Israel destruye último banco de semillas sobreviviente, haciéndose eco del legado colonial de borrado.

Captura de pantalla de un video publicado por la Unión de Comités de Trabajadores Agrícolas, que muestra la destrucción del banco de semillas. Uso legítimo.

El 31 de julio de 2025, las fuerzas israelíes arrasaron con la unidad de multiplicación de semillas del banco de semillas de la Unión de Comités de Trabajo Agrícola (UAWC) en Hebrón. La unidad se construyó desde cero a principios de 2010, y había servido como el único banco de semillas en Cisjordania, salvaguardaba más de 70 variedades de semillas tradicionales autóctonas, muchas de las cuales ya no existen en otras partes de Palestina, según Fouad Abu Saif, director general de la UAWC.

Según un comunicado de prensa de la UAWC, la devastación fue rápida y sin aviso, con excavadoras y maquinaria pesada que redujeron a ruinas las herramientas, los materiales de propagación y la infraestructura esenciales para la soberanía alimentaria, lo que constituye “un golpe directo a las iniciativas palestinas por preservar la biodiversidad local y garantizar la soberanía alimentaria”..

En Facebook se publicó un video que muestra lo que ocurrió:

Comunicado del Banco Palestino de Semillas sobre la demolición de una unidad de propagación en el sur de Hebrón
Hebrón – Miércoles, 31 de julio de 2025

Esta mañana, las fuerzas de ocupación israelíes atacaron una unidad de propagación perteneciente al Banco Palestino de Semillas en la provincia de Hebrón, al sur del país.

Con este acto, no solo se destruyó un recinto, sino un archivo vivo de la memoria agrícola y el patrimonio cultural palestinos, fruto de generaciones de conservación de semillas y de conocimiento ecológico.

Borrar a través de la agricultura

Los bancos de semillas no son repositorios neutrales: llevan el ADN de la memoria y la resistencia. La Biblioteca de Semillas de la Herencia Palestina de Vivien Sansour, ubicado fuera del territorio de Palestina, planteó deliberadamente la conservación de semillas como resistencia política: un medio para preservar la biodiversidad, y también el patrimonio frente a la intención de eliminación. Describió las semillas como un “mapa para decir: Miren, esto es lo que somos, esto es lo que fuimos y esto es lo que hemos sido”.

En la Palestina ocupada, la conservación de semillas es inseparable de la resistencia. Las políticas israelíes han desmantelado tierras de cultivo, restringido el acceso a los campos, arrancado olivares de raíz y bombardeado el banco de semillas Baladi de Gaza en Al-Qarara, demolido su reserva de trigo, espinaca y cebada autóctonos y desplazado a familias de agricultores que han intentado reconstruir desde cero.

ARRANCADOS: 800,000 olivos arrancados de raíz, 33 veces el Central Park de Nueva York. Infografía de Visualizing Palestine (CC BY-NC-ND 4.0).

El ataque más reciente a la planta de semillas de Hebrón refuerza ese patrón: erradicar los vínculos ecológicos y generacionales entre los palestinos y su tierra.

La elección de los sistemas de semillas como blanco de ataque forma parte de una estrategia más amplia de genocidio cultural, ecocidio y epistemicidio: no solo se borran personas, también se borran modos de conocimiento, crecimiento y existencia. Naciones Unidas y otros investigadores sin fines de lucro han catalogado los daños a archivos, mezquitas, universidades y tierras de cultivo en Gaza como actos de destrucción cultural sistemática y un crimen de exterminio, en lo que la Corte Internacional de Justicia considera como genocidio.

Las semillas como blanco del genocidio

Este no es un incidente aislado. Destruir la soberanía alimentaria tiene precedentes en contextos coloniales y genocidas: en la expansión colonial estadounidense, los sistemas agrícolas de los nativos americanos y las poblaciones de búfalos fueron sistemáticamente destruidos para forzar la dependencia y la hambruna. En su libro «La historia indígena de Estados Unidos«, Roxanne Dunbar-Ortiz escribe:

In an effort to create Indigenous economic dependency and compliance in land transfers, the US policy directed the army to destroy the basic economic base of the Plains Nations—the buffalo. The buffalo were killed to near extinction, tens of millions dead within a few decades and only a few hundred left by the 1880s.

En un esfuerzo por crear dependencia económica indígena y cumplir las transferencias de tierras, las políticas estadounidenses guiaron al Ejército a destruir la base económica fundamental de las Naciones de las Llanuras: el búfalo. Mataron tanto búfalos que los llevaron al de su extinción, decenas de millones de muertes en pocas décadas, muy pocos centenares sobrevivieron para la década de 1880.

Más recientemente, con la invasión de Irak en 2003, el banco nacional de semillas del país en Abu Ghraib fue destruido por los bombardeos estadounidenses y posteriormente saqueado, “lo que provocó que se perdieran variedades de semillas milenarias de Irak”. Un año después, la Autoridad Provisional de la Coalición emitió la Orden 81, que rectificaba la ley estatal de semillas para prohibir que los agricultores guarden o replanten semillas, imponer patentes corporativas e importar semillas híbridas y organismos genéticamente modificados occidentales. Para 2005, Irak podía producir solo el 4% de su propio suministro de semillas, lo que sumió a los agricultores en una dependencia corporativa y desmanteló milenios de soberanía sobre las semillas de la Mesopotamia.

Un grupo de científicos iraquíes rescató todas las semillas que pudo y las trasladó a un lugar seguro al otro lado de la frontera, al banco de semillas del Centro Internacional de Investigación Agrícola en Zonas Áridas (ICARDA) de Siria en Alepo, uno de los más antiguos de la región. Pero unos años después, y con la intensificación de la guerra civil en el país después de 2011, el banco de semillas sirio redujo sus funciones. Ese banco tenía más de 150,000 accesiones de semillas y estaba profundamente ligado al conocimiento agrícola local. El personal se vio obligado a evacuar y enviar aproximadamente el 80% de la colección a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, y a Líbano y Marruecos.

Semillas, soberanía y las políticas de eliminación

Las semillas tradicionales capturan la diversidad biológica, la memoria, la adaptación y las historias ancestrales. Las comunidades las construyen durante siglos para que prosperen en climas específicos, y además son reservorios de resiliencia. Destruirlas, por lo tanto, no es algo colateral: es un método estratégico de guerra biológica que niega a las comunidades la capacidad de sobrevivir y definir su propio futuro.

La sociedad civil internacional repitió esa condena. La Vía Campesina condenó el ataque, y también Amigos de la Tierra Internacional (conocido como FoEI). El Partido Verde irlandés describió la demolición como «la pieza final del rompecabezas del genocidio», e instó a la Corte Internacional de Justicia a investigar los crímenes de guerra.

El derecho internacional reconoce la destrucción del patrimonio cultural y de la infraestructura civil esencial para la sobrevivencia como posibles crímenes de guerra. De acuerdo con el Estatuto de Roma, tales actos, si son generalizados y sistemáticos, pueden calificarse como crímenes de lesa humanidad o genocidio. Sin embargo, fueron pocos los Gobiernos o instituciones que respondieron con firmeza a la destrucción del banco de semillas o a cualquier otro crimen de guerra cometido por Israel.

La destrucción intencionada de la unidad de multiplicación de semillas de Hebrón es un golpe más que forma parte de una campaña más amplia para borrar la capacidad de los palestinos de preservar la memoria, la cultura y la vida. Al atacar las semillas, Israel no solamente está destruyendo los sistemas alimentarios, también está cortando los lazos entre generaciones, tierras, historias e identidad.

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