Colectivos brasileños «hackean» exclusión y difunden seguridad digital

Fotos das equipes dos coletivos (de cima para baixo): Mais1Code, InfoCria e Decodifica. Fotos: Equipes dos coletivos/Usadas com permissão

Fotos de los equipos de los colectivos (de arriba para abajo): Mais1Code, InfoCria y Decodifica. Fotos: Equipos de los colectivos/Usadas con autorización

En una oficina de Mais1Code, colectivo fundado en 2019 en São Paulo, Diogo Bezerra oyó que un alumno contaba que logró salvar a su madre de una estafa después de sus clases de seguridad digital. Los estafadores enviaron un mensaje a su madre por WhatsApp en el que decían ser una empresa en la que la señora tenía una cuenta, y le cobraban intereses por una supuesta deuda. Si no pagaba esa deuda inmediatamente, el nombre de su madre se registraría en Serasa Experian, empresa brasileña con un banco de datos sobre créditos y deudas de los ciudadanos.

“El contacto no venía de un canal oficial y el muchacho alertó a su madre en ese momento. Ese gesto le mostró que el conocimiento sobre seguridad digital es protección no solo para él, sino para la familia”, cuenta Bezerra, socio fundador de la organización.

“La inclusión digital solo es real si viene acompañada de seguridad. En las comunidades negras y periféricas, la vulnerabilidad no es solo en el acceso, está también en la exposición a los golpes, uso indebido de datos, desinformación y ciberacoso, etc”.

El colectivo actúa en la región de Jardim Pantanal, en la periferia de São Paulo, y promueve talleres de formación en los rubros de tecnología de la información y cursos de desarrollo digital, que incluye protección en línea.

La influencia de esta y otras organizaciones no gubernamentales es crucial en el Brasil de hoy, principalmente en zonas periféricas e identificadas por raza.

Datos de 2024 del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), en su informe sobre acceso a tecnologías de información y comunicación señalan que el acceso a internet aumentó en el país en los últimos años: el 89% de los brasileños de diez años y más tuvieron acceso a internet en los tres meses anteriores a la investigación. Y la desigualdad disminuyó: aún hay diferencia entre el porcentaje de personas blancas con acceso (90%) y la población negra (promedio de 88,5%), pero es 2016 esa desigualdad era mayor: el 72,6% de las personas blancas tenían acceso a internet, y entre la población negra el promedio era de 62,1%.

Sin embargo, como señala el Núcleo de Información y Coordinación (NIC), creado para establecer decisiones y proyectos del Comité Gestor de Internet en Brasil, «aún hay grandes desigualdades. Por ejemplo, hay internet en el 100% de casas de clase A (la más alta), pero en los hogares de clases DE (las más bajas) es del 68%».

Puntos de vulnerabilidad

Alumnos en la oficina gestionada por Mais1Code. Foto: Mais1Code/Usada con autorización

Bezerra enumera puntos que percibe como los más vulnerables para la seguridad digital de las poblaciones periféricas: “Destaco estafas financieras y manipulación por noticias falsas. Pero también son fuertes la protección de datos personales y, principalmente, el desconocimiento sobre los derechos digitales. Muchos ni saben qué es la ley general de protección de datos”.

Además de planes de clase, mentorías y tutoriales personalizados, los talleres y cursos de Mais1Code incluyen juegos en línea para enseñar  como una juego a alumnos y acompañantes sobre la importancia de la seguridad digital.

Entre los juegos está CyberSpace, juego en línea creado por la organización en asociación con Cultsec, empresa programadora de aplicativos de seguridad digital. El jugador es un pirata cibernético y debe encontrar puntos que den acceso a datos de terceros para salir de una sala en la que está preso.

“El principal punto del juego es enseñar a las personas el poder y la cantidad de información a la que accede un pirata cibernético y mostrarles eso, porque no tienen idea”, dice Bezerra.

También resalta la a importancia de enseñar seguridad digital de forma diversificada y accesible, adaptada a distintas realidades, como en comunidades y poblaciones sin instrucción o acceso en línea.

“Hoy adaptamos todo. Trabajamos con contenido simplificado y aulas híbridas, presenciales, en locales con baja conectividad. Lo que se debe aprender es que el lenguaje simple, la empatía y la escucha activa son fundamentales para ampliar el impacto y promover el entendimiento”.

Rasgos raciales y sociales

Oficina realizada pela InfoCria, mostra pessoas em sala de aula

Taller de InfoCria, colectivo creado en Baixada Fluminense, región del estado de Río de Janeiro. Foto: Equipe InfoCria/Usada con autorización

O InfoCria, colectivo creado en Imbariê, municipio de la llamada Bajada Fluminense, en Río de Janeiro, fue idea de dos jóvenes que ayudaban a personas mayores de la región a “trabajar” con celulares. Ahora, imparten talleres de seguridad digital y creación de aplicativos, entre otras acciones.

