
Koumbel B. se ha beneficiado del apoyo del Comité de Protección Comunitario de Diondiori en la región de Mopti. Foto de Mohamed Ag RHISSA, usada con autorización.
Por Job Tiguem Poudiougo
En Mali, país con más de 25 millones de habitantes, la gran mayoría de las muchachas, que representan el 24% de la población, se casan antes de los 18 años, particularmente en entornos rurales. Ante esa alarmante constatación, las comunidades locales se movilizaron para proteger a las chicas y promover que no abandonen los estudios.
En África, el matrimonio precoz está relativamente extendida. Según datos de la ONG británica Hijas, no esposas, en 2018, la tasa de prevalencia de matrimonio de menores de 15 años fue de 16% y de 54% para los menores de 18 años. Un informe sobre el matrimonio de menores en África del Centro para Derechos Humanos en diez países del continente, cuyas estadísticas Mali confirma.
Según UNICEF, en Mali, cerca del 55% de las muchachas se casan antes de los 18 años. En las zonas rurales, la tasa es más elevada y se explica por varios factores: tradiciones familiares, dificultades económicas, acceso limitado a la educación que hacen que numerosas muchachas deban abandonar sus estudios y casarse con hombres bastante mayores.
Además, en Mali, la escolarización de las jóvenes es limitada en razón de la inseguridad en las zonas rurales: el país enfrenta conflictos armados orquestados por grupos terroristas desde hace más de diez años.
También según UNICEF, la tasa de escolarización a nivel primaria de las niñas es de 73,8% contra 85,8% de los niños. En secundaria, la tasa cae considerablemente, 15% de las niñas contra 21% de los muchachos. Esa gran brecha ilustra el retiro de la mayoría de muchachas en el sistema educativo. Detrás de las cifras se esconden des destinos rotos, como el de Aïda D, casada a la fuerza a los 15 años. Cuenta a Global Voices:
J’étais au lycée de Sévaré, une ville du centre du Mali dans la région de Mopti situé à 621 km de Bamako. Je voulais devenir professeur. Un jour, mon oncle est venu nous chercher pour aller au village. Là-bas, ma tante m’a dit que j’allais être mariée à un homme de 48 ans. Je n’ai rien dit, je pleurais. Personne ne m’a écoutée. Une semaine après, j’ai été mariée. Je ne suis jamais retournée à l’école.
Iba a la escuela en Sévaré, ciudad del centro de Mali en la región de Mopti, a 621 km de Bamako. Quería ser maestra. Un día, mi tío vino a buscarnos para ir a la aldea. Ahí, mi tía me dijo que iba a casarme con un hombre de 48 años. Yo no dije nada, lloraba. Nadie me escuchó. Una semana después, estaba casada. Jamás regresé a la escuela.
Su historia está lejos de ser aislada. Encarna el peso de las tradiciones y el silencio al que se ven forzadas las niñas en las decisiones que alteran sus vidas y sus sueños.
Un rayo de esperanza
Pero surgen dinámicas comunitarias para enfrentar esta situación, como en Mopti. En 2023, la ONG World Vision publicó un mensaje en Facebook contra el matrimonio infantil, que suscitó más de 2800 reacciones. Las mujeres de la aldea y algunos líderes se reunieron para crear fondos de solidaridad para mantener a las niñas en la escuela.
Gracias a esta movilización en la aldea de Diondiori, en la comuna de Socoura, en la región de Mopti, el comité pudo impedir 38 matrimonios precoces en 2024. Esa iniciativa local se enmarca en un movimiento creciente de aldeas malienses que se encargan de luchar contra el matrimonio infantil. Mariam Camara, presidenta del comité de protección comunitaria de Diondiori, indica:
Nous soutenons quatre filles du village actuellement avec des kits scolaires. Nous faisons de la médiation lorsque nous apprenons qu’une famille veut marier leur fille. Garder les filles à l’école peut les préserver de beaucoup de problèmes.
Actualmente, ayudamos a cuatro muchachas de la aldea con sus útiles escolares. Intervinimos cuando nos enteramos que una familia quería casar a su hija. Mantener a las niñas en la escuela puede protegerlas de muchos problemas.
