Reimaginar la servidumbre caribeña en una nueva existencia artística y botánica

Image of the title wall of the art exhibition “The Botanical Afterlife of Indenture: Imaginative Archives,” which took place at the Art Society of Trinidad and Tobago in Port of Spain from June 10-21.

Imagen del panel del título de la exposición de arte “La vida botánica tras la servidumbre: archivos imaginativos”, en la Sociedad de Arte de Trinidad y Tobago en Puerto España, 10 al 21 de junio. Foto de Abigail Hadeed, usada con autorización.

Nota del editor: aunque la mayoría de los trabajadores de servidumbre por contrato que llegaron al Caribe tras el fin de la esclavitud entre 1834 y 1920 eran de origen indio, trabajadores de otras regiones también entraron en este régimen de servidumbre, como chinos, europeos y africanos.

Si quisieras explorar cómo perdura la historia de la servidumbre por contrato e influye en la identidad de las personas, ¿qué lo harías? Si fueras Gabrielle Hosein, profesora titular del Instituto de Estudios de Género y Desarrollo del Campus St. Augustine de la Universidad de las Indias Occidentales, en Trinidad, podrías comenzar revisando los archivos visuales para buscar… algo.

“Me interesa lo que significa vivir una vida feminista tras la servidumbre por contrato”, me comenta al tercer día de su exposición titulada “La vida botánica tras la servidumbre: archivos imaginativos”, que hizo en colaboración con la fotógrafa Abigail Hadeed. La muestra se llevó a cabo en la Sociedad de Arte de Trinidad y Tobago, en Puerto España, del 10 al 21 de junio, poco después de los 180 años de la “llegada de los indios”, el 30 de mayo. “Tuve la influencia de artistas y académicos que han estudiado la historia de la servidumbre por contrato y cómo se representó, en particular la historia del trabajo de las mujeres”.

La mujer del dhoti

Shot of an archival photo of an Indian woman working on a coconut plantation in Jamaica, wearing a dhoti.

Fotografía de archivo que llevó a la académica Gabrielle Hosein a reflexionar sobre la servidumbre por contrato y su legado en la vida contemporánea. Imagen de Janine Mendes-Franco, usada con autorización.

La fotografía que la inspiró para conceptualizar su exposición, que tardó dos años en materializarse, fue la de una mujer india que estaba trabajando en una plantación de cocoteros en Jamaica y llevaba un dhoti. La fotografía formaba parte de la colección Michael Goldberg West Indiana. Hosein se “obsesionó” con la imagen años atrás y empezó a pensar por qué le parecía tan importante. Según la descripción que acompaña al retrato, fue porque “el trabajo desdibuja el género […] la androginia de su apariencia hace que esta imagen sea llamativamente diferente de otras fotografías de la época colonial y derriba los mitos sobre la vestimenta india de tiempos antiguos. Esta prenda, que podría ser masculina o femenina, encarna la figura de una mujer trabajadora con dhoti y dupatta, [que a la vez] lleva un hasuli [collar] tradicional de plata como forma femenina de ahorro y belleza”.

La propia Hosein lo explica así: “Cuando pasas mucho tiempo revisando archivos visuales, ves que todas las imágenes muestran a las mujeres envueltas en una falda; en muchos sentidos, son imágenes veraces, pero como feminista vas a buscar a las mujeres que la historia no quiere recordar, a las que la historia ha olvidado, a las que no encajan en el molde”. Ese fue el único retrato que encontró en el que aparecía una mujer vestida de una manera que podría interpretarse como “contraria a la norma”, y fue lo que inspiró una serie de imágenes contemporáneas del dhoti para la exposición: archivos visuales que se basan en las narrativas del pasado y cuentan “historias particulares que [de otro modo] podrían haber caído en el olvido”.

La obra, dice la artista, surge de una comunidad de personas comprometidas con la “vida tras la servidumbre por contrato”, expresión popularizada por el profesor Andil Gosine. Señala que también ha estado reflexionando de diferentes maneras, sobre “nuestra relación con el legado de la servidumbre por contrato”.

