En Brasil, gitanos de los suburbios luchan por el reconocimiento de su identidad.

Gitanas Magda y Viviane de Jardim Aimore, en Itaim Paulista. Foto: Léu Britto/ Agência Mural/Usada con autorización

Este texto es de Artur Ferreira y Amanda Oliveira, y se publicó originalmente el 30 de mayo de 2025 en el sitio web de Agência Mural. Global Voices reproduce este artículo con ediciones en virtud de un acuerdo editorial.

En el imaginario popular, la imagen de los pueblos gitanos se relaciona con ropa colorida, fiestas, accesorios y un aura de misterio, con espíritu viajero. Pero más allá de los estereotipos, existe toda una historia de resistencia y pertenencia que atraviesa siglos, incluso en las periferias de São Paulo.

En las universidades, oficinas públicas, consultorios médicos o acampamentos más tradicionales, los gitanos luchan por sus derechos, contra los prejuicios y por el reconocimiento, en un país donde aún hay fallos en la atención y diversidad de este pueblo.

En Itaim Paulista, barrio del extremo este de la ciudad, viven 250 personas en uno de los principales asentamientos y más antiguos  de gitanos en la región.

“Algunos gitanos leen la mano, bailan, se visten con ropa típica, pero algunos hasta son evangélicos, como yo, y no viven en campamentos. Es un pueblo como cualquier otro”, cuenta el ama de casa Magda Santos, de 32 años, que vive en el campamento hace ocho años con su esposo y dos hijos. “Yo no soy gitana de sangre, pero me convertí en gitana cuando me casé”.

Cocina del campamento de gitanos en Itaim Paulista. Foto Léu Britto/ Agência Mural/ Usada con autorización

Los gitanos, también conocidos como pueblos gitanos, son un grupo étnico que no tiene un origen único. Una de las teorías más aceptadas dice que son pueblos de origen indio que a partir del siglo XI viajaron por el mundo y se esparcieron por la región de los Balcanes, Europa occidental, y luego por otros continentes.

Mientras extendía ropa en el tendal, la costurera gitana Viviane Alves Pereira, de 29 años, se aseguró de responder cuáles son los principales problemas que tiene su pueblo. La afirmación llegó sin titubear: prejuicio, invisibilidad y falta de acceso a los derechos básicos, un escenario que se repite en los barrios marginales.

¿Quiénes son los gitanos de las periferias?

La mayoría de gitanos que vive en la periferia de Gran São Paulo son de la etnia calon, como Magda y Viviane. También son quienes más sufren por los prejuicios por mantener las tradiciones y son los más fácilmente reconocidos como gitanos, por su vestimenta y por el modo de vida nómade, en campamentos, según fuentes de este reportaje.

En Brasil, existen otros dos grupos étnicos gitanos: los romaní y los sinti, que no usan la ropa típicas, por lo que pasan desapercibidos en las ciudades.

“Muchos brasileños ya fueron atendidos por médicos, enfermeros y abogados gitanos, y tal vez ni siquiera lo supieron”, cuenta el activista Nicolas Ramanush, de 64 años, presidente de la ONG Embaixada Cigana do Brasil, en Santo André, en el Gran São Paulo.

“En la región, los gitanos se concentraron en el barrio de Itaim Paulista y en las ciudades de Itaquaquecetuba e Itapevi, con campamentos próximos a las estaciones de tren», dice.

Terreno donde viven acampados los gitanos en la zona este de São Paulo. Foto: Léu Britto/ Agência Mural/Usada con autorización.

Cada etnia se divide en subgrupos y cada uno desarrolla sus propias costumbres, hábitos, religiones y ritos. “En mi etnia, por ejemplo, siempre usamos zapatos decorados, con muchos detalles. Algunas mujeres calon son famosas por sus vestidos floridos y por usar pañuelos”, cuenta Ramanush, que pertenece a la etnia sinti.

Son el grupo menor con menos personas del país. “Si hoy existen cien familias en Brasil es mucho”, dice. “Esto se debe al período del nazismo. Los sinti fuimos casi exterminados. De los gitanos muertos en el Holocausto, la mayoría eran sinti y romaníes”, dice.

Según Ramanush, hay diversas manifestaciones de la cultura de los pueblos gitanos incorporadas al estilo de vida de Brasil sin que mucha gente sepa. Los gitanos fueron algunos de los responsables de mantener y hacer crecer el carnaval, en especial en el noreste brasileño, crearon e incentivaron los bloques de calle. Algunos disfraces famosos, como el oso de Recife, son de origen gitano.