Koumbel B, alumna de 14 años prometida en matrimonio, es parte de las muchachas protegidas por esta movilización. Su testimonio ilustra el impacto concreto de esas acciones locales:
Il y a quelques mois, on voulait me marier de force. J'avais peur, car cela signifiait abandonner l’école et mes rêves. Mais le comité est intervenu. Ils ont parlé avec ma famille, expliqué l’importance de mon éducation, et ils m’aident encore avec les fournitures scolaires. Aujourd’hui, je suis toujours à l’école. Je rêve de devenir infirmière. Je veux dire à toutes les filles comme moi : ne perdez jamais espoir. L’école peut changer nos vies.
Hace algunos meses, querían casarme a la fuerza. Tenía miedo, eso significaba abandonar la escuela y mis sueños. Pero el le comité intervino. Hablaron con mi familia, explicaron la importancia de mi educación, y me ayudaron con los materiales escolares. Ahora, sigo en la escuela. Sueño con ser enfermera. Quiero decirles a las chicas como yo: jamás pierdan las esperanzas. La escuela puede cambiarnos la vida.
Para muchas otras muchachas, la lucha sigue siendo difícil y tener un resultado menos favorable. Mariam Camara continúa:
On souhaite que nos filles puissent aller à l’école, qu’elles deviennent médecins, avocates ou encore institutrices. Les femmes ont commencé à échanger entre elles lors des tontines. Ensuite, elles ont impliqué leurs époux. Aujourd’hui, certains leaders religieux nous soutiennent.
Deseamos que nuestras hijas puedan ir a la escuela, que sean doctoras, abogadas o maestras. Las mujeres han comenzado a intercambiar entre ellas a la hora del recreo. Después involucraron a sus esposos. Ahora, algunos líderes religiosos nos apoyan.
El comité suele trabajar para sensibilizar contra el matrimonio infantil en las ceremonias socioculturales.
De la ley a la práctica
Más allá de las iniciativas locales, Mali ha firmado numerosos textos que protegen los derechos infantiles, pero el artículo 4 del Código del Matrimonio maliense autoriza las uniones antes de los 18 años con acuerdo de los padres o del juez. Esas excepciones, contrarias a las normas internacionales, suelen verse reforzadas por las tradiciones locales.
Organizaciones como Wildaf Mali, la Asociación de Juristas Malienses y UNICEF piden una reforma que elimine toda excepción a la edad legal del matrimonio y fijarla estrictamente en 18 años.
Junto a la sociedad civil, las autoridades malienses reafirman su apoyo contra el matrimonio precoz. El 27 de noviembre de 2024, cuando Diarra Djeneba Sanogo asumió el cargo de ministra de Promoción de la Mujer, el Menor y la Familia, expresó su compromiso de proteger los derechos de los menores.
Una dinámica a sostener
La movilización ya trascendió de las aldeas, con movimientos que abarcan ciudades como Mopti, con más de 330,000 habitantes (2024); Bandiagara (a 679 km al este de Bamako, con más de 26,000 habitantes) y Koro (25,000 habitantes).
En Facebook, Wildaf Mali publicó el 4 de diciembre de 2024, un mensaje que denuncia el matrimonio infantil:
El comentario de un cibernauta en la publicación indica hasta qué punto es sensible este tema:
Il est temps de dénoncer cette pratique, mais plusieurs couches de la société doit être impliqué dans ce processus ( les religieux, les coutumiers etc) . Si je parle trop mon compte risque d'être restreint
Es momento de denunciar esta práctica, pero varios estratos de la sociedad deben estar involucrados en este proceso (religiosos, tradicionales, etc). Si hablo mucho, corro el riesgo de que restrinjan mi cuenta.
Younoussa Dama, responsable local del servicio de promoción de la mujer, el menor y la familia de Koro observa una evolución al nivel de la participación comunitaria:
Ce sont les populations elles-mêmes qui doivent être porteuses du combat. Les gens commencent à comprendre. Le discours communautaire est souvent plus influent que les lois elles-mêmes.
Son las propias poblaciones las que deben encabezar la lucha. La gente comienza a comprender. El discurso comunitario suele tener más influencia que las propias leyes.
El ejemplo de la muchacha Koumbel, apoyada por el comité de Diondiori, y hasta la voz de jóvenes activistas como Bambi Keita, prueba que el cambio viene de los primeros afectados y que ya está en marcha, encabezado por quienes se niegan a quedarse callados.
Este artículo es parte del programa Impact West Africa Fellowship de Aspen Global Innovators






