
Turbina eólica en la planta de energía eólica Dzhankeldy en la provincia de Bukhara, Uzbekistán. Foto de la cuenta de Telegram del Ministerio de Energía de Uzbekistán. Uso legítimo.
El mayor proyecto de energía eólica de Asia central, con una capacidad de un gigavatio, se puso en línea discretamente en 2025.
El proyecto de Bash-Dzhankeldy lo construyó el Grupo de Ingeniería Energética de China (CEEC), con el financiamiento con deuda europea y empaquetado por el programador saudí ACWA Power, que representa el nuevo modelo de cooperación internacional bajo la Iniciativa dela Franja y la Ruta, su megaproyecto internacional, pero también plantea preguntas incómodas para Bruselas sobre quién se lleva el mérito cuando la Unión Europea paga la factura.
CEEC ha formulado explícitamente este proyecto como buque insignia de la Franja y la Ruta que combina la Visión Saudita 2030 con las ambiciones de China en materia de construcción de infraestructuras, y promueve parques eólicos en una transmisión en vivo de los medios estatales.
Este encuadre del parque eólico como un proyecto de la Franja y la Ruta se encuentra incómodamente junto a la narrativa de competencia con China impulsada por Bruselas, que presentó Global Gateway en 2021 como rival de la Franja y la Ruta.
¿Quién se lleva el mérito?
Según Francesca Ghiretti, directora de la Iniciativa China de RAND Europe, «el mayor problema en casos como estos es que los fondos de la Unión Europea no contribuyen a la reputación de la Unión Europea al extranjero, ese fue uno de los principales problemas que debería haber abordado Global Gateway».
El proyecto Bash-Dzhankeldy tiene el respaldo de dos préstamos sindicados organizados por el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, cada uno compuesto por un préstamo de 150 millones de dólares en la propia cuenta del Banco, además de unos préstamos B sindicados a otros prestamistas, incluso fondos estatales franceses y alemanes.
Aunque las instituciones de la Unión Europea tienen una participación del 54% y tratan al Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo como un actor del Equipo de Europa, sigue independiente, con accionistas que incluyen a China (el 0,09%).
Este video de Noticias Xinhua, programa con financiación estatal china, que formula el proyecto Bash-Dzhankeldy como un ejemplo de la cooperación de la Franja y la Ruta entre China y Uzbekistán.
El Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo parece estar tomando medidas para reformar la adquisición pública, ha revisado la Política y las Normas de Contratación Pública establecida por el banco como una política clave para analizar en 2025. «El Banco solamente controla la contratación del sector público, y los clientes del sector privado son libres de elegir a proveedores o contratistas que prefieren», dijo el Banco en una declaración.
Sin embargo, mientras se mantenga esta distinción, también subraya los límites de la influencia de Bruselas. Aunque el Banco opera independientemente, a menudo se presenta como parte de la oferta de Global Gateway de la Unión Europea. Como resultado, las empresas chinas pueden entregar legítimamente los proyectos financiados por la Unión Europea.
El nuevo modelo de la Franja y la Ruta
En los últimos cinco años, las empresas chinas ganaron el 13% de los contratos del sector público del Banco por valor, contra el 35% de contratistas de la Unión Europea entre sus 38 países operativos, incluidos 13 en la Unión Europea.
Las compañías chinas han obtenido más de mil millones de euros en contratos para proyectos financiados por el Banco Europeo de Inversiones en países fuera de la Unión Europea, como Georgia, Senegal y Túnez.
Según Elena Kiryakova del Instituto de Desarrollo de Ultramar, grupo de expertos basados del Reino Unido, este patrón le queda bien al nuevo modelo chino de la Franja y la Ruta.
«Ha habido un cambio notable a nivel mundial hacia la cofinanciación china de proyectos con Bancos Multilaterales de Desarrollo», dijo.
Cuando se presentó la Franja y la Ruta en 2013, los proyectos estaban financiados en gran parte a través de préstamos de bancos políticos chinos, típicamente ligados a contratos concedidos a compañías chinas. Desde 2016, esos préstamos han caído en picada, impulsados por la precaución creciente hacia la financiación de alto riesgo, en China y entre los países receptores.
Yunis Sharifi, becario de Asia Central en el Proyecto China-Sur Global, observa: «Los países anfitriones no quieren la deuda; quieren las inversiones, así que vamos viendo más equidad de las empresas chinas y más colaboración internacional».
Kiryakova anota también que «impulsar un aumento de participación de equidad», además de unos acuerdos de colaboración con empresas extranjeras —lo que Pekín denomina «cooperación con terceros en el mercado»— forman parte de la campaña de reducción del riesgo de Pekín.
Cooperación chino-saudita en energías renovables de Uzbekistán
Aunque los bancos políticos chinos son reacios a prestar dinero, los intereses financieros del Estado chino están todavía en juego en Uzbekistán. El vehículo de equidad del buque insignia de la Franja y la Ruta, también conocido como el Fondo de la Ruta de la Seda, es propietario del 49% de la plataforma de ACWA Power RenewCo, que da exposición a todos los activos solares y eólicos sauditas posteriores a 2019. A partir de julio de 2024, la Red Eléctrica del Sur de China de propiedad estatal también es propietaria del 35% del proyecto Bash-Dzhankeldy.
