El aumento de temperaturas empeora la crisis de agua en Irán

A warning sign in Tehran highlights the city’s severe water crisis as reservoirs run dry and authorities consider rationing amid historic drought conditions. (Source: IRNA)

Cartel de aviso en Teherán destaca la grave crisis de agua de la ciudad, las reservas de agua se están secando y las autoridades evalúan implementar un racionamiento ante las condiciones de sequía histórica. (Fuente: IRNA).

Las temperaturas cada vez más elevadas del verano iraní, junto con los cortes de energía generalizados, han llevado al Gobierno a cerrar oficinas públicas en al menos 12 provincias y advierten de un posible cierre que se extendería a una semana a lo largo de todo el país para ahorrar energía, de acuerdo con Iran Open Data.

Estas medidas sin precedentes surgen en medio de una crisis de energía y de agua cada vez más profunda en Irán.

Por años hemos escuchado advertencias sobre la sequía del lago Urmía, los pantanos Hur-Al-Azim, el lago Hamún, la laguna Anzali, Quru Gol, el lago Bakhtegan y el lago Zarivar. Aún así, no ha habido soluciones reales por la mala gestión recurrente.

La crisis de agua ya ha alcanzado la capital de Irán. Las provincias de Teherán y Alborz están viviendo la peor escasez de agua en su historia. El 11 de julio de 2025, los informes oficiales mostraban caídas importantes en las reservas de las represas: la represa Karaj mostraba una caída del 58%; Lar, de un 34%; Taleghan, del 32%; Latyan y Mambloo, en conjunto, de un 47%. Desde el comienzo del año hidrológico, la entrada total de agua a estas represas ha sido de un total de tan solo 22,400 millones de metros cúbicos —una disminución del 43% en comparación con el año anterior.

Escenario apocalíptico

El Ministerio de Energía ha instado a los ciudadanos a reducir drásticamente el consumo de agua. Solo el 46% de la capacidad de las represas del país está llena a inicios de julio, una disminución del 26% con respecto a 2024. Los ciudadanos están pagando el precio de décadas de mala gestión del Gobierno —lo mismo sucedió en 2024 con la crisis energética. Según un portavoz de la industria de agua de Irán, Teherán, Alborz y partes de Qazvin están atravesando la peor parte de la crisis de agua. Para 2028, el consumo de agua en Teherán debe bajar de 3700 millones a 2200 millones de metros cúbicos.

Los expertos advierten que si no se reduce el consumo, Teherán podría tener que enfrentar un escenario «apocalíptico» parecido a los cortes de agua prolongados que vivió la ciudad de Hamedan en 2022.  Más allá de la sequía en sí, gran parte de la crisis proviene de patrones de consumo deficientes y de la falta de infraestructura ecológica. Un miembro del ayuntamiento de la ciudad de Teherán señaló que la infraestructura de la capital no es suficiente para enfrentar el crecimiento de la población y que no es correcto comparar a Teherán con megaciudades. Resalta la importancia de cambiar la manera de consumir, reciclar aguas grises y frenar el desarrollo urbano desmedido.

El directivo municipal de la Comisión de Salud declaró que, aunque el municipio ha destinado gran cantidad de fondos a proyectos apuntados a trasvasar agua desde las represas de  Taleghan y Lar, estas iniciativas consumen tiempo y no resultan suficientes por sí solos. Jahangir Parhamat, experto en recursos naturales, dijo a la agencia de noticias Fararu que el país pasa por una «crisis cada vez más severa». Dice que Irán está atravesando un período de sequía cuyo punto de retorno podría extenderse a más de un siglo.

Los análisis de estadística muestran un descenso constante en las precipitaciones, y el invierno pasado registró una cantidad alarmantemente baja de nieve, lo que significa que las montañas no han podido almacenar agua para poder suministrarla gradualmente durante la época de calor.

