización.
Este artículo se publicó originalmente en Novaya Vkladka el 14 de julio de 2025. Global Voices reproduce una versión editada en virtud de un acuerdo para compartir contenido.
En la mañana del 15 de diciembre de 2024, durante una tormenta en el estrecho de Kerch, dos embarcaciones que transportaban petróleo, el Volgoneft-212 y el Volgoneft-239, se vieron afectados por una tormenta. Uno de los buques se partió en dos, mientras que el otro encalló a 80 kilómetros del puerto de Tamán. De las 9200 toneladas de petróleo que transportaban, 3700 se derramaron en el mar cerca de la ciudad de Anapa en el krai de Krasnodar, popular ciudad turística rusa.
A mediados de junio de 2025, un equipo de reporteros de Novaya Vkladka viajó a Anapa para averiguar cómo los negocios locales generan ingresos, las teorías conspirativas locales y por qué algunos creen que los petroleros se hundieron a propósito.
La catástrofe dejó al balneario de Krasnodar sin turistas: las reservas de hotel para junio-julio de 2025 se redujeron entre un 30% y un 70% en comparación con el mismo período del año anterior. Desde finales de junio, se solicita a los huéspedes que se alojan en hoteles y balnearios de Anapa que firmen una exención de responsabilidad como reconocimiento de la prohibición de bañarse.

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Nina Semiónovna viajó 12 horas en tren de Anapa a Sochi para encontrarse con su nieta en el aeropuerto. Ahora, regresan. El tren nocturno entre Anapa y Ádler se inauguró en 2024; antes, un solo tren diario con vagones con asientos operaba durante el día. El aeropuerto de Anapa, como la mayoría de los aeropuertos del sur de Rusia, está cerrado desde marzo de 2022, tras la invasión rusa de Ucrania en febrero. La única forma de llegar al sur de Rusia en avión es volar a Sochi.
«¡Esperemos que no se ponga peor!», suspira Ilmira, de 35 años, agente inmobiliaria de viaje de negocios en Anapa; se queja de que un boleto de tren desde Ádler cuesta más de 5000 rublos (63,50 dólares): «Para 12 horas de viaje, creo que es mucho».
Mala suerte
A las 06:00 horas, hora local, el tren deja a los somnolientos pasajeros en el andén de la estación de Anapa. Última parada: nublado; con ligera llovizna. Desde el andén, se ve una hilera de edificios nuevos de nueve pisos y grúas de construcción.
Un flamante hotel, aún sin un cartel apropiado, a solo un kilómetro de la playa central de Anapa, está lleno a medias porque, en palabras de Alyona, la recepcionista, «puedes ver con tus propios ojos lo que está pasando con el mar».
A las 10:00 horas, el pueblo parece un parque de atracciones abandonado. El Zamok Strakha (Castillo del Miedo), inaugurado a mediados de 2023, está dormido. También el parque acuático. Una muchacha frente a una galería de tiro murmura rápidamente mientras algunos transeúntes pasan con dificultad: «Pasen, tiren un tiro, revienten globos».
Solo hay vida en el tanqueódromo, donde dos niños de unos ocho años corren en tanques en miniatura.

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El olor a gasolina es asombroso; los tanques funcionan con combustible de verdad. Una mujer en la taquilla explica que a los adultos también les gusta la atracción: «Muchos de la operación militar especial vienen a pasear. Envían fotos a sus hombres [en primera línea], para mostrar cómo la pasan bien». Operación Militar Especial es como el Gobierno ruso se refiere a su invasión de Ucrania.
Las ventanillas de los quioscos turísticos permanecen cerradas, pero las tiendas que venden camisetas coloridas, chanclas baratas y flotadores inflables abren poco a poco. Aunque los carteles escritos a mano en algunos cafés dicen «Cerrado», los dueños de los negocios recuerdan con cariño la temporada anterior, cuando Anapa, con sus 85 000 habitantes, recibió a 5,5 millones de turistas. En 2025, Nané, dueña de una cafetería en la calle Terskaya, prepara café y sirve pasteles ella misma; no puede permitirse contratar personal. «Ayer caminé por la calle y todo estaba vacío», dice. En 2024 había muchísima gente, pero este año empezó con números rojos. Mi contrato de arrendamiento vence a finales de octubre, y si cierro ahora, todavía tengo que pagar la renta. Espero recuperar al menos la mitad esta temporada, solo para cubrir parte de la renta.