Es una relación, dice Hosein, que puede representarse en el carnaval, en los rituales cotidianos del hogar y, por supuesto, en el arte. “Quería crear una obra que tuviera una base histórica y que fuera educativa, y a la vez extremadamente contemporánea, feminista y política”. En sus trabajos se dedicó también a la belleza, “porque cuando a las mujeres africanas e indias las llevaron como mano de obra a las plantaciones, llegaron a un campo de trabajo que no las valoraba como seres humanos. Y para las mujeres, la belleza es increíblemente humanizante, por lo que crear belleza a partir de condiciones tan explotadoras y violentas es buscar herencias que podamos llevar con nosotros al futuro”.

La belleza de lo vegetal

Photographer Abigail Hadeed.

Fotógrafa Abigail Hadeed. Foto cortesía de Gabrielle Hosein, usada con autorización.

Una persona clave que la ayudó a ahondar en estas herencias es Abigail Hadeed, con su perspectiva fotoperiodística que la lleva a observar en profundidad a quienes retrata y a convertirse en testigo respetuoso de su trayectoria. “Parte de este trabajo encajaba con lo que ya estaba haciendo. Siempre estoy tomando fotografías de objetos… desde naturalezas muertas hasta seres vivos. Como fotógrafa, pienso de manera clásica”.

Mientras que el punto de partida de Hosein fueron las imágenes de archivo, Hadeed quedó cautivada por lo vegetal: “Pensar en la servidumbre por contrato, te lleva a pensar en la caña de azúcar [y también] en los jahajin bandals [sacos en los que transportaban] semillas [de] todas estas plantas, tamarindo y moringa, que vinieron con ellos y formaron parte de sus huertos, de su sustento; trajeron todo eso a Trinidad y al Caribe”.

Sección de la exposición llamada “Botanicals” (“Elementos botánicos”) Foto de Abigail Hadeed, usada con permiso de la autora.

Ese es un elemento de la exposición que rinde homenaje al trabajo y a la memoria del profesor emérito Brinsley Samaroo, que hizo numerosas investigaciones sobre el sistema de servidumbre por contrato y que, con relación a los ingeniosos paquetes de tela con los que los trabajadores transportaban sus pertenencias, dijo: “La lista de la flora que cabía en este jahaji bandal es larga e impresionante”: mango, guayaba, granada, sapodilla, arroz, ejotes, cúrcuma, jengibre, comino, calabaza amarga, canela, mostaza, pimienta negra, cebolla, ashoka, neem, pepino y loto.

A shot of some of the photographs in the “Botanicals” section of the exhibit, in which you can see the ghosting and movement Hadeed describes.

Toma de algunas de las fotografías de la sección “Botanicals”, en la que se puede apreciar el efecto fantasmal y el movimiento que describe Hadeed. Foto de Abigail Hadeed, usada con autorización.

Hay tanto allí que, en la mente de Hadeed, los materiales botánicos “no están del todo resueltos”, pero son visualmente fascinantes. El arroz, por ejemplo, tiene mucho dinamismo: “Me encanta que todavía no esté listo para la cosecha. Los elementos botánicos exponen las continuidades y transformaciones de la vida, en las que las plantas son el tema de sus propias historias. Incorporar el movimiento a las imágenes sirve como metáfora del paso del tiempo y la naturaleza etérea de la memoria. Las imágenes borrosas o fantasmales representan el pasado, momentos intangibles y esquivos, mientras que los elementos estáticos anclan al espectador en el presente. Esta interacción invita a considerar cómo la historia perdura en la contemporaneidad e influye en la identidad”.

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Aunque el movimiento siempre ha sido parte del trabajo de Hadeed, la artista afirma que ahora se presenta todavía más, ya que, al reflexionar sobre el pasado, el presente y la memoria, se da cuenta de que: “Hay tantas cosas que se están difuminando hoy en día. El mundo se mueve tan rápido que creo que es muy importante mostrar el movimiento”.

The square strips of printed cloth that form the base of the jahajin bandals, which were made by Lina Vincent and a team of designers from India: Setika Singh, Gaurav Maurya and Dhanya Kolathur.

Trozos cuadrados de tela estampada que forman la base de los jahajin bandals, creados por Lina Vincent y un equipo de diseñadores de India: Setika Singh, Gaurav Maurya y Dhanya Kolathur. Imagen cortesía de Gabrielle Hosein, usada con autorización.

