
Captura de pantalla que muestra a refugiados, incluidos sirios en Sudán, del video «Refugiados sirios en Sudán intentan huir de la guerra, otra vez», publicado en YouTube por Al Jazeera English.
Por Ray Bechara
Saleh Ismail al-Badran huyó de la guerra en su país solo para encontrarse atrapado en otra. “Desde el inicio de los enfrentamientos, la situación se ha vuelto crítica en la capital sudanesa, Jartum”, dijo al-Badran, refugiado sirio, en abril de 2023.
La guerra civil que estalló en Sudán en abril de 2023 alteró profundamente la vida de decenas de miles de sirios que habían construido allí sus hogares, negocios y familias, tras huir de la violencia en Siria.
En 2025, los refugiados sirios en Sudán continúan enfrentando un nuevo desplazamiento en medio del deterioro del conflicto. Según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), más de 10,7 millones de personas han sido desplazadas por la fuerza en todo Sudán, la mayor crisis de desplazamiento interno del mundo. La población refugiada, incluidos los sirios, sigue estando en gran medida desatendida y en riesgo, con acceso limitado a protección y a servicios básicos.
Antecedentes y contexto
Sudán surgió como un refugio inesperado para los sirios que huían de la guerra civil iniciada en 2011. A diferencia de otros países vecinos que impusieron requisitos de entrada, Sudán aplicó una política de puertas abiertas que permitió a los sirios entrar sin visado y vivir allí sin condición oficial de refugiado. Así, Sudán se convirtió en uno de los pocos refugios accesibles de la región.
Para 2022, se estimaba que unos 30,000 sirios vivían en Sudán, la mayoría en Jartum, Omdurmán y otros centros urbanos.
Aunque ACNUR no los reconocía oficialmente como refugiados, gozaban de una residencia de facto y podían integrarse en la economía local.
Durante un tiempo, Sudán ofreció lo que parecía ser estabilidad. Los sirios enviaban a sus hijos a escuelas locales, administraban comercios familiares y contribuían a la sociedad de acogida, a menudo amparados en redes de apoyo mutuo y de la comunidad siria ante la falta de respaldo institucional.
Sin embargo, esta frágil normalidad se rompió cuando estalló la guerra en abril de 2023. Las ciudades que alguna vez fueron refugio se convirtieron en campos de batalla. Para muchas familias sirias, fue como revivir la pesadilla de la que creían haber escapado.
Nuevos desplazamientos
En abril de 2023, al desatarse la violencia entre las Fuerzas Armadas de Sudán y los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido, Jartum se transformó de golpe en un campo de batalla.
No solo los mercados dejaron de funcionar, también los alimentos y las medicinas se volvieron escasos. Además, en muchas regiones se cortaron los servicios de electricidad y agua.
Miles de personas se vieron obligadas a evacuar una vez más, huyeron de Jartum hacia Puerto Sudán o hacia los pasos fronterizos con Egipto, Chad y Sudán del Sur. Para 2024, ACNUR estimó que más de 265,000 refugiados no sudaneses habían sido desplazados dentro del mismo país por el conflicto. Además, enfrentaron los mismos obstáculos burocráticos y financieros por los que ya habían pasado años atrás al huir por primera vez. Algunas familias quedaron divididas; otras varadas sin pasaportes o con documentación caducada.
ACNUR informa que Sudán tiene ahora uno de los problemas de desplazamiento que más rápido se ha agravado a nivel mundial. Algunos sirios en Sudán quedaron fuera de la protección del ACNUR durante la guerra de 2023, no por descuido, sino porque técnicamente ya no estaban clasificados como refugiados.
Según investigaciones del Chr Michelsen Institute, instituto independiente de investigación sobre el desarrollo en Noruega, se estima que unos 10,000 sirios habían obtenido pasaportes sudaneses antes del conflicto, a menudo como una forma de asegurar una condición jurídica y acceso a servicios. Sin embargo, este cambio de identidad legal los excluyó de los mecanismos internacionales de protección para refugiados durante la guerra y como consecuencia, han tenido dificultades para obtener ayuda humanitaria o asistencia legal.