“Instrumentos como el violón de seis y siete cuerdas los llevaron los romaní a Brasil. Algunos sambistas ya hablaron cómo la convivencia con los gitanos los inspiraron musicalmente”, recuerda.

Debajo de la lona

La rutina de las familias gitanas, periféricas y nómades, está marcada también por la dificultad en la atención de salud y para matricular a los niños en la escuela, por falta de domicilio fijo. Enfrentan también problemas estructurales de São Paulo, como inundaciones y crecidas de ríos, en tiendas de lona, sin seguridad.

Uno de los casos más críticos que enfrenta la comunidad fueron las inundaciones y crecidas de ríos ocurridas en febrero de 2025 en el extremo este de São Paulo, en la región conocida como Jardim Pantanal. Las calles y casas quedaron bajo el agua varios días. Los gitanos del campamento debieron enfrentar esa situación debajo de las carpas de lona.

“Quedamos días debajo del agua y quienes nos ayudaron fueron las personas de la región”, recuerda Santos con indignación.

Tendal de ropa improvisado en un campamento gitano de la periferia de São Paulo. Foto: Léu Britto/ Agência Mural/Usada con autorización.

Los ocupantes del campamento tuvieron que lidiar con la falta de agua potable, las barracas se vieron afectadas y según relatos de los moradores fue necesario hacer un esfuerzo conjunto para evitar mayores pérdidas de muebles y electrodomésticos por el avance del agua.

Así como Santos, Ramanush cree que para mejorar la vida de los gitanos en las periferias de Brasil, el primer paso es no tratarlos como si fueran invisibles.

Prejuicio e invisibilidad

Incluso con iniciativas como el Dia Nacional de los Pueblos Gitanos, que se conmemora el 24 de mayo desde 2006, aún se les niega los derechos a esos grupos. Un ejemplo es el hecho de que esta población no fue reconocida en el censo del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

Santos recuerda la dificultad para registrar la etnia de sus hijos en sus documentos. Como no existe el reconocimiento oficial como “gitano”, terminó registrando a sus hijos por el color de la piel.

“Existen políticas para indígenas, para negros y marrones. pero no para gitanos. Tenemos nuestra cultura, pero no aparecemos, por eso digo que ser gitano es invisible”, reclama.

Ramanush pasó por una situación semejante cuando recibió en su casa la visita de una censadora durante el censo de 2022, el más reciente del país. “Me preguntó cuál era mi raza, y yo respondí que no estaba en la lista. Mi tez es blanca, pero soy gitano”.

El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística estima que Brasil tenía entre 800,000 y un millón de gitanos, pero los grupos gitanos creen que los números son mayores.

Los gitanos luchan por años para tener reconocimiento y mejores condiciones de vivienda en Itaim Paulista. Foto: Léu Britto/ Agência Mural/Usada con autorización.

“Ya recorrí todo Brasil y conocí gitanos, de todas las etnias. Sin datos, no existen políticas públicas eficientes”, explica Ramanush. “Hasta para contabilizar cuántos gitanos hay en cada municipio, las prefecturas hacen difícil el proceso”.

Además de la falta de reconocimiento, los pueblos gitanos de la periferias también enfrentan el perjuicio, que traspasa generaciones. Durante siglos, fueron blanco de acusaciones de hurtos, robos y trampas. No era raro que los asociaran con secuestro de niños.

Para intentar cambiar esa realidad y combatir el prejuicio, los grupos se han movilizado para busca la aprobación de una ley federal que vuelva obligatorio enseñar historia y cultura gitana en la escuela, un ejemplo de lo que ya ocurre con los pueblos negros e indígenas de Brasil. La propuesta, del deputado Helder Salomão (Partido dos Trabajadores), que se tramita en la Cámara de Deputados como proyecto de ley 3547 de 2015, avanzó poco.

En su motivación, el texto refuerza que hace siglos los pueblos gitanos viven con prejuicio, marginación y exclusión y persecuciones. Con eso, el objetivo de la ley es “cambiar la imagen de los pueblos gitanos, buscar reducir el prejuicio y la discriminación a los que estos pueblos están sujetos”.

El texto también defiende que visibilidad a los pueblos gitanos “dará un terreno más fértil para construir políticas públicas de promoción de derechos humanos”.

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