Los populares cafés de Anapa, antes conocidos por sus discotecas de verano que abrían desde la noche hasta el amanecer, ahora están casi vacíos. A finales de mayo, se instaló una pantalla gigante en la plaza frente a los locales, que ahora muestra anuncios de contratos militares y noticias del Foro Económico de San Petersburgo, donde los funcionarios hablan sobre «cómo construir el mundo del futuro».
Alekséi, de poco más de 40 años con una camiseta verde claro sin mangas, se gana la vida vendiendo billetes para paseos en barco con música y baile. Sus ingresos dependen directamente de los turistas, que casi no hay. Hace dos años se mudó a la ciudad turística desde óblast de Luhansk para reunirse con su hermano: “En casa, había tres opciones: trabajar como un perro en la fábrica como mi padre, aceptar un trabajo en servicios públicos o ir a la guerra”.
Está furioso y cree que el derrame de petróleo se «exageró porque beneficia a las autoridades». Sugiere que los petroleros «definitivamente fueron liberados durante la tormenta a propósito», y explica: «Si fue una avalancha o un meteorito, claro, es la naturaleza. Pero los virus, la guerra, son provocados por el hombre. Estoy seguro de que maquinaron la situación para embolsarse miles de millones. La administración se benefició enormemente. Asignaron, digamos, 1500 millones de rublos [19 millones de dólares] para la limpieza. Las autoridades se quedaron con la parte más sustanciosa y dieron a los voluntarios algo de dinero para la pala, pero todos los autónomos, las pequeñas empresas, son quienes están sufriendo». Está seguro de que las autoridades «quieren llenar los centros turísticos de Crimea, así que dejaron de lado Anapa».
En Crimea, las reservas han aumentado entre un 40% y un 60% en comparación con el año anterior. Alekséi, al igual que otros profesionales del sector turístico de Anapa, cree que el pánico generado por la catástrofe fue orquestado en los medios y las redes sociales de los competidores de la zona. Tras una pausa, añade: “Incluso pensé: ‘¿Y si Ucrania saboteara los petroleros?’. No me sorprendería”. Aun así, no se arrepiente de haberse mudado a Anapa en estos tiempos difíciles: “Al menos vivo junto al mar y no estoy transportando ladrillos”. Ha oído que “los trenes para julio están completamente reservados” y espera que la temporada tenga, al menos, alguna posibilidad de recuperación.
No es rentable
La playa central de Anapa, Zolotoy Pesok (Arena Dorada), se asemeja a un animal gigante herido. Toscas huellas de neumáticos marcan el paisaje, un tractor ruge tras las dunas y redes verdes bordean la orilla para recoger petróleo.

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No hay olor, ni a mar ni a petróleo. Hay poca gente. Las mujeres se suben la falda y se meten en el agua hasta los muslos. Las adolescentes graban videos de TikTok, riendo. Los niños cavan en la arena.
Por los altavoces se alternan canciones soviéticas y una voz masculina metálica que recuerda a los visitantes que «nadar está estrictamente prohibido». A principios de junio, el ayuntamiento de la zona declaró 66 km de costa, desde el pueblo de Veselovka hasta la reserva natural de Utrish como «zona de peligro», y prohibió el acceso a las playas.
“Si hay toxinas en el aire, ¿por qué no nos evacúan?”, se pregunta Anastasia Vdovina, fundadora de la marca de cosméticos Anapskaya Kosmetika. “La mayoría de nuestras escuelas y jardines de infancia están justo en la costa”.
Cuando ocurrió el desastre del petrolero, la producción de Vdovina se detuvo: 15 de sus empleados fueron a limpiar aves y recolectar aceite, y ella misma coordinó una de las sedes de voluntarios. Sin embargo, después de las fiestas de Año Nuevo, varios hoteles y restaurantes locales dejaron de comprar sus productos. Para febrero, sus ingresos mensuales habían caído un 42% y tres empleados renunciaron.
