¿Podrá la policía comunitaria en el Caribe generar confianza para prevenir la violencia?

Policía antidisturbios en el exterior del anfiteatro St. James durante el evento Drummit2Summit de 2019 en Trinidad y Tobago. Foto de Georgia Popplewell en Flickr (CC BY-NC-ND 2.0).
En Trinidad y Tobago, imagina a policía que camina por la concurrida comunidad de St. James tres veces por semana, pasa por las tiendas del barrio, se comunica con los adultos mayores y se toma el tiempo para charlar con los jóvenes en la cancha de baloncesto. Esta imagen refleja un marcado contraste con la realidad, en la que la presencia policial se percibe a menudo como una fuerza de ocupación con mayor probabilidad de agravar las tensiones en lugar de mitigarlas.
Sin embargo, en una región que aún lidia con una profunda desconfianza pública en las fuerzas del orden, integrar a la policía comunitaria como un pilar de la seguridad ciudadana podría marcar un punto de inflexión. En lugar de una simple reforma técnica, este enfoque ofrece una recalibración de las relaciones entre la Policía y las comunidades a las que sirve. Lejos de ser una medida «blanda» o superficial, la policía comunitaria puede ser una herramienta estratégicamente efectiva para tratar las complicaciones de seguridad ciudadana en Trinidad y Tobago y en toda la región.
Un pacto roto
En muchos países del Caribe, la labor policial ha arrastrado un legado colonial de imposición por encima del servicio, y de extracción por encima de la protección. Suma décadas de violencia de pandillas, corrupción y desigualdad estructural, y obtendrá una tensión explosiva entre la autoridad uniformada y las comunidades marginadas. Para muchos ciudadanos en lo que el Estado describe como «zonas de conflicto» urbanas, desde Jamaica en la parte superior del archipiélago hasta Trinidad en la parte inferior, llamar a la Policía se siente menos como un derecho y más como una apuesta.
Esta desconfianza no es imaginaria y tampoco nueva. El Informe de Desarrollo Humano del Caribe del PNUD de 2012 indicó bajos niveles de confianza ciudadana en la Policía y los sistemas de justicia formal en toda la región, mientras que una encuesta de la Comisión del Servicio de Policía de Trinidad y Tobago de 2023 reveló una baja confianza pública en el servicio policial, en el que menos del 25% de los encuestados expresó una confianza positiva en rubros como equidad, capacidad de respuesta y competencia.
Del mismo modo, un estudio de diciembre de 2023 de la Universidad de la Mancomunidad del Caribe y la Cámara de Comercio e Industria de Montego Bay reveló que, en una parroquia jamaicana, solo el 20% de los habitantes de 43 comunidades creían que se podía confiar en la Policía.
Dinámicas similares se desarrollan en las favelas en Brasil, los banlieues en Francia y los vecindarios en Sudáfrica, sin mencionar el legado del militarismo en la labor policial latinoamericana. Sin embargo, lo que distingue al Caribe es su tamaño y proximidad: las periferias nunca están lejos del centro. Si en una comunidad se pierde la confianza, eso se propaga rápidamente hacia el exterior, lo que afecta el turismo, la gobernanza y la identidad nacional. Una pérdida de la confianza en una comunidad puede extenderse a otras, lo que origina menos denuncias y afecta directamente la vida diaria.
Redefinición de la policía comunitaria
Si bien no es nueva en la región, la policía comunitaria puede quedar desvirtuada, relegada a sesiones fotográficas, visitas escolares o proyectos mal financiados e insostenibles. Hace más de diez años, aunque no formaban parte de ningún cuerpo policial comunitario formal, las patrullas a pie de la Policía local se involucraron con los habitantes y mantuvieron una presencia visible. En algunas jurisdicciones, los policías municipales a menudo intervinieron para llenar los vacíos, lo que fomenta lazos comunitarios más directos a través de la proximidad y el conocimiento.
En Trinidad y Tobago, estas estrategias tuvieron el respaldo de las patrullas comunitarias de seguridad, iniciativa destinada a brindar más tranquilidad a los vecindarios. Lamentablemente, lo suspendieron. No se puede sobreestimar la capacidad de la Policía para conectarse verdaderamente con las comunidades a través de patrullas a pie y otras estrategias de participación. En Jamaica, en 2020, un programa de ayuda frente al COVID-19 reveló que algunos policías se reunieron con las personas presencialmente por primera vez mientras entregaban paquetes de ayuda, a pesar de haber estado asignados allí durante meses.
Los clubes juveniles de la Policía han sido mucho tiempo una de las vías para las interacciones entre Policía y comunidad. En Trinidad y Tobago, han ofrecido diversas oportunidades de desarrollo y fortalecimiento de habilidades, guiadas por policías y respaldadas a veces por socios corporativos. Sin embargo, la financiación limitada y reducida junto con los déficits de infraestructura han socavado su alcance y vitalidad.