Crisis en aumento

Según las evaluaciones, 2025 marca el comienzo de un período difícil para los sectores de energía y de agua de Irán. El promedio de precipitaciones durante el año hidrológico en curso fue de solo 101 milímetros37% menos que el promedio a largo plazo. En Teherán, ha caído a un 46%. La entrada de agua a las represas nacionales ha caído a 9500 millones de metros cúbicos, 3500 millones menos que el año anterior. Las represas más importantes como Karaj y Lar han perdido mucha de su capacidad de almacenamiento. La represa de Karaj, con una capacidad de 179 millones de metros cúbicos, actualmente almacena tan sólo 11 millones, solo un 7% de su capacidad total. En la misma época en 2024, almacenaba 29 millones de metros cúbicos.

La extracción excesiva de agua de los acuíferos subterráneos ha empeorado la crisis del hundimiento del suelo. En algunas zonas urbanas, el suelo se está hundiendo hasta 30 cm al año, 1,5 veces más rápido que el año anterior. Desde 2000, el Gobierno ha incentivado la perforación de pozos profundos, lo que llevó a que hubiera alrededor de 300,000 pozos ilegales y 500,000 legales. Según el Ministerio de Energía, la extracción de agua subterránea no debería exceder los 48,000 millones de metros cúbicos al año —aún así, en la actualidad se extraen más de 54,000 millones.

Todo esto, sumado a la disminución de las precipitaciones y al derretimiento de la nieve, los ríos cada vez menos caudalosos, fallos en la gestión, evaporación y exceso de extracción, intensifica la crisis. El portavoz de la industria de agua ha advertido que es posible que el racionamiento resulte inevitable en el verano de 2025.

Sin embargo, el racionamiento conlleva problemas adicionales: la fluctuación en la presión, el ingreso de sedimentos a las redes domésticas y el estrés psicológico. Teherán consume cinco veces más del promedio que consume el resto de la nación. Tiene una población de casi 20 millones —concentrada en la ciudad por motivos industriales, gubernamentales y migratorios—, y las campañas básicas de conservación al igual que las mejoras en las tuberías resultan insuficientes para enfrentar la magnitud de la crisis.

No hay solución a la vista

Desde finales de la era Pahlavi, un proyecto conocido como Iranrud ha propuesto conectar el mar Arábigo con el mar Caspio para afrontar la escasez de agua. Volvió a surgir a finales de la década de 1990, con un alto costo estimado en 14,000 millones de dólares. Sin embargo, décadas más tarde, ni Iranrud ni otros proyectos a menor escala —tales como recuperar el lago Hamun, redirigir el río Zab o trasvasar agua desde el mar Caspio o el río Aras hacia el lago Urmia— se han materializado.

Teniendo en cuenta que más de un 95% del agua de Irán se usa para la agricultura, enfocarse únicamente en el consumo de agua en las ciudades es en vano a menos que la industria y la agricultura se reestructuren completamente. El agua tiene que ser redefinida como un bien de seguridad nacional.

A corto plazo, no existe una solución inmediata para resolver la crisis de Teherán mientras que las crisis de agua, energía y electricidad continúen. Por los problemas financieros de Irán, sanciones internacionales e inestabilidad nacional, llevar a cabo megaproyectos como Iranrud o transferir agua del Caspio parece muy improbable. Si las políticas actuales continúan, Teherán podría convertirse pronto  en una ciudad gobernada por un racionamiento de agua estricto, una catástrofe para una megaciudad de ese tamaño.

Estamos empezando a ver los efectos visibles en los edificios, ya que que el hundimiento está llegando a los 20 cm en varias zonas. Las llanuras prohibidas de Teherán albergan más de 100,000 pozos que siguen extrayendo agua subterránea, lo que empeora la crisis. A medida que la situación empeora, los sectores más acomodados se retiran hacia los suburbios del norte, que son más frescos y tienen mucha más disponibilidad de agua. Mientras tanto, la devastación ambiental se acelera bajo la presión del desarrollo habitacional descontrolado y la especulación.

La migración a Teherán continúa y, con la concentración de instalaciones militares, industriales y gubernamentales, el «tanque» de agua de la ciudad se vuelve cada vez más insostenible. A esta altura, puede que no haya otra opción más que recuperar ciertas propuestas —tales como las que existían en la época de a monarquía— de reubicar el capital.

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