
Foto de Shannia Cabuello. Fuente: Kodao Productions, usada con autorización.
Este artículo de Katrina Lazarra se publicó originalmente en Kodao, sitio de noticias independiente en Filipinas. Global Voices reproduce una versión editada como parte de un acuerdo para compartir contenido.
En Filipinas, donde seguir tu pasión a menudo viene con la advertencia “no podrás pagar tus facturas”, está surgiendo un cambio en las aceras, en los parques y en los mercados del arte cada fin de semana.
Una versión modernizada del puesto de venta tradicional da a jóvenes creativos una nueva plataforma, en la que pueden expresarse y ganarse la vida. Latag es un término filipino que se refiere a tender un tapete o una mesa para vender productos, y su popularidad aumentó después de la pandemia por COVID-19. Se considera que le exige menos tiempo y energía al vendedor, por lo que se convierte en un trabajo aparte ideal para muchos empleados saturados de trabajo y mal pagados, que conforman una porción significativa de los habitantes del país.
En Gran Manila, el salario mínimo actual está en 645 pesos (11 dólares) por día, un total de 14 190 pesos (248 dólares) al mes. Este total no incluye impuestos, deducciones obligatorias ni el constante aumento de la inflación, y está muy lejos del salario mínimo diario de 1200 pesos (21 dólares) o de 36 000 pesos (629 dólares) mensuales establecido por el grupo de expertos en economía IBON Foundation. Para quienes viven al día, el salario mínimo establecido por el Gobierno no cubre lo básico de las necesidades diarias, mucho menos “lujos” como ahorro, atención médica o actividades creativas.
Aquí es donde entra latag, no como un pasatiempo, sino como una estrategia de sobrevivencia.
Representantes del latag
Angelica Faye Pitpit fue contratada recientemente como directora creativa de una cadena de cafeterías, pero sigue armando su mesa en mercados del arte para vender sus dibujos, autoadhesivos, postales y artículos similares.
Se convirtió en vendedora en 2023 y desde entonces no ha parado. Se introdujo a la escena del latag durante un periodo financieramente difícil en la universidad. Se acumularon costos de su tesis, materiales y gastos diarios, entonces vio al latag como una solución.
“Lo que realmente me motivó, aparte de promover y difundir mi arte, fueron mis necesidades económicas” admitió Faye.
El arquitecto recién egresado Julius Raynera también recurrió a latag cuando completaba su tesis. Sin embargo, incluso después de su graduación, aún depende de sus ventas y de trabajar a comisión durante petsa de peligro (fecha de peligro), los temidos días anteriores al día de pago, cuando la billetera se vuelve delgada.
“En general, lo uso para ahorrar, pero también dependo de latag durante petsa de peligro, cuando quedo corto de mi salario en los días anteriores al día de pago”, dice.
Para la empleada a medio tiempo Shannia Cabuello, balancear su trabajo como trabajadora de cocina y exhibir sus creaciones en el latag la ayuda a ganar un ingreso extra y llegar a fin de mes. Mientras que su salario principal queda corto, su trabajo adicional de vender artículos a crochet, collares, llaveros y otras artesanías similares le genera la ayuda adicional para sus necesidades personales.
Su llegada a latag comenzó cuando necesitó de una mesa para la escuela, que no le alcanzaba con su paga mensual. Shannia empezó vendiendo accesorios hechos a mano para un aparato que se ha vuelto una necesidad para estudiantes como ella.
Recuerda por qué recurrió a latag para vender sus artesanías: “Cuando me faltaba dinero, pedía un anticipo, pedía prestado dinero o pedía a ayuda a mi mamá”.
El organizador de eventos Christian Dave Opiano se inició en latag después de que levantaron las restricciones de la pandemia, ofrecía mercadería estilo punk a los transeúntes.
Dave continuó vendiendo luego de abandonar la universidad, cuando tenía tiempo libre entre sus múltiples empleos. Depende de latag para ayudar a cubrir sus gastos diarios y obtener más ingresos porque la paga de su fuente de trabajo principal no es suficiente.
“En ese entonces, comenzaba mi día solo con el dinero del pasaje, pero volvía a casa con miles de pesos en la mano. Eso me inspiraba a no detenerme y seguir adelante”, dice David.

Foto de Julius Raynera. Fuente: Kodao Productions, usada con autorización.
Vender con pasión
Faye, Julius, Shannia y Dave dependían de latag por distintas razones, pero todos están igualmente movidos por la pasión. En una cultura que no siempre le da valor al trabajo artístico, latag se ha convertido en más que solo trabajo adicional. Es un espacio para respirar, para crear y para ser reconocido.
“Esta es realmente mi pasión”, dice Faye. Como persona creativa, latag le ofrece una vía para expresarse y tener un descanso de su vida corporativa.
De manera similar, Shannia describe su trabajo adicional como una pausa de su trabajo principal. “Es como descansar. Es donde encuentro calma y descanso”, dice.
Para Dave, el dinero no es el factor principal para su continua actividad en latag. Dave revela: “En mi caso, yo solo quiero mostrar mi arte. Eso es todo, solo quiero ser reconocido”.
Aunque no ganen lo suficiente ni con latag, siguen viendo su trabajo adicional como necesario para su pasión por el arte.
Pero si lo aman tanto, ¿por qué no lo hacen a tiempo completo?
La mayoría de los artistas en Filipinas no pueden vivir solo de sus respectivas pasiones. El apoyo gubernamental es escaso. Los programas de arte tienen poco financiamiento. Las oportunidades son limitadas. Y culturalmente, el arte todavía se considera como un pasatiempo, no como una profesión.
Julius señala que la escena latag nunca será la fuente principal de ingresos para artistas. En el mejor de los casos, se mantendrá como un espacio cultural pequeño y limitado en el que los artistas y su audiencia pueden conectar e interactuar. Dice: “Puede ser una fuente de ingresos, pero no me veo haciéndolo a tiempo completo. Ni siquiera hay un mercado para los artistas aquí en Filipinas”.