Los creadores, Matheus Freitas y R. Ramires, destacan que el debate de seguridad digital también debe incluir estar rasgos raciales y sociales.

“Las apuestas y casinos digitales se han difundido justamente por la vulnerabilidad social que vive más de la mitad de la población brasileña, que es negra. Muchos en las comunidades se han enviciado con esas apuestas en línea. Son un riesgo del mundo digital, y tiene que tratarse como tal. Y los medios deben identificar ese rasgo y saber que causan que esa población sea vulnerable”, dice Ramires.

Destaca que es importante que instituciones y organizaciones no gubernamentales antirracistas también consideren la inclusión digital como una pauta fundamental, y por ejemplo, que consideren usar reconocimiento facial.

“Es importante que estén atentos al racismo en codificaciones, que lean entre las líneas de la programación referida a la población negra. La sociedad está cada vez más digitalizada, usamos esas tecnologías para el trabajo, la vida social o la rutina. ¿Cómo confiar en un sistema que envía un estereotipo programado del rostro de un negro y lo codifica? Asegurar una digitalización transparente y consciente es darle una oportunidad a los negros de poder vivir”, dice Ramires.

Lo mismo señala Manuela Oliveira, integrante do Decodifica, de la comunidad de Jacarezinho, en Río de Janeiro. Dice que implantar estereotipos a tecnologías, como el reconocimiento facial, corroboran desigualdades, asuntos que muchas veces las políticas públicas dejan de lado.

“Aunque el discurso sobre ‘ciudades inteligentes’ sea positivo y verse sobre innovación y calidad de vida, esas tecnologías pueden reforzar desigualdades estructurales que hacen que la actividad de los colectivos y grupos también sea una dificultad. Más allá de la idea popular de que esto es un avance, dado que existe un uso masivo de reconocimiento facial defectuoso y algoritmos racistas, incluso los agentes públicos desestiman la visión crítica de estas acciones».

Acciones en la práctica

Evento organizado por el colectivo Decodifica. Foto: Divulgação Decodifica/Usada con autorización

Según el especialista Roberson Miguel, programador y gestor tecnológico organizacional, la principal forma de perfeccionar la seguridad digital periférica es llevar la demanda al poder público.

“La seguridad digital debe salir de la esfera privada y pasar a ser considerada como una cuestión de ciudadanía y derechos humanos. El Estado necesita garantizar políticas de internet como servicio esencial, crear programas continuos de formación digital, adaptados a la realidad de las comunidades, y fortalecer canales de denuncia y combate a los delitos digitales».

Fabíola Maurice, especialista en sostenibilidad digital y líder de comunidades de Guardian Project, también defiende el incentivo gubernamental y social en campañas.

“Es fundamental que impulsemos [en el ámbito gubernamental y social] campañas de conocimiento que informen sobre los riesgos más comunes, y también que difundamos derechos derechos que protejan a los usuarios. Cuando las comunidades comprenden esos riesgos, aumenta la probabilidad de que busquen activamente formación, participen en talleres y cursos”, explica Maurice.

Los parientes de quienes trabajan en educación en seguridad digital también aprenden de a pocos cómo protegerse. Cláudio Mendes, de Decodifica, cuenta sobre una conferencia con su familia en la platea. “Expliqué que dar el Catastro de Personas Físicas (registro del documento brasileño) en farmacias para tener descuentos puede exponer datos sensibles. Mi madre y hermana quedaron asombradas, y ya han cambiado sus hábitos”.

Ramires, de InfoCria, dijo que su madre fue su primera alumna. “Ver que ha podido arreglárselas con su celular es algo grandioso para mí, más cuando la veo hablar de noticias falsas, y que aprendió mucho sobre seguridad digital. De vez en cuando, sus amigas también me buscan para que les aclare cosas que ella les ha informado”, cuenta.

En general, colectivos y educadores resaltan la importancia de construir redes para educar sobre seguridad digital y combatir la vulnerabilidad de algunos grupos.

“La seguridad digital en la periferia siempre ha sido y seguirá siendo algo más que una protección contra piratas cibernéticos como creen, es un acto unificado contra la exclusión y la invisibilidad”, dice Roberson Miguel.

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Seguridad digital en Latinoamérica

Este artículo es para de una serie de cuatro artículos que analizan asuntos de seguridad digital en Latinoamérica, que da recomendaciones de cómo mitigarlos. La serie fue posible gracias al apoyo del Fondo de Respuesta Rápida de la organización Derechos Digitales.

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