El artículo en el que Samaroo escribió sobre el contenido de los jahajin bandals fue “un momento decisivo” para Hosein: “Empecé a pensar en cómo podía crear archivos imaginativos, formas de registrar y conmemorar esta historia de la servidumbre por contrato india y los legados que son populares, en el sentido de que pueden moverse en el paisaje de la vida cotidiana y que son tan expresivos visualmente que transmiten lo que pretenden conmemorar”.

“Si comenzamos con la historia de los jahajin bandals —continúa— se diseñó como un cuadrado en el que los extremos se atan entre sí y se convierten en un archivo, impresos con las plantas que trajeron; se pretende, entonces, que cuando [se vayan] de la galería, la gente se lleve el arte para encarnarlo, para llevarse estos legados que tienen un significado para ellos. Ya está contando su historia de forma visual, y eso es lo queríamos lograr”.

Desafiar los estereotipos

Wall of the exhibition “The Botanical Afterlife of Indenture: Imaginative Archives," showing the 'Tools of the Trade' section.

Sección “Tools of Trade” ( “Herramientas del oficio”). Foto de Abigail Hadeed, usada con autorización.

La exposición serpenteó luego, de forma bastante deliberada, hacia las vidas de las mujeres indias. Los escritos de académicas como Rhoda Reddock y Patricia Mohammed ayudaron a Hosein a cuestionar el estereotipo pasivo y domesticado que había de ellas: “Desde hace décadas, les digo a mis alumnos: ‘Las mujeres indias a quienes quieren seguir son las mujeres contratadas que ganaban su propio salario, que abandonaban a las parejas que no querían y las que protestaban por las condiciones laborales. Las autoridades coloniales crearon este estereotipo de la ama de casa india como respuesta a esta misma mujer y, por supuesto, a la violencia que enfrentaba como resultado de ese tipo de política de autodeterminación’”.

Esta parte de la muestra imagina creativamente las historias indocaribeñas en el contexto de las prácticas femeninas de belleza, e invitan a reflexionar sobre los relatos de la servidumbre que trasciende la “historia eurocriolla de la pintura paisajística”, y llega hasta representar elementos vegetales en “formas de arte encarnadas”, como el mehndi, los godnas e incluso usar joyas, que desafían el retrato colonial de las mujeres indias y, en su lugar, visibilizan su resistencia.

An exhibition goer looks at the series that explores indenture legacies through mehndi.

Visitante observa la serie que explora el legado de la servidumbre por contrato a través del mehndi. Foto de Abigail Hadeed, usada con autorización.

Con estas representaciones, dice Hadeed, buscaban cambiar el paisaje visual a un contexto caribeño, por lo que necesitó una sesión creativa con otros colaboradores: la artista de mehndi Risa Raghunanan-Mohammed, la diseñadora de tatuajes Portia Subran, el joyero Frank Mitchum Weaver y la curadora y diseñadora gráfica Melanie Archer, entre otros. Estas formas de arte utilizaron por primera vez plantas agrícolas comunes y otros elementos de la servidumbre por contrato, y los plasmaron en una obra visual como esta: “Su simplicidad es asombrosa —dice Hosein— porque se podría pensar que ya había sido concebido antes. No creo que alguna vez se haya representado en mehndi a una mujer empuñando un machete”.

The handmade sterling silver bajuband, made by jeweller Frank Mitchum Weaver.

El bajuband, brazalete de plata hecho a mano por el joyero Frank Mitchum Weaver. Foto cortesía de Gabrielle Hosein, usada con autorización.

De repente, la henna trasciende el adorno corporal y se convierte en un archivo feminista y botánico. Los godnas, tradición hindú por la cual las mujeres debían tatuarse al casarse, que Hosein considera “muy patriarcal”, se apartan de ese contexto y se convierten en algo diferente al conmemorar las plantas que ayudaron a crear libertad económica para las mujeres indias contratadas. Los viajes que los contratados realizaron en el siglo xix a lugares como Guyana, Trinidad, Jamaica y Surinam, al salir del pagal samundar (el mar loco), brillan en escenas de resistencia y liberación grabadas en un grueso bajuband (brazalete) de plata.

La académica Joy Mahabir describe las joyas como un símbolo del trabajo de las mujeres, la resistencia laboral y la liberación. Todo lo que se muestra en esta exposición multimedia (porque también incluye una película) se basa en investigaciones y se reinterpreta en una obra moderna, que es fundamentalmente imaginativa y política en relación con el archivo visual original.