Dado el clima de desconfianza, un cambio más intencional que incorpore la participación comunitaria en las estrategias fundamentales de las fuerzas del orden tiene el potencial de centrarse en participación proactiva, resolución de problemas y asociaciones, planteamientos que la investigación internacional ha demostrado que pueden mejorar la legitimidad y reducir la delincuencia.
Por ejemplo, en Jamaica, la División de Seguridad y Protección Comunitaria de la Fuerza de Policía de Jamaica tiene un plan que podría adaptarse a nivel regional. Los principios clave de la policía comunitaria, que incluye visibilidad, accesibilidad y fortalecimiento de relaciones, van al lado de la necesidad urgente de que las fuerzas del orden se vean como agentes de la ley, y también como aliados en la seguridad pública.
Los servicios de Policía del Caribe podrían explorar asignar policías comunitarios dedicados a distritos específicos, establecer puestos de escucha regulares o paseos por el vecindario, e invertir en la participación en las redes sociales para humanizar su presencia. En 2024, el cambio de imagen del servicio de policía de Barbados, que abarcó mayor alcance digital, demuestra cómo tales cambios pueden formar parte de esfuerzos más amplios para fortalecer la confianza.
La sección de Policía Comunitaria del Servicio de Policía de Trinidad y Tobago (TTPS) presentó sistemas de alerta en WhatsApp. También se ha asociado con grupos de la sociedad civil para talleres de resolución de conflictos y otras iniciativas, lo que apoya la filosofía de presencia a largo plazo sobre redadas a corto plazo.
El éxito se mide en las relaciones
No obstante, este tipo de labor policial no se presta fácilmente a las métricas. Los indicadores de desempeño tradicionales, como arrestos, armas incautadas y operaciones realizadas, no reflejan los matices de las percepciones cambiantes ni el fortalecimiento de la confianza comunitaria.
Aún así, ese cambio del miedo a la expectativa es la verdadera medida del éxito. Cambia la manera en que las personas se ven en relación con el Estado, renegocia el contrato entre el Estado y los ciudadanos, da paso a que se asuman responsabilidades y considera la seguridad como un proyecto colectivo. Esta marca de legitimidad se gana a través de presencia constante, trato justo y capacidad de respuesta. Desde hace tiempo, el criminólogo Anthony Harriott, que también es profesor de la Universidad de las Indias Occidentales, ha enfatizado que la legitimidad y la justicia procesal son cruciales en entornos donde la labor policial coercitiva socava la seguridad a largo plazo.
El sistema de equilibrio interno
Este planteamiento requiere un nuevo policía, uno equipado con competencia cultural, inteligencia emocional y habilidades de restarle intensidad de conflictos. Sin embargo, muchos programas de capacitación actuales en la región aún priorizan el cumplimiento antes que la comunicación. Iniciativas como el Observatorio Regional de Delitos de la Agencia de Implementación de la Comunidad del Caribe para el Crimen y la Seguridad (CARICOM IMPACS) y el antiguo programa de Resiliencia Comunitaria, Familiar y Juvenil (CFYR) de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) han destacado la necesidad de una capacitación más sólida en la labor policial desde la perspectiva de trauma y apoyo institucional.
La policía comunitaria no puede cumplir sus objetivos de manera aislada; los policías necesitan compromiso interno, recursos adecuados y protección frente a represalias punitivas cuando aplican la prudencia. Por lo tanto, la cultura organizacional de las fuerzas policiales, a menudo moldeada por jerarquía y rigidez, necesita transformarse para apoyar su modelo.
La confianza se gana con el tiempo
La policía comunitaria no es una solución a todos los problemas y no elimina las condiciones sociales que producen la violencia. Sin embargo, que enfatice la coproducción de seguridad entre los ciudadanos y los policías ofrece un prometedor contrapeso a las estrategias que se basan únicamente en aplicar la ley.
También invita a los organismos de las fuerzas del orden a ir más allá de la respuesta reactiva a la delincuencia y dirigirse a prevenir, dialogar y asumir responsabilidades. La confianza puede construirse lentamente, pero una vez que se afianza, se remodela lo que la gente espera de la Policía y de la sociedad que la rodea. A medida que las métricas de confianza pública continúen con una tendencia alarmantemente baja, este modelo merece un lugar destacado en la conversación regional sobre seguridad ciudadana.
Este articulo es parte de The Bridge (El puente), presentacion con opiniones, comentario e investigacion desde la perspectiva singular de la Comunidad de Global Voices. · Todos los articulos