El conflicto de 2023 en Sudán puso en evidencia la vulnerabilidad estructural de los refugiados sirios, en especial de quienes vivían sin la protección que concede una categoría oficial de refugiado.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en su informe de diciembre de 2023 sobre desplazados en el corredor al norte de Sudán, registró una deficiencia generalizada para que los ciudadanos no sudaneses accedan a ayuda humanitaria, ya que tenían obstáculos para acceder a servicios básicos, restricciones de movilidad por falta de documentos o de tenerlos expirados, y desplazamientos secundarios o terciarios.
Esta brecha en el reconocimiento legal y humanitario dejó a los sirios atrapados en un limbo: no podían regresar a Siria, no podían cruzar fronteras de manera legal y rara vez tenían prioridad en las evacuaciones dirigidas por Gobiernos extranjeros. La carga de la sobrevivencia pasó a depender de redes informales y de la buena suerte.
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Voces y testimonios
A pesar del acceso limitado de los medios y del colapso de la infraestructura humanitaria, los refugiados sirios en Sudán han encontrado formas de hacer oír sus voces y documentar la aterradora experiencia de ser desplazados dos veces, primero de Siria y ahora de Sudán.
En los primeros meses del conflicto en 2023, los sirios en Sudán contaron relatos desgarradores de desplazamiento e inseguridad, con temor a grupos armados, y también a bandas oportunistas que se aprovecharon del caos. “Las pandillas amenazaron, robaron e incluso mataron a muchas familias sirias durante su desplazamiento desde Jartum”, recordó Al-Badran.
A mediados de 2025, informes continuos del ACNUR confirmaron que los refugiados registrados, incluidos los sirios, siguen desplazados. Si bien podría suponerse que la caída del régimen sirio en 2024 alentaría a los sirios a regresar a su país, los grupos de derechos humanos siguen advirtiendo que las condiciones en Siria no son seguras para regresar.
En consecuencia, no hay pruebas de que los sirios en Sudán hayan comenzado a regresar a Siria, incluso en medio de la creciente violencia dentro de Sudán. Mientras algunos sirios en países como Líbano y partes de Europa han regresado, la mayoría no vuelve por las condiciones poco seguras.
A medida que las organizaciones humanitarias pasan por dificultades por robos, escasez de combustible y crisis administrativa, las redes comunitarias han asumido la tarea de brindar apoyo. Entre las más influyentes están las Emergency Response Rooms, centros de voluntariado descentralizados establecidos durante la revolución sudanesa de 2019. Aunque principalmente las crearon comités de resistencia sudaneses, estas redes han brindado asistencia a todos los necesitados, incluidos los sirios.
Para los refugiados sirios en Sudán, la guerra no es un episodio histórico, sino un ciclo continuo. Escaparon de los bombardeos en Siria, solo para volver a encontrarlos en Sudán. Reconstruyeron sus vidas solo para verlas desintegrarse de nuevo. Entre 2023 y principios de 2025, la mayoría de los sirios permanecieron desplazados. De acuerdo con ACNUR, mientras algunos refugiados lograron reubicarse en otras zonas dentro de Sudán o en países vecinos, miles de ciudadanos todavía viven en asentamientos informales precarios o en viviendas compartidas, a menudo en zonas de conflicto con servicios limitados. Ahora esperan no solo ayuda, sino también el reconocimiento de su existencia.
Mientras los titulares se centraban en evacuaciones internacionales, miles de refugiados apátridas, indocumentados o simplemente no reconocidos quedaron al margen. Sus historias rara vez llegaron a los informes de políticas o a las reuniones de donantes. En Sudán, en medio de un Estado en desintegración y de la falta de iniciativas diplomáticas, los refugiados sirios persisten, no por tener protección internacional, sino a pesar de que es insuficiente.