Photos of Gabrielle Hosein as subject. Photos by Abigail Hadeed.

Gabrielle Hosein retratada. Fotos de Abigail Hadeed, usada con permiso de la autora.

Hosein no tenía ninguna intención de aparecer en las fotografías de una manera que fuera fiel al pasado; más bien quería desafiar todo lo que la gente pensaba sobre la servidumbre por contrato, recordando que Gaiutra Bahadur, autora de Coolie Woman, the Odyssey of Indenture (Mujer coolie: la odisea de la servidumbre), escribió un artículo en el que afirma que las imágenes de la Coolie Bell se producían al mismo tiempo que las mujeres protestaban fuera de las plantaciones, “un cruce entre la propaganda colonial y lo que realmente estaba sucediendo”.

Invertir la mirada

“The Gaze” section of the exhibit, where the perspective is shifted.

Sección “The Gaze” (“La mirada”) de la exposición, donde se cambia la perspectiva. Foto de Abigail Hadeed, usada con autirización.

Una serie de la exposición plantea lo que ocurre cuando son las mujeres indias quienes sostienen deliberadamente una máquina de fotos y “miran a través del objetivo de la cámara los retratos coloniales”. Hosein dice que es una idea que anticipa al álbum familiar, que surgió recién en la década de 1940.

Hadeed agrega: “Se trataba de darles la posibilidad de representarse a sí mismas, como diciendo: ‘Yo te miro y tú me miras mirándote’. Es casi como si estuvieras viendo lo que ella ve”.

En otra serie, las imágenes contemporáneas de Hadeed incluyen algo que Hosein no pudo encontrar en ninguna de las imágenes de archivo: libros. Muchas mujeres indias aparecían retratadas a cargo de sus bebés, pero nunca leyendo, y como su propia abuela había ido a la escuela y sabía leer en urdu, inglés y árabe —“porque tenía que saber leer el Corán”—, para ella era imprescindible que la lectura formara parte de la narrativa.

A section of the exhibit that shows Indian women reading; education was part of their journey of self-determination.

Para Hosein era importante que los libros y la educación se representaran como parte del legado de la servidumbre por contrato. Foto de Abigail Hadeed, usada con autorización.

Su tío le regaló a Hosein el Corán que le lee a su hija. “Nos interesaba mucho —reitera— desafiar la hegemonía de lo que se visualizaba sobre las historias indocaribeñas”.

El regreso a lo vegetal

Gabrielle Hosein adjusts some of the rice grains that form the rangoli design.

Gabrielle Hosein acomoda granos de arroz que forman el diseño rangoli. Foto cortesía de Hosein, usada con autorización.

La última parte de la exposición cierra el círculo. Pero en vez de mirar el arte en las paredes o la película en la pantalla, hay que desviar la vista hacia abajo. En el suelo hay un diseño del artista de rangoli Richard Rampersad, que expresa la botánica de otra forma.

“Esto es mango, tambor metálico y gente —explica Hosein—. Para mí, esto es muy muy importante porque representa la tradición del arte popular. Se puede tener una exposición de arte muy sofisticada, pero en última instancia proviene de una tradición de arte popular”.

Rangoli art by Richard Rampersad at the exhibition.

Arte rangoli de Richard Rampersad en la exposición. Foto de Abigail Hadeed, usada con autorización.

Aunque Hosein describe las fotografías de Hadeed como “una gran obra”, también sostiene que las piezas —las sandalias, los tatuajes, las joyas— se conectan en una visión general para crear “archivos imaginativos que pueden acompañarnos en los recorridos mientras reflexionamos sobre cómo nos relacionamos con el pasado”.

Para Hosein, la muestra no trata tanto de la identidad india, sino de la historia de la servidumbre por contrato que parte de una política feminista posterior. “La importancia multiétnica de esta exposición —dice— radica en que, aunque estas plantas llegaron en jahajin bandals con los trabajadores contratados, han tenido tal impacto en el paisaje y son tan conocidos en el Caribe, que en verdad se trata de un legado de la servidumbre por contrato que todos hemos heredado, independientemente de nuestra etnia, clase, geografía, discapacidad o sexualidad. Ese conocimiento nos dice que los legados posteriores a la servidumbre sirven como base para que encontremos puntos en común. Esto es algo que sin duda nos pertenece a todos colectivamente”.

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