
Captura de pantalla del juicio de Mzia Amaglobeli de los informes de TV Pirveli en YouTube.
Una destacada periodista de investigación en Georgia fue sentenciada a dos años en prisión por propinar una bofetada al jefe de Policía durante las manifestaciones antigubernamentales. El veredicto ha generado amplia condena de la sociedad civil nacional y de diplomáticos internacionales.
El día 6 de agosto, el tribunal municipal de Batumi condenó a Mzia Amaghlobeli, fundadora del medio independiente Batumelebi, por presuntamente oponer resistencia y usar violencia contra los cuerpos de seguridad durante las protestas masivas de enero. Las imágenes de la escena distribuidas por los medios georgianos muestran a Amaghlobeli, que en una de las protestas propina una bofetada a Irakli Dgebuadze, jefe de la Policía local.
Durante su defensa en el juzgado, Amaghlobeli declaró que actuó en un arrebato emocional tras presenciar la violenta detención de sus colegas y haber sido pisoteada en una estampida. También acusó a Dgebuadze de haberle escupido e intentado agredir físicamente mientras se encontraba bajo custodia. La sala estaba repleta de periodistas y simpatizantes, muchos con pancartas que exigían libertad de prensa y acusaban al Gobierno de silenciar el desacuerdo.
Al principio, la periodista enfrentaba cargos por infligir daños corporales —delito punible con hasta siete años de cárcel— pero finalmente fue condenada con cargos menores. Su equipo de defensa criticó el juicio por su sesgo político, y argumentó que Amaghlobeli no había recibido el debido proceso.
“Desmesurada y con motivación política”
En las horas posteriores al veredicto, 24 misiones diplomáticas –incluidas la Unión Europea, Reino Unido, Alemania, Francia, Canadá y Ucrania– emitieron una declaración conjunta de condena a la sentencia como “desmesurada y con motivación política”, y pidieron la inmediata liberación de Amaghlobeli.
“Estamos sumamente preocupados por la condena de Mzia Amaghlobeli”, decía el comunicado, y advertía que esta detención y la amplia represión contra los medios independientes representan “una preocupante erosión a la libertad de prensa en Georgia”.
Los diplomáticos también señalaron la prolongada detención de Amaghlobeli antes del juicio —fue detenida en Batumi, el día 11 de enero de 2025—, que dijeron que provocó un deterioro a su salud y su visión.
El comunicado, emitido en representación de Media Freedom Coalition, asociación de más de 50 países en seis continentes comprometida con la defensa de la libertad de prensa a nivel mundial, señaló la creciente presión ejercida sobre las organizaciones de medios de Amaghlobeli. Mzia es la fundadora de dos periódicos —Batumelebi y Netgazeti—, considerados los principales medios de investigación en Georgia. Media Freedom Coalition considera que su arresto es parte de una gran campaña de intimidación a mayor escala contra los periodistas y la sociedad civil en Georgia.
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Mayor represión
Amaghlobeli es muy respetada por sus informes sobre corrupción, abusos de poder y violaciones de los derechos humanos que tienen lugar en Adjara, región semiautónoma y políticamente turbulenta en la costa del mar Negro de Georgia.
Existen antecedentes de luchas por el poder entre las autoridades locales y el Gobierno central, en parte debido a su ubicación estratégica. Entre las frecuentes acusaciones de corrupción, el partido gobernante tomó medidas hace poco para excluir a la oposición y asegurarse el control del Gobierno regional.
Desde principios de 2024, Georgia ha tenido repetidas protestas masivas contra el partido gobernante, Sueño Georgiano, al que los críticos acusan de haberse alejado de la Unión Europea para acercarse a Rusia. A pesar del fuerte apoyo popular para integrar la Unión Europea, el Gobierno georgiano provocó mayor descontento cuando detuvo las iniciativas de adhesión en 2024. Además, las elecciones parlamentarias de 2024 se vieron oscurecidas por acusaciones de intimidación a los votantes, irregularidades y represión mediática.
En este ambiente, periodistas, representantes de la oposición y activistas han enfrentado cada vez más represión: desde campañas de vigilancia y difamación hasta acusaciones penales y encarcelamiento.
Ahora, el caso de Amaghlobeli está considerado un símbolo de esa represión, y un aviso sombrío del menguante espacio democrático en un país que alguna vez fue considerado como principal candidato regional para la integración europea.






