Foro sobre el Sahel en Gambia impulsa fin de la prolongada inestabilidad con soluciones regionales

Presidents, former heads of state, panelists, ECOWAS and UN leaders, and global partners at the inaugural Sahel Governance Forum in Banjul, The Gambia.

Presidentes, exjefes de Estado, panelistas, líderes de la ECOWAS/CEDEAO y de Naciones Unidas, junto a socios internacionales, reunidos en el Foro inaugural de Gobernanza del Sahel, Banjul, Gambia, entre 30 y 31 de julio de 2025. Imagen cortesía del equipo de comunicaciones del PNUD. Utilizada con autorización.

En el centro de las múltiples crisis del Sahel —desde conflictos armados y deterioro democrático hasta pobreza provocada por el cambio climático— hubo algo que destacó en el primer Foro de Gobernanza del Sahel en Banjul: esto ya no es solo una crisis de seguridad. Es una emergencia de gobernanza.

Las conversaciones sobre el Sahel africano suelen generalizarlo como un espacio de fragilidad y desorden. Pero esa narrativa unidimensional está desapareciendo. En esta región, rica en capital humano, diversidad cultural y con una importancia estratégica notable, vive una de las poblaciones más jóvenes y dinámicas del planeta. Sin embargo, es precisamente esa energía la que ha sido traicionada por elites que han secuestrado constituciones o tomado el poder en democracias fatigadas.

Desde el océano Atlántico hasta el mar Rojo, el Sahel está compuesto por Senegal, Gambia, Mauritania, Guinea, Mali, Burkina Faso, Níger, Chad, Camerún y el norte de Nigeria. Es sede de la Alianza de Estados del Sahel, confederación formada por Mali, Níger y Burkina Faso en septiembre de 2023, tras la crisis en Níger y el eventual retiro de estos países de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (ECOWAS/CEDEAO).

Para el expresidente de Nigeria, Goodluck Jonathan, el verdadero problema no es la fragilidad. “Es que la región ha sido abandonada estructuralmente”, afirmó durante su intervención inaugural en el foro sobre gobernanza en el Sahel.

Foro de Gobernanza del Sahel

En el Foro de Gobernanza del Sahel, entre el 30 y 31 de julio de 2025 en el Centro Internacional de Conferencias Sir Dawda Kairaba Jawara en Banjul, Gambia, presidentes, exjefes de Estado, líderes de ECOWAS/CEDEAO y de Naciones Unidas, así como aliados globales, se reunieron para trazar un nuevo rumbo en materia de gobernanza para la región.

Con el tema “Reconstrucción de cohesión social y la confianza pública”, organizado por el Gobierno de Gambia, la Fundación Goodluck Jonathan, el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (International IDEA) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), este encuentro de alto nivel reunió a líderes, representantes de la sociedad civil y del sector privado para replantear la gobernanza en el Sahel.

Más allá de los golpes de Estado que acaparan titulares, los intentos de líderes en funciones por aferrarse al poder con reformas constitucionales han sido igualmente desestabilizadores para la región. Según el Centro de Estudios Estratégicos de África, en las últimas dos décadas, más de 20 líderes africanos han intentado eliminar o eludir los límites de mandato presidencial, y aproximadamente dos tercios lo han logrado. En Guinea, la enmienda constitucional de Alpha Condé en 2020 provocó protestas masivas y culminó en un golpe de Estado. Escenarios similares se han producido en Togo y Costa de Marfil.

Estas maniobras legales han profundizado la desconfianza pública en las instituciones democráticas. Según Afrobarometer, la confianza en las instituciones y líderes africanos ha disminuido de forma constante desde 2011. Encuestas en 39 países entre finales de 2021 y mediados de 2023 revelaron que los ciudadanos confían menos en las principales instituciones y líderes que hace una década.

En su discurso inaugural en el foro, Ahunna Eziakonwa, secretaria general adjunta de Naciones Unidas y directora regional del PNUD para África, cuestionó la visión desgastada del Sahel como una región frágil.

What if the real problem is not fragility, but the failure to invest in governance as a force for justice, for dignity, and for development?

¿Y si el verdadero problema no es la fragilidad, sino la falta de inversión en la gobernanza como fuerza de justicia, dignidad y desarrollo?

Las declaraciones de Eziakonwa destacaron lo que denomina la crisis más profunda de la región: no solo la falta de infraestructura o desarrollo económico, sino dificultades en la gobernanza y una ruptura en la confianza.

Agregó:

Trust is not symbolic. It’s the bedrock of peace, prosperity, and legitimacy.

La confianza no es simbólica. Es la base de la paz, la prosperidad y legitimidad.

Eziakonwa citó los hallazgos de Afrobarometer, que indican que menos del 30% de los ciudadanos en muchos países del Sahel confían en sus Gobiernos nacionales, y declaró: «Es una emergencia de gobernanza».

Eziakonwa también destacó la desalineación de las prioridades nacionales.

In some Sahelian countries, over 60 percent of national budgets are spent on peace and security, while economic sectors that could generate jobs remain underfunded.

En algunos países del Sahel, más del 60% de los presupuestos nacionales se destina a la paz y la seguridad, mientras que los sectores económicos que podrían generar empleo siguen subfinanciados.

Raíces estructurales de la inestabilidad en el Sahel

El expresidente de Nigeria, S.E. Goodluck Jonathan, de su experiencia personal y el contexto histórico, señaló en una panel de entrevista con Ahunna Eziakonwa del PNUD que la vulnerabilidad climática, el desempleo juvenil y la mala gestión de los recursos están alimentando la agitación en toda la región.