Según Naser al-Tamimi, experto en relaciones entre China y Oriente Medio del Instituto Global para Investigación Estratégica en Catar, «la energía limpia es una piedra angular» para profundizar la cooperación chino-saudí.
En teoría y en la práctica, la Visión 2030, el objetivo de Riad de diversificar su economía a través de la inversión de petrodólares, está de acuerdo con la ambición de Pekín, que se propone construir una Franja y Ruta ecológica y estimular el crecimiento a través de las llamadas «nuevas fuerzas productivas», incluidas las energías renovables.
«Arabia Saudita y China están ampliando sus asociaciones de tecnología limpia en Asia central y África», dice al-Tamini, y también anota que «la cooperación con terceros en el mercado en Asia central y África» está actualmente «limitada», pero tiene un «potencial de crecimiento considerable».
Dos empresas del Golfo —ACWA Power y Masdar de Emiratos Árabes Unidos— dominan la cartera de los productos de energía renovable en rápida expansión de Uzbekistán.
Este video de YouTube muestra los productos de energía renovable de Masdar en Uzbekistán.
Desde 2019, Uzbekistán ha firmado al menos 26 contratos de compra de energía para proyectos solares y eólicos, con el objetivo de alcanzar una cuota de 40% de energías renovables en la generación de electricidad para 2030. Nueve se adjudicaron mediante subastas transparentes, pero el Gobierno cambió de rumbo después hacia las negociaciones directas con productores de energía.
En total, ACWA Power y Masdar han ganado 19 de los 26 proyectos. Tres de esos proyectos fueron a parar a manos de programadores chinos y otros tres más a las empresas francesas, Voltalia y TotalEnergies. Otros dos más fueron para Hyper Partners, empresa cuyo vínculos con la poderosa familia de Uyghur Abdukadyr con raíces en China han sido ampliamente difundidos.
Como contratistas, las empresas chinas han dominado el mercado, han ganado 14 de los 18 contratos EPC anunciados hasta la fecha.
Once de esos contratos involucran el financiamiento público europeo —en gran parte a través del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, pero también el Banco de Inversión Europeo y los fondos estatales de Alemania, Francia y Países Bajos.
Bueno para los países anfitriones y China, pero malo para la Unión Europea
El puente de Pelješac en Croacia sigue siendo el caso típico de cómo Pekín aprovecha los fondos de la Unión Europea para seguir su narrativa. Aunque el 85% de los costos venían de fondos de cohesión de la Unión Europea, Pekín calificó el puente como un «proyecto estratégico clave» de la Franja y la Ruta, que dio la voz de alarma en Bruselas y que llevó a la reforma de la contratación pública.
Este video de YouTube del medio estatal chino «Nueva China» enmarca el puente como un proyecto de la Franja y la Ruta.
Sin embargo, ha habido algunas iniciativas para igualar las condiciones para la financiación europea fuera de la Unión Europea. Según Ghiretti en RAND Europe, «la Unión Europea ha comenzado a apreciar y plantearse la importancia estratégica de la contratación pública, pero todavía existen muchos puntos ciegos y lagunas jurídicas, especialmente los que muestran cómo tratar con la financiación y la participación en proyectos estratégicos en países del tercer mundo».
Phil Cole, director de los Asuntos Industriales en WindEurope, se rehusó a comentar sobre el caso en Uzbekistán, pero señaló un proyecto eólico financiado por el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo en Rumanía que estará equipado con turbinas fabricadas en China, y explica: «El financiamiento europeo para las turbinas fabricadas en China va contra la mensajería ‘fabricado en Europa’ transmitida de Bruselas».
«No nos gustaría que el viento siguiera el mismo camino que la energía solar», dice Cole mientras recuerda cómo la industria solar de Europa quedó diezmada por las exportaciones más baratas de China a principios de la década de 2010.
Aunque la alianza entre el Golfo, China y Europa es dominante en Uzbekistán, cada vez es más evidente en África. En Egipto, ACWA Power y su socio minoritario, HAU Energy, están construyendo un proyecto eólico de 1,1 gigavatios (GV). Se trata de una empresa conjunta franco-egipcia constituida en Países Bajos con participación de equidad del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo.
PowerChina construirá el proyecto con turbinas de Envision Energy de China, y tiene el respaldo de un financiamiento de 700 millones de dólares encabezado por el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, con financiación adicional de instituciones estatales británicas y alemanas.
Este proyecto demuestra la complejidad de la Franja y la Ruta de China en 2025. Para Pekín, la cooperación multilateral permite a China mitigar el riesgo y mantener a las empresas en juego. La combinación del poderío de la ingeniería china y la financiación europea es también un desarrollo benéfico para los países anfitriones. Para Bruselas, las ganancias son menos evidentes. Positiva o no, la cooperación ciertamente choca con la narrativa de la competencia que propaga Global Gateway.
Este artículo de Jacob Mardell y Anastasia Galimovia se produjo como parte de los «Redes Temáticas de PULSE», iniciativa europea que apoya a las colaboraciones periodísticas transnacionales.