La gente se ha estado mudando a lugares donde puedan ganar algo de dinero. Una mujer y su familia dejaron su apartamento en Anapa y se mudaron a Tuapse porque el trabajo de su esposo depende de la temporada turística. Con la llegada del invierno, muchos temen que Anapa se convierta en la próxima Prípiat, ciudad ucraniana cerca de Chernóbil, que está abandonada desde 1986.
Según Vdovina, los hoteles, restaurantes, comercios minoristas y pequeños fabricantes han sido los más afectados, y muchos se han visto obligados a recortar gastos. Algunos de sus amigos dueños de restaurantes decidieron no abrir sus cafeterías de temporada, mientras que quienes tienen restaurantes con una ubicación pintoresca apenas se llenan los fines de semana. No hay vuelos, dice, y eso también disuade a los huéspedes con mayores ingresos. Las personas adineradas optan por volar a otros destinos turísticos, mientras que a los habitantes de Siberia y el norte de Rusia les resulta demasiado largo y caro llegar a Anapa desde el cierre del aeropuerto en 2022.
Vdovina es concejala de Anapa para pequeñas y medianas empresas. Propuso varias medidas para incentivar a los funcionarios locales, como subsidios para los salarios del personal de hoteles y restaurantes para evitar despidos masivos, y apoyo para quienes compran productos locales. Ninguna de sus ideas se aceptó. «¡Es como si no existiéramos!», exclama. «El Gobierno destina enormes sumas para apoyar a las regiones fronterizas e incluso a otros países. Lo entiendo, de verdad. Pero aquí también hay gente, y de nuestro problema no se habla. ¿Somos peores que esas regiones? Nosotros también vivimos en un infierno. No sabemos qué nos deparará el mañana. Y esto lleva siete meses. Una de cada dos personas que conozco vive de tarjetas de crédito».
El rescate de los petroleros hundidos en el estrecho de Kerch está previsto para 2026. Hasta entonces, la población local se encuentra en una situación incierta.
Tocar fondo
El pueblo turístico de Vityazevo, el más afectado por el derrame de petróleo, parece un escenario de película. La feria de Kuban está cerrada, al igual que los puestos de helados, recuerdos, cosméticos, kebabs y shawarma. Los carteles en las pensiones dicen «Habitaciones disponibles», pero según el taxista local Anton, «Todo está vacío, todo está parado, todos se quejan. Es una tragedia para Anapa, un desastre en todos los sentidos. Creo que la situación se recuperará el año que viene. Pero ahora mismo, la ciudad se ha sumido en una especie de letargo».
La sede de voluntarios, que estuvo funcionando desde diciembre, ahora está inactiva. Los lugareños dicen que no ha habido gente durante al menos uno o dos meses: «Tenemos quizás el 20% de la gente de 2024. Es difícil. No sobrevivimos; hemos tocado fondo». ¿Ese quiosco de shawarma al otro lado de la calle? Un negocio familiar. Durante la temporada, cinco personas trabajaban sin parar. Ahora, solo queda una.
Por ahora, la costa está desierta. Los cuervos negros revolotean con los fuertes vientos mientras algunos turistas se sientan en la arena. «Está prácticamente limpio ahora, pero esos petroleros hundidos aún contienen una tonelada de petróleo, y no hay tecnología para sacarlos», se preocupa Fyodor, un taxista de edad avanzada que conduce al equipo por el pueblo desierto. «El petróleo se deposita en el fondo y luego el mar lo devuelve a la superficie. Si hay otra fuga ahí abajo, todo vendrá aquí».
Culpa a las autoridades por negligencia: «Al principio, nuestro gobernador gritó: ‘¡Nos encargaremos nosotros!’ Solo había lugareños. Los voluntarios llegaron después. Ricos y pobres, todos estaban allí con palas, mientras que el Gobierno despertó y finalmente envió a los servicios de emergencia».
Al preguntarle si le preocupa perder la temporada, Fyodor se enfurece: “No todo es cuestión de dinero. Lo que realmente me molesta es que alguien haya ordenado enviar petroleros con semejante tormenta. De eso se trata, de dinero”.