Jonathan es reconocido por supervisar la primera transición pacífica de poder en Nigeria de un presidente en funciones a la oposición en 2015, cuando entregó el cargo al fallecido expresidente Muhammadu Buhari, hito que mencionó como prueba de que la democracia puede funcionar en la región.

“El problema del Sahel es estructural. Hay agricultores que solo pueden trabajar cuatro meses al año. ¿Qué les ocurre el resto del tiempo?”, preguntó, y mencionó el norte de Nigeria, donde extensas zonas son parte del Sahel. Habló de los esfuerzos de su administración por rehabilitar los sistemas de riego y poner en marcha la iniciativa de la Gran Muralla Verde para combatir la desertificación.

We wanted farmers in the Sahel to plant at least twice a year, maybe even three times. Because if we don’t create wealth, we will never manage insecurity.

Queríamos que los agricultores del Sahel sembraran al menos dos veces al año, quizá incluso tres. Porque si no generamos riqueza, nunca lograremos controlar la inseguridad.

Pero, como muchas de esas iniciativas en la región, sus planes se vieron interrumpidos por las transiciones políticas. «No sé qué ocurrió después de que dejé el cargo», admitió. «Pero debemos retomar esas ideas».

Adaptación de la gobernanza en África

En rueda de prensa en el Foro, Global Voices preguntó si ha llegado el momento de redefinir el concepto de democracia para África, y Roba Sharamo, director regional para África y África occidental en International IDEA, se refirió a las protestas lideradas por la generación Z en Kenia, y destacó el papel de la juventud en la promoción del cambio.

The Gen Z movement in Kenya is led by the youth, because the youth are getting disillusioned with their government, and it is also the issue of lack of accountability, corruption, and the failure to provide opportunities and employment.

The governments are actually set up to deliver services to the people, that’s the essence of the social contract. If the social contracts are not met, then it becomes a problem.

El movimiento de la generación Z en Kenia está liderado por los jóvenes, que se sienten cada vez más desencantados con su Gobierno. En parte, esto se debe a que no se asumen responsabilidades, la corrupción y la incapacidad de ofrecer oportunidades y empleo.

Los Gobiernos están concebidos para prestar servicios a la población; esa es la esencia del contrato social. Si ese contrato no se cumple, entonces se convierte en un problema.

Con datos de Afrobarometer, Sharamo enfatizó:

Seventy percent of African youths would actually like to live in a democracy, so democracy is still a preferred mode of government, but it is not perfect. The alternative is autocracy, and I don't think the people would want to live in those. What we want is for democracy to deliver, to be accountable and responsive.

El 70% de los jóvenes africanos preferiría vivir en una democracia, por lo que la democracia sigue siendo el modelo de gobierno preferido, aunque no sea perfecto. La alternativa es la autocracia, y no creo que la gente quiera vivir bajo ese sistema. Lo que queremos es que la democracia funcione, que sea responsable y que responda a las necesidades de la población.

Njoya Tikum, representante residente del PNUD en Nigeria, hizo un llamado a una gobernanza adaptativa que refleje las realidades vividas en África, en lugar de modelos únicos para todos:

What we’ve come to learn, especially in light of global shifts, is that every country must define what it sees as democracy. However, there are some basic concepts of civil liberties that must be respected. The notion of democracy, as it were when we started this conversation with the British old institutions, is not the same today. Today’s realities demand flexibility, context, and cultural relevance.

Lo que hemos aprendido, especialmente a la luz de los cambios globales, es que cada país debe definir lo que considera democracia. Sin embargo, hay conceptos básicos de libertades civiles que deben respetarse. La noción de democracia, tal como la concebimos al inicio de esta conversación con las antiguas instituciones británicas, ya no es la misma hoy. Las realidades actuales exigen flexibilidad, contexto y relevancia cultural.

Con más del 60% de su población menor de 25 años, el futuro político del Sahel depende en gran medida de cómo los jóvenes perciben la democracia. Los panelistas destacaron que la exclusión de los procesos políticos y de los espacios de toma de decisiones alimenta el desencanto, la migración e incluso el reclutamiento en grupos extremistas.

El coordinador especial de Naciones Unidas para el Sahel, Abdoulaye Mar Dieye, presentó el informe “(Re)construir la cohesión social y la confianza pública”, iniciativa conjunta del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) —suboficina tegional para África occidental y central—, la Oficina de Naciones Unidas para África Occidental y el Sahel (UNOWAS), y la Secretaría de la Estrategia Integrada de Naciones Unidas para el Sahel (UNISS). El informe hace un llamado a volver a poner a las personas en el centro, especialmente a las más marginadas, como paso clave hacia la paz y la sostenibilidad en la región del Sahel.

El presidente Adama Barrow, anfitrión del foro, planteó “paz” como condición previa para la riqueza y el desarrollo. Destacó que su administración aceptó 263 de las 265 recomendaciones emitidas por la Comisión de Verdad, Reconciliación y Reparaciones de Gambia, en un esfuerzo por “enfrentar el pasado con honestidad y construir un futuro basado en la justicia”.

El foro se presenta como un punto de inflexión y un cambio de narrativa. Uno que deja de ver al Sahel como un problema que debe resolverse desde el exterior, y lo reconoce como una subregión que puede rediseñar su propio futuro.

Inicia la conversación

Autores, por favor Conectarse »

Guías

  • Por favor, trata a los demás con respeto. No se aprobarán los comentarios que contengan ofensas, groserías y ataque personales.