Recorridos por el mar limpio
¡Nos jodieron de verdad con este mazut [producto petrolífero]! Antes estaba al teléfono organizando excursiones desde la mañana hasta la noche; ni siquiera podía salir de casa. ¡Pero este año por fin disfrutamos de la vida mientras aún somos jóvenes! No hay turistas, pero nos sentimos como si viviéramos en un pueblo turístico. ¡Todo es para nosotros!, ríe Sergey, emprendedor de Anapa que ofreció su camioneta para llevar al equipo al mar de Azov. Este año, al disminuir el tráfico turístico en Anapa, empezó a ofrecer «excursiones por el mar limpio» por 2500 rublos [32 dólares] a playas a una hora de distancia.
Sergey tiene 50 años, una amplia sonrisa, la cabeza rapada y el pecho bronceado, adornado con una cadena y un colgante icónico. Señalando la calle vacía, dice: «¡Nunca está así en junio! Normalmente, uno va a paso de tortuga entre el tráfico porque todos van caminando a la playa».
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Se mudó a Anapa con su familia desde otra región hace 15 años y empezó a organizar excursiones en jeep. Normalmente, entre mayo y octubre, ganaba más de tres millones de rublos (39 000 dólares). La situación empeoró cuando cerró el aeropuerto de Anapa: “La gente empezó a venir en sus propios autos, y no son nuestros clientes. Preguntan a las ancianas en los quioscos sobre las rutas, luego usan un GPS y dicen: “¡Gracias, llegaremos solos!”.
Sergey califica la logística local de «pésimo» y afirma que el mal acceso ferroviario de Anapa no ayuda. Si bien la caída del turismo no le afectó demasiado, principalmente porque el turismo no es su único ingreso, se solidariza con quienes «no tienen ahorrado lo suficiente para dos o tres años».
En la camioneta viajan Iván y su esposa Alina, una joven pareja de Baskortostán. Iván luchó en Ucrania durante dos años, resultó herido y ahora espera su baja.
Al oír esto, Sergey baja la voz: “Hermano, ¿serviste en la Operación Militar Especial?”. Iván, asiente, parece exhausto y conmocionado: “Me persiguen en sueños…”. Durante el resto del viaje, Sergey maldice la corrupción en Rusia y culpa a Ucrania. Dice que no soporta que los ucranianos hayan elegido un gobierno que mintió y los condujo al fascismo.
Desde el asiento trasero, Iván habla de repente: “Nos dicen que vivimos mejor que ellos. Pero cuando entramos en pueblos ucranianos… Sus carreteras eran diez veces mejores. La gente vivía diez veces mejor. ¡Su maquinaria agrícola es increíble! Nos quedamos impactados”.
Alina resta importancia a la historia de su marido: “No me importa la guerra. Solo quiero una vida tranquila”. Está desempleada, pero sueña con importar productos de China para venderlos en Ufá, y añade con orgullo: “Mi marido prometió darme el dinero para eso”.
La costa de Azov está salpicada de las coloridas figuras de los veraneantes. Iván y Alina compran cerveza fría y se dirigen a la playa. Sergey se sienta a la mesa de un café, y reflexiona sobre por qué “nuestros líderes se benefician de todo este disparate”. Cree que el gobernador Veniamin Kondratyev “quiere que este ‘accidente’ se prolongue durante años”, y añade: “Por supuesto que seguirá diciendo durante los próximos 15 años que todo en Anapa todavía se está restaurando”.
Se han asignado aproximadamente 13 000 millones de rublos (19 millones de dólares) de varios presupuestos para limpiar el petróleo, vigilar la calidad del agua y construir diques para contener los petroleros hundidos.
Al ponerse el sol, el paseo marítimo de Anapa se llena del aroma a algodón de azúcar y carne asada. Música pop de principios de los 2000 resuena en los altavoces mientras las atracciones medio vacías brillan en el parque de atracciones. Cuando el sol finalmente se esconde en el horizonte, un avión de combate ruge sobre sus cabezas. Los niños se estiran, gritando: «¡Avión! ¡Tan cerca!». Durante unos segundos, el complejo turístico se ve envuelto en un ruido denso y atronador, luego todo queda en silencio.






